domingo, 27 de diciembre de 2009

El nombre del viento - Patrick Rothfuss

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Editorial Plaza&Janés, Mayo 2009
Género: Novela fantasía
873 páginas



En medio de ninguna parte, Kote regenta una posada a la que un buen día va a parar un cronista en busca de una historia. Mucho es el tiempo que ha permanecido oculto, mientras las leyendas se tejían en torno a su figura.

Ahora, por fin, relatará su historia, sus inicios en el seno de una troupe y su trayectoria, ese camino que lo ha convertido en un mago, un héroe y un asesino.

“He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad en la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos.

Me llamo Kvothe. Quizá hayas oído hablar de mí.”
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Hay novelas capaces de transportarte con pasmosa facilidad al mundo que albergan sus páginas. Eso es lo que me sucedió con El nombre del viento, una novela deslumbrante de un autor novel. En cuanto inicié la lectura pude sentirme en aquella taberna, con el posadero Kote y su discípulo Bast, y la sensación no hizo sino aumentar en cuanto comenzó a narrar la historia de su vida.

Una mezcla de Dickens y el Harry Potter de J.K. Rowling, fue lo que pensé en algunos momentos. Las aventuras de un huérfano en una ciudad llena de peligros y una escuela de magia, escenarios ambos en los que el protagonista se desenvuelve con una soltura que engancha al lector, ávido por saber más, por conocerle y aprender con él.

Porque la magia que destila El nombre del viento no tiene tanto que ver con varitas mágicas como con el poder de la mente, una magia mucho más mundana explicada con detalle, en la que resulta más sencillo creer y comprender, casi aceptar como una faceta más de la realidad que nos rodea a diario.

La novela resulta tan absorbente que es difícil dejarla sin haber llegado al final. Los personajes son fascinantes, las situaciones aún más, los pequeños logros del protagonista se convierten en pequeños logros también para el lector... y todo narrado con ritmo y elegancia, sin aspavientos y con un estilo casi poético.

A pesar de que este libro se cataloga como novela de fantasía, está bastante lejos de clásicos como El Señor de los Anillos. Rothfuss, sin olvidar algunos de los elementos tradicionales de ese tipo de novelas, narra una historia que bien podría ser una historia real ubicada en un período desconocido de la Europa medieval, por ejemplo.

Conforme va avanzando la trama y vamos aproximándonos al final es inevitable que nos invada la tristeza. Porque llega un momento en que la historia que Kvothe está contando te la está contando a ti, ya formas parte de ella, y sufres y lloras, te invaden la rabia y la esperanza y eres consciente de que ese lazo invisible está a punto de quebrarse al alcanzar la última página.

Respiras aliviado. Hay una segunda parte. Y una tercera. Aún estarás con Kvothe algún tiempo.

Lástima que la espera se hará larga, muy larga.
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sábado, 19 de diciembre de 2009

Golpe a Venecia - Manuel Ayllón

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Styria Ediciones, Marzo 2009
Género: Novela histórica
396 páginas


Manuel Ayllón, autor de El enigma Goya y La conjura del Greco, aborda en esta ocasión la figura de Francisco de Quevedo, poeta y espía en la España de Felipe III.

Quevedo, amigo del duque de Osuna, recibe de éste el encargo de trasladarse a Sicilia, donde es virrey, para ayudarle a preparar el camino que ha de llevarle a derrotar a Venecia y con ello conquistar toda Italia.

Para cumplir su misión el poeta deberá tratar con toda suerte de personajes, entre ellos los piratas berberiscos, con los que pretende controlar el Mediterráneo y aislar a la República veneciana.
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Muchas veces tendemos a olvidar que tras los versos de algún poeta se oculta una persona de carne y hueso, una persona con intereses y aspiraciones distintas a la simple labor de componer versos. Y Francisco de Quevedo es sin duda un buen ejemplo de ello. Además de ser uno de los mejores escritores de nuestra historia fue también un personaje muy vinculado a la situación política de su tiempo, en el que fue acusado de espionaje al servicio del duque de Osuna.

Manuel Ayllón ha profundizado en esta última faceta del gran literato para ofrecernos una novela en la que, no sin ciertas dosis de ficción, se nos presenta un Quevedo absolutamente cautivador, un gran estratega y un espía en toda regla.

Al principio la novela es un poco dispersa y cada paisaje o situación se inicia con una explicación pormenorizada que se remonta en ocasiones a varios siglos atrás. Por ejemplo, cuando el protagonista llega a Sicilia al autor aprovecha para explicarnos la historia de la isla desde la época micénica, algo sumamente interesante pero completamente innecesario. Un párrafo o dos que sirvieran de introducción histórica al escenario habrían bastado, sin necesidad de remontarse tan atrás en el tiempo y romper así el ritmo de la narración. Por fortuna, no son demasiados los casos en los que el autor ha abusado de ese recurso y la trama, excepto un poco en el primer tercio de la novela, se desarrolla con fluidez.

Y esa trama va aumentando en interés a medida que avanzamos en la lectura. Quevedo se devela como un personaje de una inteligencia abrumadora, apasionado, manipulador, a quien su complejo de inferioridad, debido a su físico y escasa fortuna, le vuelven en ocasiones rencoroso e incluso retorcido, y en el que todos sus actos persiguen un fin determinado. Y ese personaje se ubica en un escenario histórico de lo más sugerente: Madrid, Sicilia, Nápoles y Venecia en el siglo XVII, cuando las posesiones de la corona española se extendían a la península itálica. Todo un entramado de rivalidades, traiciones y conspiraciones que giran en torno a su figura y en la que destacan otros personajes sino tan complejos sí igual de interesantes.
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lunes, 14 de diciembre de 2009

Se buscan jóvenes, delgados y huérfanos. Pony Express.

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Artículo - por Pilar Alonso
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Que una carta tarde casi un mes en llegar a su destino es, en nuestros tiempos, poco menos que anecdótico. Pero en el Oeste del siglo XIX era lo más corriente. Cualquier documento con destino a California, fuese una ley, una noticia o una simple carta de amor, debía recorrer, a menudo en diligencia, un territorio en gran parte inexplorado y lleno de peligros. Y eso cuando el documento en cuestión no viajaba en barco y rodeaba todo el continente antes de arribar a las manos de su destinatario, con lo que el plazo podía aumentar considerablemente. Así, los habitantes de Los Ángeles, por ejemplo, supieron que el estado de California había sido admitido en la Unión seis semanas después del hecho.

El telégrafo y el ferrocarril aún no habían alcanzado el lejano Oeste, y se hacía necesario un nuevo método para hacer llegar el correo con más premura. La única solución posible en aquellos días de 1860 parecía ser un enlace postal a caballo. Los padres de la idea fueron los principales socios de una empresa de diligencias, especialmente William Russell (1812-1872), y la iniciativa obtuvo el apoyo federal.

De ese modo se inició una carrera contra el tiempo que serviría para demostrar si era posible realizar la ruta entre Missouri y California, más de 3.100 kilómetros a través de montañas, praderas y desiertos, en menos de diez días. Eso significaba que los jinetes debían galopar a toda velocidad durante todo el tiempo y suponía que los caballos debían reemplazarse con frecuencia, cada 16 kilómetros aproximadamente. Para cumplir con esos requisitos, se construyeron 190 casas de postas a lo largo de toda la ruta para efectuar los relevos, con personal de apoyo, guardias y provisiones.

Russell y sus socios tuvieron que adquirir más de 400 caballos aptos para el servicio, resistentes y rápidos, y faltaban los jinetes, el otro elemento imprescindible. La compañía puso un anuncio en marzo de 1860 en estos términos: “El Pony Express necesita jinetes jóvenes, delgados (no podían sobrepasar los 56 kilos de peso), resistentes, a ser posible no mayores de 18 años, dispuestos a asumir riesgos mortales casi a diario, y preferentemente huérfanos”. El sueldo era de 25 dólares a la semana, nada desdeñable para aquella época, y no fueron pocos los voluntarios que se presentaron a cubrir las poco más de 80 vacantes. A cada uno de ellos se le hacía entrega de una Biblia y se comprometían a no blasfemar, no emborracharse y no pelearse con los compañeros.
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El primer viaje se efectuó el 3 de Abril de 1860, cuando dos jinetes salieron desde los dos extremos de la línea simultáneamente, un recorrido que fue seguido con atención por la prensa de la época y que gozó de gran popularidad. Se inauguraba así el Pony Express.

El más joven de los jinetes que formaron parte del Pony Express fue Bronco Charlie Miller, que tenía 11 años de edad cuando ingresó en la compañía. Y el más famoso sin duda fue William F. Cody, “Buffalo Bill”, que se incorporó a los 14 y que protagonizó una de las hazañas que marcaron la historia del Pony Express: al encontrar muertos en las paradas de postas a dos de los jinetes que debían sustituirle, realizó él solo el recorrido que les habría correspondido: 615 kms en 21 horas y media. Pero no fue el único héroe de aquella aventura, otros protagonizaron hechos semejantes, como Robert Haslan, apodado “Pony Bob”, que tras salir ileso de un enfrentamiento con los indios paiutes, batió los récords de velocidad y distancia de toda la historia del Pony Express: 140 kms. en ocho horas y diez minutos.

