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lunes, 15 de marzo de 2010

El asedio - Arturo Pérez-Reverte

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Editorial Alfaguara, Marzo 2010
Género: Novela
733 páginas

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Cádiz, 1811. España lucha por su independencia mientras América lo hace por la suya. En las calles de la ciudad más liberal de Europa se libran batallas de otra índole. Mujeres jóvenes aparecen desolladas a latigazos. En cada lugar, antes del hallazgo del cadáver, ha caído una bomba francesa. Eso traza sobre la ciudad un mapa superpuesto y siniestro: un complejo tablero de ajedrez donde la mano de un jugador oculto – un asesino despiadado, el azar, las curvas de artillería, la dirección de los vientos, el cálculo de probabilidades – mueve piezas que deciden y entrelazan el destino de los protagonistas: un policía corrupto y brutal, la heredera de una importante casa comercial gaditana, un capitán corsario de pocos escrúpulos, un taxidermista misántropo y espía, un curtido guerrillero de las salinas y un excéntrico artillero francés a quien las guerras importan menos que resolver el problema técnico del corto alcance de sus obuses.

(Sinopsis de la editorial)
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Después de Cabo Trafalgar y Un día de cólera, Arturo Pérez-Reverte parece emular los pasos que ya diera Benito Pérez-Galdós con sus Episodios Nacionales. Cádiz es en este caso el escenario donde va a desarrollarse la acción, y la época la misma que ya eligiera el escritor canario para ubicar las aventuras de Gabriel Araceli.

Estamos en 1811. Cádiz sufre el asedio de las tropas napoleónicas y en ese escenario se entrecruzan tres historias diferentes de la mano de media docena de protagonistas. Tenemos por un lado una serie de asesinatos de muchachas que mantienen en vilo a un comisario de policía con pocos escrúpulos. Por otro a una mujer joven al frente de una casa comercial en un momento delicado. Y por último el frente francés, donde un científico convertido en capitán trabaja con números y probabilidades para que las bombas que lanza sobre Cádiz causen el mayor daño posible. De fondo, las guerrillas contra los franceses, la Constitución de 1812, la revuelta en las colonias americanas, los corsarios de uno y otro bando y la vida cotidiana en una ciudad asediada que mantiene abiertos sus puertos al mar.

La trama, compleja en apariencia, se desenvuelve con soltura, y cada uno de los hilos argumentales conecta con los demás en distintas ocasiones, hasta formar un todo que dibuja con precisión un momento y un lugar. Con una prosa rica y fluida, Pérez-Reverte nos muestra un cuadro lleno de detalles, de sucesos extraordinarios y de personajes memorables, con esa pátina de amargura que impregna gran parte de sus novelas y que contagia al lector hasta el final.

No faltan por supuesto los héroes, los hombres de mar que tanto gustan al autor, y que se juegan la vida sobre balandras o bergantines, cazando o huyendo bajo el fuego enemigo, y donde demuestra sus grandes conocimientos marineros a la hora de emplear términos náuticos tanto en aparejos como en maniobras.

Esta novela, pese a su extensión, se lee con interés creciente y combina a la perfección el género histórico, el policíaco y el de aventuras. Amena e interesante, nos sumerge en un mundo del que resulta difícil alejarse llegado el final, reacios a despedir a gentes y lugares que nos han cautivado durante horas. Uno incluso lamenta no saber un poco más de lo que pasó con Ricardo Maraña o con Lorenzo Virués – dos personajes secundarios con mucho juego - tras la retirada de los franceses, qué nuevos retos tuvo que afrontar Lolita Palma o cómo vería desde entonces la ciudad el comisario Tizón. Preguntas que, no me cabe duda, se plantearán muchos lectores al cerrar la última página, como quien cierra una puerta que sabe que va a tardar mucho, mucho tiempo en volver a abrir.
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viernes, 26 de febrero de 2010

Agustina de Aragón - Mª Pilar Queralt del Hierro

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/
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La Esfera de los libros, Octubre 2008
Género: Ensayo
206 páginas
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Zaragoza, julio de 1808. Una mujer de poco más de veinte años arranca el botafuego de las manos de un artillero muerto y dispara el cañón que éste tenía a su cargo. Su intervención, tan arriesgada como valiente, obligó a retroceder a la tropa francesa que amenazaba la zaragozana puerta del Portillo y permitió al general Palafox reestructurar la defensa. La mujer había nacido en Barcelona en 1768, se llamaba Agustina Saragossa y pasaría a la historia como Agustina de Aragón.
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Mª Pilar Queralt del Hierro nos regala en esta ocasión la biografía de un personaje sobre el que se tejió una leyenda: Agustina de Aragón.

Gracias a una gran labor de investigación, la autora proporciona datos precisos sobre el personaje y sobre su trayectoria, con un estilo diáfano y directo que se absorbe sin dificultad. Pero también sobre su entorno, sobre los hechos históricos que condicionaron su vida y que sirven de escenario para desarrollar un personaje sumamente interesante, especialmente el sitio de Zaragoza, en el que se convirtió en una heroína.

Un ensayo ameno y riguroso que disfrutarán todos los aficionados a la Historia.
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lunes, 9 de marzo de 2009

La venganza del bandolero - Martí Gironell

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com

Editorial Planeta
344 páginas
Género: Novela

Boquica fue un bandolero, para algunos un chaquetero, un afrancesado. Para otros, un traidor. Sin embargo, Boquica luchaba por unos ideales de libertad que iban más allá del patriotismo.

Primero en el bando patriota y luego en el francés, su único deseo era vivir sin pertenecer a nadie.

Y en torno a él se creó la leyenda.


Opinión

No sé si Boquica fue malo o fue bueno. Fue cruel, es innegable. Pero hay que entender las circunstancias para entender al hombre, y eso es justamente lo que Martí Gironell pretende con esta novela, plantear los hechos que rodearon la vida de José Pujol y que lo llevaron a convertirse en bandolero.

Cuando se inicia la Guerra de la Independencia contra los franceses, en 1808, Boquica lucha en el bando patriota para echar al invasor. Pero las promesas que le hacen quedan en nada y pronto el hambre y la miseria serán su única recompensa. Hastiado de charlatanes, se une a los franceses y forma una partida de migueletes, encargados de recaudar los impuestos y luchar contra los bandidos, para acabar finalmente luchando por sí mismo contra todos.

Es fácil juzgar con el peso de la historia a nuestra espalda, pero me pregunto qué habrían hecho muchos padres de familia en una situación así, con hijos a los que alimentar y ni un mal mendrugo que echarse a la boca. Afrancesados, sí. Esperanzados, los hubiese llamado yo, en un tiempo en que nuestra monarquía era un mal chiste y Napoleón parecía el salvador de un pueblo que se agostaba. Creo que yo me habría puesto mil chaquetas con tal de no oír llorar de hambre a mis hijos, porque, a fin de cuentas, la vida de palacio siempre queda lejos ¿o no?. Mi pedazo de tierra, mi casa, mis vecinos... hubiesen seguido siendo los mismos y yo hubiese continuado pagando mis impuestos, sin importar en definitiva a qué bolsillos fuesen a parar.

Desde ese prisma, en mi opinión, hay que enfrentarse al protagonista de esta novela. No pretendo justificar sus acciones, excesivamente crueles en muchos casos, aunque no muy distintas a otros hombres de su tiempo. “Yo soy yo y mis circunstancias”, como diría Ortega y Gasset un siglo más tarde, una frase que, en este caso, se adapta como un guante.

