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domingo, 22 de noviembre de 2009

Entrevista a Santiago Posteguillo por la trilogía de Publio Cornelio Escipión, el Africano

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Entrevista - por Pilar Alonso


Con el último título de esta trilogía, La traición de Roma, Santiago Posteguillo ha vendido 40.000 ejemplares en su primera semana en librerías, todo un récord para una de las sagas históricas más espectaculares de los últimos años.

Santiago estuvo en Barcelona presentando su último libro y nos recibió en su hotel para contestar esta entrevista, todo un lujo y un placer. No sólo es un excelente escritor, también es un magnífico conversador.


- ¿Por qué elegiste a Escipión el Africano como protagonista de tus novelas?

Cuando buscaba un personaje para novelar surgió el nombre de Aníbal, y yo sabía que alguien le había derrotado aunque no exactamente quién. Y allí, como en una esquina, aparecía el nombre de Publio Cornelio Escipión. Me pregunté si es que Aníbal había tenido un mal día o si es que Escipión fue un adversario digno de tenerse en cuenta. Me puse a investigar un poco más antes de continuar con mi búsqueda, porque de Aníbal ya se había escrito mucho y no quería repetir. Y cuanto más buscaba más me atraía el personaje, hasta que me decidí.



- Africanus, el hijo del cónsul, fue tu primera novela y la primera entrega de la trilogía. ¿No te daba miedo en tu primera incursión en la literatura optar por un proyecto tan ambicioso?

Al principio no te planteas escribir una trilogía, quieres contar algo y pasártelo bien. Empecé con la primera, llegué a 500 páginas y Escipión tenía 17 años. Pensé: “esto no lo va a publicar nadie”. Era un proyecto muy grande. Antes de continuar con él decidí probar a ver si podía publicar la primera parte y después de un montón de respuestas negativas, una editorial pequeña decidió arriesgarse. Poco después Ediciones B se puso en contacto conmigo para decirme que estaban también interesados y firmamos para una segunda novela.



- A la hora de hablar de los mejores estrategas de la Historia Antigua siempre se han barajado tres nombres: Alejandro Magno, Aníbal y Julio César. ¿Crees que Escipión debería formar parte de esa lista?

Yo creo que sí. Y ese es otro motivo más que justifica la elección de Escipión, un personaje casi desconocido.



- A partir del segundo libro, las mujeres adquieren mayor relevancia en la trama. ¿A qué se debió ese cambio?

De hecho, una compañera del Departamento, tras leerse la primera novela, me llamó la atención sobre ese asunto, me comentó que las mujeres tenían un papel demasiado secundario en la trama y eso me hizo darme cuenta de que quizás había descuidado un poco ese aspecto. Así descubrí a Sofonisba, por ejemplo, un personaje magnífico de Las legiones malditas. Y en la tercera parte le otorgué un protagonismo especial a la hija pequeña de Escipión: Cornelia la Menor.



- En tu tercera entrega introduces un elemento nuevo: las supuestas Memorias de Publio Cornelio Escipión. ¿Por qué no utilizaste antes ese recurso?

Se sabe que escribió unas Memorias, que no nos han llegado, y se supone que se escribieron en griego, en dialecto dórico concretamente. Cuando me enfrenté a la tercera novela no sabía muy bien cómo afrontarla, me apetecía aventurarme en algo un poco diferente. Y además, después de 1600 páginas, Escipión quería hablar, y en primera persona, sin necesidad del narrador. Introduje algunas pinceladas al principio de cada capítulo, como en unas Memorias, y me gustó el efecto.



- La saga está repleta de momentos fascinantes. ¿Tienes alguna escena o pasaje favorito, con el que disfrutaras especialmente a la hora de escribir?

En las tres novelas hay escenas que por un motivo u otro me han emocionado, al menos diez o doce me parecen especiales. La primera de ellas fue la muerte de Cneo Cornelio Escipión, el tío de el Africanus, un personaje muy entrañable que había tenido una relación muy íntima con Publio. Su muerte es muy épica, hermosa, él solo frente al enemigo, que no puede evitar admirar su valor, y a lo lejos sus propios soldados, viéndole morir.

Ya en la tercera parte, me gusta mucho cuando Escipión se encuentra por primera vez con su hija pequeña, Cornelia, que tiene tres años y se esconde detrás de la hermana mayor.

Y le tengo cariño a la escena del epílogo de esa misma novela, cuando se incendia la Biblioteca de Alejandría, porque es un pequeño homenaje a una de mis novelas favoritas: El nombre de la Rosa.

Y por supuesto a las escenas de las muertes tanto de Escipión como de Aníbal, que son muy diferentes. Aunque la de Aníbal es más épica, escribí ambas con mucha emoción.



- Después de años de convivir y trabajar con tantos y tan variados personajes, ¿llegaste a tomarle especial cariño a alguno de ellos?

A todos, pero tal vez un poco más a Plauto, el autor de teatro, porque me he identificado más con él y he compartido el sufrimiento de ser un escritor reconocido.