Esas proezas despertaban la admiración de sus coetáneos, que veían pasar, entre asombrados y encantados, a aquellos rápidos jinetes, a quienes aplaudían o saludaban con entusiasmo.
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El jinete cambiaba de caballo en cada posta y él mismo era relevado cada cinco o seis cambios. Cuando se aproximaba a una de las estaciones de relevo, ya le aguardaba su nueva montura debidamente preparada, a la que subía de un salto tras coger y colocar su mochila con el correo, una alforja de cuero que no podía sobrepasar los 9 kilos de peso. El cambio se efectuaba en menos de treinta segundos.

Debían cabalgar también durante la noche, sin más iluminación que la luz de la luna, y sufrir las inclemencias del tiempo. Además, para no sobrecargar de peso a los caballos, sólo se les permitía llevar un único revólver para enfrentarse a indios, bandidos o animales salvajes. Era un trabajo muy duro y fueron muchos los que abandonaron tras un primer viaje, al constatar las peligrosas y agotadoras condiciones de trabajo.

Con la llegada primero del telégrafo y más tarde del ferrocarril, el Pony Express tenía los días contados. La compañía, que había cambiado de manos en marzo de 1861, llevó a cabo su último viaje el 21 de noviembre de ese mismo año. La aventura había durado poco más de año y medio y se había saldado con un gran fracaso económico.

Las aventuras de aquellos muchachos que escribieron parte de la historia de los Estados Unidos subidos a un caballo, protagonizó la serie de TV “Jóvenes Jinetes”, producida por la MGM en 1989.
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viernes, 11 de diciembre de 2009

El hombre de Esparta - Antonio Penadés

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Reseña - por Pilar Alonso

Planeta de Agostini, 2005
Género: Novela histórica
349 páginas



Atenas, siglo V a.C. Isómaco es un respetado ciudadano, admirador de Sócrates y defensor de Pericles, que participa en la Asamblea y en los asuntos públicos en un momento en que la guerra contra Esparta es inminente.

Cuando Isómaco compra al esclavo Neleo para que ejerza como pedagogo de su hijo, se desencadenan una serie de hechos que convertirán su vida y la de su familia en un infierno. Y Alcinoo, su eterno enemigo, parece ser el responsable de ello.
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Cuando una novela histórica aúna calidad literaria y rigor histórico podemos encontrarnos con joyas como El hombre de Esparta. En ella no sólo la ambientación está conseguida, el entorno bien dibujado y las circunstancias históricas bien definidas, es que el autor no ha abusado de ellas para tratar de contar su historia, apabullando al lector con datos y datos y provocando con ello que la trama se resienta. Bien al contrario, es la trama lo que destaca en este libro y el trasfondo histórico no es más que el escenario, como debe ser.

El hombre de Esparta transcurre, pese a su título, en Atenas, aunque la historia hunda sus raíces en Esparta, y relata la vida de un hombre del siglo V a.C., un hombre dispuesto a defender la Democracia a cualquier precio, admirador de Sócrates, Anaxágoras y Herodoto. Pero es también la historia de una venganza llevada a sus últimas consecuencias, una historia de dioses, hombres y oráculos, con cierta dosis de suspense y aventura, de épica, traiciones y amores.

Resulta muy fácil adentrarse en este libro. El autor ha sabido plasmar un mundo complejo de una forma sencilla, sin caer en artificios ni tecnicismos, y uno se desliza por sus páginas saboreando cada detalle, oliendo los campos que circundan Atenas, asistiendo a sus Asambleas o disfrutando de una copa de buen vino mientras filosofa con los amigos.

Y cuando, debido a un suceso trágico, la atmósfera se enrarece, cuando la desesperanza vence a sus personajes, el lector no puede evitar verse arrastrado también a ese torbellino de emociones.

Como el mismo autor comenta en el ensayo Cinco miradas sobre la novela histórica, de Ediciones Ehové, “La grandeza de la literatura reside, ante todo, en su inmensa capacidad de evasión”. Y no hay duda de que El hombre de Esparta lo logra con creces.
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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Criadas y señoras - Kathryn Stockett

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Maeva Ediciones, Noviembre 2009
Género: Novela
476 páginas



Skeeter, de veintidós años, acaba de volver a su casa en Jackson, en el sur de Estados Unidos, tras terminar sus estudios en la Universidad de Misisipi. Pero como estamos en 1962, su madre no descansará hasta que no vea a su hija con una alianza en la mano.

Aibileen es una criada negra, una mujer sabia e imponente que ha criado a diecisiete niños blancos. Tras perder a su propio hijo en un desafortunado accidente, siente que algo ha cambiado en su interior. Se vuelca en la educación de la niña que tiene a su cargo, aunque es consciente de que terminarán separándose con el tiempo.

Minny, la mejor amiga de Aibileen, es probablemente una de las mejores cocineras de todo Misisipi. Pero como no sabe controlar su lengua, acaba de perder otro empleo cuando, por fin, parece encontrar su sitio trabajando para una recién llegada a la ciudad que todavía no conoce su fama.

A pesar de lo distintas que parecen entre sí, estas tres mujeres acabarán uniéndose para llevar a cabo un proyecto clandestino que supondrá un riesgo para todas. ¿Y por qué? Porque se ahogan dentro de los límites que les imponen su ciudad y su tiempo. Y, a veces, las barreras están para saltárselas.

(Sinopsis de la editorial)
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La ciudad de Jackson, Mississipi, donde se desarrolla esta historia, no debía ser muy distinta a otras muchas ciudades del sur de los Estados Unidos a principios de los años 60. La segregación racial era un hecho. Autobuses, baños, cines, restaurantes, campos de béisbol, bibliotecas, hospitales… unos para los blancos y otros para los negros. Ningún negro, por ejemplo, podía cortarle el pelo a un blanco, ni ser enterrado en terreno donde hubiesen dado sepultura a los blancos, ni compartir el agua de una fuente o una mesa de billar, ni acudir a la misma farmacia o comprar sellos en la misma ventanilla de Correos. Son sólo algunos ejemplos de lo que era la vida cotidiana para la mayoría de la gente de color del Sur. Y de eso va precisamente este libro, de la vida cotidiana.

El Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos no carece de episodios dramáticos, de movilizaciones y de personajes de la talla de Martin Luther King. Pero en esta novela no se tratan los “grandes hechos” más que de pasada. Son los sucesos pequeños los que acaparan la atención y dibujan una realidad mucho más cercana.

De la mano de dos criadas negras y de una joven blanca con ganas de cambiar las cosas, la autora nos desvela los entresijos de una sociedad duramente compartimentada, en la que nadie cruzaba las líneas que la costumbre había impuesto para todos.

Las tres protagonistas se alternan para narrar, en primera persona, una historia marcada por el miedo y por el valor. Gracias a ellas podemos conocer un poco lo que suponía ser una criada negra en una casa de blancos en aquella época, no tan lejana como nos gustaría pensar. A través de ellas vivimos situaciones humillantes o frustrantes, trágicas en ocasiones, pero también esperanzadoras. Porque la esperanza es lo que mueve a sus protagonistas, a esas tres mujeres unidas contra toda lógica en medio de una sociedad que lucha por mantenerse anclada en el pasado.

Estremecedora, tierna, sugerente y desgarradora… una novela con corazón.
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domingo, 6 de diciembre de 2009

Música y lágrimas (1954)

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Películas - por Pilar Alonso


Esta película, titulada originalmente The Glenn Miller Story, narra la vida del famoso músico norteamericano, interpretado por un maravilloso James Stewart. Ganadora de un Óscar al mejor sonido y dos nominaciones por la banda sonora y el mejor guión original, se estrenaba diez años después de la desaparición de Miller durante la Segunda Guerra Mundial.

La cinta explora algunos de los episodios que marcaron la carrera del músico, sus modestos inicios en California y su posterior éxito en New York tras años de duro trabajo y de búsqueda de un sonido propio, un sonido que la juventud norteamericana no tardaría en adoptar.

En la película juega un papel primordial su esposa Helen Berger, interpretada por una June Allyson más que convincente, que es apoyo e inspiración constantes. Y también figuran no sólo varios de los componentes de la auténtica banda de Miller, también algunos músicos que le conocieron y que se interpretan a sí mismos: Loui Amstrong, Gene Krupa o Ben Pollack entre ellos. Es fantástica la escena en la que varios de ellos actúan sobre el escenario para celebrar la boda entre Glenn y Helen.
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Porque la música es esencial en esta película, los arreglos musicales que hicieron famosos a Miller y a su orquesta, magníficamente interpretados. Es imposible permanecer con los pies quietos mientras suenan piezas como Moonligh Serenade, Pennsylvania 6-5000 o In the mood, que fue número uno durante quince semanas consecutivas en 1940.

