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jueves, 19 de enero de 2012

Calígula - Paul Jean Franceschini y Pierre Lunel

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en www.ciberanika.com



Ediciones Zeta, Abril 2011
Género: Novela
384 páginas




Año 36 d.C. Cayo César Germánico, conocido como Calígula, vive en Capri bajo la atenta mirada de su tío, el emperador Tiberio. Dos pasiones parecen dominar su vida: el teatro y el amor incestuoso hacia su hermana Drusila.

A la muerte de Tiberio será nombrado emperador y comenzará con él una época de bonanza para Roma, pero también una etapa marcada por sus extravagancias y su crueldad.
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No son muchas las fuentes contemporáneas disponibles acerca de la figura de Cayo César, más conocido como Calígula, y es a través de fuentes posteriores que podemos hacernos una idea del personaje. La mayoría de dichas fuentes parecen coincidir en varios puntos: uno de ellos es que su llegada al poder fue acogida con alegría por el pueblo de Roma, tras los últimos años de tiranía del emperador Tiberio. Otro es que bajo su mandato Roma vivió algunos de los años más esplendorosos de su historia. Y el último es que el emperador fue una persona cruel, aquejado de algún tipo de demencia, y dominado por una perversión sexual enfermiza.

La literatura y el cine han contribuido a hacer de Calígula uno de los emperadores más odiados, junto a Nerón, de la historia de Roma. Son conocidas las anécdotas referentes a su caballo Incitatus, al que pretendía nombrar cónsul, o el modo en que cruzó el golfo de Baias caminando sobre las cubiertas de los barcos puestos en fila, aunque al utilizar tan gran número de naves privara a Roma de la llegada de trigo.

Esta novela profundiza en la parte más oscura del emperador, y se inicia durante su juventud, cuando es obligado a vivir en Capri junto a su tío Tiberio. Pese a su afición al teatro y su aparente indiferencia, oculta un profundo odio hacia el hombre que acabó con gran parte de su familia por miedo a futuras conspiraciones. Pero también el temor a caer finalmente bajo su espada, como hacía poco había sucedido con el general Sejano.

Los autores hacen especial hincapié en la relación incestuosa que Cayo César mantuvo con su hermana Drusila desde la adolescencia, y se apoyan en ella para explicar gran parte del comportamiento del emperador. Así, cuando las cosas entre ellos iban bien y ella estaba cerca, su actitud era benevolente y se centraba en llevar a cabo buenas obras. Cuando ella, movida por los remordimientos, se alejaba de él o cuando le llegó la muerte, el emperador se convertía en un monstruo.

Todos sus actos parecen girar en torno a ese único personaje a la hora de explicar algunas de las barbaridades que cometió, una visión un tanto taimada y ciertamente sesgada, pero muy efectista.

Junto a él desfilan otros personajes relevantes, como Claudio y Mesalina, o Agripina y su hijo Nerón, que entonces sólo era un bebé. Los autores conceden un papel estelar a Mesalina y a sus depravaciones, algunas contadas con todo lujo de detalles. El tándem del emperador y la meretriz sirve para ilustrar las perversiones de ambos, que tantos ríos de tinta han hecho correr.

De fondo suceden otras cosas, la más relevante de las cuales tiene que ver con los judíos de Jerusalén. Pocos años después de la muerte de Jesús, la secta de sus seguidores se extiende como la pólvora, llegando a seducir incluso a Salomé, la mujer que pidió la cabeza de Juan Bautista.

No obstante, esos temas son sólo el ruido de fondo, los decorados en los que se mueve la figura principal de la trama, que no es otra que el propio Calígula y la leyenda negra que lo acompaña. Los autores no olvidan ni un detalle, ni una anécdota de las muchas que se le atribuyen, en las que en ocasiones su crueldad y en otras su ridiculez son espectaculares. Sorprende que Cayo César fuese hijo de Germánico y nieto de Druso el Mayor, ambos generales de prestigio y, al parecer, hombres de honor.

No hay que olvidar que nos encontramos ante una obra de ficción y que los autores se han tomado algunas licencias a la hora de escribirla, interpretando algunos hechos históricos y dando credibilidad a otros que no han sido demostrados. Sin embargo, el resultado es convincente y muy entretenido. El personaje de Calígula posee todos los ingredientes para convertirlo en un buen reclamo, y los autores nos ofrecen el retrato más acorde con la imagen que nos ha llegado de él, sin ahorrarse episodios truculentos o morbosos.

Aunque el final resulta un poco precipitado, la novela en su conjunto mantiene un buen ritmo, con mucha tensión dramática y personajes llevados a los extremos.

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lunes, 3 de octubre de 2011

Los asesinos del emperador - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Planeta, Septiembre 2011
Género: Novela
1.198 páginas


Año 96 d.C. El emperador Domiciano está a punto de ser asesinado, tras quince años al frente de una Roma que se desmorona. Bajo su mandato la locura, ejecuciones sumarísimas, persecución de los cristianos, intrigas, envenenamientos…

En las fronteras del Imperio, un hombre que está llamado a convertirse en el próximo emperador, Marco Ulpio Trajano.

Entremedio, treinta y cinco años de la historia de Roma llena de conjuras, guerras y traiciones.
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Hubo una vez un autor capaz de cautivar a miles de lectores con su primera novela: Africanus, el hijo del cónsul, una historia que nos hablaba de Aníbal y de Publio Cornelio Escipión, el Africano. El segundo libro de la saga, Las legiones malditas, consiguió encandilar a cuantos nos asomamos a sus páginas y con La traición de Roma se aupó con un triunfo que hubiera merecido ser paseado por la ciudad de las siete colinas. En poco tiempo su nombre comenzó a ser conocido en todo el Imperio y algunos tuvimos la suerte de vernos las caras con él. Hablo, por supuesto, de Santiago Posteguillo, convertido ya en un referente de la novela histórica en nuestro país.

Éramos muchos miles los que aguardábamos impacientes su nuevo trabajo y por fin, el 2 de septiembre del 2011, Planeta publicaba Los asesinos del emperador.

Santiago Posteguillo no cambia de escenario, ya que esta historia también se ubica en la antigua Roma, pero sí de época. Sus primeras novelas se desarrollaban durante la etapa de la República, y ahora ha elegido el Imperio para presentarnos a un nuevo protagonista: Trajano, el primer emperador hispano de la historia de Roma.

Y como Santiago Posteguillo nunca hace las cosas a medias, no se va a limitar a presentarnos a un emperador ya instalado en el poder y a comenzar su historia desde ahí o poco antes. Su objetivo es introducirnos en la época en cuestión, en las causas que condujeron a la elección de Trajano como emperador y en los senderos que se fueron abriendo para que un hispano accediera por primera vez a la cima del entonces mundo conocido, un hecho que parecía impensable poco antes como bien se ocupa de señalar en diversos momentos.

La novela se inicia en el año 96 d.C., con el intento de asesinato de Domiciano, y tras unos cuantos capítulos en los que se detalla la conjura, la historia retrocede hasta el año 63 d.C., cuando Nerón regía los destinos de los romanos, y Trajano era aún un niño. Los mismos personajes que 33 años más tarde se encontrarían en la cámara de Domiciano inician su andadura en esas páginas: consejeros, pretorianos, gladiadores, emperadores y generales. Poco a poco vamos a ir conociéndolos a todos y a comprender los motivos que los abocaron al sangriento desenlace.

Tras la muerte de Nerón se iniciaba el que sería conocido como el año de los cuatro emperadores – 69 d.C. – con Galba, Otón, Vitelio y finalmente Vespasiano, que inauguraba la dinastía Flavia que continuarían sus hijos Tito y Domiciano.

Quince años duró el gobierno de Domiciano, quince larguísimos años que nada se parecían a los que había vivido Roma bajo los mandatos de su padre o de su hermano. Domiciano se caracterizó por una crueldad extrema y por una paranoia que le hacía sospechar de todos cuantos le rodeaban, lo que le llevó a ordenar ejecuciones sumarias de senadores o militares, de cualquiera que gozara de las simpatías del pueblo y pudiera convertirse en una posible amenaza. A tal grado llegaba su miedo a una conjura, que ordenó la muerte de sus propios descendientes para que en el futuro no pudieran conspirar contra él. Santiago Posteguillo transmite magistralmente esa atmósfera opresiva dominada por el temor a dar un paso en falso y a caer en desgracia, con unos personajes moviéndose de puntillas para no llamar la atención del emperador, mientras los futuros acontecimientos van fraguándose sin que ninguno de ellos sea consciente.