Y ese reconocimiento tiene su premio en mensajes como el que me hizo llegar un adolescente, que decía: “Tengo 15 años y odiaba leer. Desde que he leído tus novelas, leo un montón”. Nada puede satisfacer más a un escritor.
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- Primero Fabio Máximo y luego Catón parecen obsesionados con la idea de que Escipión pretendía convertirse en Rey y acabar con la República. Ambos hacen el papel de malos en la trama pero ¿realmente eran tan malvados como aparecen en tus libros?

He recibido algún comentario en ese sentido, pero lo cierto es que necesitaba un oponente total. No niego que Fabio Máximo fue un gran estadista, un gran político y un gran orador, pero en la conquista de Tarento le ayudan desde dentro para que tome la ciudad y una vez conseguido hace matar a los que le ayudaron, con la esperanza de que no se sepa, para que la victoria se considere sólo suya. Y eso no me parece una actitud muy gloriosa ni de ser buena persona.

En cuanto a Catón, está documentado que llevó a juicio a los Escipiones, que tampoco eran unos santos, en multitud de ocasiones y que, como digo en la Nota histórica del libro, al final de su vida traicionó muchas de las creencias por las que había luchado.



- Las vidas de Escipión y Aníbal parecen íntimamente ligadas por el destino en tus novelas. ¿Eso fue realmente así o forma parte de la ficción?

Es así, eso es totalmente histórico. Ambos fueron importantes generales, ambos obligados a exiliarse, y murieron muy próximos en el tiempo. Y para mayor carga épica, de ninguno de los dos se conoce la ubicación exacta de su tumba.



- Una curiosidad. En varias ocasiones, ante la llegada de un hijo, el pater familias debía realizar el ritual de aceptar al recién nacido en la familia. En todos los casos que aparecen en la saga, la aceptación se lleva a cabo. Pero ¿por qué motivos podía rechazarse a un niño y qué sucedía con aquellos vástagos que no eran reconocidos por sus padres o eran repudiados por éstos?

Lo cierto es que el rechazo no era la norma habitual. Pero un niño podía ser rechazado por malformaciones físicas, por ser hembra o porque el padre no lo reconociera como propio. En esos casos, se le podía dar muerte o podía ser abandonado.



- ¿Se ha llegado a plantear la posibilidad de llevar tus novelas a la gran pantalla?

Aún no, y ése es un largo proceso. Pero si alguien se interesara, tendría que ser un proyecto que me convenciera y que reflejara el espíritu de mis novelas.



- Digamos que algún lector quiere continuar con la historia, con lo que sucedió tras las muertes de Escipión y de Aníbal. ¿Qué lecturas recomendarías?

Hay bastantes cosas escritas pero, si tuviera que elegir, yo seguiría con Numancia, de Jose Luis Corral. Es otro estilo de novela, pero encaja con la época inmediatamente posterior, con Escipión Emiliano como protagonista.

Seguiría con la saga de Roma de Colleen McCullough. Luego con Robert Graves y con Quo Vadis, de Henryk Sienkiewicz.



- Has dedicado más de seis años a este proyecto, ¿ahora qué?

Ahora estoy buscando otro personaje para novelar, también alguien que no sea demasiado conocido, aunque de momento no puedo adelantar nada.
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lunes, 16 de noviembre de 2009

La traición de Roma - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso

Ediciones B, Octubre 2009
Género: Novela histórica
871 páginas



Publio Cornelio Escipión ha conseguido derrotar a Aníbal y finalizar así la tarea que iniciaron su padre y su tío.

Alejada ya la amenaza de Cartago, los ojos de Roma se vuelven hacia Asia, donde Antíoco III de Siria pretende recomponer el gran imperio que conquistara en su día Alejandro Magno. Pero, para hacerlo, se ha enfrentado a ciudades aliadas de Roma, Pérgamo entre ellas. Y Aníbal parece formar parte del inmenso ejército del rey sirio.

Publio Cornelio volverá a los campos de batalla, esta vez como asesor de su hermano Lucio, ahora cónsul de Roma. Y de nuevo con tropas escasas.

En la ciudad de Roma, Marco Porcio Catón ha sucedido en su campaña contra los Escipiones al fallecido Fabio Máximo, y lo ha hecho con el mismo ímpetu y rigor. No dudará en someter a juicio al mismo Publio Cornelio con tal de restarle influencia entre los ciudadanos de Roma.

Y Publio Cornelio deberá luchar en esta ocasión en una guerra en la que las palabras sustituyen a las espadas.
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La traición de Roma cierra la trilogía sobre Publio Cornelio Escipión. Con Cartago derrotada, de repente el mundo parece abrirse ante nuestros ojos. Ya no nos encontramos en la parte occidental del Mediterráneo, ahora la acción se desarrolla también en la parte oriental y esos nuevos escenarios serán testigos de las nuevas hazañas del protagonista. Aníbal no ha desaparecido, continúa en escena, al igual que Catón, que sigue con sus maquinaciones para desprestigiar a Escipión, y sobre ese planteamiento se desarrollarán los últimos años del general.

La estructura de esta novela difiere un poco de las anteriores. Ahora nos encontramos también con fragmentos de las Memorias de Escipión. Como reconoce el mismo autor, se sabe que dichas memorias fueron escritas, aunque no hayan llegado a nuestros días. Con el rigor que le caracteriza, Santiago Posteguillo las ha recreado como él supone que debieron ser, y el resultado es más que aceptable.