Es muy probable que la película, un tanto edulcorada, no sea una visión real del personaje y que las cosas no sucedieran tal y como nos las presenta su director, Anthony Mann, pero la historia funciona de principio a fin, la música es estupenda, tiene buena fotografía, buen elenco de actores y algunas escenas fascinantes.

Música y lágrimas es un excelente tributo a uno de los mejores músicos del siglo XX.
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jueves, 3 de diciembre de 2009

Amantes y enemigos - Heather Graham

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Reseña - por Pilar Alonso

Editorial Plaza&Janés, Junio 2009
Género: Novela histórica romántica
425 páginas



Primera entrega de la trilogía de los Cameron.

Kiernan es una mujer orgullosa, una dama sureña dispuesta a enfrentarse a quien sea para preservar su estilo de vida, incluso aunque se trate del hombre de quien está enamorada.

Jesse Cameron, aunque oriundo del Sur, es coronel del ejército de la Unión, aunque ello signifique dar la espalda a sus amigos, vecinos, y a la mujer de la que está enamorado.

La guerra los ha separado. La guerra también se ocupará de volver a unirlos.
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La Guerra de Secesión norteamericana (1861-1865) ha sido protagonista de multitud de películas. ¿Quién no recuerda a John Wayne vestido de azul, al frente de las tropas de la Unión? ¿O a Rock Hudson ataviado de gris, los colores de la Confederación? ¿O películas como Lo que el viento se llevó, La cabaña del tío Tom, o series como Norte y Sur? Y todos hemos oído hablar de Abraham Lincoln, Jefferson Davis, Ulysses S. Grant o de Robert E. Lee. Aquel conflicto que marcó un antes y un después en la historia de los Estados Unidos ha sido llevado al cine y a la televisión, y ha llenado páginas y páginas de novelas y ensayos (por desgracia, muy pocos traducidos a nuestro idioma).

Pues ese conflicto es el marco en el que Heather Graham ha ubicado su historia. Una historia romántica entre una mujer del Sur y un hombre que, aunque también del Sur, opta por continuar en el ejército de la Unión, hecho que los convierte, a priori, en enemigos.

Es cierto que me ha sobrado alguna escena de amantes, especialmente al inicio, con tanto encuentro amatorio explicado al detalle. Pero el resto de la novela es soberbio. La autora ha sabido conjugar la historia de amor con la Historia de los inicios de la Guerra de Secesión, cómo se gestó, cómo se inició, cuáles fueron sus protagonistas y cómo se desarrollaron los primeros meses del conflicto. Ambos protagonistas están en el meollo de sus bandos respectivos y a través de sus trayectorias asistimos también al devenir de la Guerra, especialmente en la zona del estado de Virginia, del que ambos son oriundos.

La novela está magníficamente ambientada, cuidada con detalle, bien documentada, con personajes bien perfilados y con cierto regusto a Lo que el viento se llevó. Al menos la protagonista femenina me hacía pensar en Scarlett O’Hara en no pocas ocasiones.

El argumento es sencillo, nada que ver con la obra de Margaret Mitchell, una historia de amor sin excesivas pretensiones pero enmarcada en un contexto sumamente rico e interesante.

Aparte del abuso de escenas “tórridas” al comienzo, a las que antes aludía, y el papel un poco exagerado y a veces llevado al extremo de la protagonista femenina, me ha parecido una novela sugerente, con ritmo, con un trasfondo histórico trabajado y con evidente calidad narrativa. Más una novela histórica que una novela romántica. Y absolutamente recomendable.
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martes, 1 de diciembre de 2009

Manual de la oscuridad - Enrique de Hériz

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Edhasa, Mayo 2009
Género: Novela
566 páginas



Víctor Losa ha sido elegido el mejor mago del mundo. En la cúspide de su carrera, rememora sus primeros tiempos, las clases, las prácticas, los primeros trabajos y a su maestro Galván.

Ahora que parece haber alcanzado la cima, el azar le juega una mala pasada y deberá enfrentarse a un viaje sin retorno, en el que la oscuridad es el nuevo obstáculo a vencer.
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No es una tarea sencilla lograr que un lector olvide que lo que tiene entre manos es un libro, y eso es justamente lo que consigue Enrique de Hériz con esta novela, hacernos olvidar que es una historia de ficción y que estamos ante un puñado de papel. Abrir la primera página es ya el inicio del viaje, un viaje que está dividido en dos partes.

La primera de ellas está llena de colorido, de retos, de sorpresas, donde la magia, la ilusión, es la verdadera protagonista. Es fascinante asistir al aprendizaje de Víctor, el modo en que va aprendiendo nuevos trucos, los obstáculos que debe vencer, sus primeras incursiones en un universo que lo convertirá en su dios. Y todo ello salpicado de episodios que narran las peripecias de magos famosos e ilusionistas del siglo XIX y la historia de algunos de sus trucos.

La segunda parte es completamente distinta. El color da paso a las tinieblas y la lucha entre los dos protagonistas resulta mucho más intimista. Víctor debe hacer frente a su ceguera, un obstáculo que en principio parece insalvable, y Alicia es el instrumento que debe vencer su hercúlea resistencia.

Ambas están magníficamente planteadas y escritas, si bien la primera posee más atractivos argumentales para mi gusto. Es curioso cómo parecen convivir y complementarse dos historias que en principio parecen tan ajenas y cómo el autor logra conmovernos, haciéndonos tomar partido, especialmente en la segunda mitad, por uno u otro personaje.

La sensación es la de encontrarse ante dos novelas distintas, con diferentes registros, giros y personajes, y sin embargo en ambas es Víctor el protagonista, aunque en circunstancias distintas.

Una novela cautivadora, sugerente y adictiva. Un viaje por la memoria y la ilusión, donde todo es posible y hasta en la oscuridad se puede encontrar una luz.
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sábado, 28 de noviembre de 2009

La maldición del Rey Sabio. Intriga en la corte de Alfonso X - José Guadalajara

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Editorial Pàmies. Octubre 2009
Género: Novela histórica
379 páginas



1281. Alfonso X el Sabio recibe en Sevilla la noticia de la sublevación de su hijo Sancho, al que se le han unido la mayoría de los nobles.

Entretanto, en el scriptorium, donde copistas y miniaturistas dan vida a la ingente labor literaria del monarca, han desaparecido dos valiosos volúmenes.

La ira del rey, al que muchos consideran viejo y débil, estallará y aquellos que se hayan atrevido a enfrentarse a él deberán pagar las consecuencias.
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Alfonso X el Sabio, también conocido como el Astrólogo, es el protagonista de esta novela. Y al igual que la vida del monarca, también el libro plantea dos hilos argumentales.

Uno de ellos tiene que ver con su faceta como político: alianzas y batallas, la traición de su hijo Sancho, rebeliones, cuestiones de Estado. La otra, en cambio, explora su otra vida, la que le valió sus dos sobrenombres. Porque una de las cosas por las que más es conocido el personaje de Alfonso X es por su labor literaria y científica. No sólo escribió multitud de textos, entre ellos libros jurídicos, de Historia, de Astronomía o de juegos (el ajedrez o las damas entre ellos), sino que además hizo traducir a la lengua romance obras del hebreo, el árabe o el latín, en la que se fue conocida como la Escuela de Traductores de Toledo.

Así, tenemos dos hilos: en uno el protagonista es el propio Alfonso y sus cuitas como monarca. En el otro, el protagonista es el scriptorium donde se dan cita los copistas, traductores, miniaturistas y dibujantes, y de donde han desaparecido dos importantes obras. Aunque en ningún momento se pierden de vista, ambos hilos se desarrollan de forma más o menos independiente, con personajes y ritmos desiguales.

La novela está magníficamente trabajada en la parte documental. Es loable la labor de investigación de José Guadalajara para esta obra, donde no sólo figuran hechos más o menos conocidos o de fácil acceso, sino donde también tienen cabida anécdotas o hechos menores que denotan un cuidado por el detalle que se agradece.

Pese a las evidentes virtudes que adornan este trabajo, a mí particularmente el ritmo se me ha hecho un poco lento y algo repetitivo. Situaciones muy similares se suceden unas a otras tratando de crear una tensión que, lejos de intensificarse, se va diluyendo entre tantas vueltas sobre la misma cuestión. Habría agradecido algo más de agilidad, porque lo cierto es que el tema es de lo más atractivo.

Y no sólo eso. El autor ha sabido lograr una ambientación exquisita, donde no se han descuidado ni los diálogos ni los detalles, pero no es una historia fluida, a veces se atasca y retrocede para seguir avanzando y a veces pormenoriza tanto sobre alguna cuestión que el ritmo se resiente, así es que la lectura resulta bastante desigual entre unos pasajes y otros.