Amores, traiciones y mucha acción son las notas dominantes en esta novela que, además, es un fresco de lo que era la zona de La Garrotxa, con sus costumbres, su paisaje, sus fiestas, sus creencias e incluso sus supersticiones, que también aparecen, con un exceso de fantasía, en la trama. Y un punto de brutalidad que remueve las tripas y que nos hace recordar que, pese al tiempo transcurrido, no hemos cambiado tanto. Por desgracia.
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martes, 1 de julio de 2008

La Artillera - Ángeles de Irisarri

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com


Editorial Suma de Letras
556 páginas
Género: Novela


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Tras los sucesos acontecidos el 2 de Mayo de 1808 en Madrid contra la invasión francesa, varias ciudades españolas declararon la guerra a Napoleón, entre ellas Zaragoza.

Ángeles de Irisarri narra el día a día en el interior de la ciudad de la mano de diez mujeres de distintas clases sociales y el modo de afrontar los dos sitios que sufrió Zaragoza. Agustina de Aragón, María Agustín o la condesa de Bureta son algunas de las protagonistas de esta novela.


Opinión


Ya cumplido el centenario de los hechos del 2 de Mayo, Ángeles de Irisarri se sumó al homenaje a aquellos hombres y mujeres que se enfrentaron contra el invasor y que lograron, contra todos los pronósticos, vencer al mejor ejército del mundo.

La Artillera sitúa la acción en el interior de la ciudad de Zaragoza y la visión no es tanto la guerra en sí misma como el papel que jugaron los habitantes de la urbe en el desarrollo de la contienda. Diez mujeres, la mayoría de ellas reales, protagonizan una historia que se desarrolla en el interior de los muros de la villa, proporcionando al lector la oportunidad de asistir a una guerra desde la “trastienda”. Sin olvidar el papel jugado por ejército y población civil, la novela se basa en el rol desempeñado por las mujeres e incluso por los niños y sin cuya ayuda el resultado podría haber sido muy distinto. Así, asistimos al cuidado de enfermos y heridos, el levantamiento de barricadas, el suministro a las tropas de comida, agua y munición, el desescombro de edificios destruidos, la llevada de noticias, la recogida de objetos de valor, la confección de prendas de vestir y, en algunos casos, incluso sustituyendo al soldado caído con el fusil o, caso de Agustina, con el cañón.

Heroicas mujeres que pasaron a la Historia y muchas otras cuyos nombres no se supieron jamás y que contribuyeron a que la ciudad de Zaragoza consiguiera sobrevivir a los dos asedios a los que fue sometida. Tanto unas como otras disponen ahora de su propia voz gracias a Ángeles de Irisarri que, en una prosa muy acorde con la época, narra sus aventuras y las enormes dificultades a las que tuvieron que enfrentarse: hambre, frío, bombas, peste...

Al inicio de la novela aparecen todas las protagonistas de una vez, dirigiéndose hacia un mismo lugar y, aunque al principio resulta un poco difícil saber quién es quién, la historia de cada una de ellas va perfilándose a medida que avanza la trama y sin duda cada lector sentirá preferencia por una u otra. En el caso de la que suscribe, se trata de la madre Rafols, un personaje increíble.

La Artillera nos ofrece además un recorrido por las calles de la ciudad, por sus edificios más emblemáticos, por sus gentes y por sus costumbres.

La autora ha sabido transmitir toda la tensión de aquellos días, la pasión, el desaliento y el valor y consigue que el lector vibre y se emocione, que sienta que le hormiguean las manos ante la necesidad de unirse a ese grupo de personas, con una aguja, un cazo o una bayoneta y que, al cerrar sus páginas, sea consciente de que cierra uno de los capítulos más heroicos de la historia de España.

Una novela bien documentada y escrita con esmero, con un ritmo ágil que hace que sus más de quinientas páginas no se hagan en absoluto pesadas, con sentido del humor y momentos de ternura, y con unas protagonistas admirables y bien retratadas que logran seducir al lector sin esfuerzo.

Una obra imprescindible para todos los amantes de la novela histórica y un referente para el bicentenario.
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Entrevista a Ángeles de Irisarri por "La Artillera"

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Realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com
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Ángeles de Irisarri es colaboradora habitual de Heraldo de Aragón y ABC. Ha publicado varias novelas: Diez relatos de Goya y su tiempo, El viaje de la reina, Moras y cristianas, Las damas del Fin del Mundo, El año de la inmortalidad, Historias de brujas medievales, Trilogía de Isabel, la reina, Romance de ciego, Te lo digo por escrito...
Sus obras han sido galardonadas con el Premio Isabel de Portugal (1992 y 1994), el Premio Femenino Singular Lumen (1994), Premio Baltasar Gracián (1996), Búho de la Asociación de Amigos del Libro (1996), Sabina de Oro (2002) y el Premio Alfonso X el Sabio de Novela Histórica (2005).
La autora nos recibió en su hotel y fue un inmenso placer poder charlar con ella sobre su último trabajo, La Artillera, una novela ambientada en 1808, en los Sitios de Zaragoza.
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¿Cómo surgió la idea de escribir sobre Agustina de Aragón?

Ya me habían dicho en mi casa que Agustina de Aragón sería un buen personaje, porque cuando acabas una cosa y empiezas otra no sabes qué elegir. Llevo veinticinco libros editados y termina siendo dificultoso encontrar personajes. Luego, como sucede en la novela histórica, a veces hay de varios personajes varias novelas en las estanterías y convine en escribir sobre Agustina de Aragón con mi editor, con tan buena fortuna que además, fue pensarlo y acordarme que en este año que estamos se cumple el bicentenario. Así es que inmensamente feliz de que coincidiera.


Muchos héroes y heroínas anónimos en aquellos sucesos. ¿Por qué escogió la autora a estas diez protagonistas?

Escogí a diez, aunque también podría haber escogido a más o a menos, pero diez me parecieron más que suficientes para explicar la historia. Las verdaderas son las que más nombre tienen: Agustina de Aragón, Casta Álvarez, la condesa de Bureta... y aún así se sabe muy poco de ellas. De Agustina algo más, pero mucho mezclado con la leyenda, y de la condesa de Bureta también un poco, pero de las otras la verdad es que no se sabe casi nada. Ahí está la maña para escribir una novela con tan escasos datos.


En algunos momentos comenta la escasa atención que recibió Agustina por parte de algunos cronistas. Imagino que otras protagonistas de La Artillera aún recibieron menos. ¿Ha resultado muy ardua la tarea de documentación para la novela?

Bueno, como para toda novela histórica, hay que documentarse. En este caso ya tenía una cronología de los hechos. Además, hubo dos cronistas durante los sitios, el cronista oficial Alcayde y un funcionario del Ayuntamiento que escribió un diario y eso para saber lo que sucedió, desde luego en la primera parte de la novela, que es el día a día, ayuda mucho.


Al contrario de lo que suele suceder, en esta historia las mujeres son las protagonistas. Y la visión de la guerra muy distinta a la habitual.

