Película - por Pilar Alonso
Esta fue la primera película de Kenneth Branagh basada en una obra de William Shakespeare. En ella, Enrique V de Inglaterra decide invadir Francia alegando sus derechos sobre el trono galo y el film se basa especialmente en la batalla de Agincourt (1415).
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Monólogos cargados de tensión dramática, un notable elenco de actores, muchos primeros planos y una realización que recuerda la puesta en escena de una obra de teatro más que de una película. El film no termina de ser redondo, el ritmo es algo lento y es fácil perder el interés durante la trama. Pero cuando llegamos a la batalla de Agincourt... todo cambia. Los soldados franceses les superan en número, en una proporción de, al menos, cinco a uno, y los ingleses, agotados y diezmados, se dejan vencer por el desánimo. Y es entonces cuando llega el momento álgido de la cinta: la arenga que Enrique V lanza a sus hombres, de las mejores que he oído. Uno tiene que morderse las lágrimas cuando Kenneth Branagh se sube a un carro y dice así:
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Este es el día de San Crispín.
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Monólogos cargados de tensión dramática, un notable elenco de actores, muchos primeros planos y una realización que recuerda la puesta en escena de una obra de teatro más que de una película. El film no termina de ser redondo, el ritmo es algo lento y es fácil perder el interés durante la trama. Pero cuando llegamos a la batalla de Agincourt... todo cambia. Los soldados franceses les superan en número, en una proporción de, al menos, cinco a uno, y los ingleses, agotados y diezmados, se dejan vencer por el desánimo. Y es entonces cuando llega el momento álgido de la cinta: la arenga que Enrique V lanza a sus hombres, de las mejores que he oído. Uno tiene que morderse las lágrimas cuando Kenneth Branagh se sube a un carro y dice así:
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Este es el día de San Crispín.
El que sobreviva a este día y vuelva sano y salvo a su casa,
se izará sobre las puntas de los pies cuando se mencione esta fecha,
y se crecerá por encima de sí mismo al oír el nombre de San Crispín.
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El que sobreviva a este día y llegue a la vejez,
cada año, en la víspera de esta fiesta,
invitará a sus amigosy les dirá: «Mañana es San Crispín».
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Entonces se subirá las mangas, y,
al mostrar sus cicatrices,dirá:
«Recibí estas heridas el día de San Crispín».
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Los ancianos olvidan,
pero incluso quien lo haya olvidado todo,
recordará aún las proezas que llevará a cabo hoy.
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Y nuestros nombres serán para todos tan familiares
como los nombres de sus parientes,
Y nuestros nombres serán para todos tan familiares
como los nombres de sus parientes,
y serán recordados con copas rebosantes de vino:
el rey Enrique, Bedford y Exeter,
Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester.
Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester.
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Esta historia la enseñará un buen hombre a su hijo,
Esta historia la enseñará un buen hombre a su hijo,
y, desde este día hasta el fin del mundo,
la fiesta de San Crispín nunca llegará
sin que a ella vaya asociado nuestro recuerdo,
el recuerdo de nuestro pequeño ejército,
el recuerdo de nuestro pequeño ejército,
de nuestro pequeño y feliz ejército,
de nuestra banda de hermanos.
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Porque quien vierta hoy su sangre conmigo
Porque quien vierta hoy su sangre conmigo
será mi hermano; por muy vil que sea,
esta jornada ennoblecerá su condición.
Y los caballeros que permanecen ahora en el lecho de Inglaterra
se considerarán malditos por no estar aquí,
y será humillada su nobleza cuando escuchen hablar a uno
de los que haya combatido con nosotros el día de San Crispín.
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Y los ingleses ganaron la batalla.

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Una batalla espectacular: barro, sangre y gritos, tal y como uno piensa que debieron ser los enfrentamientos durante la Edad Media. Y para rematar, la maravillosa escena del recorrido por el campo sembrado de cadáveres, con la música de Patrick Doyle de fondo, que pone el broche de oro a una película que, aunque sólo sea por esas dos escenas, merece la pena ver.
Una batalla espectacular: barro, sangre y gritos, tal y como uno piensa que debieron ser los enfrentamientos durante la Edad Media. Y para rematar, la maravillosa escena del recorrido por el campo sembrado de cadáveres, con la música de Patrick Doyle de fondo, que pone el broche de oro a una película que, aunque sólo sea por esas dos escenas, merece la pena ver.
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