Recomendable para quien quiera conocer un poco más la figura de Alfonso X.
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jueves, 26 de noviembre de 2009

El símbolo perdido - Dan Brown

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Editorial Planeta, Octubre 2009
Género: Thriller
617 páginas



Robert Langdon, experto en simbología, recibe la invitación de Peter Solomon, masón, filántropo y amigo, para dar una conferencia en el Capitolio, en Washington.

Pero el secuestro de Peter Solomon y la aparición de una mano cercenada con símbolos tatuados, cambiará por completo los planes. La CIA se pone al frente de la investigación y Langdon deberá esquivarla para cumplir las exigencias del secuestrador.

Acompañado por Katherine Solomon, hermana de Peter, dispondrá de doce horas para desentrañar algunos de los misterios mejor guardados de la Historia.
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La última novela de Dan Brown ha sido uno de los libros más esperados del año. Y el que fuera autor de El código Da Vinci ha vuelto a inundar las librerías del mundo entero con su último trabajo: El símbolo perdido.

De nuevo es Robert Langdon el protagonista y la acción se sitúa en la ciudad de Washington en el transcurso de una sola noche. Una noche, eso sí, que da para mucho. La masonería es en esta ocasión el tema de fondo escogido para un thriller repleto de acción y de apuntes sobre la historia de una serie de personajes que se han considerado miembros de la masonería: Francis Bacon, George Washington, Thomas Jefferson… y sobre todo Isaac Newton. Parece que sacar a la palestra a reconocidos científicos es el último boom en lo que este género se refiere, dotándoles de unas ideas, convicciones o hechos bastante cuestionables.

Dan Brown posee la capacidad de jugar con los datos históricos y conseguir que el lector se crea sus planteamientos, en algunos casos sin albergar duda alguna. Esa vehemencia vuelve a aparecer en esta novela, en el que la libre interpretación del autor da pie a un sinfín de elementos no contrastados pero que él logra que parezcan plausibles.

Así, juega con el simbolismo de la ciudad de Washington, con los padres fundadores de los Estados Unidos, con la masonería o con la ciencia para crear una trama con los atractivos que ya le hicieron famoso hace unos años y que consiguen no sólo que el lector disfrute con un thriller bastante bien construido, sino que se haga preguntas, que se cuestione cosas y que se pasee por google tratando de desentrañar los grandes misterios de la Humanidad.

Muchos datos y mucha acción son las características de este trabajo, un thriller entretenido e interesante que me consta se va a vender mucho estas Navidades.
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domingo, 22 de noviembre de 2009

Entrevista a Santiago Posteguillo por la trilogía de Publio Cornelio Escipión, el Africano

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Entrevista - por Pilar Alonso


Con el último título de esta trilogía, La traición de Roma, Santiago Posteguillo ha vendido 40.000 ejemplares en su primera semana en librerías, todo un récord para una de las sagas históricas más espectaculares de los últimos años.

Santiago estuvo en Barcelona presentando su último libro y nos recibió en su hotel para contestar esta entrevista, todo un lujo y un placer. No sólo es un excelente escritor, también es un magnífico conversador.


- ¿Por qué elegiste a Escipión el Africano como protagonista de tus novelas?

Cuando buscaba un personaje para novelar surgió el nombre de Aníbal, y yo sabía que alguien le había derrotado aunque no exactamente quién. Y allí, como en una esquina, aparecía el nombre de Publio Cornelio Escipión. Me pregunté si es que Aníbal había tenido un mal día o si es que Escipión fue un adversario digno de tenerse en cuenta. Me puse a investigar un poco más antes de continuar con mi búsqueda, porque de Aníbal ya se había escrito mucho y no quería repetir. Y cuanto más buscaba más me atraía el personaje, hasta que me decidí.



- Africanus, el hijo del cónsul, fue tu primera novela y la primera entrega de la trilogía. ¿No te daba miedo en tu primera incursión en la literatura optar por un proyecto tan ambicioso?

Al principio no te planteas escribir una trilogía, quieres contar algo y pasártelo bien. Empecé con la primera, llegué a 500 páginas y Escipión tenía 17 años. Pensé: “esto no lo va a publicar nadie”. Era un proyecto muy grande. Antes de continuar con él decidí probar a ver si podía publicar la primera parte y después de un montón de respuestas negativas, una editorial pequeña decidió arriesgarse. Poco después Ediciones B se puso en contacto conmigo para decirme que estaban también interesados y firmamos para una segunda novela.



- A la hora de hablar de los mejores estrategas de la Historia Antigua siempre se han barajado tres nombres: Alejandro Magno, Aníbal y Julio César. ¿Crees que Escipión debería formar parte de esa lista?

Yo creo que sí. Y ese es otro motivo más que justifica la elección de Escipión, un personaje casi desconocido.



- A partir del segundo libro, las mujeres adquieren mayor relevancia en la trama. ¿A qué se debió ese cambio?

De hecho, una compañera del Departamento, tras leerse la primera novela, me llamó la atención sobre ese asunto, me comentó que las mujeres tenían un papel demasiado secundario en la trama y eso me hizo darme cuenta de que quizás había descuidado un poco ese aspecto. Así descubrí a Sofonisba, por ejemplo, un personaje magnífico de Las legiones malditas. Y en la tercera parte le otorgué un protagonismo especial a la hija pequeña de Escipión: Cornelia la Menor.



- En tu tercera entrega introduces un elemento nuevo: las supuestas Memorias de Publio Cornelio Escipión. ¿Por qué no utilizaste antes ese recurso?

Se sabe que escribió unas Memorias, que no nos han llegado, y se supone que se escribieron en griego, en dialecto dórico concretamente. Cuando me enfrenté a la tercera novela no sabía muy bien cómo afrontarla, me apetecía aventurarme en algo un poco diferente. Y además, después de 1600 páginas, Escipión quería hablar, y en primera persona, sin necesidad del narrador. Introduje algunas pinceladas al principio de cada capítulo, como en unas Memorias, y me gustó el efecto.



- La saga está repleta de momentos fascinantes. ¿Tienes alguna escena o pasaje favorito, con el que disfrutaras especialmente a la hora de escribir?

En las tres novelas hay escenas que por un motivo u otro me han emocionado, al menos diez o doce me parecen especiales. La primera de ellas fue la muerte de Cneo Cornelio Escipión, el tío de el Africanus, un personaje muy entrañable que había tenido una relación muy íntima con Publio. Su muerte es muy épica, hermosa, él solo frente al enemigo, que no puede evitar admirar su valor, y a lo lejos sus propios soldados, viéndole morir.

Ya en la tercera parte, me gusta mucho cuando Escipión se encuentra por primera vez con su hija pequeña, Cornelia, que tiene tres años y se esconde detrás de la hermana mayor.

Y le tengo cariño a la escena del epílogo de esa misma novela, cuando se incendia la Biblioteca de Alejandría, porque es un pequeño homenaje a una de mis novelas favoritas: El nombre de la Rosa.

Y por supuesto a las escenas de las muertes tanto de Escipión como de Aníbal, que son muy diferentes. Aunque la de Aníbal es más épica, escribí ambas con mucha emoción.



- Después de años de convivir y trabajar con tantos y tan variados personajes, ¿llegaste a tomarle especial cariño a alguno de ellos?

A todos, pero tal vez un poco más a Plauto, el autor de teatro, porque me he identificado más con él y he compartido el sufrimiento de ser un escritor reconocido.

Y ese reconocimiento tiene su premio en mensajes como el que me hizo llegar un adolescente, que decía: “Tengo 15 años y odiaba leer. Desde que he leído tus novelas, leo un montón”. Nada puede satisfacer más a un escritor.
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- Primero Fabio Máximo y luego Catón parecen obsesionados con la idea de que Escipión pretendía convertirse en Rey y acabar con la República. Ambos hacen el papel de malos en la trama pero ¿realmente eran tan malvados como aparecen en tus libros?

He recibido algún comentario en ese sentido, pero lo cierto es que necesitaba un oponente total. No niego que Fabio Máximo fue un gran estadista, un gran político y un gran orador, pero en la conquista de Tarento le ayudan desde dentro para que tome la ciudad y una vez conseguido hace matar a los que le ayudaron, con la esperanza de que no se sepa, para que la victoria se considere sólo suya. Y eso no me parece una actitud muy gloriosa ni de ser buena persona.

En cuanto a Catón, está documentado que llevó a juicio a los Escipiones, que tampoco eran unos santos, en multitud de ocasiones y que, como digo en la Nota histórica del libro, al final de su vida traicionó muchas de las creencias por las que había luchado.



- Las vidas de Escipión y Aníbal parecen íntimamente ligadas por el destino en tus novelas. ¿Eso fue realmente así o forma parte de la ficción?

Es así, eso es totalmente histórico. Ambos fueron importantes generales, ambos obligados a exiliarse, y murieron muy próximos en el tiempo. Y para mayor carga épica, de ninguno de los dos se conoce la ubicación exacta de su tumba.