En esta primera entrega de la nueva trilogía, la presencia de Trajano no es primordial. Dispone de algunos capítulos en los que se nos habla de su juventud, de la carrera militar de su padre, y de cómo su familia sobrevivía en un mundo de locura, hasta que él mismo asciende a legatus y comanda sus propias legiones en Germania. Otros muchos son los que llevan el peso de la trama: el emperador, los gladiadores, un consejero, los pretorianos, los bárbaros, la emperatriz, incluso el apóstol Juan, el último discípulo de Cristo, en una época en la que Domiciano hizo de la persecución de los cristianos todo un arte. Y a pesar de ello, el autor consigue que la presencia de Trajano planee sobre cada capítulo y cada escena con una fuerza sobrecogedora.

La facilidad que tiene Santiago Posteguillo para recrear los ambientes es soberbia, y no lo es menos su maestría a la hora de tratar a los personajes, convirtiéndolos en seres tridimensionales, con una fuerza capaz de traspasar el papel. Su capacidad para trasladar al lector a la época y al lugar es cautivadora, con escenas tremendamente visuales y sensaciones palpables: el ruido de la batalla, los olores de las calles, la incidencia de la luz sobre la arena del Coliseo, el sabor del vino dulce, o el tacto del barro de las orillas del Rhin. Detalles, cientos de pequeños detalles que pasan desapercibidos pero que conforman una realidad de la que resulta imposible sustraerse.

Narrada con un ritmo ágil, con estupendos diálogos y con una base documental impactante, esta novela está llamada a convertirse en todo un éxito de ventas. Una historia coherente, con unos personajes contundentes y carismáticos y con una trama evocadora y totalmente absorbente.

En cuanto a la edición, no puedo más que felicitar al autor y a la editorial. Hay mapas, bibliografía, esquemas, glosario, tablas, notas… todo lo necesario para no perderse y para hacer de la lectura de esta novela todo un placer.

Para finalizar, me gustaría utilizar unas palabras del mismo autor, que aparecen en el Prólogo (p. 20). Porque me parecieron mágicas y porque abren las puertas de esta fascinante novela: “Modificar el curso de la Historia es prácticamente imposible. Sólo unos pocos se atreven a intentarlo y sólo uno entre millones, siempre de forma inesperada para todos, es capaz de conseguirlo. Bienvenidos al mundo de Marco Ulpio Trajano”.

Espero que ustedes lo disfruten tanto como lo he hecho yo.
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martes, 2 de agosto de 2011

Gala Placidia - Rufino Fernández

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/


Edhasa, Noviembre 2010
Género: Novela
576 páginas


El Imperio romano, dividido en dos, se enfrenta a la amenaza de los bárbaros. Gala Placidia, asiste desde Roma al derrumbe del Imperio y a la ineptitud de su hermano Honorio, el emperador, y a la ambición de Olimpio, su consejero. Y en Constantinopla las cosas no son muy distintas.

Enamorada del general Estilicón, tratará de inmiscuirse en los asuntos de Estado para conseguir el poder que tanto ansía.

Mientras tanto, los godos, al mando del rey Alarico, se preparan para asaltar la ciudad de las siete colinas y destruir un Imperio ya debilitado. A raíz de su campaña, Gala Placidia se convertirá primero en rehén de los bárbaros y luego en esposa de Ataúlfo, sucesor de Alarico, con quien vivirá en Barcelona.
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En La sombra del mercenario (2007) Rufino Fernández nos aproximaba a la figura de Aníbal. En esta ocasión, sin abandonar la época romana, viaja varios siglos hacia delante para hablarnos de Gala Placidia. Bien pueden parecer los dos extremos de la historia de un imperio, y es que hablar de Gala Placidia es hablar de los últimos años de Roma.

Tras la muerte de Teodosio I el Grande, que convirtió el catolicismo en religión oficial, dejó el Imperio nuevamente dividido en dos para contentar a sus dos vástagos: Honorio y Arcadio, a cuál más inútil. Ya era larga la tradición de emperadores mediocres y si Teodosio se ganó el sobrenombre de “el Grande” fue en gran medida gracias a su relación con el catolicismo, que llegó a nombrarlo Santo. Lejos quedaban los tiempos de Julio César o de Octavio Augusto, o incluso la Roma de la República que brilló durante decenios sobre el Mediterráneo. Y a la bestia herida le salieron numerosas pulgas en forma, especialmente, de godos rubios y salvajes. Pocos años faltaban para que Atila y los hunos le dieran el golpe de gracia final a un Imperio que, para entonces, ya estaba muerto, dominado por las luchas intestinas y la ambición de un puñado de ineptos.

Rufino Fernández nos traslada a esos años, a comienzos del siglo V, cuando aún no estaba todo perdido y quedaban hombres de la talla del general Estilicón para guardar las puertas. Pero el héroe fue barrido por la ambición y la falta de miras de Honorio, y dejó el camino libre a Alarico y Ataúlfo, los reyes godos que mantuvieron en jaque a todo el Imperio.

Así como los hombres eran una sombra de aquellos que les habían precedido, no sucede lo mismo con las mujeres. Gala Placicia en Occidente y Pulqueria en Oriente iban a determinar el destino de muchos. ¡Qué emperadores se perdió Roma porque nacieron mujer! Y no olvidemos a Flavia Serena, la esposa del general caído en desgracia, que maniobró sin escrúpulos para situar en el trono a alguno de sus tres hijos.

En ese colorista entramado de traiciones e intrigas, Rufino Fernández nos muestra el ocaso de un gigante de la mano de aquellos que lo protagonizaron. Con un estilo diáfano y directo, nos relata los avatares de Gala Placicia y de Honorio, de Estilicón y Alarico, de Flavia Serena, de Pulqueria, y de otros muchos.

Gala Placidia, una joven caprichosa y consciente de sus virtudes, aprovecha éstas al máximo para tratar de maniobrar en la corte, moviéndose tras las sombras del trono y tratando de esquivar al consejero de su hermano: Olimpio, un ser rastrero y miserable por el que el lector siente una antipatía inmediata que no tarda en convertirse en odio. Todos tratan de hacerse con el poder de la forma que sea y para ello no dudan en recurrir a todo tipo de artimañas.

Y de fondo ese catolicismo que casi acaba de convertirse en la religión oficial del Imperio y que cuenta con varias corrientes de pensamiento. La facción que mejor sepa arrimarse a los poderosos de turno, será la que termine prevaleciendo sobre las demás y legando a la posteridad su propia visión de la fe.

La imagen que transmite la novela es de una decadencia absoluta, de una contaminación malsana que va corroyendo las entrañas del Imperio. El lector no puede dejar de alinearse en el bando de Alarico, el rey godo, uno de los pocos grandes hombres que parecen hollar aquella tierra. Pero la lepra que viene de Roma también envenena a aquellos que se enfrentan a ella, que también padecerán sus propias intrigas y sus propias traiciones.

Esta novela es un magnífico retrato de aquella época y de aquellos sucesos, narrada con fluidez, con amenidad y con ritmo. Se acompaña de un árbol genealógico, y de mapas y planos muy útiles para situarse en el espacio. Prima sobre todo la acción, y el escenario se perfila gracias a los diálogos de los personajes. No hay espacio para las descripciones pormenorizadas o las reflexiones intimistas. Los protagonistas son los hechos, algunos de gran belleza épica – como el final de Estilicón o el entierro de Alarico –, y son ellos los que nos hablan del final de una era.

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viernes, 22 de abril de 2011

Galera de Roma - John Stack

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Edhasa, Septiembre 2010
Género: Novela
512 páginas



El capitán Ático, un joven de origen griego, y el centurión Septimio asignado a su nave, escapan de una gran flota cartaginesa que pretende realizar un bloqueo en torno a Sicilia.