Sí, las mujeres son las protagonistas, porque es el día a día y hacer una historia militar, pues ya hay muchísimas, hechas por militares..., incluso este mismo Alcayde empieza a hacer una historia militar de los hechos. Hay de españoles, de franceses... porque fue un tema muy utilizado a lo largo de todo el siglo XIX, ya que a fin de cuentas el pueblo español había vencido nada menos que a Napoleón. La primera derrota que sufrió fue en el Bruch, que no llegó a ser una batalla, fue una escaramuza, pero que fue la primera derrota que tiene en todo el mundo, y estaban sus ejércitos en Rusia en esta época. La segunda es ante los muros de Zaragoza, el 15 de junio, en la llamada Batalla de las Eras, donde una de las protagonistas de la novela se queda manca para siempre.
La guerra no es un hecho cotidiano, pero cuando se subleva Zaragoza el 24 de mayo, lo mismo que harán otras ciudades españolas, contra el emperador de los franceses, cuyos ejércitos en número de 140.000 hombres están ocupando España y no han venido a repartir caramelos precisamente, después del detonante del 2 de mayo, varias ciudades se sublevan, y ésta es una.
Y aparte de los problemas de la guerra, cada una de estas protagonistas va a tener su propia historia personal.


Personajes reales mezclados con ficticios. Supongo que Matilda y Marica, las prostitutas, son producto de la imaginación de la autora. ¿Qué otros personajes ha creado para la novela?

Matilda y Marica son ficticios, pero en muchos de mis libros salen prostitutas, que forman parte de la realidad desde que el mundo es mundo, y luego hay otro personaje ficticio, que es Quimeta, la hermana de Agustina. Porque no me parecía lógico lo que cuenta la historia o la leyenda sobre la llegada a Zaragoza de Agustina de Aragón, así que le puse una hermana e hice que venía a visitarla.


En un momento determinado, menciona a Gabriel Araceli, el protagonista de los Episodios Nacionales de Galdós. ¿Un homenaje, similar al que hace a Los tres mosqueteros de Dumas o a El Quijote de Cervantes?

Bueno, es que Gabriel Araceli me parece un personaje muy majo, y es muy importante la novela “Zaragoza” de Galdós. Es el primer novelista que se documenta en los periódicos y eso tiene también su miga. Es muy riguroso. Ves una noticia de Galdós en cualquiera de sus libros, te vas a la hemeroteca y allí está.

Es que cuando leía tu libro recordaba la novela de Galdós, el hambre y las penalidades que habían padecido durante el asedio.

Sí, fue un Sitio terrible. Comieron perro, comieron gato...
¡Y los muertos! Al principio de la guerra, antes de empezar el primer asedio, había 80.000 personas en Zaragoza y al final del segundo Sitio quedaban 12.000, porque en el segundo, aparte de las bombas, se desarrolló la peste, que se llevó más vidas que la propia contienda.



La novela está escrita en un estilo muy peculiar, muy acorde con la época, e imagino que no habrá resultado una tarea sencilla. ¿Qué autor o autores la inspiraron?

Bueno, ya llevo 25 novelas y he desarrollado un estilillo (risas), aunque hay algunas que tienen un lenguaje mucho más arcaizante, y a mis lectores les gusta. Leo a autores de la época para ver expresiones, como “Por el pronto” en lugar de “De pronto”, que me encantó cuando lo leí para esta novela. Ahora ya lo pondré en todas (más risas). Para esta novela, por ejemplo, he leído a Nipho, a Moratín y antes, para otras, a Valera, Galdós, Pereda... pero no quise releer “Zaragoza” de Galdós para no inspirarme.


Muchos edificios y monumentos fueron destruidos por los franceses. ¿Es la Zaragoza actual muy distinta a la ciudad que describe en la novela?

Zaragoza fue completamente destruida. Se conocía como la Florencia de España por lo bonita que era. Se tardó mucho tiempo en reconstruir porque, pasados cuarenta años, seguía prácticamente igual. Después de tanto valor, del vencer y morir, y de tanto esfuerzo, cayeron en una apatía total, cosa que es razonable también. Eso de las paralelas que cuento, los túneles que hacían los franceses, eso fue para vencer a aquellos “locos” de Zaragoza. Y Napoleón estuvo con los planos de Zaragoza, con los que salen en las guardas del libro, y ahí está los túneles bajo las calles, las paralelas de acercamiento. Cuando no podían por arriba, pues por abajo. Y metían unos bombazos terribles, y explotaba todo, toda la manzana.



Una de las cosas que más llaman la atención es la desinformación, el desconocimiento, las noticias que se contradicen y que recorren las calles de la ciudad continuamente, aumentando el desconcierto de los ciudadanos, que unas veces alaban a Palafox y otras lo maldicen, y donde todo el mundo parece tener una opinión formada sobre lo que hay que hacer.

Bueno, claro, no había móviles ni teléfonos y hubo días en que no salían los periódicos porque todos los reporteros estaban en las trincheras y, claro, cualquier noticia que va pasando de uno a otro se trabuca completamente. Fue todo un horror.


El primer episodio de Agustina de Aragón con el cañón, corríjame si me equivoco, parece más fruto de un impulso que otra cosa, y sin duda condicionó el resto de su historia. ¿Qué hay de verdad en toda la trayectoria posterior que figura en la novela tras su salida de Zaragoza? Que había logrado huir de los franceses en Navarra, que había estado en Soria, Teruel, Sevilla, Tarragona...

Bueno, las mujeres se habían dedicado a hacer de suministradoras de los soldados, a llevarles el botijo del agua, un trago de aguardiente, munición, a cargarles los fusiles... pero llegó un momento, en una de las puertas, en la del Portillo, en que todos los artilleros de la batería que había ahí estaban muertos y de entre todas esas mujeres salió una, que fue Agustina de Aragón, que le quitó el botafuego al moribundo y prendió el cañón, con tan buena fortuna que estaba bien apuntado, porque ya lo había dejado el artillero, y que causó un destrozo extraordinario entre los franceses, es más, se echaron a correr, porque tan valientes no eran. (risas) ¿Y entonces qué pasa? Pues que el propio comandante del puesto le quita los galones al pobre sargento muerto y se los impone a Agustina de Aragón, que es la primera sargento del ejército español.
Para mí, nada más bajar de la batería pisando muertos, esa mujer ya había entrado en la leyenda. ¿Por qué? Pues porque se dijo que el sargento muerto era su marido, cuando su marido estaba acantonado en un pueblo cercano, Belchite, que estaba embarazada, que llevaba al niño en los brazos, pues según algunos vino a Zaragoza con un bebé de unos dos años, Palafox al día siguiente le reconoció el grado de sargento y el sueldo...
Y sí, Agustina logró huir de los franceses en Navarra, y huyó hacia el sur. En La Rioja la atendió una familia. Después pasó a Soria, más tarde estuvo en el Sitio de Teruel, en Sevilla fue aclamada... Y después de la guerra se dedicó a hacer giras y a dar conferencias, por así llamarlas, y era aclamada en todas partes. También estuvo en Tarragona y ahí encontró a su primer marido, al que había estado acantonado en Belchite.


En la novela, la condesa de Bureta y su marido Pedro María Ric comentan lo distintos que fueron los dos sitios que sufrió la ciudad. ¿A qué fueron debidas esas diferencias?

En el primero se tenían más ganas. Pero, claro, otros dos meses de lo mismo, más la peste, resulta más duro. Sin embargo, en el segundo Sitio había mucha más tropa del ejército español.