- Una curiosidad. En varias ocasiones, ante la llegada de un hijo, el pater familias debía realizar el ritual de aceptar al recién nacido en la familia. En todos los casos que aparecen en la saga, la aceptación se lleva a cabo. Pero ¿por qué motivos podía rechazarse a un niño y qué sucedía con aquellos vástagos que no eran reconocidos por sus padres o eran repudiados por éstos?

Lo cierto es que el rechazo no era la norma habitual. Pero un niño podía ser rechazado por malformaciones físicas, por ser hembra o porque el padre no lo reconociera como propio. En esos casos, se le podía dar muerte o podía ser abandonado.



- ¿Se ha llegado a plantear la posibilidad de llevar tus novelas a la gran pantalla?

Aún no, y ése es un largo proceso. Pero si alguien se interesara, tendría que ser un proyecto que me convenciera y que reflejara el espíritu de mis novelas.



- Digamos que algún lector quiere continuar con la historia, con lo que sucedió tras las muertes de Escipión y de Aníbal. ¿Qué lecturas recomendarías?

Hay bastantes cosas escritas pero, si tuviera que elegir, yo seguiría con Numancia, de Jose Luis Corral. Es otro estilo de novela, pero encaja con la época inmediatamente posterior, con Escipión Emiliano como protagonista.

Seguiría con la saga de Roma de Colleen McCullough. Luego con Robert Graves y con Quo Vadis, de Henryk Sienkiewicz.



- Has dedicado más de seis años a este proyecto, ¿ahora qué?

Ahora estoy buscando otro personaje para novelar, también alguien que no sea demasiado conocido, aunque de momento no puedo adelantar nada.
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lunes, 16 de noviembre de 2009

La traición de Roma - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso

Ediciones B, Octubre 2009
Género: Novela histórica
871 páginas



Publio Cornelio Escipión ha conseguido derrotar a Aníbal y finalizar así la tarea que iniciaron su padre y su tío.

Alejada ya la amenaza de Cartago, los ojos de Roma se vuelven hacia Asia, donde Antíoco III de Siria pretende recomponer el gran imperio que conquistara en su día Alejandro Magno. Pero, para hacerlo, se ha enfrentado a ciudades aliadas de Roma, Pérgamo entre ellas. Y Aníbal parece formar parte del inmenso ejército del rey sirio.

Publio Cornelio volverá a los campos de batalla, esta vez como asesor de su hermano Lucio, ahora cónsul de Roma. Y de nuevo con tropas escasas.

En la ciudad de Roma, Marco Porcio Catón ha sucedido en su campaña contra los Escipiones al fallecido Fabio Máximo, y lo ha hecho con el mismo ímpetu y rigor. No dudará en someter a juicio al mismo Publio Cornelio con tal de restarle influencia entre los ciudadanos de Roma.

Y Publio Cornelio deberá luchar en esta ocasión en una guerra en la que las palabras sustituyen a las espadas.
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La traición de Roma cierra la trilogía sobre Publio Cornelio Escipión. Con Cartago derrotada, de repente el mundo parece abrirse ante nuestros ojos. Ya no nos encontramos en la parte occidental del Mediterráneo, ahora la acción se desarrolla también en la parte oriental y esos nuevos escenarios serán testigos de las nuevas hazañas del protagonista. Aníbal no ha desaparecido, continúa en escena, al igual que Catón, que sigue con sus maquinaciones para desprestigiar a Escipión, y sobre ese planteamiento se desarrollarán los últimos años del general.

La estructura de esta novela difiere un poco de las anteriores. Ahora nos encontramos también con fragmentos de las Memorias de Escipión. Como reconoce el mismo autor, se sabe que dichas memorias fueron escritas, aunque no hayan llegado a nuestros días. Con el rigor que le caracteriza, Santiago Posteguillo las ha recreado como él supone que debieron ser, y el resultado es más que aceptable.

En este libro, el Publio Cornelio que tenemos ante nosotros ha variado un poco con respecto a los dos anteriores. Su éxito en las distintas campañas parecen haberle henchido de vanidad y su actuación no siempre resulta del agrado del lector. Su intransigencia y su exceso de orgullo son bazas que juegan en su contra y que al final terminarán pasándole factura.

Esta novela incide más en la parte que se desarrolla en Roma y que resulta tan interesante como la que acontece en los campos de batalla o en las cortes extranjeras. El autor vuelve a demostrar el ímprobo trabajo de documentación llevado a cabo para este proyecto y vuelve a rellenar los huecos con hechos que bien pudieron haberse desarrollado justo así.

Sigue habiendo momentos emotivos, tensos, dramáticos, sugerentes y épicos, una combinación que obtiene resultados excelentes. Y vuelve a ser una de esas novelas que es casi imposible abandonar hasta el final, un final que no por sabido es previsible.

La traición de Roma culmina un trabajo de más de seis años y para el lector, para mí al menos, deja un hueco que va ser muy difícil de llenar. Me he despedido de unos personajes que me han acompañado durante más de 2.300 páginas, de cuyas vidas y aventuras me he empapado hasta altas horas de la madrugada y que luego han poblado mis sueños. Sin duda ha sido una triste despedida.
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jueves, 12 de noviembre de 2009

Las legiones malditas - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso

Ediciones B, Julio 2009
Género: Novela histórica
860 páginas



Publio Cornelio Escipión ha logrado una gran victoria en Hispania pero no ha conseguido vencer a Aníbal, que continúa en el sur de Italia aguardando su oportunidad.

El joven general, ahora convertido en cónsul, solicitará legiones al Senado para enfrentarse al cartaginés. Pero en el corazón de Roma sus enemigos continúan siendo poderosos y harán lo posible para frustrar los planes de Publio Cornelio.

De ese modo sólo se le asignarán dos legiones, las llamadas legiones malditas, desterradas en Sicilia desde la derrota de Cannae, más de siete años atrás. Con esas tropas desentrenadas, decepcionadas y mal pertrechadas, deberá llevar a cabo sus planes.

Sus enemigos, Fabio Máximo y Catón, esperan deshacerse de ese modo del general, demasiado ambicioso para su gusto. No cuentan con que el Africanus está hecho de una pasta especial.
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Como ya aconteciera con su anterior novela, en Las legiones malditas Santiago Posteguillo vuelve a demostrar su gran calidad narrativa. En esta ocasión tal vez la novela adolezca de algunos fallos por falta de una buena revisión, pero es un mal menor para un libro que en todo lo demás vuelve a estar a la altura de los mejores.

En esta entrega los personajes femeninos disfrutan de mayor protagonismo, a diferencia del libro anterior, y ese protagonismo se refleja en una serie de historias de componente algo más sentimental que, lejos de malograr el conjunto, lo dotan de un realismo aún mayor.

El personaje de Publio Cornelio vuelve a acaparar casi toda la atención, sin olvidar nunca a sus enemigos Fabio Máximo y Catón en la misma Roma, o a Aníbal, que continúa su campaña en la península itálica.

El gran general romano no debía enfrentarse sólo al peligro que suponían las tropas cartaginesas, sus mayores rivales se encontraban en el interior de su misma ciudad. Y es que el autor no sólo nos brinda la posibilidad de asistir como espectadores privilegiados al desarrollo de sus campañas, también nos ofrece una visión pormenorizada de lo que sucedía en la misma Roma, en especial en el Senado, donde los políticos se enfrentaban a diario con los miembros afectos a los Escipiones, convencidos de que demasiado poder en un sólo hombre podía desestabilizar la República tal y como la conocían.

Aún habría que esperar mucho para que esa República se convirtiera en Imperio, pero es cierto que muchos veían a Publio Cornelio Escipión como una amenaza, y tal vez no sin motivos. A las victorias y al buen hacer de Escipión se contraponen las maquinaciones de sus enemigos, los “malos de la película”. Es evidente que el autor ha cargado un poco las tintas a la hora de desarrollar los personajes que se oponen al protagonista, pero también es cierto que los datos históricos se prestan a ello y que necesitaba antagonistas de peso para equilibrar la trama.

La novela vuelve a recrear la vida cotidiana en Roma, las sesiones del Senado, las obras de teatro de Plauto y sobre todo los campos de batalla. Hay momentos de gran tensión dramática, momentos emotivos y momentos que invitan a la reflexión, sin olvidar aquellos otros de gran contenido épico, que son los que sustentan el alma a la novela.

De nuevo, una obra impresionante, bien planteada y escrita, tan interesante y tan absorbente que resulta en extremo difícil sustraerse a su influjo.
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sábado, 7 de noviembre de 2009

Africanus, el hijo del cónsul - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Ediciones B, Octubre 2008
Género: Novela histórica
716 páginas



Roma, año 235 a.C. El cónsul Publio Cornelio Escipión está a punto de ser padre de un hijo que llevará su nombre y que pasará a la historia como el Africanus.