Ambos llevarán la noticia a Roma y allí el cónsul Cneo Cornelio Escipión tratará de aprovechar la oportunidad para conseguir fama y poder. Ordenará construir una inmensa flota para enfrentarse a los cartagineses, una flota que tiene intención de dirigir en persona. No cuenta con la ambición del cónsul sufecto Cayo Duilio, que trata de poner trabas a su misión y de liderar él mismo la misión.

Ático y Septimio serán quienes deban adiestrar a capitanes y soldados para que el ataque resulte más efectivo. Pero la precipitación de Cneo Cornelio para poder cumplir sus deseos puede resultar fatal para todos. .




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La Primera Guerra Púnica entre Roma y Cartago se inició en el 264 a.C. y la acción de esta novela se sitúa pocos años después, bajo el consulado de Cneo Cornelio Escipión. En ella se detalla el bloqueo de la isla de Sicilia, donde estaban destinadas dos legiones romanas, y los intentos de la República por romper el cerco de la armada cartaginesa.

El ejército romano era claramente superior al cartaginés en las batallas terrestres, pero no disponía de flota alguna; apenas una docena de barcos recorrían el litoral librándoles de los piratas. Ante la amenaza de una flota compuesta por más de un centenar de naves enemigas, la República realizó una ingente labor para construir galeras suficientes para enfrentarse a su adversario.

La novela narra toda esa epopeya con detalle: la construcción de los barcos, el entrenamiento de los legionarios y los capitanes, las escaramuzas y las batallas. Y explica también el enfrentamiento entre el cónsul Cneo Cornelio Escipión y el cónsul sufecto Cayo Duilio por el mando de la nueva flota. Ambos senadores utilizarán la amenaza que se cierne sobre Roma en su propio provecho, especialmente el primero, y esa actitud le acarreará graves consecuencias.

Testigos de esos hechos son los dos protagonistas principales de la trama: Ático, el capitán de la galera Aquila, y Septimio, el centurión destinado en la misma. A través de ambos el autor nos desvela el funcionamiento del ejército, el poco aprecio que los soldados dispensaban a la infantería de marina y la arrogancia de los romanos hacia quienes procedían de otras tierras conquistadas. Para ello se sirve también de otros escenarios que contribuyen a ofrecer una visión más detallada sobre la situación narrada, como son las tierras de Sicilia donde las legiones permanecen aisladas o el desarrollo de la contienda en las filas cartaginesas, con Aníbal Giscón como protagonista.

La trama es envolvente, tal vez un poco simplista en ocasiones, pero muy amena. La historia tiene mucho ritmo, personajes atractivos y una cuidada ambientación. Destacaría el trabajo del autor a la hora de explicar el funcionamiento de un trirreme, los inconvenientes a los que se enfrentaba a la hora de navegar o de entablar batalla, la dotación que lo componía o el invento del corvus en esas fechas para facilitar el abordaje. Todo ello narrado con fluidez y sin exceso de tecnicismos, de un modo sencillo y asequible.

Una buena labor de documentación al servicio de una novela histórica y de aventuras sumamente entretenida.
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lunes, 1 de noviembre de 2010

Conspiración - Robert Harris

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en www.ciberanika.com

Grijalbo, Septiembre 2010
Género: Novela
480 páginas


Esta novela es la segunda de una trilogía sobre Roma, cuyo primer título fue Imperium.

Año 63 a.C. Cicerón ha sido elegido cónsul de Roma y no le faltan enemigos, entre ellos el sibilino Catilina, que pretende acabar con su vida y dar un golpe de Estado. Desarticulada la conspiración, Cicerón se convierte en el salvador de la República.

Pero no todos los miembros de aquel complot han pagado su falta. Entre ellos figura Julio César, un joven que busca el favor del pueblo y que no tardará en convertirse en su más encarnizado adversario.
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Es impresionante contemplar la caída de un gigante, y de eso es precisamente de lo que va esta novela, de cómo Cicerón alcanzó la cumbre y cayó luego en desgracia. Tiro, su fiel esclavo y secretario, es una vez más quien narra la historia de los años que van del 63 al 58 a.C. El consulado de Cicerón, la conspiración de Catilina, el auge de Pompeyo y Julio César, y el posterior exilio de su amo.

Cicerón asistió a los últimos coletazos de la República y a su defensa empleó la mayor parte de su energía, aunque para ello tuviera que aliarse con el enemigo o emplear técnicas no demasiado ortodoxas. Su ideal estaba por encima de cualquier consideración y finalmente terminó pasándole factura. De haber nacido en cualquier época anterior, menos conflictiva o peligrosa, es posible que su estrella no hubiese brillado con tanta intensidad, y es que se crecía ante la adversidad, desplegando sus mejores recursos y demostrando su gran inteligencia y su increíble oratoria.

Pese a todo ello, la República que pretendía salvar estaba ya moribunda. Nadie quería mover un dedo por ella si no obtenía a cambio algún provecho personal, y esa situación queda magníficamente reflejada en la novela, especialmente en la primera parte, cuando Cicerón es cónsul y trata de frustrar la conspiración de Catilina. Su éxito le valió gran reconocimiento y durante meses paseó su vanidad por toda Roma, creándose nuevos enemigos, entre ellos el pujante Julio César.

Uno no puede dejar de preguntarse si era un idealista, ajeno por completo a una realidad que cambiaba por momentos, o si padecía de falta de visión para comprender el alcance de algunos hechos, pero lo cierto es que Robert Harris ha construido un personaje fascinante, lleno de matices, complejo y apasionante. Astuto, manipulador, inteligente y tenaz, Cicerón es el protagonista ideal, inmerso de lleno en una época convulsa que se desarrolla a su alrededor y de la que Tiro, su fiel secretario, nos mantiene informados.

Sin respiro, sin aliento, vamos de la emoción al suspense, de la intriga a la traición, inmersos en una trama sólida, sin fisuras, narrada con fluidez y con ritmo, y con una ambientación exquisita. Una novela histórica absolutamente recomendable.
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domingo, 4 de abril de 2010

El esclavo de la arena - Gordon Russell

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en www.ciberanika.com

Editorial Grijalbo, Enero 2010
Género: Novela
413 páginas


Valerio, médico de oficio y antiguo gladiador, es ahora esclavo en las minas que abastecen de mármol la construcción del Coliseo de Roma. Sus ansias de venganza le obligan a perseguir la libertad y, una vez conseguida ésta, se verá inmerso en un viaje que lo alejará de su objetivo.

Obligado a ocultarse de las tropas imperiales en Oriente, se convertirá en el cabecilla de un grupo de bandidos que asaltan las caravanas con destino a Roma.
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Quien haya tenido la oportunidad de ver el Coliseo, y todo cuanto lo rodea, coincidirá conmigo en que se trata de una obra soberbia. Y eso a pesar de lo poco que debe parecerse a cómo fue en su época dorada. Los mármoles que adornaban sus muros, las piedras de los palcos, los techos, los artesonados… muchas de esas piezas fueron utilizadas durante el Renacimiento para otras obras de no menor envergadura y desnudaron el que está considerado como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno, además de todo su entorno. A pesar del expolio, el monumento sigue en pie, tal y como el emperador Vespasiano, ávido de ser recordado por la posteridad, tenía en mente a la hora de construirlo. Diez años de trabajo que no llegó a ver concluidos y que sustentan la trama de esta novela.

Construir un edificio como el Coliseo en diez años, en aquella época, supuso todo un reto logístico, técnico y artístico. Miles de personas trabajaron en él y otras muchas padecieron sus consecuencias, perdiendo sus viviendas – situadas en el enclave en el que Vespasiano había programado todo el complejo – sufriendo accidentes al paso de los carros que día y noche transitaban por la ciudad con materiales, trabajando como esclavos en las minas… Toda una maquinaria que se puso en marcha para un único fin y que queda magníficamente reflejado en la novela.

Y ésa es su mejor baza, que transcurre durante el primer tercio de la novela. Luego la acción se traslada a Oriente y el Coliseo pasa a segundo o tercer plano. Son otros temas entonces los que entran en liza: los bandidos que atacan las caravanas con destino a Roma (con materiales para las obras), la persecución de los judíos, las fronteras del Imperio, el entrenamiento de las legiones, los gladiadores… con más tintes de aventura que de otra cosa.