En este libro, el Publio Cornelio que tenemos ante nosotros ha variado un poco con respecto a los dos anteriores. Su éxito en las distintas campañas parecen haberle henchido de vanidad y su actuación no siempre resulta del agrado del lector. Su intransigencia y su exceso de orgullo son bazas que juegan en su contra y que al final terminarán pasándole factura.

Esta novela incide más en la parte que se desarrolla en Roma y que resulta tan interesante como la que acontece en los campos de batalla o en las cortes extranjeras. El autor vuelve a demostrar el ímprobo trabajo de documentación llevado a cabo para este proyecto y vuelve a rellenar los huecos con hechos que bien pudieron haberse desarrollado justo así.

Sigue habiendo momentos emotivos, tensos, dramáticos, sugerentes y épicos, una combinación que obtiene resultados excelentes. Y vuelve a ser una de esas novelas que es casi imposible abandonar hasta el final, un final que no por sabido es previsible.

La traición de Roma culmina un trabajo de más de seis años y para el lector, para mí al menos, deja un hueco que va ser muy difícil de llenar. Me he despedido de unos personajes que me han acompañado durante más de 2.300 páginas, de cuyas vidas y aventuras me he empapado hasta altas horas de la madrugada y que luego han poblado mis sueños. Sin duda ha sido una triste despedida.
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jueves, 12 de noviembre de 2009

Las legiones malditas - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso

Ediciones B, Julio 2009
Género: Novela histórica
860 páginas



Publio Cornelio Escipión ha logrado una gran victoria en Hispania pero no ha conseguido vencer a Aníbal, que continúa en el sur de Italia aguardando su oportunidad.

El joven general, ahora convertido en cónsul, solicitará legiones al Senado para enfrentarse al cartaginés. Pero en el corazón de Roma sus enemigos continúan siendo poderosos y harán lo posible para frustrar los planes de Publio Cornelio.

De ese modo sólo se le asignarán dos legiones, las llamadas legiones malditas, desterradas en Sicilia desde la derrota de Cannae, más de siete años atrás. Con esas tropas desentrenadas, decepcionadas y mal pertrechadas, deberá llevar a cabo sus planes.

Sus enemigos, Fabio Máximo y Catón, esperan deshacerse de ese modo del general, demasiado ambicioso para su gusto. No cuentan con que el Africanus está hecho de una pasta especial.
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Como ya aconteciera con su anterior novela, en Las legiones malditas Santiago Posteguillo vuelve a demostrar su gran calidad narrativa. En esta ocasión tal vez la novela adolezca de algunos fallos por falta de una buena revisión, pero es un mal menor para un libro que en todo lo demás vuelve a estar a la altura de los mejores.

En esta entrega los personajes femeninos disfrutan de mayor protagonismo, a diferencia del libro anterior, y ese protagonismo se refleja en una serie de historias de componente algo más sentimental que, lejos de malograr el conjunto, lo dotan de un realismo aún mayor.

El personaje de Publio Cornelio vuelve a acaparar casi toda la atención, sin olvidar nunca a sus enemigos Fabio Máximo y Catón en la misma Roma, o a Aníbal, que continúa su campaña en la península itálica.

El gran general romano no debía enfrentarse sólo al peligro que suponían las tropas cartaginesas, sus mayores rivales se encontraban en el interior de su misma ciudad. Y es que el autor no sólo nos brinda la posibilidad de asistir como espectadores privilegiados al desarrollo de sus campañas, también nos ofrece una visión pormenorizada de lo que sucedía en la misma Roma, en especial en el Senado, donde los políticos se enfrentaban a diario con los miembros afectos a los Escipiones, convencidos de que demasiado poder en un sólo hombre podía desestabilizar la República tal y como la conocían.

Aún habría que esperar mucho para que esa República se convirtiera en Imperio, pero es cierto que muchos veían a Publio Cornelio Escipión como una amenaza, y tal vez no sin motivos. A las victorias y al buen hacer de Escipión se contraponen las maquinaciones de sus enemigos, los “malos de la película”. Es evidente que el autor ha cargado un poco las tintas a la hora de desarrollar los personajes que se oponen al protagonista, pero también es cierto que los datos históricos se prestan a ello y que necesitaba antagonistas de peso para equilibrar la trama.

La novela vuelve a recrear la vida cotidiana en Roma, las sesiones del Senado, las obras de teatro de Plauto y sobre todo los campos de batalla. Hay momentos de gran tensión dramática, momentos emotivos y momentos que invitan a la reflexión, sin olvidar aquellos otros de gran contenido épico, que son los que sustentan el alma a la novela.

De nuevo, una obra impresionante, bien planteada y escrita, tan interesante y tan absorbente que resulta en extremo difícil sustraerse a su influjo.
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sábado, 7 de noviembre de 2009

Africanus, el hijo del cónsul - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Ediciones B, Octubre 2008
Género: Novela histórica
716 páginas



Roma, año 235 a.C. El cónsul Publio Cornelio Escipión está a punto de ser padre de un hijo que llevará su nombre y que pasará a la historia como el Africanus.

Mientras eso sucede, Macedonia y Cartago se han aliado para enfrentarse a Roma y en Hispania desembarcarán las tropas de Amílcar Barca para iniciar su conquista.