Mientras eso sucede, Macedonia y Cartago se han aliado para enfrentarse a Roma y en Hispania desembarcarán las tropas de Amílcar Barca para iniciar su conquista.

Publio Cornelio Escipión padre y su hermano Cneo deberán ocuparse de la educación del primogénito de la familia, hasta que ellos mismos deban desplazarse a Hispania a enfrentarse con Aníbal, que ha sucedido a su padre Amílcar.

A los diecisiete años, Publio Cornelio Escipión hijo se unirá a las tropas de su padre en Hispania, e iniciará así una carrera militar llena de desafíos y obstáculos, mientras en Roma el senador Quinto Fabio Máximo trata de minar la ascendente trayectoria de sus enemigos, los Escipiones.

El Africanus luchará en Tesino, Trebia, Trasimeno o Cannae, donde Aníbal se mostrará como un formidable enemigo.

Nuevamente en Hispania, Publio hijo deberá demostrar su valía.
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Sumergirse en esta novela es retroceder al pasado de un plumazo. Este comentario, que puede parecer obvio, no se cumple siempre que nos encontramos ante una novela histórica. El autor ha de saber conjugar muy bien los datos históricos y la ficción para crear una trama atractiva, debe dominar la tensión narrativa, debe rodear todo el conjunto de una ambientación exquisita y dotar de vida propia a sus personajes. Y eso es justamente lo que ha conseguido Santiago Posteguillo con su primera novela publicada.

Así, casi sin quererlo, me vi transportada al siglo III a.C., cuando Aníbal, general de Cartago, había invadido Hispania y avanzaba con sus tropas por Europa en dirección a la todopoderosa Roma.

Y mientras la amenaza se cernía sobre la ciudad del Tíber, crecía el que sería llamado a derrotarle: Publio Cornelio Escipión, el Africano. Esta novela, la primera de una trilogía, narra los primeros años del joven, y las vidas de su padre y su tío, ambos derrotados por las tropas del cartaginés.

No importa que esos sean hechos más o menos conocidos, el autor los ha recreado con maestría, llenando los huecos históricos con una ficción más que plausible, planteada con esmero, sin fisuras, en la línea de lo que sucedía en aquellos tiempos. Por ello, pese a ser conscientes de que algunos episodios que aparecen en el libro puede no ser reales, resultan totalmente creíbles y ése es un gran logro para una novela de este género, donde a veces los autores tienden a trasladar, no siempre de forma consciente, situaciones o comportamientos actuales que, extrapolados a otro momento histórico, chirrían.

La novela tiene una estructura cómoda, capítulos cortos que se suceden en distintos escenarios, un glosario al final para consultar algunos datos y diagramas que ilustran la situación de las tropas en las distintas batallas. Porque las batallas son quizá en lo que más incide Santiago Posteguillo, y lo hace de forma que el lector puede recorrer las distintas tropas, ya sea en un frente o en el otro, con una narración fluida y con la suficiente claridad como para que resulte sencillo imaginar el escenario.

Africanus, el hijo del cónsul es una novela histórica magnífica, digna de figurar en las bibliotecas más exigentes. Rigor histórico, buena prosa, cuidada ambientación, maravillosos personajes... pocos fallos se le pueden encontrar a una de las mejores novelas de los últimos años.
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sábado, 31 de octubre de 2009

El resucitador - James McGee

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Reseña - por Pilar Alonso


Editorial Bóveda, 2009
Género: Novela histórica
504 páginas


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En los primeros años del siglo XIX pululan por Londres varios grupos dedicados al robo de cadáveres para cubrir las necesidades de las escuelas de medicina. Mathew Hawkwood, antiguo soldado y ahora un runner de Bow Street, es designado para llevar el caso.

Al mismo tiempo, desaparece de un manicomio un coronel cirujano del ejército, y para hacerlo ha recurrido al asesinato. Hawkwood también deberá encargarse de ese asunto, sin saber que ambos están relacionados.


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Es difícil tratar de imaginar el trabajo de los médicos en la primera mitad del siglo XIX, cuando aún se ignoraban tantas y tantas cosas sobre el funcionamiento del cuerpo humano. Muchos adelantos se debieron a la oportunidad que tuvieron muchos de ellos de trabajar con cadáveres, en ocasiones en la clandestinidad hasta la Ley de Anatomía de 1832. Y ese tema es el que subyace bajo la trama de El Resucitador, novela en la que un grupo de ladrones de cadáveres suministran material a las distintas escuelas de medicina de Londres.

Pero la novela va mucho más allá de la simple anécdota y muestra un aspecto aún más sórdido en el ya de por sí morboso asunto. Cómo esos ladrones arrancaban los dientes a los muertos y los vendían a los dentistas, que luego éstos colocaban en las bocas de ciudadanos pudientes, o cómo los restos de los cuerpos eran hervidos para fabricar velas y jabón.

Todo eso, que parece sacado de cualquier película de terror, no es producto de la desbordante imaginación del autor, como él mismo reconoce al final del libro, donde incluso nombra algunas obras que ha consultado para esta novela.

Como siempre, los ricos escapaban a este tipo de prácticas. Ellos podían pagarse mausoleos, lápidas de piedra y rejas metálicas para resguardar su lugar de descanso. Los pobres debían conformarse con, en el mejor de los casos, un ataúd de madera mala y un entierro a pocos palmos del suelo, lo que favorecía mucho la tarea de los ladrones.

El autor ha sabido plasmar con acierto todo ese entramado y el mercado existente para dichas mercancías. Pero además ha sabido trasladarnos a un Londres muy alejado de la imagen glamourosa de los poderosos, creando una atmósfera lúgubre y maloliente, repleta de malhechores y tabernas, de callejones e inmundicia.

Y en medio de todo ello, la historia de un coronel del ejército, cirujano de profesión, que ha huido de un manicomio y de su perseguidor, Hawkwood, un runner de Bow Street, el cuerpo de policía que daría origen a Scotland Yard. Mientras Hawkwood persigue a su asesino se adentrará en el submundo más mórbido de la ciudad, y descubrirá más de lo que nunca hubiese deseado saber.

La novela contiene algunos detalles sobre la medicina de la época de lo más interesantes, especialmente una operación de cálculos en la vejiga que tiene lugar en un aula repleta de estudiantes y que ilustra a la perfección el modo en el que tanto cirujanos como pacientes debían enfrentarse, con los escasos medios de los que disponían, a operaciones que hoy resultan casi banales.

La novela tiene ritmo, buenos personajes, un argumento atractivo y una atmósfera bien definida. Necesitaría, no obstante, una revisión. En ocasiones no existe separación alguna entre escenas y hay algunas erratas. Y, no sé si por obra del autor o del traductor, hay varias expresiones modernas que, además de ser incongruentes, restan autenticidad a una obra que, por lo demás, está bien ambientada y concebida.
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jueves, 22 de octubre de 2009

El parche de la princesa de Éboli - María Pilar Queralt del Hierro

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en www.ciberanika.com


Editorial Styria, Abril 2009
Género: Anécdotas históricas
239 páginas



A lo largo de su dilatada carrera profesional, María Pilar Queralt del Hierro ha podido acceder a multitud de anécdotas históricas que ahora se han unido en un solo volumen, para gran regocijo de sus lectores y de todos los aficionados al género.

Las anécdotas históricas son siempre un buen reclamo. Breves, concisas y la mayoría de las veces suculentas, sirven de aproximación a un sinfín de situaciones y personajes históricos, narrando esos sucesos divertidos, entrañables o macabros que jalonan nuestro pasado.

La autora ha hecho una selección variada y sumamente interesante, comenzando por el Antiguo Egipto, donde podemos descubrir, por ejemplo, cómo se financió la pirámide de Keops, y sigue con Grecia, Roma y la Edad Media para finalizar con una serie dividida por temas: reyes, cine, música, ciencia...

Todas ellas tienen la extensión justa para presentar la anécdota en cuestión y es inevitable que de algunas queramos conocer un poco más, con lo que el libro no sólo cumple la función de entretener al lector, sino que le abre el apetito de indagar sobre muchas cuestiones que aparecen en él.

El parche de la princesa de Éboli es de lectura ágil, no recomendable para leerse de un tirón, variado y sugerente. Es uno de esos libros que deben paladearse a pequeños sorbos, aunque casi siempre sepan a poco.
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viernes, 16 de octubre de 2009

Batallón Sagrado. Matar por amor

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Apuntes - por Pilar Alonso


Dicen que no hay fuerza más poderosa que el amor y ya hubo en la Antigua Grecia quien así supo entenderlo. La homosexualidad era entonces, allá por el siglo IV a.C., algo comúnmente aceptado. Y el comandante tebano Górgidas lo aprovechó para crear el que se conoce como Batallón Sagrado.

Tebas era una ciudad importante, la más grande de la región de Beocia. Y al igual que Atenas y Esparta, también disfrutó de su época de gloria, sobre todo en época de Epaminondas, un general y político del siglo IV a. C.