El libro se lee con interés, es innegable, y tiene buen ritmo. Pero también algunos elementos en contra: un punto de “sobrenatural” que no le pega mucho, algunas situaciones o personajes poco aprovechados (como Domiciano), falta de mapas en los que seguir los desplazamientos de los protagonistas, y un final demasiado precipitado, en el que en pocos párrafos se resuelven un sinfín de cuestiones, sin que el lector sepa muy bien cómo ha llegado el autor a finiquitar la historia.

Una novela bastante irregular que, pese a los interesantes temas que trata, no termina de convencer.
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miércoles, 10 de marzo de 2010

Atila. El juicio final - William Napier

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Trilogía de Atila. Volumen III.

La Esfera de los Libros, Septiembre 2009
Género: Novela
628 páginas




Año 449.

Atila ha cruzado el Danubio al frente del ejército más grande del mundo. Su objetivo: conquistar Roma. Pero antes deberá desmembrar el Imperio y para ello atacará primero Constantinopla. En el camino hacia la ciudad, sembrará la destrucción y el caos por donde pase, comenzando por la fortaleza romana de Viminacio.

Sólo un hombre en el Imperio es capaz de enfrentarse al huno: el general Cayo Flavio Aecio, pero nadie parece hacer caso de sus advertencias. Él conoce a Atila y sabe que no se detendrá ante nada para calmar su sed de venganza.
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Esta novela cierra la trilogía sobre Atila y lo hace con un broche de oro, porque éste es el mejor de los tres libros. En los dos primeros la trama se había centrado especialmente en los hunos y en Atila: su niñez, el destierro, el regreso a su pueblo, su coronación, la aglutinación de todos los pueblos hunos bajo su mando, el inicio de su campaña contra Occidente. En esta tercera entrega esa simpatía que había sentido el lector hacia él - debido a la corrupción en el Imperio Romano y a personajes tan ineptos como los emperadores Teodosio y Valentiniano – se vuelca hacia los romanos. Y no hacia los de alta cuna, que siguen siendo inútiles, egoístas y cortos de miras, sino hacia los ciudadanos de a pie, los que deben sufrir el Azote de Dios.

La acción se inicia con el asedio de la fortaleza de Viminacio, en la frontera con el Danubio, y desde ese momento el autor se sitúa en las filas romanas para no abandonarlas, realizando breves “incursiones” al campamento de los hunos para seguir su evolución. De ese modo primero viviremos el asedio de Viminacio, luego el de Constantinopla y por último la batalla de los Campos Cataláunicos, tres episodios que se explican profusamente: la preparación de las defensas, los protagonistas, los ataques, las artimañas de uno y otro bando, la organización de la resistencia… de un modo que atrapa al lector y lo hace situarse sobre esas murallas que los hunos atacan una y otra vez.

En esta tercera parte, el general Aecio comparte protagonismo con Atila, y su personalidad y sus actos son tan nobles que es inevitable que las simpatías que había suscitado el huno acaben por desviarse hacia su enemigo. A ello contribuye también, todo hay que decirlo, la devastación injustificada que Atila deja a su paso, haciendo cierto aquel dicho de que “por donde pasaba su caballo no volvía a crecer la hierba”.

La novela alterna ficción y realidad con fluidez, de forma creíble y amena. Y los personajes son fantásticos, hasta los secundarios de uno y otro bando. Y sobre todos ellos la relación especial de admiración y temor que une a ambos protagonistas: Aecio y Atila, incluso en sus trágicas muertes.

Resulta casi imposible sustraerse al influjo de esta novela, capaz de capturarnos desde las primeras páginas y de emocionarnos con pasajes que nos recuerdan que hasta en la guerra el hombre es capaz de demostrar su nobleza.
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domingo, 7 de marzo de 2010

Atila. Los hunos a las puertas de Roma - William Napier

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Trilogía de Atila. Volumen II.

La Esfera de los Libros, Noviembre 2007
Género: Novela
427 páginas


Atila regresa a su pueblo tras treinta años de exilio, y vuelve para ocupar el trono que le pertenece por derecho. Su objetivo es aglutinar a todas las tribus de hunos para enfrentarse primero a Roma y luego a China.

Acompañado por sus guerreros, recorrerá la inhóspita Escitia y se enfrentará, mediante la fuerza o la astucia, a otros clanes que terminarán uniéndose a su ejército.

Mientras tanto, el poder de Roma decae. Las arcas están vacías, las legiones agotadas tras largos años de enfrentamientos contra las tribus del norte y faltas de buenos generales, y los emperadores no son sino una sombra de sus ancestros.

Desde el Este se cierne una amenaza que no tardará en caer sobre ellos.
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En esta entrega continuamos con la historia de Atila. Pero, lejos de iniciarse con su período en el exilio, el autor inicia la trama con su regreso, con lo que en ningún momento, más que por algunos comentarios, llegamos a saber qué ha estado haciendo durante los treinta años que ha permanecido fuera. Eso sí, regresa como un héroe y no dudará en aprovechar cualquier circunstancia que le proporcione mayor ascendiente sobre los suyos.

William Napier ha sabido recrear la vida cotidiana en el campamento huno, las relaciones familiares, los entrenamientos de los guerreros, los mitos y leyendas, las relaciones con otras tribus y especialmente el largo viaje que llevan a cabo en busca de aliados. A través de su pluma, el lector puede realizar un recorrido por esa Escitia cuajada de nieve, por los desiertos y las montañas, y es capaz de transmitir el clima y las condiciones del viaje con sobresalientes descripciones.

Es innegable que la figura de Atila posee muchos atractivos y Napier sabe explotarlos. Es un magnífico guerrero, pero también un líder nato, astuto y despiadado si la ocasión lo requiere, carismático, firme y tenaz. Eso sí, algunos de sus discursos, o arengas, me han parecido largos en exceso.

Por otro lado, el autor nos muestra la situación de Roma, que ocupa una porción mucho más pequeña. Gala Placidia sigue siendo un personaje a tener en cuenta, igual que Aecio, y ya aparecen en el escenario otros que tendrán su importancia en la tercera y última entrega.

De nuevo William Napier sumerge al lector en una historia apasionante, escrita con soltura y con grandes dosis de acción.

El enfrentamiento entre los dos colosos está a punto de producirse.
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miércoles, 3 de marzo de 2010

Atila. El fin del mundo vendrá del Este - William Napier

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Trilogía de Atila. Volumen I.

La Esfera de los Libros, Abril 2007
Género: Novela
484 páginas
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A comienzos del siglo V el joven Atila, de la tribu de los hunos, es un rehén más en la Roma decadente de la época. Junto a muchachos francos y godos recibe educación con el objeto de que, al marcharse a su tierra, lleve con él las costumbres y el espíritu romano.

Un gran ejército godo se aproxima a la Ciudad Eterna con intención de conquistarla. Y Atila se ha convertido en una herramienta para el emperador Honorio y su hermana Gala Placidia. Gracias a él esperan obtener ayuda de los hunos.

Pero el único sueño del muchacho es escapar de Roma y regresar a su tierra, a la libertad de las grandes llanuras.
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Esta novela se inicia como otras muchas del mismo género. A través de un anciano el autor se sirve para narrar los supuestos hechos que ha presenciado a lo largo de su dilatada vida, y la historia se inicia en el año 408, cuando Atila vivía como rehén en Roma, y abarca hasta su adolescencia.

Como ficción histórica que es, William Napier se permite algunas licencias que incluyen una parte de fantasía, con apariciones y magos druidas, que aunque le restan credibilidad le proporcionan consistencia a la historia. Probablemente habría funcionado mejor sin esa dosis de seres sobrenaturales, pero el conjunto es agradable de leer.

Además, ha cargado un poco las tintas a la hora de hablar sobre la decadencia de Roma, que parece un lupanar a todas horas, y donde todos los vicios se suceden a diario en la mayoría de calles de la ciudad. Todo para ilustrar los sentimientos anti-romanos de Atila y justificar su trayectoria posterior. Esa parte me ha parecido un poco exagerada, igual que algunos de los personajes. Todo vale para montar un escenario en que el bien (Atila) y el mal (Roma) queden claramente identificados. Es un recurso un tanto facilón pero que suele funcionar bastante bien.