Cuando las duquesas francesas visitaron la Santa Capilla parecían conocer muchas cosas acerca de las valientes mujeres aragonesas, hecho que sorprende a Ric. ¿Es cierto que sabían tanto acerca de ellas o es una licencia de la autora? Y, de ser así, ¿cómo había llegado esa información a sus oídos?

Bueno, los franceses mandaban espías continuamente y en Zaragoza también había una población de franceses y de vez en cuando la emprendían a pedradas contra ellos; los sacaban de sus casas y los metían en la cárcel para salvarlos de la población, luego los soltaban...
Algunos soldados, disfrazados de campesinos, entraban en la ciudad, e incluso traidores, y traían panfletos, instándoles a la rendición, o de repente llegaba un batallón de soldados franceses que quería rendirse y venían con bandera blanca. Era para entrar en la población. Ya que no podían hacer lo del caballo de Troya, pues trataban de entrar como fuera, aunque muchas veces no los dejaban pasar. Pero los que lo conseguían se enteraban de todo lo que pasaba, y por eso luego quisieron conocer a las heroínas. Y Agustina de Aragón, cuando se estaba muriendo de la peste en un convento, y se la llevaron a los campamentos franceses, la reconocieron, porque además llevaba su uniforme de sargento.



Las joyas que se llevaron las duquesas de Montebello, de Treviso y Abrantes del joyero de Nuestra Señora del Pilar ¿pudieron recuperarse, siquiera algunas?

De lo que se llevaron estas duquesas no se recuperó nada, pero inmediatamente se volvió a empezar el joyero. De todos modos, algo se salvaría, porque los canónicos ya se habrían ocupado de esconder cosas. Una de estas duquesas, la de Abrantes, escribió un diario íntimo, que estaba muy de moda entre las nobles, y ella misma contó que se había llevado de Zaragoza cincuenta esmeraldas sin engastar. Y ésas, en los años cincuenta, se subastaron en Londres. Todo esto me lo contaron los canónicos.
Pero no sólo fueron ellas. Tú cogías el zurrón de un francés y de allí salían cálices, patenas... todo lo que les cabía en el zurrón y hay que ver lo que hicieron en los monasterios, que fue terrible, y las multas que impusieron a las ciudades, aparte de llevarse el tesoro público y las cajas militares, que a los particulares les hicieron pagar una fortuna, hasta con joyas. Que entraban en un monasterio y no dejaban títere con cabeza, que hasta la Dama de Elche se llevaron. Y por ejemplo en el monasterio de las Huelgas, en Burgos, destrozaron todas las tumbas de los reyes de Castilla, excepto una, que es la única que queda, la del Infante de la Cerda. Y en San Isidoro de León, que tiene una cripta preciosa con pinturas románicas, única en el mundo, la usaron de caballeriza y mezclaron todos los huesos de todos los reyes. Arrasaron todo por donde pasaron.



El episodio que más ha logrado emocionarme ha sido el de la rendición de las armas, cuando a los miles de soldados se les da a elegir entre ser hechos prisioneros y llevados a Francia o jurar lealtad a José Napoleón I. ¿Siente Ángeles de Irisarri predilección por alguno de los pasajes o protagonistas de su obra?

Yo le suelo coger cariño a todos mis personajes pero en ésta me ha gustado mucho la condesa de Bureta o la Casta Álvarez y también me han gustado mucho las fulanas, son muy cándidas, las cosas que les pasan, y la mayor parte del tiempo no se enteran de nada...


Ángeles de Irisarri escribe, especialmente, sobre mujeres en la Historia. ¿Su próximo trabajo versará sobre alguna otra protagonista femenina? ¿Puede adelantarnos algo?

Será otra protagonista femenina, que hay mucho que hablar de las mujeres, pero, de momento, no se puede comentar (risas).


Si quieres añadir algo...

Decirte que me encanta que te hayas leído la novela y que he disfrutado mucho con esta entrevista.


Muchas gracias, Ángeles, y mucha suerte. Ha sido un placer.
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sábado, 14 de junio de 2008

Un día de cólera - Arturo Pérez-Reverte



Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com


.Editorial Alfaguara
401 páginas
Género: Novela


.Esta nueva novela de Pérez-Reverte nos narra los sucesos que acaecieron en Madrid el 2 de Mayo de 1808.

Desde el punto de vista de la multitud de personajes que protagonizaron aquella jornada, el autor hace un recorrido por las calles de la ciudad y por los diversos enfrentamientos que allí tuvieron lugar, con una precisión casi quirúrgica.


Opinión

Un día de cólera es una novela tan exhaustivamente documentada que casi logra abrumar al lector. El autor cita nombres, apellidos, profesiones e incluso edades de varias docenas de las personas que participaron en aquellos hechos. No obstante, la trama gira en torno a un puñado de protagonistas que son el hilo conductor de la historia y que consiguen que el lector, a pesar de la profusión de datos, consiga mantenerse pegado a sus páginas.

El libro cuenta, además, con un plano de la urbe en el que se han señalado algunos de los puntos en los que se desarrollan las diversas historias, un gran acierto para que consigan orientarse los que no conocen la ciudad de Madrid.

La novela es una sucesión de imágenes narradas con detalle de los distintos escenarios, como una sucesión de cuadros o litografías que muestran lo más duro y en ocasiones lo más entrañable de lo ocurrido en aquellas calles.

La mayor parte del libro se centra en lo que hicieron los españoles, aunque no faltan escenas en las que los protagonistas son los franceses y las decisiones que tomaron aquella jornada. Y así, el lector puede asistir, desde el privilegio de su sillón, al desarrollo de los acontecimientos desde uno y otro bando.

Algunos episodios muestran la extrema crueldad a la que se llegó en algunos casos, con tal detalle que no resulta difícil sumergirse en una vorágine de vísceras, sangre y gritos. Pero también hay episodios marcados por el honor, el patriotismo o el orgullo, y estas otras imágenes consiguen que el lector logre congraciarse con el género humano.

Un ritmo ágil, una prosa como siempre esmerada, una trama que atrapa casi desde el inicio, una portada magnífica, y un montón de historias cruzadas, que en ocasiones logran empañar los ojos del lector, son las notas que caracterizan el nuevo trabajo de Pérez-Reverte.

En la celebración del segundo centenario de aquellos hechos, es una novela que nadie debería perderse.

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martes, 3 de junio de 2008

La derrota - Bocero de la Rosa

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com

Editorial Almuzara
379 páginas
Género: Novela

1808. Napoleón ha secuestrado a la familia real en Bayona e invade la Península. Envía a un ejército de 15.000 hombres con el objeto de liberar los restos de la flota bloqueada en Cádiz tras la derrota de Trafalgar. Al frente, el general Dupont.

Dupont acepta el encargo convencido de una victoria segura. Pero, al entrar en Andalucía, la situación parece muy distinta. Tras vencer a los españoles frente a las puertas de Córdoba, entrará en la ciudad y permanecerá en ella durante nueve días, nueve días de saqueos, violaciones y asesinatos.

Un mes más tarde, su ejército será derrotado en Bailén. Por primera vez las tropas francesas han sido vencidas, una noticia que recorrerá Europa.


Opinión

Bocero de la Rosa inicia con La derrota su carrera literaria, un inicio realmente espectacular. La novela está perfectamente ambientada y primorosamente escrita.

La historia transcurre en su mayoría en Córdoba, un homenaje a la ciudad natal del autor, y resulta tan interesante que es difícil abandonar la lectura.

