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martes, 2 de agosto de 2011

Gala Placidia - Rufino Fernández

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/


Edhasa, Noviembre 2010
Género: Novela
576 páginas


El Imperio romano, dividido en dos, se enfrenta a la amenaza de los bárbaros. Gala Placidia, asiste desde Roma al derrumbe del Imperio y a la ineptitud de su hermano Honorio, el emperador, y a la ambición de Olimpio, su consejero. Y en Constantinopla las cosas no son muy distintas.

Enamorada del general Estilicón, tratará de inmiscuirse en los asuntos de Estado para conseguir el poder que tanto ansía.

Mientras tanto, los godos, al mando del rey Alarico, se preparan para asaltar la ciudad de las siete colinas y destruir un Imperio ya debilitado. A raíz de su campaña, Gala Placidia se convertirá primero en rehén de los bárbaros y luego en esposa de Ataúlfo, sucesor de Alarico, con quien vivirá en Barcelona.
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En La sombra del mercenario (2007) Rufino Fernández nos aproximaba a la figura de Aníbal. En esta ocasión, sin abandonar la época romana, viaja varios siglos hacia delante para hablarnos de Gala Placidia. Bien pueden parecer los dos extremos de la historia de un imperio, y es que hablar de Gala Placidia es hablar de los últimos años de Roma.

Tras la muerte de Teodosio I el Grande, que convirtió el catolicismo en religión oficial, dejó el Imperio nuevamente dividido en dos para contentar a sus dos vástagos: Honorio y Arcadio, a cuál más inútil. Ya era larga la tradición de emperadores mediocres y si Teodosio se ganó el sobrenombre de “el Grande” fue en gran medida gracias a su relación con el catolicismo, que llegó a nombrarlo Santo. Lejos quedaban los tiempos de Julio César o de Octavio Augusto, o incluso la Roma de la República que brilló durante decenios sobre el Mediterráneo. Y a la bestia herida le salieron numerosas pulgas en forma, especialmente, de godos rubios y salvajes. Pocos años faltaban para que Atila y los hunos le dieran el golpe de gracia final a un Imperio que, para entonces, ya estaba muerto, dominado por las luchas intestinas y la ambición de un puñado de ineptos.

Rufino Fernández nos traslada a esos años, a comienzos del siglo V, cuando aún no estaba todo perdido y quedaban hombres de la talla del general Estilicón para guardar las puertas. Pero el héroe fue barrido por la ambición y la falta de miras de Honorio, y dejó el camino libre a Alarico y Ataúlfo, los reyes godos que mantuvieron en jaque a todo el Imperio.

Así como los hombres eran una sombra de aquellos que les habían precedido, no sucede lo mismo con las mujeres. Gala Placicia en Occidente y Pulqueria en Oriente iban a determinar el destino de muchos. ¡Qué emperadores se perdió Roma porque nacieron mujer! Y no olvidemos a Flavia Serena, la esposa del general caído en desgracia, que maniobró sin escrúpulos para situar en el trono a alguno de sus tres hijos.

En ese colorista entramado de traiciones e intrigas, Rufino Fernández nos muestra el ocaso de un gigante de la mano de aquellos que lo protagonizaron. Con un estilo diáfano y directo, nos relata los avatares de Gala Placicia y de Honorio, de Estilicón y Alarico, de Flavia Serena, de Pulqueria, y de otros muchos.

Gala Placidia, una joven caprichosa y consciente de sus virtudes, aprovecha éstas al máximo para tratar de maniobrar en la corte, moviéndose tras las sombras del trono y tratando de esquivar al consejero de su hermano: Olimpio, un ser rastrero y miserable por el que el lector siente una antipatía inmediata que no tarda en convertirse en odio. Todos tratan de hacerse con el poder de la forma que sea y para ello no dudan en recurrir a todo tipo de artimañas.

Y de fondo ese catolicismo que casi acaba de convertirse en la religión oficial del Imperio y que cuenta con varias corrientes de pensamiento. La facción que mejor sepa arrimarse a los poderosos de turno, será la que termine prevaleciendo sobre las demás y legando a la posteridad su propia visión de la fe.

La imagen que transmite la novela es de una decadencia absoluta, de una contaminación malsana que va corroyendo las entrañas del Imperio. El lector no puede dejar de alinearse en el bando de Alarico, el rey godo, uno de los pocos grandes hombres que parecen hollar aquella tierra. Pero la lepra que viene de Roma también envenena a aquellos que se enfrentan a ella, que también padecerán sus propias intrigas y sus propias traiciones.

Esta novela es un magnífico retrato de aquella época y de aquellos sucesos, narrada con fluidez, con amenidad y con ritmo. Se acompaña de un árbol genealógico, y de mapas y planos muy útiles para situarse en el espacio. Prima sobre todo la acción, y el escenario se perfila gracias a los diálogos de los personajes. No hay espacio para las descripciones pormenorizadas o las reflexiones intimistas. Los protagonistas son los hechos, algunos de gran belleza épica – como el final de Estilicón o el entierro de Alarico –, y son ellos los que nos hablan del final de una era.