La novela está repleta de aventuras y acción, y el lector se identifica rápidamente con ese niño de diez años que es Atila, cuyo único deseo es regresar a su hogar con los suyos, a las estepas y a la libertad de cabalgar a su antojo. Y de su mano recorre parte del Imperio romano, o lo que quedaba de él, y asiste a algunos de los episodios que marcaron su final. Aunque no pueda caracterizarse por su rigor histórico, es evidente que en ella encontramos muchos hechos ciertos y muchos acontecimientos reales.

Uno no debe asomarse a las páginas de este libro para encontrar la explicación a la caída del Imperio Romano. Para eso ya existen ensayos suficientes. Lo que encontrará en esta primera novela de la trilogía es una aventura en toda regla, llena de giros, persecuciones, y un largo viaje lleno de peligros. Con ese espíritu aventurero es con el que se disfrutará de esta novela de principio a fin.
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domingo, 7 de febrero de 2010

El hombre de Damasco - Alejandro Núñez Alonso

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Reseña - por Pilar Alonso

Serie Benasur de Judea, Volumen II
Nabla Ediciones, Septiembre 2009
Género: Novela
925 páginas

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Benasur de Judea es ahora el esposo de la Reina Madre de Garama y el hijo que espera será coronado rey. Antes de su nacimiento, Benasur abandona la ciudad. Sus negocios lo han llevado a firmar un acuerdo con el rey Artabán III, a quien suministrará armamento con el objeto de que acabe enfrentándose a Roma.

En el viaje hacia Oriente, acompañado de Mileto, visitará de nuevo a Tiberio, charlará con Calígula, pasará por Alejandría y Olimpia, y conocerá a Pablo de Tarso, el azote de los seguidores de Jesús.
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En El hombre de Damasco continúa la vida de Benasur de Judea, ahora convertido en el esposo de la Reina Madre de Garama. Y su escriba Mileto vuelve a acompañarle en sus nuevos viajes, que en esta ocasión les llevarán a Alejandría, Pompeya, Antioquía, Olimpia…

En esta entrega de la saga no hay tanta acción como en la primera, pero esa ausencia la suple el autor con una mayor profundización en sus personajes, complejos y extraordinariamente humanos, lejos de esos héroes planos que pueblan tantas y tantas novelas históricas.

En esta ocasión el cristianismo, el de los primeros años tras la muerte de Jesús, está más presente. Las persecuciones a las que se vieron sometidos por otras facciones judías se muestran a través de la figura de Saulo de Tarso, o Pablo de Tarso como acabará siendo conocido, el verdadero “hombre de Damasco”. A través de su historia quedan patentes los primeros tiempos del cristianismo, cómo iba calando el mensaje de Jesús, cómo se iban añadiendo adeptos a su causa e incluso se reinterpretan algunos episodios de las Escrituras, como el de los Reyes Magos de Oriente, uno de los cuales jugará un papel en la trama.

No es fácil leer a Alejandro Núñez Alonso. Su prosa es densa y sus descripciones abundantes. Pero no hay duda de que es capaz de recrear episodios, costumbres y escenarios históricos con una veracidad pasmosa, detallada y rica en matices. De su mano vamos a sufrir la plaga de langosta en Alejandría y a asistir a unos Juegos Olímpicos, por mencionar sólo un par de las maravillas que esta novela reserva al lector.
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sábado, 9 de enero de 2010

Los idus de marzo - Valerio Massimo Manfredi

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Editorial Grijalbo, Noviembre 2009
Género: Novela histórica
303 páginas



“¡Guárdate de los idus de marzo!” Esta fue la célebre advertencia que hizo un adivino a Julio César, infausto presagio de lo que iba a suceder. El complot ya estaba urdido y los conspiradores decididos a dar el golpe fatal. Tampoco las palabras de aviso del adivino fueron las únicas que escuchó César en los días previos al asesinato, pero era tan grande su confianza que las rechazó.

En muchos aspectos, la de César fue una muerte anunciada.

(Sinopsis parcial de la editorial)
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Esta novela, de igual título que otra de Thornton Wilder publicada en los años 70, relata también los últimos días de Julio César, aunque con una estructura muy distinta. Donde Wilder utilizó una serie de supuestas cartas escritas por los protagonistas del momento, que contribuían a conocer en profundidad a los personajes en cuestión, Manfredi ha optado por centrarse más en los acontecimientos que tuvieron que ver con el asesinado de César.

La novela se desarrolla en dos escenarios simultáneamente: la ciudad de Roma por un lado y los caminos que llevan a ella por el otro.

En la ciudad asistimos a los encuentros “secretos” de los conspiradores y a una serie de sospechas que albergan personas conocidas de César. Fuera de Roma, los protagonistas son un grupo de hombres que tratan de llegar a la urbe con un importante mensaje “el águila está en peligro”. Para ello deberán enfrentarse primero a las inclemencias del tiempo y segundo a los enemigos que les salen al encuentro durante el viaje. Distintos hombres por distintos caminos, unos tratando de entregar el mensaje y otros intentando impedirlo.

Son numerosos los pasajes en los que se relatan esas peripecias, en ambos bandos, las largas horas a caballo, los pasos infranqueables, la nieve y el frío, el cansancio, el hambre y los enfrentamientos con la espada. Para mi gusto el autor se ha centrado en exceso en esa vertiente de la novela, con la consiguiente pérdida para la parte que transcurre en Roma.

No existe un protagonista claro en esta historia, excepto la conjura en sí misma. Personajes de ficción se codean con otros reales para narrar aquellos últimos días de la República de forma clara y escueta, sin ahondar en exceso, en un tono bastante ligero y ameno. Y pese a conocer el desenlace, el autor ha sabido mantener la tensión hasta el final. Ese es, para mí, el mayor logro de esta obra.
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domingo, 22 de noviembre de 2009

Entrevista a Santiago Posteguillo por la trilogía de Publio Cornelio Escipión, el Africano

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Entrevista - por Pilar Alonso


Con el último título de esta trilogía, La traición de Roma, Santiago Posteguillo ha vendido 40.000 ejemplares en su primera semana en librerías, todo un récord para una de las sagas históricas más espectaculares de los últimos años.

Santiago estuvo en Barcelona presentando su último libro y nos recibió en su hotel para contestar esta entrevista, todo un lujo y un placer. No sólo es un excelente escritor, también es un magnífico conversador.


- ¿Por qué elegiste a Escipión el Africano como protagonista de tus novelas?

Cuando buscaba un personaje para novelar surgió el nombre de Aníbal, y yo sabía que alguien le había derrotado aunque no exactamente quién. Y allí, como en una esquina, aparecía el nombre de Publio Cornelio Escipión. Me pregunté si es que Aníbal había tenido un mal día o si es que Escipión fue un adversario digno de tenerse en cuenta. Me puse a investigar un poco más antes de continuar con mi búsqueda, porque de Aníbal ya se había escrito mucho y no quería repetir. Y cuanto más buscaba más me atraía el personaje, hasta que me decidí.



- Africanus, el hijo del cónsul, fue tu primera novela y la primera entrega de la trilogía. ¿No te daba miedo en tu primera incursión en la literatura optar por un proyecto tan ambicioso?

Al principio no te planteas escribir una trilogía, quieres contar algo y pasártelo bien. Empecé con la primera, llegué a 500 páginas y Escipión tenía 17 años. Pensé: “esto no lo va a publicar nadie”. Era un proyecto muy grande. Antes de continuar con él decidí probar a ver si podía publicar la primera parte y después de un montón de respuestas negativas, una editorial pequeña decidió arriesgarse. Poco después Ediciones B se puso en contacto conmigo para decirme que estaban también interesados y firmamos para una segunda novela.



- A la hora de hablar de los mejores estrategas de la Historia Antigua siempre se han barajado tres nombres: Alejandro Magno, Aníbal y Julio César. ¿Crees que Escipión debería formar parte de esa lista?

Yo creo que sí. Y ese es otro motivo más que justifica la elección de Escipión, un personaje casi desconocido.



- A partir del segundo libro, las mujeres adquieren mayor relevancia en la trama. ¿A qué se debió ese cambio?

De hecho, una compañera del Departamento, tras leerse la primera novela, me llamó la atención sobre ese asunto, me comentó que las mujeres tenían un papel demasiado secundario en la trama y eso me hizo darme cuenta de que quizás había descuidado un poco ese aspecto. Así descubrí a Sofonisba, por ejemplo, un personaje magnífico de Las legiones malditas. Y en la tercera parte le otorgué un protagonismo especial a la hija pequeña de Escipión: Cornelia la Menor.