Publio Cornelio Escipión padre y su hermano Cneo deberán ocuparse de la educación del primogénito de la familia, hasta que ellos mismos deban desplazarse a Hispania a enfrentarse con Aníbal, que ha sucedido a su padre Amílcar.

A los diecisiete años, Publio Cornelio Escipión hijo se unirá a las tropas de su padre en Hispania, e iniciará así una carrera militar llena de desafíos y obstáculos, mientras en Roma el senador Quinto Fabio Máximo trata de minar la ascendente trayectoria de sus enemigos, los Escipiones.

El Africanus luchará en Tesino, Trebia, Trasimeno o Cannae, donde Aníbal se mostrará como un formidable enemigo.

Nuevamente en Hispania, Publio hijo deberá demostrar su valía.
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Sumergirse en esta novela es retroceder al pasado de un plumazo. Este comentario, que puede parecer obvio, no se cumple siempre que nos encontramos ante una novela histórica. El autor ha de saber conjugar muy bien los datos históricos y la ficción para crear una trama atractiva, debe dominar la tensión narrativa, debe rodear todo el conjunto de una ambientación exquisita y dotar de vida propia a sus personajes. Y eso es justamente lo que ha conseguido Santiago Posteguillo con su primera novela publicada.

Así, casi sin quererlo, me vi transportada al siglo III a.C., cuando Aníbal, general de Cartago, había invadido Hispania y avanzaba con sus tropas por Europa en dirección a la todopoderosa Roma.

Y mientras la amenaza se cernía sobre la ciudad del Tíber, crecía el que sería llamado a derrotarle: Publio Cornelio Escipión, el Africano. Esta novela, la primera de una trilogía, narra los primeros años del joven, y las vidas de su padre y su tío, ambos derrotados por las tropas del cartaginés.

No importa que esos sean hechos más o menos conocidos, el autor los ha recreado con maestría, llenando los huecos históricos con una ficción más que plausible, planteada con esmero, sin fisuras, en la línea de lo que sucedía en aquellos tiempos. Por ello, pese a ser conscientes de que algunos episodios que aparecen en el libro puede no ser reales, resultan totalmente creíbles y ése es un gran logro para una novela de este género, donde a veces los autores tienden a trasladar, no siempre de forma consciente, situaciones o comportamientos actuales que, extrapolados a otro momento histórico, chirrían.

La novela tiene una estructura cómoda, capítulos cortos que se suceden en distintos escenarios, un glosario al final para consultar algunos datos y diagramas que ilustran la situación de las tropas en las distintas batallas. Porque las batallas son quizá en lo que más incide Santiago Posteguillo, y lo hace de forma que el lector puede recorrer las distintas tropas, ya sea en un frente o en el otro, con una narración fluida y con la suficiente claridad como para que resulte sencillo imaginar el escenario.

Africanus, el hijo del cónsul es una novela histórica magnífica, digna de figurar en las bibliotecas más exigentes. Rigor histórico, buena prosa, cuidada ambientación, maravillosos personajes... pocos fallos se le pueden encontrar a una de las mejores novelas de los últimos años.
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viernes, 14 de noviembre de 2008

Rufino Fernández - La sombra del mercenario

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com


Editorial El Andén
380 páginas
Género: Novela



Abato es un íbero lacetano que, para huir de un amor no correspondido, decide alistarse en las tropas de Aníbal. Pronto formará parte del entorno más próximo al caudillo y gozará de su confianza.

El ejército de Aníbal luchará contra el Imperio Romano en varios frentes, en algunos de los cuales el mercenario Abato deberá llevar a cabo una serie de misiones de lo más trascendentes.

Ya en su vejez, retirado y aguardando la muerte, Abato recordará algunos de los episodios más importantes de su vida.


Opinión


La sombra del mercenario es una novela histórica bien documentada y escrita con esmero, en ocasiones incluso con poesía, con algunas frases hermosas que ilustran a la perfección los sentimientos y las pasiones de un soldado.

Escrito en primera y tercera persona, el autor alterna los párrafos en los que habla Abato desde su vejez con los que narran fragmentos de las campañas de Aníbal. Mediante saltos hacia delante y hacia atrás, Rufino Fernández hace un recorrido por algunos de los episodios que marcaron el transcurso de la Segunda Guerra Púnica, con lo que no nos encontramos con una novela tan lineal como fue la de Gisbert Haefs, sino con retazos que ilustran acertadamente una época y un hombre.

A pesar de la originalidad del planteamiento, dicho recurso puede representar un problema para el lector. Los párrafos escritos en primera persona cortan del desarrollo de algún acontecimiento con las reflexiones del mercenario y, pese a lo sugerentes que son en la mayoría de los casos, pueden entorpecer la lectura. Más aún si tenemos en cuenta que muchas de esas reflexiones giran en torno a los mismos temas e idénticos pensamientos, con lo que resultan un poco repetitivos: el lobo que merodea por el refugio, la creencia o no en los dioses y su próximo fallecimiento acaparan casi la mitad de dichas intervenciones.