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lunes, 18 de octubre de 2010

Sombras de mariposa - Guillermo Galván

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.hislibris.com/


La Esfera de los Libros, Abril 2010
Género: Novela
796 páginas


Esta novela, cuyo título puede llevar a engaño si uno no se fija bien en la letra pequeña, recrea con gran maestría la época de Leovigildo, rey de los visigodos, y de su hijo Recaredo, famoso por haberse convertido al catolicismo y, con él, todo su reino.

La acción se inicia en el año 578. Wylia, hijo natural de Liuva I, vive en Toledo desde la muerte de su padre, en la corte de su tío Leovigildo. Íntimo amigo de su primo Recaredo, recibe la misma educación que él y que otros nobles de alcurnia, entre los que se encuentra Hermenegildo, hijo mayor de Leovigildo. Un desafortunado accidente privará a Wylia del uso de uno de sus brazos, y lo imposibilitará para cumplir su sueño: convertirse en gardingo.

Pero no todo está perdido. Es entonces cuando entra en escena Badwila, un herrero que está forjando una espada para el rey. Guardián de las más antiguas tradiciones de su pueblo, se ocupará de instruir al muchacho en los misterios de una religión que se agota y de prepararle para convertirle en el guerrero que ansía ser. Las piernas y el brazo sano deberán suplir la invalidez del otro, y a reforzarlos dedicará gran parte de su entrenamiento.

Por otro lado su madre, Osoria, que profesa la fe trinitaria en contraposición al arrianismo que él heredó de su padre, insiste en la necesidad de buscar otra ocupación para su futuro. Y para ello, con la anuencia del propio Leovigildo, Wylia pasará algún tiempo en el monasterio de Agali, donde tendrá acceso a una vasta cultura y donde hará amistad con el que luego sería conocido como Isidoro de Sevilla.

Sometido a duras pruebas físicas y mentales, Wylia alcanzará por fin el objetivo de convertirse en gardingo. El manejo de armas apropiadas y el desarrollo de la musculatura del brazo sano y de las piernas, amén de otros accesorios cuyo uso no voy a desvelar, le proporcionarán la habilidad necesaria para la lucha.

Y es ahí cuando comienza el verdadero quid de la historia. Hermenegildo, hijo mayor de Leovigildo, casado con una trinitaria y afincado en Sevilla, decide convertirse al catolicismo y erigirse en nuevo rey. Leovigildo, que hasta la fecha ha logrado cierta tolerancia entre trinitarios y arrianos, no sufre tanto por la renuncia de su primogénito a la religión de sus mayores como por el hecho de su proclamación como rey. Ante tamaña traición la respuesta debe ser contundente, y para ello se prepara un gran ejército.

Es entonces donde la fuerza y el arrojo de Wylia comenzarán a brillar. Apodado Manoseca por quienes no le profesan gran afecto, demostrará su coraje y comenzará a labrarse su propia leyenda.

Ese enfrentamiento entre trinitarios y arrianos que se ha ido explorando a lo largo de la trama, cobra una relevancia especial a raíz de los actos llevados a cabo por Hermenegildo. A partir de ese instante será un protagonista más de la historia, especialmente cuando Recaredo ocupe el trono y se convierta al catolicismo con el objeto de unificar a un pueblo constantemente dividido por cuestiones de religión.

Guillermo Galván recrea con gran acierto todo ese complejo entramado entre trinitarios y arrianos, cuyos máximos exponentes son las figuras de Recaredo y de Wylia respectivamente, y a través de ellos - y de otros muchos personajes - se van a perfilar ambas posturas. El fuego y el miedo serán finalmente quienes forjen los cimientos del catolicismo que hoy conocemos.

Pero no todo es religión y herejía, que la novela cuenta con muchos otros ingredientes igual de suculentos: una buena dosis de aventura, una magnífica ambientación histórica, buenos diálogos y personajes bien trabajados. La prosa, que puede resultar un tanto redundante en ocasiones, es armoniosa y crea una atmósfera de lo más apropiada para sumergirse en un mundo dominado por dioses y espadas.

También es cierto que en algunos momentos las explicaciones históricas, especialmente respecto a hechos acontecidos en el pasado más próximo, pueden avasallar al lector, pero no es menos cierto que a menudo resultan indispensables para entender los sucesos que tienen lugar en ese presente histórico. Y como tal, pese a resentir un poco el ritmo, son sumamente interesantes.

En definitiva, y para terminar, debo decir que Sombras de mariposa me ha parecido una novela fascinante, donde se lleva a cabo, además, una revisión de la figura del mítico Recaredo de lo más sugerente. Sólo añadir que cerré sus páginas con esa nostalgia que te invade cuando te conviertes en cómplice de una buena historia. Una sensación que, seguro, todos conocéis bien.
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