- En tu tercera entrega introduces un elemento nuevo: las supuestas Memorias de Publio Cornelio Escipión. ¿Por qué no utilizaste antes ese recurso?

Se sabe que escribió unas Memorias, que no nos han llegado, y se supone que se escribieron en griego, en dialecto dórico concretamente. Cuando me enfrenté a la tercera novela no sabía muy bien cómo afrontarla, me apetecía aventurarme en algo un poco diferente. Y además, después de 1600 páginas, Escipión quería hablar, y en primera persona, sin necesidad del narrador. Introduje algunas pinceladas al principio de cada capítulo, como en unas Memorias, y me gustó el efecto.



- La saga está repleta de momentos fascinantes. ¿Tienes alguna escena o pasaje favorito, con el que disfrutaras especialmente a la hora de escribir?

En las tres novelas hay escenas que por un motivo u otro me han emocionado, al menos diez o doce me parecen especiales. La primera de ellas fue la muerte de Cneo Cornelio Escipión, el tío de el Africanus, un personaje muy entrañable que había tenido una relación muy íntima con Publio. Su muerte es muy épica, hermosa, él solo frente al enemigo, que no puede evitar admirar su valor, y a lo lejos sus propios soldados, viéndole morir.

Ya en la tercera parte, me gusta mucho cuando Escipión se encuentra por primera vez con su hija pequeña, Cornelia, que tiene tres años y se esconde detrás de la hermana mayor.

Y le tengo cariño a la escena del epílogo de esa misma novela, cuando se incendia la Biblioteca de Alejandría, porque es un pequeño homenaje a una de mis novelas favoritas: El nombre de la Rosa.

Y por supuesto a las escenas de las muertes tanto de Escipión como de Aníbal, que son muy diferentes. Aunque la de Aníbal es más épica, escribí ambas con mucha emoción.



- Después de años de convivir y trabajar con tantos y tan variados personajes, ¿llegaste a tomarle especial cariño a alguno de ellos?

A todos, pero tal vez un poco más a Plauto, el autor de teatro, porque me he identificado más con él y he compartido el sufrimiento de ser un escritor reconocido.

Y ese reconocimiento tiene su premio en mensajes como el que me hizo llegar un adolescente, que decía: “Tengo 15 años y odiaba leer. Desde que he leído tus novelas, leo un montón”. Nada puede satisfacer más a un escritor.
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- Primero Fabio Máximo y luego Catón parecen obsesionados con la idea de que Escipión pretendía convertirse en Rey y acabar con la República. Ambos hacen el papel de malos en la trama pero ¿realmente eran tan malvados como aparecen en tus libros?

He recibido algún comentario en ese sentido, pero lo cierto es que necesitaba un oponente total. No niego que Fabio Máximo fue un gran estadista, un gran político y un gran orador, pero en la conquista de Tarento le ayudan desde dentro para que tome la ciudad y una vez conseguido hace matar a los que le ayudaron, con la esperanza de que no se sepa, para que la victoria se considere sólo suya. Y eso no me parece una actitud muy gloriosa ni de ser buena persona.

En cuanto a Catón, está documentado que llevó a juicio a los Escipiones, que tampoco eran unos santos, en multitud de ocasiones y que, como digo en la Nota histórica del libro, al final de su vida traicionó muchas de las creencias por las que había luchado.



- Las vidas de Escipión y Aníbal parecen íntimamente ligadas por el destino en tus novelas. ¿Eso fue realmente así o forma parte de la ficción?

Es así, eso es totalmente histórico. Ambos fueron importantes generales, ambos obligados a exiliarse, y murieron muy próximos en el tiempo. Y para mayor carga épica, de ninguno de los dos se conoce la ubicación exacta de su tumba.



- Una curiosidad. En varias ocasiones, ante la llegada de un hijo, el pater familias debía realizar el ritual de aceptar al recién nacido en la familia. En todos los casos que aparecen en la saga, la aceptación se lleva a cabo. Pero ¿por qué motivos podía rechazarse a un niño y qué sucedía con aquellos vástagos que no eran reconocidos por sus padres o eran repudiados por éstos?

Lo cierto es que el rechazo no era la norma habitual. Pero un niño podía ser rechazado por malformaciones físicas, por ser hembra o porque el padre no lo reconociera como propio. En esos casos, se le podía dar muerte o podía ser abandonado.



- ¿Se ha llegado a plantear la posibilidad de llevar tus novelas a la gran pantalla?

Aún no, y ése es un largo proceso. Pero si alguien se interesara, tendría que ser un proyecto que me convenciera y que reflejara el espíritu de mis novelas.



- Digamos que algún lector quiere continuar con la historia, con lo que sucedió tras las muertes de Escipión y de Aníbal. ¿Qué lecturas recomendarías?

Hay bastantes cosas escritas pero, si tuviera que elegir, yo seguiría con Numancia, de Jose Luis Corral. Es otro estilo de novela, pero encaja con la época inmediatamente posterior, con Escipión Emiliano como protagonista.

Seguiría con la saga de Roma de Colleen McCullough. Luego con Robert Graves y con Quo Vadis, de Henryk Sienkiewicz.



- Has dedicado más de seis años a este proyecto, ¿ahora qué?

Ahora estoy buscando otro personaje para novelar, también alguien que no sea demasiado conocido, aunque de momento no puedo adelantar nada.
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lunes, 16 de noviembre de 2009

La traición de Roma - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso

Ediciones B, Octubre 2009
Género: Novela histórica
871 páginas



Publio Cornelio Escipión ha conseguido derrotar a Aníbal y finalizar así la tarea que iniciaron su padre y su tío.

Alejada ya la amenaza de Cartago, los ojos de Roma se vuelven hacia Asia, donde Antíoco III de Siria pretende recomponer el gran imperio que conquistara en su día Alejandro Magno. Pero, para hacerlo, se ha enfrentado a ciudades aliadas de Roma, Pérgamo entre ellas. Y Aníbal parece formar parte del inmenso ejército del rey sirio.

Publio Cornelio volverá a los campos de batalla, esta vez como asesor de su hermano Lucio, ahora cónsul de Roma. Y de nuevo con tropas escasas.

En la ciudad de Roma, Marco Porcio Catón ha sucedido en su campaña contra los Escipiones al fallecido Fabio Máximo, y lo ha hecho con el mismo ímpetu y rigor. No dudará en someter a juicio al mismo Publio Cornelio con tal de restarle influencia entre los ciudadanos de Roma.

Y Publio Cornelio deberá luchar en esta ocasión en una guerra en la que las palabras sustituyen a las espadas.
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La traición de Roma cierra la trilogía sobre Publio Cornelio Escipión. Con Cartago derrotada, de repente el mundo parece abrirse ante nuestros ojos. Ya no nos encontramos en la parte occidental del Mediterráneo, ahora la acción se desarrolla también en la parte oriental y esos nuevos escenarios serán testigos de las nuevas hazañas del protagonista. Aníbal no ha desaparecido, continúa en escena, al igual que Catón, que sigue con sus maquinaciones para desprestigiar a Escipión, y sobre ese planteamiento se desarrollarán los últimos años del general.

La estructura de esta novela difiere un poco de las anteriores. Ahora nos encontramos también con fragmentos de las Memorias de Escipión. Como reconoce el mismo autor, se sabe que dichas memorias fueron escritas, aunque no hayan llegado a nuestros días. Con el rigor que le caracteriza, Santiago Posteguillo las ha recreado como él supone que debieron ser, y el resultado es más que aceptable.

En este libro, el Publio Cornelio que tenemos ante nosotros ha variado un poco con respecto a los dos anteriores. Su éxito en las distintas campañas parecen haberle henchido de vanidad y su actuación no siempre resulta del agrado del lector. Su intransigencia y su exceso de orgullo son bazas que juegan en su contra y que al final terminarán pasándole factura.

Esta novela incide más en la parte que se desarrolla en Roma y que resulta tan interesante como la que acontece en los campos de batalla o en las cortes extranjeras. El autor vuelve a demostrar el ímprobo trabajo de documentación llevado a cabo para este proyecto y vuelve a rellenar los huecos con hechos que bien pudieron haberse desarrollado justo así.