Cada capítulo se inicia con la cita de alguno de los clásicos: Horacio, Ovidio, Séneca, Virgilio o Cicerón entre otros, y ese detalle dota a la novela de una carga extra de calidad, en una obra que ya la posee por sí misma. Y es que La sombra del mercenario no sólo está bien escrita, es que además resulta de lo más atractiva. Episodios escogidos, narrados con elegancia y con grandes dosis de sangre y vísceras, consiguen cautivar al lector hasta el final, que culmina con los hechos con los que se inicia la novela. Esa sensación circular, ese broche que antecede a la palabra “fin”, consiguen que el lector cierre sus páginas con la agradable sensación de haber concluido una etapa.

Ritos funerarios, referencias a Herodoto, Homero e incluso Confucio, mitología, extensos conocimientos sobre armamento, técnicas de combate, los distintos pueblos de nuestra geografía, la vida de los gladiadores... y personajes reales codeándose con naturalidad con los ficticios, son algunos de los aspectos documentales que caracterizan la novela, y que proporcionan un ambiente en el que es fácil sumergirse para acompañar a Abato en su periplo.

Si a todo ello le añadimos una serie de mapas y una extensa cronología al final, tenemos una obra de lo más sugerente, que hará las delicias de los amantes de la novela histórica.
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Entrevista a Rufino Fernández por "La sombra del mercenario"

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Rufino Fernández es profesor de escuelas de negocios. Ha realizado excavaciones arqueológicas en yacimientos de la época prehistórica, íbera, romana y alto medieval y divulgado trabajos sobre el mundo antiguo. Ha editado cuentos en antologías y en revistas del género y una novela, sobre acoso moral y perversidad, titulada ¡Acorralado!.
Con la simpatía y la amabilidad que le caracterizan, Rufino Fernández ha accedido a contestarnos esta entrevista basada en su último trabajo: “La sombra del mercenario”, finalista del premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio y de la que existe una magnífica presentación en youtube.




¿Cómo nació Abato, el mercenario protagonista de la novela?

Pues verás… quise contar una parte de la historia antigua desde el punto de vista de un íbero, y creé el protagonista que habría de vivir la Segunda Guerra Púnica enrolado en el bando cartaginés. Le di una vida intensa y los años suficientes como para que pudiera contar desde su larga experiencia. Le doté de una voz adecuada a los años y al tiempo que le tocó vivir. Puse su persona al servicio del cartaginés, y lo hice bajo la costumbre de la institución íbera de la “devotio”. Un código de lealtad único en aquel tiempo. El guerrero quedaba ligado de por vida a su “jefe” con el propósito de no sobrevivirle y, por lo tanto, con la misión de defenderle hasta la muerte. Vínculo que lleva aparejado el sentido del honor. Una vez hecho esto, le situé en un lugar apartado desde donde pudiera contar sin influencias externas. Imaginé una atmósfera que pudiera reflejar un sentimiento agridulce y sombrío. Y luego, cuando todo estaba a punto, bauticé al personaje con el nombre del héroe de la primera historia gráfica que leí de pequeño. Sólo tuve que quitarle la primera letra. Ese fue mi pequeño homenaje al cuento, a aquella historia gráfica que leía de pequeño, como tantos, y a la que tantos lectores le debemos un tiempo maravilloso, el gusto por el afán de aventuras, y el placer por la lectura.


En los “Agradecimientos” mencionas el apoyo a su proyecto de Gisbert Haefs. ¿Es Abato en la novela de Rufino Fernández un alter ego del Antígono de la del escritor alemán?

No lo es. Muchas novelas históricas están contadas desde la voz de un personaje testigo o protagonista, de edad avanzada. Esa puede ser la única coincidencia. Un narrador con la edad suficiente como para relatar acontecimientos que interesaran al lector. Pero ahí termina la coincidencia. Abato es Abato. No podría relatar lo que relata, desde otra piel. El agradecimiento a Gisbert Haefs se debe a que le conocí cuando yo ya había iniciado la novela y le conté lo que tenía pensado hacer y me dijo que le parecía un buen proyecto. Luego fue una de las primeras personas que leyó el manuscrito una vez terminado. Si escribiera aquí la respuesta que recibí de su parte, parecería yo un autor falto de modestia. Le gustó, y me lo hizo saber comentando pormenores que mostraban una lectura completa del manuscrito. No solo eso. Más tarde se ofreció a suscribir su opinión en la portada del libro. Hasta ahí llega su generosidad para conmigo y el libro, así que tiene mi agradecimiento. Él lo sabe, porque mantenemos el contacto.


¿Por qué elegiste alternar la primera y tercera persona en el narrador?

Fue una sugerencia de mi editor, Carlos Pujol. Me hizo notar la fuerza que tendría la voz, si Abato contaba las reflexiones y acontecimientos más cercanos en el tiempo, en primera persona, y su propia memoria se convertía en narrador en tercera. Esa tercera podía contar los acontecimientos más lejanos, como una cámara que lo registra todo pero que duda, en ocasiones, de lo que vio o sintió el protagonista debido a los años transcurridos. Probé una y otra vez hasta que quedé satisfecho del resultado. Creo que ayuda a dar profundidad al personaje sin que su voz persistente se le haga pesada al lector.