Los personajes están magistralmente retratados, los diálogos cuidados con esmero, los datos históricos tratados con rigor... en fin, un trabajo excelente.

Apenas un puñado de personajes de ficción codeándose con los protagonistas reales de aquellos sucesos sirven al autor para describir los sufrimientos de su ciudad hace ya casi dos siglos. Porque la novela no se basa tanto en la batalla de Bailén en sí misma considerada como en los acontecimientos que condujeron a la misma.

Varios frentes que se entretejen para proporcionar una visión global de lo que estaba sucediendo en aquellos días, con un estilo directo y sin florituras, una crónica que me hacía recordar los Episodios Nacionales de Galdós.

Además de eso, la edición de Almuzara es una preciosidad, con una portada que es una pequeña obra de arte y, en su interior, reproducciones de grabados de Goya, un retrato de Napoleón y varios mapas del enfrentamiento en Bailén. Al final, una selecta bibliografía para quien quiera saber más. En resumen: una gozada para los sentidos.

Cuando uno se enfrenta a la primera obra de un escritor lo hace con bastante prudencia y con cierta cautela, por aquello de que hoy en día publica casi cualquiera. Bocero de la Rosa me ha sorprendido por la calidad de su obra, indispensable para cualquier amante de la novela histórica, o, simplemente, para quien guste de una agradable lectura.
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Entrevista a Bocero de la Rosa por "La derrota"




Realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com




Francisco J. Bocero de la Rosa es licenciado en Ciencias de la Información y Máster en Gestión y Administración de Empresas. Periodista especializado en economía y comunicación empresarial, ha desarrollado una extensa trayectoria profesional a lo largo de veinte años trabajando y colaborando en diversos medios de comunicación nacionales y andaluces, así como en organizaciones empresariales. Actualmente es director de comunicación y servicio de estudios de la Cámara de Comercio e Industria de Córdoba.
La derrota es su primera novela.



A un especialista en economía y comunicación empresarial como Vd. ¿Qué le llevó a escribir una novela histórica? ¿Se encontró con muchas dificultades a la hora de publicarla?
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Bueno, yo tuve la oportunidad de elegir destino como becario en un periódico, cuando comencé a trabajar y elegí economía por un mero intento de superación personal, era la asignatura que suspendí en la Facultad. ¡Y la aprobé después de aprender en el periódico¡ Después, cuando por motivos personales volví a Córdoba, comencé a trabajar en una institución empresarial y ya vino todo rodado. Pero siempre quise escribir en otro registro y como mis lecturas infantiles y juveniles fueron cosas de Walter Scott, Alejandro Dumas, Mark Twain y similares, pues tuve claro lo que quería hacer.
En cuanto a las dificultades, tengo que decir que Almuzara me lo puso muy fácil desde el principio, cosa que agradezco enormemente.

Al final de su libro reconoce que existe poca bibliografía sobre el saqueo de Córdoba en el año 1808. Sin embargo, los datos históricos son magníficos, incluso los detalles sobre la indumentaria de los diferentes cuerpos del ejército de uno y otro bando. Por otro lado, tanto André Castelot en su biografía sobre Napoleón como David Chandler en “Las campañas de Napoleón”, hablan de un ejército de unos 18.000 soldados franceses contra unos 30.000 españoles en Bailén y Galdós de unos veinte mil entre ambos bandos. Con tantos datos dispares de unos y otros imagino que el trabajo de investigación habrá sido arduo.
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Gracias por la calificación de los datos. Sí, el trabajo ha sido arduo porque, por ejemplo, existe amplia documentación sobre Bailén, pero muy escasa sobre los sucesos de Córdoba, lo que me ha resultado extraño. De cualquier manera, efectivamente, en lo referido a los datos, hay muchas fuentes que manejan cifras distintas. Lo que hecho ha sido recoger las que me parecían más ajustadas a la realidad, después de cotejarlas, y citarlas después al final de la novela para su consulta y, por supuesto, su procedencia. Sobre la batalla, los franceses siempre dieron cifras más elevadas de participación española para justificar la derrota, pero está documentado que, en el combate en sí, las fuerzas tuvieron bastante más igualdad de lo que se cree.

En su novela recorre una Córdoba que conoce y admira ¿es “La derrota” un tributo a la ciudad en que nació? ¿Qué acogida está teniendo?

Más que un tributo, he pretendido que sea una aportación de conocimiento de un pasado muy próximo que apenas se conoce. Verás, en Córdoba está muy presente la historia del califato y los omeyas. El esplendor antiguo de la ciudad, e incluso últimamente, la Córdoba romana, pero la contemporánea no tiene sitio, o al menos, un sitio adecuado. Está claro, el nuevo año nos trae el bicentenario de la Guerra de la Independencia, con muchas historias que conocer en muchas ciudades y la de Córdoba merece un lugar. Sobre todo porque es un ejemplo perfecto de cómo una ciudad sufre los rigores de una guerra sin quedarnos siempre en esta memoria histórica que obvia todo lo que no sea la guerra civil del 36. Me parece absurdo y, por supuesto, empobrecedor. Creo que hay más historia que recordar y conocer y no tan lejana, que, parafraseando al tango en otro nivel, 200 años no son tantos.
De todas formas, Córdoba es mi ciudad y, a pesar de todas las cosas que no me gustan, muchas, siempre la defenderé. Quiero pensar que, con mi trabajo diario, intento contribuir, como tantos miles de cordobeses más, a que sea mejor. Y respecto de la acogida no me puedo quejar, sino más bien todo lo contrario. Eso es muy gratificante.

Uno de los personajes del libro se llama Fernando de la Rosa, un médico cordobés. Su sobrino, Gonzalo de la Rosa, personaje de ficción. El autor, Bocero de la Rosa. ¿Algún parentesco lejano?

No, no tengo nada que ver con ellos. La familiar de la Rosa del libro no es la mía. Ha sido un guiño personal para mi madre, quizá la persona más valiente y abnegada que conozco, supongo que como todas las madres. En cuanto a Bocero de la Rosa, como autor, ha sido idea de mi editor llamarme de esa manera. Bien, ya le dije que me parecía un poco raro y que tendría que cambiar el apellido de los personajes de la familia para evitar equívocos, pero me dijo que no hacía falta. Vale, esta pregunta la estoy contestando continuamente, como me temía.

Las mujeres de los generales franceses les siguieron a la batalla. También creo recordar que muchas mujeres de los soldados ingleses, con hijos incluidos, siguieron a sus hombres a la Península para la guerra contra el francés. ¿A qué considera que se debía una práctica tan curiosa? ¿Era una costumbre extendida?

Sí, en la época era común. En realidad, más de los oficiales que de todos los generales, pero sí, en la expedición a Andalucía, participan también varias mujeres de los generales, como la de Chabert, que es la que empleo y otras que no lo he hecho como la del general de caballería Fressia, que cito como personaje, y que también acompaña a su marido.
Como práctica era curiosa, sí, pero debido a las características de las campañas y a la vida que llevaban, se consideraba normal. La moral del combate, el botín, etc. Independientemente de que también llevaban en ocasiones a sus amantes o a mujeres que les seguían por lo anterior.

En Bailén, aquel mes de julio, la temperatura era de 40 grados, las provisiones escasas y la sed inaguantable. Además, los españoles controlaban la única noria de las inmediaciones ¿Cree que en otras condiciones de temperatura y con provisiones abundantes el resultado habría sido distinto?