Sigue habiendo momentos emotivos, tensos, dramáticos, sugerentes y épicos, una combinación que obtiene resultados excelentes. Y vuelve a ser una de esas novelas que es casi imposible abandonar hasta el final, un final que no por sabido es previsible.

La traición de Roma culmina un trabajo de más de seis años y para el lector, para mí al menos, deja un hueco que va ser muy difícil de llenar. Me he despedido de unos personajes que me han acompañado durante más de 2.300 páginas, de cuyas vidas y aventuras me he empapado hasta altas horas de la madrugada y que luego han poblado mis sueños. Sin duda ha sido una triste despedida.
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jueves, 12 de noviembre de 2009

Las legiones malditas - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso

Ediciones B, Julio 2009
Género: Novela histórica
860 páginas



Publio Cornelio Escipión ha logrado una gran victoria en Hispania pero no ha conseguido vencer a Aníbal, que continúa en el sur de Italia aguardando su oportunidad.

El joven general, ahora convertido en cónsul, solicitará legiones al Senado para enfrentarse al cartaginés. Pero en el corazón de Roma sus enemigos continúan siendo poderosos y harán lo posible para frustrar los planes de Publio Cornelio.

De ese modo sólo se le asignarán dos legiones, las llamadas legiones malditas, desterradas en Sicilia desde la derrota de Cannae, más de siete años atrás. Con esas tropas desentrenadas, decepcionadas y mal pertrechadas, deberá llevar a cabo sus planes.

Sus enemigos, Fabio Máximo y Catón, esperan deshacerse de ese modo del general, demasiado ambicioso para su gusto. No cuentan con que el Africanus está hecho de una pasta especial.
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Como ya aconteciera con su anterior novela, en Las legiones malditas Santiago Posteguillo vuelve a demostrar su gran calidad narrativa. En esta ocasión tal vez la novela adolezca de algunos fallos por falta de una buena revisión, pero es un mal menor para un libro que en todo lo demás vuelve a estar a la altura de los mejores.

En esta entrega los personajes femeninos disfrutan de mayor protagonismo, a diferencia del libro anterior, y ese protagonismo se refleja en una serie de historias de componente algo más sentimental que, lejos de malograr el conjunto, lo dotan de un realismo aún mayor.

El personaje de Publio Cornelio vuelve a acaparar casi toda la atención, sin olvidar nunca a sus enemigos Fabio Máximo y Catón en la misma Roma, o a Aníbal, que continúa su campaña en la península itálica.

El gran general romano no debía enfrentarse sólo al peligro que suponían las tropas cartaginesas, sus mayores rivales se encontraban en el interior de su misma ciudad. Y es que el autor no sólo nos brinda la posibilidad de asistir como espectadores privilegiados al desarrollo de sus campañas, también nos ofrece una visión pormenorizada de lo que sucedía en la misma Roma, en especial en el Senado, donde los políticos se enfrentaban a diario con los miembros afectos a los Escipiones, convencidos de que demasiado poder en un sólo hombre podía desestabilizar la República tal y como la conocían.

Aún habría que esperar mucho para que esa República se convirtiera en Imperio, pero es cierto que muchos veían a Publio Cornelio Escipión como una amenaza, y tal vez no sin motivos. A las victorias y al buen hacer de Escipión se contraponen las maquinaciones de sus enemigos, los “malos de la película”. Es evidente que el autor ha cargado un poco las tintas a la hora de desarrollar los personajes que se oponen al protagonista, pero también es cierto que los datos históricos se prestan a ello y que necesitaba antagonistas de peso para equilibrar la trama.

La novela vuelve a recrear la vida cotidiana en Roma, las sesiones del Senado, las obras de teatro de Plauto y sobre todo los campos de batalla. Hay momentos de gran tensión dramática, momentos emotivos y momentos que invitan a la reflexión, sin olvidar aquellos otros de gran contenido épico, que son los que sustentan el alma a la novela.

De nuevo, una obra impresionante, bien planteada y escrita, tan interesante y tan absorbente que resulta en extremo difícil sustraerse a su influjo.
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sábado, 7 de noviembre de 2009

Africanus, el hijo del cónsul - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Ediciones B, Octubre 2008
Género: Novela histórica
716 páginas



Roma, año 235 a.C. El cónsul Publio Cornelio Escipión está a punto de ser padre de un hijo que llevará su nombre y que pasará a la historia como el Africanus.

Mientras eso sucede, Macedonia y Cartago se han aliado para enfrentarse a Roma y en Hispania desembarcarán las tropas de Amílcar Barca para iniciar su conquista.

Publio Cornelio Escipión padre y su hermano Cneo deberán ocuparse de la educación del primogénito de la familia, hasta que ellos mismos deban desplazarse a Hispania a enfrentarse con Aníbal, que ha sucedido a su padre Amílcar.

A los diecisiete años, Publio Cornelio Escipión hijo se unirá a las tropas de su padre en Hispania, e iniciará así una carrera militar llena de desafíos y obstáculos, mientras en Roma el senador Quinto Fabio Máximo trata de minar la ascendente trayectoria de sus enemigos, los Escipiones.

El Africanus luchará en Tesino, Trebia, Trasimeno o Cannae, donde Aníbal se mostrará como un formidable enemigo.

Nuevamente en Hispania, Publio hijo deberá demostrar su valía.
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Sumergirse en esta novela es retroceder al pasado de un plumazo. Este comentario, que puede parecer obvio, no se cumple siempre que nos encontramos ante una novela histórica. El autor ha de saber conjugar muy bien los datos históricos y la ficción para crear una trama atractiva, debe dominar la tensión narrativa, debe rodear todo el conjunto de una ambientación exquisita y dotar de vida propia a sus personajes. Y eso es justamente lo que ha conseguido Santiago Posteguillo con su primera novela publicada.

Así, casi sin quererlo, me vi transportada al siglo III a.C., cuando Aníbal, general de Cartago, había invadido Hispania y avanzaba con sus tropas por Europa en dirección a la todopoderosa Roma.

Y mientras la amenaza se cernía sobre la ciudad del Tíber, crecía el que sería llamado a derrotarle: Publio Cornelio Escipión, el Africano. Esta novela, la primera de una trilogía, narra los primeros años del joven, y las vidas de su padre y su tío, ambos derrotados por las tropas del cartaginés.

No importa que esos sean hechos más o menos conocidos, el autor los ha recreado con maestría, llenando los huecos históricos con una ficción más que plausible, planteada con esmero, sin fisuras, en la línea de lo que sucedía en aquellos tiempos. Por ello, pese a ser conscientes de que algunos episodios que aparecen en el libro puede no ser reales, resultan totalmente creíbles y ése es un gran logro para una novela de este género, donde a veces los autores tienden a trasladar, no siempre de forma consciente, situaciones o comportamientos actuales que, extrapolados a otro momento histórico, chirrían.

La novela tiene una estructura cómoda, capítulos cortos que se suceden en distintos escenarios, un glosario al final para consultar algunos datos y diagramas que ilustran la situación de las tropas en las distintas batallas. Porque las batallas son quizá en lo que más incide Santiago Posteguillo, y lo hace de forma que el lector puede recorrer las distintas tropas, ya sea en un frente o en el otro, con una narración fluida y con la suficiente claridad como para que resulte sencillo imaginar el escenario.

Africanus, el hijo del cónsul es una novela histórica magnífica, digna de figurar en las bibliotecas más exigentes. Rigor histórico, buena prosa, cuidada ambientación, maravillosos personajes... pocos fallos se le pueden encontrar a una de las mejores novelas de los últimos años.
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domingo, 21 de junio de 2009

Vidas de los césares - Anthony Barrett ed.