¿No crees que la originalidad del planteamiento de las dos voces narrativas, puede representar un problema para el lector? Tengo la impresión que los párrafos escritos en primera persona cortan el desarrollo de algunos acontecimientos con las reflexiones del mercenario y, pese a lo sugerentes que son en la mayoría de los casos, pueden entorpecer la lectura. Más aún si tenemos en cuenta que muchas de esa
s reflexiones giran en torno a los mismos temas y pensamientos.


La idea de alternar las dos voces pretende facilitar la lectura. Es un recurso para poder contar dos tiempos narrativos (presente y pasado lejano), pero, además, sirve para dar descanso al lector de vez en cuando, de los acontecimientos de acción que cuenta esa voz narrativa en tercera. lo que cuenta es en la mayoría de ocasiones escenas de acción, de batalla, de cuerpo a cuerpo, y si toda la novela mantuviera esa tensión, es posible que el lector sintiera el agotamiento de la gente en campaña. Esa es la razón que deje respirar al lector. incluso me conviene que mantenga el interés por los sucesos que esa tercera persona, esa parte de la memoria del viejo, cuenta. Por otro lado, en el desarrollo de la novela debo medir las descripciones y las imágenes poéticas, que podrían servir para hacer lo mismo: hacer que el lector descanse de tanta acción. No quise abusar del recurso. Preferí hacerlo dejando ver, de vez en cuando, las reflexiones del viejo mercenario.Esto me da pie a responder a la segunda parte de tu pregunta. La memoria de ese viejo parece errática. Incluso cuando interviene la voz en tercera en algunas ocasiones cuenta sucesos de los que no está muy seguro (en ocasiones dice "parece"). Pero te decía que la memoria del viejo Abato va hacia atrás y adelante en los episodios que rememora. Parece errática, e insiste en algunos elementos que parecen haberse convertido en obsesión (el lobo, la muerte, los dioses). Pero es que es la memoria de un viejo, no la de una persona joven. La del viejo se llena de imágenes y recuerdos que persisten sobre los demás. Además, Abato se siente más anciano desde que cree que vive un mundo que ya no es el suyo. El entorno que le rodea es despoblado y muy pocos elementos vienen a cambiar su modo de vida. Ese lobo participa de su reducido mundo. no solo físico, el de su memoria también se achica y da la impresión que ese espacio, cada vez más reducido, se llena más y más con sus otras obsesiones: los dioses, la muerte...


Junto a Alejandro Magno y Julio César, Aníbal es considerado uno de los mayores estrategas de la Antigüedad. ¿Qué le diferencia o le distingue de los otros dos?

Opino que hay más elementos que les une, que aspectos que les diferencien. Los tres tuvieron una visión amplia del mundo conocido. Los tres tuvieron que desarrollar su estrategia enfrentados a los políticos y asesores de sus propios estados. Los tres adquieren poder a la muerte de sus respectivos padres. Los tres dejaron una obra inacabada. Y desde luego… lo que les une por encima de todo lo demás… su gran capacidad estratégica. ¿Qué les diferencia? Sus vidas. Sus planes personales, sus territorios…


En la novela hay muchas frases de una fuerza y una belleza tremendas. Quisiera resaltar dos de ellas, la primera justo al inicio: “Pero por aquel entonces no podía saber que el amor duele más que la muerte y que la lealtad se convierte en razón de vida” y la otra: “Pero el mundo no es tan grande como uno quisiera cuando pretende perderse de la vida”. ¿Es sólo Abato quien habla o lo hace también una parte del autor?

El autor pone en boca de los personajes aquellos pensamientos que cree que pueden ser propios del personaje. Según siente, según vive, según cree…


El episodio de la pérdida del ojo de Aníbal es brutal. ¿Realmente se vació él mismo la cuenca del derecho cuando perdió la vista?

Era un tiempo de hombres duros y acciones fuertes que marcaban la diferencia entre pusilánimes y valientes. Si recuerdas el pasaje del enfrentamiento entre los dos romanos que deben luchar por su vida poco antes de bajar de los Alpes, verás que no les es ajena la muestra del valor supremo en momentos críticos. Y ese episodio está contado por una fuente clásica romana.


Abato se granjeó pronto, y casi con un solo episodio, la confianza de Aníbal, que lo incluyó en su mando. ¿Realmente resultaba tan fácil acceder a un puesto de tanta importancia?

Una de las cosas que dijo Gisbert cuando le conté mi idea, fue que era verosímil, ya que sabemos que Aníbal llevaba íberos en su mando. Gente de confianza. Y así es. Colocar a Abato en ese puesto de confianza no es sólo licencia de autor. Hacía años que Aníbal vivía en Iberia. Había luchado en la Turdetania contra caudillos íberos y también había enrolado en su ejército a jefes y cabecillas de tribus que buscaban una salida ventajosa a su situación. De hecho… Aníbal y los cartagineses aprendieron muchas cosas de aquellos pueblos del sur, beligerantes ante la ocupación púnica. No solo el uso de la falcata, la famosa espada íbera, sino aspectos de la propia estrategia en la contienda: por ejemplo la guerrilla. Así que Aníbal conocía bastante de las habilidades de aquella gente y quiso utilizarlas en su provecho. Buscó el consejo de cabezas íberas, igual que buscó los brazos diestros de los íberos enrolados en sus tropas auxiliares.