Es una pregunta difícil. Claro que las condiciones climáticas influyeron, y mucho, pero también influyó la disposición táctica española, su aguante y coraje ante las embestidas francesas y el desdén inicial de Dupont, que creía poder salvar el obstáculo que representaba el ejército español, primero sólo, y luego, esperando que la división Vedel, que estaba al norte, acudiese en su ayuda. Por supuesto, también hay que considerar la parte de avaricia que existe al marchar con el botín de Córdoba, inmenso en longitud y número de carros y la orografía del terreno, que le impedía moverse con el convoy a sus espaldas y la amenaza del general Castaños, en marcha desde Andujar.

Le Moniteur, el diario del ejército francés, tergiversaba las noticias para que fuesen siempre favorables al Ejército Imperial, una práctica común a lo largo de la historia. ¿Sucedió así con la batalla de Bailén? ¿O no pudieron acallar la aplastante derrota de sus tropas?

Sí, así sucedió con Bailén. Napoleón no podía admitir que su ejército hubiera sido derrotado en España y contra el ejército español. No le tenía respeto alguno. Si la derrota hubiera sido contra el ejército inglés hubiese sido otra cosa. De cualquier forma, Le Moniteur era el principal instrumento de propaganda napoleónico y el emperador era un experto en propaganda. Era perfectamente consciente de su valor y, claro, la ponía a su servicio. Lo hizo siempre, desde el principio.
Por otra parte, mandó a varios emisarios a las cortes europeas continentales, a San Petersburgo sin ir más lejos envío a uno de sus hombres de confianza, Caulaincourt, general y diplomático, para convencer al zar Alejandro de que Bailén no sólo había sido una escaramuza, sino, además, victoriosa para las armas francesas. Napoleón pensaba que las cortes europeas se envalentonarían después de conocer la derrota e intentó evitarlo como pudo.

El mariscal Louis Alexandre Berthier no creía que Dupont fuese la persona adecuada para la campaña de Andalucía y, a pesar de ello, Napoleón lo designó para el mando porque era uno de sus generales preferidos. Puede ser que ese favoritismo le costara la victoria. ¿Al frente de otro general más adecuado, como el mariscal Adrián de Moncey, el resultado podría haber sido distinto? ¿O incluso con Napoleón al frente de sus hombres, a pesar de la leve inferioridad numérica?

Una de las grandes discusiones, creo, de siempre. Me refiero a lo que hubiera sucedido si Napoleón hubiese estado al frente del ejército. Una de las grandes quejas de los altos oficiales, Belliard y Savary entre ellos, era de que el emperador no podía manejar la guerra desde lejos porque el tiempo que tardaban en ir y volver los correos era el tiempo en que se decidían las batallas. Normal. Las órdenes que daba Napoleón no podían ajustarse al campo de batalla por las condiciones cambiantes.
En cuanto a Moncey, era el mariscal que eligió el emperador para la expedición a Andalucía, pero este se dio cuenta de los peligros que entrañaba y rechazó la oferta. Entonces, Napoleón pensó en Dupont y en utilizar su ambición como seguro para la victoria. La relación que el emperador mantenía con sus generales era curiosa. Estimulaba la competencia entre ellos y procuraba que no estuviesen muy unidos, por si algún día se alzaban contra él. Hay un caso curioso de fomento de la rivalidad entre dos de sus mejores mariscales, como Lannes y Bessiéres. En uno de los libros que cito al final de la novela, “La batalla”, de Patrick Rambaud, se retrata magníficamente.

¿Fue realmente Dupont tan incapaz como Villeneuve unos años antes? ¿Su indecisión o su excesiva prudencia fueron las verdaderas causas de la derrota?

Las únicas dudas que surgen sobre Dupont, de Berthier, que utilizo como licencia para la construcción de la trama, tienen su ejemplo en Villeneuve. Como te decía antes, Napoleón, ante la negativa de Moncey, la habilidad, usa a Dupont, la ambición. Por eso, no esperaba su derrota. Dupont ya había demostrado sus valores militares en batallas como Jena o Friedland, dos de las grandes victorias francesas de la época y con Napoleón en el campo de batalla, así que lo conocía perfectamente.
En cuanto a las causas de su derrota, el primer error estratégico, primero y definitivo, fue el saqueo de Córdoba. Si hubiera seguido camino a Sevilla, al menos un día después tras un descanso por el combate de Alcolea, quizá hubiese logrado llegar a Cádiz. Es muy posible que la historia fuese distinta. La indecisión le hace salir de Córdoba hacia el norte, esperando refuerzos, y la prudencia, es más bien una característica que aplico a Villeneuve en la comparativa que hace Berthier de ambos. El almirante si fue un modelo de ambas cosas, en prudencia, como valor negativo, con las consecuencias ya sabidas de Trafalgar.

La guerra en España no fue igual a las campañas en Austria, Prusia o Italia. ¿Qué fue distinto aquí?

El pueblo, sin duda. Los españoles. El ejército francés combatía en Austria, Prusia o Italia, y no pasaba nada. En España, se levantó la población y nació el fenómeno de las guerrillas y los guerrilleros, de tanta trascendencia posterior. Puede que para muchas cosas tengamos rasgos negativos, que nos duela España, que han llorado nuestros mejores intelectuales y poetas, pero cuando se trató de una invasión, los españoles respondieron como uno sólo. Eso no se lo esperaba Napoleón, aunque sí lo vieron otros próximos, como Tayllerand, e incluso, William Pitt, el primer ministro inglés, que ya advirtió en una famosa cena años antes que la tumba de Napoleón sería España si se decidía a invadirla.
Por supuesto, al final no le quedó más remedio que reconocerlo. En las memorias que dictó al Conde de Las Cases en Santa Helena, acuñó su famosa frase de la “úlcera española”. Con respecto a nosotros, lo trágico fue el “vivan las caenas” con que recibieron a Fernando VII, el peor rey con diferencia de la historia española. El paso adelante que fue el espíritu de la guerra de la independencia y la constitución de Cádiz, se trabó en una vuelta a lo peor de este país.

La visión que tenía Napoleón, y con él la mayoría de los franceses, del pueblo español dista mucho de ser halagüeña. No podía concebir que su ejército hubiese resultado vencido por esos “harapientos del sur”. ¿Supuso para Vd. un placer especial escribir esta novela desde ese punto de vista, tratando de demostrar que podíamos ser igual o mejores que su “pueblo francés”?

No especialmente, no lo he hecho así, pero sí que tengo que admitir que pensar en el hecho de que ese desprecio congénito de Napoleón hacia los españoles, comenzando por sus reyes, fuera revolcado en Bailén, me place bastante. Como conocemos por la historia, desde ese viejo medieval, “señor que buen vasallo si hubiese buen señor”, del Cid, si hubiésemos tenido otros gobernantes en gran parte de ella, seríamos otra cosa. No estoy pensando en términos de imperialismo histórico, sino de avance social, de autoestima colectiva, de progreso político. Nos hubiéramos evitado muchas cosas, mucho dolor, desarraigo y odio. En ese sentido, uno siente envidia de ingleses, franceses, alemanes y hasta de italianos, claro, que no sólo no le cortamos la cabeza a un rey, sino que, encima, como te decía antes, ¡recibimos con los brazos abiertos la vuelta al absolutismo más despótico de Fernando VII y sus secuaces!.