Górgidas, compañero de Epaminondas, fue quien tuvo la idea de crear un batallón formado por 150 parejas, cada una de las cuales estaba compuesta por un miembro de mayor edad (heniochoi- conductor) y uno más joven (paraibatai – compañero).

El modo de luchar de los griegos se basaba esencialmente en el uso de unidades de hoplitas, soldados con espada, lanza y escudo que formaban apretadas filas para enfrentarse al enemigo. Los lazos que se creaban entre ellos contribuían en gran medida a mantener la cohesión del grupo. Y Górgidas creía que si esos lazos resultaban especialmente intensos las posibilidades de éxito aumentaban. Ningún hombre dejaría morir a su amado ni realizaría ningún acto que pudiera resultar vergonzoso a sus ojos (como huir o mostrar cobardía). Luchaban espalda contra espalda, sin rendirse nunca, porque rendirse significaba también la muerte del hombre al que amaban y de ese modo o sobrevivían ambos o morían ambos en la batalla.

Los miembros del Batallón eran escogidos entre los mejores, y formaban una élite que en tiempos de paz actuaba como guardia personal y en tiempos de guerra componía la vanguardia del ejército. Antes de entrar a formar parte de él juraban ante la tumba de Iolao, soldado tebano por quien Heracles había sentido una gran pasión, vencer o morir juntos en la batalla.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Queronea, en el 338 a. C., cuando debieron enfrentarse a las tropas de Filipo II de Macedonia y su hijo Alejandro Magno, que pretendían invadir Grecia. Rodeados por las tropas de Alejandro, el Batallón Sagrado se defendió hasta la muerte y juntos cayeron, abrazados, en el campo de batalla.

Tras la victoria, Filipo II, que había pertenecido a ese Batallón en su juventud cuando fue llevado como rehén a Tebas, permitió que sus cuerpos fueran enterrados juntos y que los tebanos levantaran un monumento en su honor: el “León de Queronea”.
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sábado, 10 de octubre de 2009

El violín del diablo - Joseph Gelinek

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Reseña - por Pilar Alonso. Reseña y entrevista publicadas originalmente en www.ciberanika.com
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Editorial Plaza&Janés, Junio 2009
Género: Novela
427 páginas
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Raúl Perdomo, inspector de policía, acude al Auditorio Nacional en compañía de su hijo para escuchar a Ane Larrazábal, virtuosa del violín, que va a interpretar el Capricho nº 24 de Paganini, una de las piezas más difíciles jamás concebida.

Cuando es solicitada la presencia de la policía en los camerinos, Perdomo descubrirá el cadáver de la concertista, con una palabra árabe escrita en el pecho, y el robo de su violín, un valioso Stradivarius.

El misterio parece rodear al instrumento, que tiene tallada en la voluta la cabeza de un demonio.
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Un thriller no deja de ser una historia llena de persecuciones, misterios por resolver, asesinatos y grandes dosis de suspense. Es lo que uno espera encontrar cuando abre las páginas de cualquiera de ellos.

Si el autor sabe añadirle un toque especial, algo que lo distinga de los otros cientos de libros del mismo género, tenemos novelas como El violín del diablo.

Como ya ocurrió en La décima sinfonía, Joseph Gelinek ha convertido a la música en una protagonista más de su novela, con piezas, anécdotas y músicos de la talla de Paganini adornando sus páginas. En este caso, la trama gira alrededor de un instrumento maldito, un excelente reclamo.

La trama está bien planteada, la relación del policía protagonista con su hijo está bien trabajada, tiene sentido del humor, pero es precisamente la presencia de la música lo que la dota de una pátina especial y sugerente de la que resulta muy difícil sustraerse.

Es cierto que el autor aprovecha cualquier oportunidad para introducir nuevos datos, ya sea sobre músicos, instrumentos, escenarios o piezas musicales, como si durante unos párrafos en lugar de leer una novela leyéramos un ensayo. En algunas ocasiones dicha presentación resulta un tanto forzada, pero no se puede negar que la información que proporciona es tan interesante que casi se pasa por alto el modo en el que accedemos a ella.

Una novela sumamente entretenida, amena y absorbente. Y una delicia para los sentidos si se atreven a buscar algunas de las piezas que aparecen en ella.
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Entrevista a Joseph Gelinek por "El violín del diablo"

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por Pilar Alonso

Leer Reseña El violín del diablo.



Tras el éxito de La décima sinfonía, publicada en más de quince países, Joseph Gelinek vuelve a sorprendernos con otra novela músico-policíaca. Bajo el seudónimo se esconde un hombre amante de la buena música, divertido y gran conversador.


- ¿Por qué elegiste a Paganini? ¿Y por qué un violín?

Pues verás, un día, tras un concierto, estuve charlando con Ara Malikian, un violinista soberbio que interpreta muy bien a Paganini. Él fue quien me contó la historia de Ginette Neveu (una violinista famosa que murió en accidente de avión en 1949 y cuyo Stradivarius nunca se encontró). Pues bien, Ara Malikian me contó que el luthier de Neveu, Etienne Vatelot, estaba un día frente al televisor y vio a un músico con un violín. Se quedó perplejo y exclamó: ¡ése es el violín de Ginette! Lo tenía otro músico. ¿Cómo no hacer una novela con esa historia? Y el violín maldito me llevó enseguida a Paganini, porque violín y Paganini son una sola cosa.


- El personaje de Paganini que perfilas en tu novela es un personaje realmente fascinante. ¿Era realmente así o te has tomado algunas licencias sobre él?

La parte de Paganini está muy trabajada, me llevó mucho tiempo y esfuerzo documentarme y para ello tuve que emplear el servicio de documentación de las Universidades USA, un servicio muy restringido y de muy difícil acceso. Así es que casi todo lo que aparece de él en la novela es cierto. Estaba en un estado lamentable hacia el fina
l de su vida, tal y como aparece en el libro.


- ¿Por qué crees que Paganini nunca fue considerado un músico de primera fila?

Era un intérprete fabuloso, lo sabemos por dos vías. Una directa: los testimonios de la gente que le oyó tocar y luego a partir de sus propias composiciones: nadie que no tocase como él podría escribir esa música.

Pero para mí no deja de ser un compositor un poco flojo, que repite y repite un par de ideas, en contraposición a otros músicos más generosos, como Chopin, Bach, Beethoven o los Beatles.


- ¿Los Beatles?

Lo que mucha gente no sabe es que los Beatles son compositores clásicos, en el sentido de que introducen en el previsible rock and roll elementos de tanta sofisticación como en la música clásica. Estoy hablando de escribir una canción en modo dórico, como en Eleanor Rigby, o de modular en el estribillo para que haya más contraste, como en Penny Lane, o en crear hermosos ostinati como en Julia. La gente no sabe lo importantes que son los Beatles, capaces de devolverle al público el gusto por la buena música. Por eso son los Schubert del siglo XX.


- ¿En quién te basaste para perfilar el personaje de Ane Larrazábal, la virtuosa del violín?

Físicamente tenía en mente a Janine Jansen, aunque desde el punto de vista de la personalidad, creo que Ane es en realidad Ginette Neveu. Neveu plantó cara a los monstruos sagrados de la época, como Oistrakh, al que ganó en un concurso de violín. Ella era la única mujer entre los Heifetz, Menuhin, etc., ahora hay docenas. Esa personalidad ferozmente competitiva de Ane es de Neveu.
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- ¿Cuáles son tus autores de referencia?

Una de las razones por las que escribo misterios musicales se debe a la novela Muerte en la Fenice, de Donna Leon, un libro muy premiado y cuya parte musical yo pensé que se podía mejorar.

Otra obra que me influyó fue Un asesinato musical, de Batya Gur, la Agatha Christie de Israel, según la Wikipedia, y en la que un asesino estrangula con una cuerda de violonchelo.

Y otra influencia es Stephen King, un enorme escritor que ha elegido el terror para dar su visión del mundo. Me gusta cómo trata lo sobrenatural y he intentado imitarle un poco, pero sin excesos. Como soy bastante escéptico con esos temas, igual que el inspector Perdomo, quería hacer una novela en la que hasta yo pudiera creerme que hay fuerzas ocultas, en este caso un violín, un violín que contamina a los que le rodean y que, de un modo u otro, causa la muerte de todos aquellos que lo poseen.


- ¿Es realmente el mundo de la música tan competitivo como apuntas en tu novela? Parece como si los intérpretes de música clásica estuvieran muy lejos de eso.

Es muy competitivo, pero no porque sea de música clásica, cualquier actividad que consista en atraerse el favor del público es competitiva, ya se llame rock, teatro o literatura.


- En el libro comentas que la Filarmónica de Berlín tiene una agenda muy ocupada ¿Es realmente así? ¿Por qué?

No sé si está especialmente a tope esa agenda, pero dado que es una de las tres mejores orquestas del mundo, me figuro que deber estar solicitadísima.


- ¿Cuáles son las otras dos?