En la batalla en Capua, nos presentas a un Publio Cornelio Escipión un tanto inepto. Arriesgó inútilmente la vida de sus hombres y pasó casi un año sin poder luchar debido a sus propias heridas ¿Es el mismo que más tarde sería conocido por “El Africano”?

No. No es él. Pero no fu él solo el que no supo enfrentarse al púnico. Hubo otros muchos generales ineptos. Éste era padre del que sería conocido mucho más adelante como “el africano”.


La pérdida de Siracusa y la muerte de Arquímedes, Abato las achaca a la traición de un tal Rucio Supino, que provocó la apertura de las puertas de la ciudad para que entrasen las centurias romanas. Si no me equivoco, el tal Rucio es un personaje de ficción. ¿Cómo se mezclan la realidad y la ficción en La sombra del mercenario? ¿Qué más personajes o situaciones imaginarias ha creado el autor para apoyar la trama?

La mayoría de personajes pertenecen a la historia real, asimismo las situaciones. Rucio es uno de los escasos personajes ficticios, pero en cambio lo que sucede con la entrada en Siracusa pertenece al campo de la verdad histórica. O sea, sigo la máxima de Lukács, cuando dice algo así como que la novela histórica tiene como propósito principal ofrecer una visión verosímil… y que han de utilizarse hechos verídicos aunque los personajes principales sean inventados. Desde el punto de vista de novela, desde luego que mi intención es que el relato proporcione el mayor placer al lector. No olvidemos que es novela histórica. O sea, ficción histórica.


Me han llamado la atención los ritos funerarios. En al menos tres ocasiones se habla de guerreros bailando y luchando sobre las tumbas de los fallecidos. ¿Podrías explicarnos con más detalle en qué consistían ese tipo de inhumaciones?

El ritual funerario más propagado era el de la cremación. Y la mayor muestra de respeto al difunto era ofrecer sacrificios en su honor y agasajar al muerto con la lucha de parejas sobre su tumba o mientras su cadáver ardía en la pira funeraria. Es muy conocido el ritual tras la muerte de Viriato. Lo citan Apiano y Diodoro: aseguran que su cuerpo ardió en la pira y se inmolaron muchas victimas. Y que los soldados, formados en orden de batalla, corrían alrededor entrechocando sus armas y cantando las glorias del caudillo. Estuvieron así hasta que las llamas se apagaron. Luego, recogieron las cenizas del héroe, y las depositaron en una vasija de cerámica, en un pequeño hueco, junto a sus armas, y levantaron alrededor un túmulo de piedras. Cuentan las fuentes que sobre éste túmulo lucharon muchas parejas en sacrificio por el caído.


Tal vez uno de los episodios más llamativos sea el enfrentamiento de un Abato ya retirado con un oso. Cuando el mercenario consigue matar al animal y resulta herido, hace algo que puede parecernos realmente repulsivo…

Es cuestión de supervivencia. La tripa del oso aún está caliente. Por otro lado, la nariz de Abato ha convivido en múltiples ocasiones con el olor de las vísceras humanas desparramadas por los suelos. Hace mucho que dejó de sentir asco. Así que tiene claro lo que hay que hacer… y lo hace.


¿A qué se debía el respeto que parecía mostrar Aníbal hacia el cónsul Fabio y que no prodigó a otros romanos?

Parece que Fabio da muestras evidentes de inteligencia a lo largo del relato. No quiero desvelar aquí sus estratagemas y las ideas que hace que incluso el propio Senado dude de su capacidad. Por lo novedoso de éstas. También está la entrevista que mantienen ambos. Los dos generales se miden en la oratoria. No es fácil decir que es lo que inspira el respeto del cartaginés por el romano, pero quizá fue el tesón con que llevó a cabo un plan establecido por encima de las presiones políticas de su propia gente. Eso y darse cuenta de adonde podía llegar el peligroso Minucio.


La historia de Belio, el gladiador, supongo fue la historia de muchos íberos en aquellos tiempos. ¿Sentían especial predilección los romanos por los luchadores de esta parte del Imperio?

Los íberos eran muy respetados como combatientes. Eran famosos por su destreza en el cuerpo a cuerpo. Manejaban la falcata con gran habilidad. Tenían gran capacidad de adaptación al terreno en el que luchaban. Así que fueron enrolados en todos los ejércitos de aquella época. Encontramos íberos en el bando romano, el cartaginés, el macedonio, el siracusano, etc… Por ejemplo, en uno de los mapas que acompaña el libro puede verse que había mercenarios íberos en Sicilia, por la distribución que se aprecia en el mapa comprendemos que luchaban en diferentes bandos.
En cuanto a los gladiadores íberos o hispanos… hubo una buena cantidad de ellos. Lo sabemos gracias a los epitafios leídos a través del estudio de la epigrafía. Recuerdo la cita de una lápida en Córdoba que nombra a un “mirmillón” hispano vencedor en varios combates y que fue liberado tras alcanzar una palma y una corona.
Otra de las grandes cualidades que buscaban en el íbero era su código de lealtad una vez puesto al servicio de su nuevo señor. Ya he explicado más arriba el ejercicio de la “devotio”.Ese juramento de lealtad. En la relación de Abato con Aníbal debemos ver esta institución íbera. Vínculo que lleva al honor y el sentido del honor. Lealtad por encima de todo. Bueno… en el caso de Abato…. de casi todo… pero dejemos al lector que descubra...