En una conversación con el mariscal Berthier, Napoleón comenta que los Borbones no merecían el trono de España. ¿A qué cree que se debía ese odio exacerbado del emperador contra los Borbones?

Al desprecio por los Borbones franceses, que para él representaban su peor enemigo interno, los realistas. De hecho, el rapto y asesinato del conde de Egmont, al que señala como cabecilla de la conspiración realista contra él, es uno de los actos más repudiados de la época.
Después, cuando conoce a los Borbones españoles, el viejo Carlos IV, la reina María Luisa y el jefe del Gobierno Godoy, del que se decía que era su amante, y el príncipe de Asturias, se reafirma en su idea de que eran una dinastía moral y vitalmente decadente y de que tenía que sacarlos fuera del trono de España. Las escenas de Bayona, donde Napoleón humilla a padre e hijo, Carlos y Fernando, están magistralmente retratadas en la novela “Yo, el rey” de Vallejo Nágera. Los Borbones eran para el emperador el pasado que cayó bajo la guillotina.

Tayllerand, Ministro de Asuntos Exteriores, y el mariscal Berthier compartían la opinión de la inconveniencia de una operación militar en España. ¿Realmente les tenía que resultar tan obvia cuál podría ser la reacción de la invasión en España?

Sí. Al primero, porque conocía España y sabía que, una cosa era su clase dirigente, vilipendiada en las cortes europeas, y Tayllerand era el jefe de la diplomacia francesa, y al segundo, a Berthier, porque como militar, le preocupaba la dispersión de fuerzas en toda Europa y la incógnita de abrir un frente en una España que respetaba aún cuando pareciese a punto de deshacerse.
La diferencia formal entre ambos, como cuento, es que a Tayllerand no le importaba dar su opinión en público, a espaldas de Napoleón, que de todas formas acababa enterándose. Sin embargo, Berthier era extremadamente prudente en sus comentarios y si tenía oportunidad de hacerlos, lo hacía directamente en privado al emperador. Era un tipo muy leal, a pesar del maltrato en las formas que sufría por parte de Napoleón en público.

José San Martín luchó junto a los españoles contra los franceses, y pocos años más tarde, regresó a Buenos Aires, vía Londres, donde luchó por la independencia de Argentina, Chile y Perú. En la novela apunta ya a la idea de dicha independencia, aunque aún no había entrado en contacto con los miembros de la que sería conocida como “Gran Reunión Americana”. ¿Un modo de llamar la atención sobre un personaje de gran trascendencia, que sería más tarde llamado Padre de la Patria en Argentina?

Más que eso. Un modo de recordar que combate en Bailén, es capitán agregado del regimiento Borbon de caballería de línea, y que, antes de convertirse en el caudillo independentista americano, es incluso condecorado por su heroísmo en el combate, aunque no exactamente en Bailén, sino en una acción en Arjonilla, cerca de la localidad, y con anterioridad a la batalla. Además, un mes antes, está destinado en Cádiz en el regimiento Campo Mayor, y es testigo del asesinato del marques Francisco Solano. La historia tiene estos curiosos detalles, estas curiosas paradojas. Un “patriota español”, que muy pocos años después, se convierte en un furibundo “antipatriota español”.

En la novela hay una escena que se desarrolla en la sala capitular del Ayuntamiento de Córdoba. El marqués de la Puebla observa un cuadro de un tal José Pérez que representaba la conquista de Córdoba por Fernando III el Santo. ¿De qué cuadro se trata? ¿Continúa colgado en algún lugar de ese edificio?

Esta escena está tomada del libro de Ramírez de Arellano “Paseos por Córdoba”, archiconocido en la ciudad, que, en uno de sus apuntes, habla del cuadro en ese tono y en esos momentos, una pintura colgada en el Ayuntamiento de mala calidad y con motivos casi ridículos. Me ha servido para la construcción de la escena de la reunión de la Junta cordobesa.

Tal vez el episodio más conmovedor de toda la novela sea el que protagonizan Francisco Solano, marqués del Socorro y la Solana, y su ayudante Pignatelli, durante la revuelta de Cádiz, por desgracia un hecho no aislado. ¿Fue realmente Pignatelli quien disparó al capitán general de Cádiz?

No, pero, como en la pregunta anterior, la escena es rigurosamente cierta, ateniéndome a las fuentes consultadas, especialmente en este caso al clásico de la Guerra de la Independencia del Conde de Toreno, contemporáneo del período. Es cierta en el sentido de que Pignatelli es el ayudante de Solano y de que está con él en la revuelta y huida, es decir, en la escena. El respeto que le muestra y la indignación ante el linchamiento de su general, me han servido para apuntalar la misma escena. Sí, es conmovedora porque, sobre todo, refleja el odio popular ante los franceses, sin pararse a pensar en las consecuencias, como fueron las de asesinar a inocentes. Solano entre ellos.

En el momento de la batalla, el botín obtenido del brutal saqueo de Córdoba parece prioritario. El mismo Galdós comenta que el afán de conservarlo impidió a los franceses retirarse por la sierra ¿Estaban los generales tal vez más preocupados por conservar sus riquezas que por organizar la batalla?

Sin duda, estaban muy preocupados por su botín. Eran sus “dividendos” por la expedición, lo normal de la época. Pero se retiran por el camino real y no por la sierra, en mi opinión y no quisiera contradecir al maestro Galdós, porque esperaban encontrarse con los refuerzos de Madrid, la división Vedel, y logísticamente, era mucho más fácil y seguro, porque tampoco creían que el ejército español fuera muy numeroso o excesivamente peligroso como para no vencerlo si había batalla. Por supuesto que llevar 500 carros era más sencillo en llano que en sierra, pero no tenía sentido retirarse por la sierra aún cuando no hubiesen llevado tanto botín. Y eso que, varios días antes de Bailén, son derrotados en un combate, el de Mengíbar, en la comarca, como precedente de lo que les esperaba.

Dicho botín ocupaba unos 500 carromatos, que dificultaban el avance. ¿Algo de todo aquello pudo regresar a la ciudad, aunque fuese muchos años después?

Muy pocas cosas porque se pierde desde que el ejército francés se rinde en Bailén hasta que llega prisionero a Cádiz.

El Hospital del Cardenal, hoy convertido en Colegio Universitario si no me equivoco, era, en aquella época, el mayor de la ciudad. Cuentan que en algunas contraventanas hay escritos nombres y fechas de algunos de los pacientes que estuvieron allí desde el siglo XVIII. ¿Siguen existiendo esas inscripciones? De ser así, ¿sabe si hay alguna que haya podido ser identificada como perteneciente al período en el que se desarrolla la novela?

El Hospital del Cardenal es hoy la Facultad de Letras de Córdoba y, sí, era el mayor hospital de la ciudad. Lo elegí, al margen de las inscripciones y su identificación, por su proximidad a la Mezquita Catedral y a los hechos, además, lógicamente de por su tamaño. Hoy, está muy reformado, pero se puede hacer una idea de lo que supuso en su tiempo.


El coronel Bertrand, cirujano del II Cuerpo de Observación de La Gironda, habla con el doctor Fernando de la Rosa sobre los métodos del cirujano militar Goullard. ¿Es Goullard un personaje real? ¿En qué consistían esos métodos, como el agua vegetomineral que menciona Vd. en su libro?