Eso es muy subjetivo, pero a mí hay un director que me encanta, que es Gergiev, y John Elliot Gardiner con su Orquesta Revolucionaria y Romántica, la de Chicago en tiempos de Solti era una de las tres.


- Algo que me ha llamado la atención es la idea de que, cuando un músico entra a formar parte de una orquesta, debe pasar un período de prueba y luego todos sus componentes deben votar si se queda o no. ¿Es realmente así? ¿También vale con el director de orquesta o sólo con los músicos?

Los músicos en las orquestas sinfónicas tienen una fuerza brutal. Si alguien se les mete entre ceja y ceja, no hay nada que hacer. Y le hacen el vacío hasta que se marcha.

En cuanto a los directores de orquesta, no sé si se hace de forma oficial, pero seguro que ningún Patronato contrataría a un director que la orquesta vetara, y aunque no tengan derecho real de veto, en la práctica es casi lo mismo, porque si está ahí es porque la orquesta lo ha aceptado.


- ¿Es cierto que existen varias piezas musicales asociadas con el diablo, como la Danza macabra de Saint Saëns o Las brujas de Paganini?

Sí, todas las que aparecen en la novela y algunas más, como La sinfonía fantástica, de Berlioz.


- En la novela aparece la Fundación Stradivarius Society de Chicago, que presta sus instrumentos a músicos de cierta talla. ¿Qué hay de cierto en ello?

Todo, porque casi nadie posee un Strad, todo el mundo lo tiene en préstamo vitalicio, y tiene que pagar el seguro anual, que no es barato, y dar una serie de conciertos ante los mecenas.


- La décima sinfonía, El violín del diablo… la próxima novela, ¿también sobre música?

Por supuesto, es el sello que define mis novelas: la música. Sólo te puedo decir que
está ambientada en el mundo del rock, y que el mundo del rock está lleno de misterios.
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martes, 6 de octubre de 2009

Bajo el terror de la Guillotina - François-Xavier Gauroy y Ambroise Liard

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/
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Ediciones Timeo, Mayo 2009
Género: Novela histórica
352 páginas
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Un mensaje oculto en un abanico parece ser la clave para liberar a la Familia Real francesa en 1793. Y una joven ha sido, accidentalmente, la depositaria de dicho objeto.

Las autoridades, empeñadas en descubrir el secreto, harán cuanto sea necesario para descubrir qué planes están urdiendo sus enemigos para salvar a María Antonieta. Y para ello no dudarán en meter en prisión a Marie, la muchacha que debía entregar el mensaje.
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El Terror. Roberpierre.

¿Quién no ha oído alguna vez esos dos nombres en una misma frase? Y es que la Revolución Francesa, pese a sus indiscutibles avances sociales (o las semillas de ellos) también tuvo su lado oscuro. Y ese lado oscuro tuvo un nombre propio: Robespierre.

Esta novela ahonda en ese período de tiempo en concreto y especialmente a través de la figura de Fouquier-Tinville, acusador público del Tribunal revolucionario. Por sus manos pasaron cientos, miles de expedientes para los que decretaba un mismo final: la guillotina. En muchos casos sin pruebas, casi sin juicio ni ningún tipo de deliberación. Realmente era peligroso vivir en Francia en aquellos tiempos. Cualquier vecino, cualquier enemigo por pequeño que fuese, podía colocar nuestro cuello bajo la cuchilla con una sola palabra. Porque el deseo de “limpieza” era tan acusado que las autoridades no se entretenían ni en comprobar si la persona que habían detenido era o no el verdadero objetivo, no digamos ya en buscar argumentos que avalasen las acusaciones de que era objeto.

No importaba si eran ricos o pobres, campesinos, tenderos o albañiles, sufrían por igual idéntico proceso y se hacinaban en las cárceles a la espera de la guillotina.

Esta escueta explicación queda magníficamente reflejada en la novela, esos desmanes, la crueldad innecesaria, las sospechas, los encarcelamientos, los procesos, las condenas… y Fouquier-Tinville es el personaje alrededor del cual gira toda esa vorágine de terror.

Alrededor de él se teje una trama un tanto folletinesca que pone sobre el tapete la figura de María Antonieta y las conspiraciones que se fraguaron para liberar a la familia real. Un misterio que envuelve a un objeto tan común como un abanico y que desata toda una serie de sucesos que se encuadran perfectamente en dicha etapa histórica.

Pese a los evidentes puntos de interés de esta novela, no le vendría mal una buena revisión de estilo. Algunas frases mal construidas y algunas erratas hacen necesaria una segunda lectura de varios pasajes, lo que entorpece el ritmo y confunde al lector.

Bajo el terror de la guillotina tiene a su favor el encuadre histórico y el fresco de la situación política del momento, y en contra un inicio ubicado en la actualidad completamente innecesario, amén de lo ya expuesto en el párrafo anterior.

En definitiva, una novela entretenida aunque ciertamente mejorable.
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miércoles, 30 de septiembre de 2009

La isla bajo el mar - Isabel Allende

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Reseña - por Pilar Alonso
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Editorial Plaza&Janés, Agosto 2009
Género: Novela histórica
511 páginas

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Toulouse Valmorain, un joven de veinte años, desembarca en Saint Domingue en 1770, acudiendo a una llamada de su padre. Hasta ese momento tenía una vaga idea de dónde provenían los fondos que le habían permitido vivir cómodamente en París mientras su progenitor permanecía en las colonias. La muerte de su padre le obligará a hacerse cargo de la plantación y a permanecer en la isla.

Una década más tarde Valmorain comprará a Zarité, una niña de nueve años, para que atienda a su futura esposa, una española que ha conocido en Cuba y que va a vivir con ellos.

Pero son tiempos revueltos. Los cimarrones se agrupan en las montañas, los esclavos huyen de las plantaciones y se unen a los rebeldes, y pronto no habrá quien los detenga en su afán por obtener la libertad.

Cuando se inicie la revolución muchos blancos perderán la vida y otros muchos se verán obligados a exiliarse.

Valmorain será uno de ellos.
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Ésta tenía que ser una novela de piratas”, confesó Isabel Allende el día que presentó su nuevo libro en Barcelona. Y es que, mientras investigaba la historia de Nueva Orleans para su novela “El zorro”, descubrió que en el siglo XVIII, cuando la revuelta de esclavos en Haití, muchos habitantes de la isla se habían visto obligados a exiliarse. Nueva Orleans fue, junto a Cuba, el destino escogido por la mayoría.

Y así nació La isla bajo el mar, una novela cargada de historia y magia que relata, a través de la trayectoria de la esclava Zarité, los últimos días de lo que fue Saint Domingue antes de convertirse en la actual Haití y la posterior adaptación de los exiliados a Nueva Orleans, que ocupa la segunda parte de la novela.

Toulouse Valmorain representa en el inicio del libro a multitud de franceses que vivían en su país de origen a costa de sus plantaciones en las colonias, que muchos no habían visitado jamás y que les brindaban cuantiosos beneficios. Una vez en la isla, imbuido por el espíritu de la Ilustración, trata de mantener sus ideales en su trato con los esclavos, aunque con escasa firmeza. Un personaje marcado por su cobardía y que, junto a Zarité, lleva el peso de la trama.

La autora no se regodea en el trato dado a los esclavos, que queda pese a ello suficientemente claro. “No me gusta escribir sobre torturas”, dijo también. “Prefiero escribir sobre el amor”. Y es la parte sentimental la que adquiere mayor trascendencia a lo largo de la trama, el amor de Zarité por sus hijos, el de Violette por Relais, el de Rossette por Maurice… muchos amores y muchas relaciones que se entrecruzan y que van tejiendo una historia que atrapa desde la primera línea.

Aunque Zarité es la protagonista, y en ocasiones es su propia voz la que nos relata los hechos, hay otros personajes memorables, algunos históricos y otros ficticios, que llenan de sabor y color las páginas de esta novela, desde Sancho, el cuñado vividor, hasta Père Antoine, un cura caritativo y bondadoso de Nueva Orleans, pasando por Toussaint Louverture, Napoleón, los hermanos Lafitte o Claiborne, el primer gobernador norteamericano de Luisiana. Pero son especialmente la mujeres las que acaparan la pluma de Isabel Allende, no sólo Zarité, también Tante Rose, una negra curandera de Saint Domingue, Violette Boisier, una famosa cocotte, Eugenia, la esposa española de Valmorain… y otras varias cuyas vidas se cruzan primero en Saint Domingue y más tarde en Nueva Orleans.

La novela tiene cierto aire folletinesco que consigue captar la atención de inmediato, con grandes dosis de dramatismo y tensión, y una ambientación bien trabajada. Cualquiera que se adentre en sus páginas quedará ligado a ellas, aunque sólo sea por la parte histórica que contienen y por el deseo de saber qué le ocurrirá a Zarité, esa esclava que adora bailar porque “esclavo que baila es libre… mientra baila”.
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