Uno de los aspectos más llamativos de la novela es la cantidad de muertos de uno y otro bando que terminaban en el suelo tras las batallas. De setenta mil infantes y cinco mil jinetes comentas en Cannas, y eso en un solo enfrentamiento. ¿Qué sucedía con todos esos cadáveres que quedaban tras la contienda?

Si había tregua los bandos retiraban a sus muertos y les ofrecían el rito de la pira funeraria, si no daba lugar… los cadáveres formaban parte del festín para las alimañas y las aves carroñeras.


Según la novela, Aníbal no entró en Roma por algo que tiene que ver con un tal Asclapio. ¿Se conoce por qué el cartaginés no entró en la ciudad, estando como estaba a sus puertas?

Sobre éste tema han corrido, y corren, ríos de tinta. “Aníbal ad portas” es la frase famosa que describe esta situación. Se han hecho muchas cábalas. Historiadores más o menos contemporáneos de los hechos trataron de hallar una explicación. Historiadores actuales han tratado de hacer lo mismo. Unos y otros imaginando y suponiendo. Pues bien, llego yo y doy respuesta al asunto. Una respuesta posible. La mía desde luego. Pero de eso se trata ¿no?


El inicio y el final de la novela se centran en el único personaje femenino relevante de la novela: Imilce. ¿Qué hay de verdad en lo que cuentas?

Bien…no vamos a desvelar demasiado de lo que acontece con éste personaje. Prefiero que lo descubra el lector, pero puedo recordarte que no es el único personaje femenino que aparece y por lo que respecta a la palabra “relevante” tampoco estaría muy de acuerdo. Tengo una amiga que opina que de las dos féminas con papel importante que aparecen…una es inteligente y la otra tramposa, solo que duda de quien es quien y se pregunta si Abato lo sabe.


Una curiosidad: Aníbal y Escipión el Africano murieron el mismo año. En la novela apuntas el modo en que perdió la vida el cartaginés. ¿Podrías ahora ampliar un poco esa información y contarnos cómo y por qué se suicidó?

Es sabido que Aníbal no quiso dar oportunidades a los romanos. También es sabido que Roma no se contentó con destruir Cartago y arrasarla hasta los cimientos. Quiso llegar hasta Aníbal para zanjar sus cuitas con el mundo cartaginés. Es evidente que Aníbal no les quiso dar esa satisfacción y prefirió desaparecer antes que la mano enemiga lo hiciera por él. Se dice que instantes antes de morir dijo algo así como que era tiempo de liberar a Roma de sus inquietudes, ya que no tenían la paciencia de aguardar la muerte de un anciano. Escipión moriría enfermo en su finca, poco más tarde.


Deduzco que escribir novela histórica representa un ingente trabajo previo de documentación. ¿Piensas continuar en el género?

Así es, y el que lea la novela lo verá. Pero he procurado que no se note tanto como para tapar la historia y el modo de contarla. He antepuesto el relato, la visibilidad. Quiero que el lector entre en la novela, que se introduzca en la historia. Yo a cambio estoy dispuesto a contársela sin apabullarlo con información. Prefiero que se encuentre junto a los personajes, que huela la humedad de una tarde en la montaña, que note en su garganta la sequedad del desierto, que se recree en los paisajes y que escuche el fragor de la batalla. Que sienta la fuerza del cuerpo a cuerpo y doble su cintura para esquivar el cuchillo de algún galo con mala leche. Quiero que vea lo que yo le muestre y, a cambio de tanto esfuerzo, estoy dispuesto a recompensarle. Y lo haré dejándole que descanse con las reflexiones del viejo guerrero, esa voz gastada que le dejaré oír de vez en cuando.


¿Algún proyecto en perspectiva del que puedas adelantarnos algo?

Lo siguiente está en manos de mi agente, Sandra Bruna, es otra novela histórica. Pero ésta se desarrolla entre los siglos IV y V de nuestra era, en el Imperio Romano, justo cuando se desmorona por los ataques fronterizos de los bárbaros y por la expansión del cristianismo dentro del propio imperio. Puedo decir que seguiremos la vida de una mujer, y que un grupo pagano tendrá un papel relevante en la historia. Incluso veremos que un cuerpo de élite, con un encargo de vital importancia para el futuro del culto pagano, se introducirá entre las corrientes cristianas y tratará de subvertir la situación. Y seguiremos a la mujer en un viaje que nos llevará hacia un lugar sorprendente.


Muchas gracias por tu tiempo, por una novela muy recomendable y por la oportunidad de esta entrevista, y mucha suerte en tus próximas publicaciones. Si quieres añadir algo más...

Gracias a ti y a tu interés por el libro. Sólo recomendar a quien desee ver el video-trailer de promoción de la novela, que lo haga entrando en
www.youtube.com y buscando por “la sombra del mercenario”. Vale la pena porque no es un trailer típico a base de refrito de imágenes. Todo lo que aparece en él es original, ah! y está hecho por mis hijos.

Gracias!!
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