Sí, como la mayoría de los personajes, Goullard es real. Era un cirujano militar del siglo XVIII que trató de encontrar métodos para la curación de heridos en el campo de batalla. Siempre, claro está, que se pudiera. Y es que este es un aspecto bastante trágico de entonces. La mayoría de los heridos en combate acababan con sus miembros amputados, sin que, en muchas ocasiones tuviera que hacerse, pero ante la amenaza de la gangrena, sobre todo por las heridas de bala, que no mataban como no fuese muy cerca, el remedio era cortar. El agua vegetomineral era uno de los remedios de Goullard y ya que Fernando de la Rosa estuvo en París estudiando, conoce los métodos del doctor francés.
Como apunte, en la novela pongo en boca de Berthier, lo que solía ocurrir con muchos reclutas que no querían ir a la guerra, que se quitaban los dientes. ¿Porqué? Porque sin dientes no podían morder el cartucho para disparar y eran declarados no aptos. Muchos campesinos franceses hicieron eso.

Volviendo al hospital. Cuando Dupont abandonó Córdoba dejó allí a algunos de sus hombres heridos, incapaces de realizar el viaje. Se sabe que en otras ciudades, ante situaciones semejantes, los franceses fueron asesinados en cuanto las tropas abandonaron las localidades. ¿Qué sucedió en Córdoba con aquellos heridos? ¿Se respetaron sus vidas por miedo a las represalias?

Fueron encarcelados hasta que llegaron las tropas de Castaños, 15 días después. Y no fueron asesinados no por miedo a represalias, sino porque así lo estipularon con Dupont, cosa que las autoridades cordobesas respetaron.


Tras la derrota de Bailén, los soldados franceses fueron conducidos a Cádiz y deportados a la isla de Cabrera, donde de los trece mil quinientos que desembarcaron apenas quedaban tres mil cuando fueron recogidos por los barcos de Luis XVIII, cinco años más tarde. Imagino que la demora se debió a la guerra, y que sólo en 1814 pudieron ser rescatados. En su libro es apenas un apunte en su epílogo. ¿Nos puede contar algo más?

Es apenas un apunte porque daría para otra novela. La historia de los presos de Cabrera es bastante trágica, por repetir adjetivo. No hubo demora por la guerra, sino que se convirtió a la isla en una gigantesca prisión militar y fueron abandonados a su suerte, de tal modo que hasta hubo casos de canibalismo porque no se les enviaba comida ni ropa, salvo muy de cuando en cuando y en la isla no había nada para comer. Fue un episodio oscuro y poco edificante, aunque hablar de episodios poco edificantes en aquellos momentos parezca irónico, especialmente por el comportamiento de los franceses, pero es curioso que los códigos de honor se aplicasen de forma extraña. En este caso, no hubo ninguno.

Diego Millán era canónigo del Cabildo catedralicio de Córdoba. En un principio era contrario a combatir a los franceses y más tarde se convirtió en un furibundo antifrancés, por usar sus mismas palabras. ¿Cree que fueron muchos los afrancesados o simpatizantes que cambiaron sus ideas a raíz de los acontecimientos de Córdoba?

Por supuesto. Forzados por las circunstancias, pero por supuesto. Más que con el canónigo Millán, intento ilustrar el caso con Miguel Aguado, uno de los amigos de Gonzalo de la Rosa, afrancesado de principio y que cambia de opinión tras el saqueo, aunque hace amistad con Grivel.

En realidad, fue el suizo Teodoro Réding quien derrotó a Dupont en la batalla de Bailén. ¿Por qué cree que se le adjudicó la victoria al general Castaños?

Bueno, es una respuesta fácil. Porque fue Castaños quién negoció la rendición con Dupont. Castaños llegó tarde, cuando la batalla había acabado, pero fue ante quién Dupont se rindió finalmente. El celebérrimo cuadro de Casado del Alisal así lo refleja y es un perfecto ejemplo de cómo siempre se ha considerado a Castaños vencedor.

Jean Baptiste Grivel es sin duda, para mi gusto, el personaje más atractivo de la novela, con una azarosa vida durante y tras la Guerra de la Independencia. ¿Siente predilección por alguno de los protagonistas de su obra?

A todos he intentado dibujarlos según el perfil que tenían, en mayor o menor grado, gracias a la documentación manejada. A Grivel, en este caso, por sus memorias, y al resto de igual manera. No sabría decirte si hay alguno que sea predilecto, quizá Berthier es el que más cómodo me ha hecho sentirme, me ha sido muy fácil meterme en su piel, como también Fernando de la Rosa. Pero no sabría decir porqué.

La portada del libro es, como he dicho en mi ficha, una pequeña obra de arte. ¿Ha participado Vd. de algún modo en su elaboración?

No, sólo con los textos, que también transformamos ligeramente respecto del que abre la novela. La creatividad de la portada es obra de Antonio Cuesta, el editor. Yo fui el primer sorprendido cuando la ví. Me pareció, perdón por la efusividad, espectacular. Creo que recoge muy bien el espíritu de la novela.

“La derrota” ha sido su ópera prima ¿Se ha sentido cómodo escribiendo novela histórica? ¿Piensa repetir? ¿Podría adelantarnos algo?

Si, me he sentido muy cómodo y, además, tengo que decir que cuando comencé a redactar definitivamente el texto en agosto de 2006, tenía casi 100 páginas de material escrito. Me quedé con siete, el resto lo deseché y volví de nuevo a escribir. Y cuando comencé a hacerlo, la novela se fue escribiendo sola. Puede parecer extraño, pero fue como SI las piezas de un gran puzzle comenzasen a encajar de forma natural, sin forzar nada, cada cosa en su sitio.
Por lo demás, sí que tengo varias ideas, algunas sobre novela histórica y otras no. Creo que cuando se habla de novela histórica hay que tener cuidado porque hay muchas novelas cuyo argumento transcurre en una determinada época y no por ello se consideran históricas y viceversa. Lo que sí creo es que novelar de manera arbitraria la historia es algo que nunca haría. Creo que es una estafa al lector, porque una cosa es usar las legítimas licencias literarias para construir personajes y situaciones y otra deformar la realidad para construirlas.
Y por supuesto, intentar reflejar de modo natural la época. No hace falta que los personajes hablen, por ejemplo, en una novela medieval con el lenguaje de la época, no se entendería, pero sí que se respete de algún modo la misma. Por ejemplo, me parece muy chusco que si una novela transcurre en la corte de la Granada del siglo XV, se emplee la expresión, “se fumaron unos canutos de hachis”. Lo normal es que se dijera algo así como “aspiraron hachis, o si quieres, “fumaron hachis”, pero lo de unos canutos me suena a pura coña, porque no me imagino a unos tipos liándose un canuto con papel de fumar, una boquilla, etc, como si estuvieran de botellón en la Alhambra.
Pero bueno, es una opinión muy personal y respeto el trabajo ajeno, que ya por hacerlo merece un respeto. Además, supongo que también habrá quién encuentre en La Derrota alguna cosa que le suene también chusca, pero creo que hay que cuidar muy mucho los detalles, salvo que emplees un mismo registro para escribir. Entonces, nada que decir, desde luego.

Ha sido un verdadero placer leer su libro, lo he disfrutado mucho, y un honor tener la oportunidad de entrevistarle. Muchas gracias por todo y suerte en sus futuros proyectos.
Muchas gracias a ti por tu tiempo y por tu amabilidad. Ha sido un verdadero placer responder a tus preguntas.