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Reseñas - por Pilar Alonso y publicada originalmente en www.ciberanika.com
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Editorial Crítica
510 páginas
Género: Divulgación
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Doce especialistas en Historia de Roma se unen para retratar a otros tantos césares, desde Augusto en el año 27 a.C. hasta Justiniano en el 565 d.C., sus logros y conquistas, sus perversiones y sus crímenes.
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El historiador romano Suetonio publicó allá por el año 122 las vidas de los doce primeros césares, desde Julio César a Domiciano, y en ellas se basaron autores de la talla de Shakespeare o Robert Graves para sus propias obras.
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Pues bien, Anthony Barrett ha querido hacer algo similar, aunque con otros doce césares. No aparece Julio César y la historia se inicia con Augusto.
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Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón le siguen en el mismo orden de Suetonio. Luego salta a Vespasiano, de ahí a Adriano, luego Marco Aurelio, Septimio Severo, Diocleciano, Constantino y Justiniano. Los primeros se sucedieron históricamente. A partir de Nerón se producen saltos en el tiempo para elegir sólo a algunos, aquellos que han tenido un mayor significado histórico, al menos a juicio del editor.

Los primeros césares están lo bastante próximos temporalmente como para poder seguir la evolución del Imperio. En aquellos en los que el salto es menor, existen unas páginas previas que ponen en antecedentes al lector acerca de lo ocurrido en esa laguna. Dichos antecedentes son mucho más escuetos en aquellos muy lejanos unos de otros.

El planteamiento es sencillo. Cada capítulo está dedicado a un césar en concreto. Primero los antecedentes, luego su trayectoria vital y por último sus logros, ya sean económicos, militares o sociales. Es evidente que resumir en pocas páginas las vidas de estos personajes deja muchos temas sin tratar en profundidad, pero como aproximación a varias de las figuras más famosas del Imperio Romano es más que suficiente.

La historia no es una ciencia exacta. Cada cual la cuenta a su manera, y dependiendo de si el personaje te cae o no simpático, tus apreciaciones pueden variar muchísimo. Esta obra, en cambio, pretende mostrar a estos césares del modo más objetivo posible, desmitificando incluso actos o situaciones que hemos dado por ciertos toda la vida, y teniendo en cuenta las distintas versiones, opiniones o estudios que han ido surgiendo a lo largo de años y años de trabajo. Y donde hay lagunas, donde los datos no pueden ser comprobados, no se rellenan con paja, se reconoce simplemente que sobre ese tema en concreto no se sabe mucho más. A la espera de que algún día aparezcan nuevos documentos que llenen los enormes espacios en blanco.

Por eso me ha parecido un trabajo serio, bien documentado y estructurado, didáctico, entretenido, variado, accesible y sugerente.
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domingo, 26 de abril de 2009

Prohibido besar

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Apuntes - por Pilar Alonso

Tiberio, emperador de Roma tras la muerte de Augusto, gobernó desde el año 14 hasta el 37. No ha pasado a la historia por ser precisamente un emperador modelo y según parece su mandato estuvo marcado por la confusión, la inactividad y la desconfianza.

Pasó gran parte de su gobierno alejado de Roma, primero en Rodas, luego en Campania y finalmente en la isla de Capri, y descargó gran parte de su tarea en Sejano, el jefe de su guardia pretoriana, un personaje infame, al decir de la mayoría.

Alejado o no de la Urbs, en el año 19 promulgó un edicto en el que se prohibían los besos. Al parecer era costumbre extendida entre los romanos besarse como forma de saludo, y el emperador distinguía así a sus ciudadanos preeminentes. Pero aquel año hubo un brote de sicosis, una enfermedad inflamatoria de la piel que afecta a los folículos pilosos, especialmente en la barba, y provoca erupciones bastante desagradables.

Así es que Tiberio, que era un poco maniático y que tenía además un cutis delicado, prohibió los besos. De esa manera evitó honrar con un ósculo a aquellos a los que se sentía obligado a besar, por si eran portadores de la enfermedad y podían contagiársela.

No sé cuánto tiempo duró dicha prohibición, pero seguro que la historia se perdió un buen puñado de besos.
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martes, 24 de marzo de 2009

El lazo de púrpura - Alejandro Núñez Alonso

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com

Serie Benasur de Judea, Volumen I
Nabla Ediciones

719 páginas
Género: Novela


Benasur de Judea es un rico comerciante judío que odia a Roma y lo que representa. Su máxima aspiración: armar un ejército capaz de enfrentarse al Imperio.

Para ello recorrerá los confines del mundo conocido, cerrando tratos y sentando las bases del nuevo orden de cosas que quiere imponer. Roma, Gades, Garama, Alejandría y Jerusalén serán los escenarios principales donde se desarrollará la acción.
Alejandro Núñez Alonso (Gijón 1905 – Montreal 1982), considerado por muchos como el mejor escritor español de novela histórica, cosechó gran éxito con sus novelas, y consiguió el Premio Nacional de Literatura en 1957 (con El lazo de púrpura) y el Premio de la Crítica en 1965. Sus novelas se reeditaron en muchas ocasiones y, un buen día, cayeron en el olvido. Ahora Nabla Ediciones ha rescatado del baúl esta magnífica obra, y no es la única.

El lazo de púrpura se sitúa bajo el mandato de Tiberio (14-37 d.C.) y se desarrolla desde el punto de vista de Benasur de Judea y de su escriba Mileto. A través de ambos el autor teje una compleja trama entre la historia y la ficción que dota a su obra de gran realismo, al mismo tiempo que su erudición le permiten confeccionar un fresco de la vida en los distintos puntos del Imperio Romano, e incluso de fuera de él, que es una delicia para los sentidos.

Con una prosa esmerada y rica en matices, el lector realiza un recorrido no sólo por las ciudades que componen el itinerario del protagonista, sino que, además, asiste a multitud de situaciones cotidianas bien documentadas, ya sean transacciones comerciales, costumbres en la comida o el vestido, o estrategias políticas, todo con gran profusión de datos.

Los personajes son complejos y bien desarrollados y los escenarios están trabajados con un detalle que puede llegar a abrumar al lector, pero donde todo contribuye a crear una atmósfera tan vívida que resulta difícil sustraerse a su embrujo.

No obstante, antes de aventurarse en las páginas de esta novela, hay que tener en cuenta la época en la que fue escrita: los años 50 del siglo XX. Sólo así podemos comprender algunos de los episodios que aparecen en la obra, especialmente los sucesos que se desarrollan en Jerusalén, en tiempos de Jesús, la última parte de la novela y, para mi gusto, la que suscita menor interés.

De lo que no hay duda es de que Nabla Ediciones ha hecho un gran favor a los amantes de la novela histórica, porque El lazo de púrpura es probablemente de las mejores que yo haya leído.


Y no han sido pocas.
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miércoles, 25 de febrero de 2009

El hijo de César - John Williams

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com

Editorial Pàmies
318 páginas
Género: Novela

Esta novela, ganadora del National Book Award, narra uno de los momentos más importantes de la Historia de Occidente. Cuando Julio César muere asesinado en el año 44 a.C., establece en su testamente que Octavio, a quien ha adoptado como hijo, debe sucederle al frente de Roma.

Pero Octavio sólo tiene dieciocho años, y serán muchos los que intentarán que no se cumpla la última voluntad de César. El joven deberá enfrentarse a multitud de enemigos, Marco Antonio entre ellos, y sentar las bases de un gobierno que perduraría durante más de cuarenta años.

Opinión

La historia de Roma es apasionante. No importa lo lejos que quede en el tiempo, siempre me parece que todo sucedió hace apenas unos años, tal vez cuando era niña, y por eso siempre me resulta tan fascinante adentrarme en ella. No soy consciente de que todo aconteció hace ya más de dos mil años, y reparar en ello me produce una nostalgia difícil de explicar.

No todas las obras consiguen transportarme con la misma facilidad a la Roma Clásica, pero sin duda El hijo de César ha sido una de ellas. Totalmente epistolar, narra una de las épocas más importantes de la historia de occidente. El hecho de que toda la trama se desarrolle a través de las cartas de una serie de personajes fue un poco como estar allí, como ser testigo directo de los acontecimientos, como si yo fuese la destinataria de esas misivas. Y la sensación no me abandonó en ningún momento.

Así, estuve con Octavio Augusto en Apolonia (la actual Albania) adiestrándome con el ejército cuando recibí la noticia de la muerte de César. Y sentí sobre los hombros de mis dieciocho años caer el peso de un Imperio. Y tomé junto a él varias decisiones importantes: la primera, que aceptaría la última voluntad de su padre adoptivo. La segunda, que a partir de ese momento no podría confiar en nadie, todos pasaban a convertirse en un enemigo en potencia. Y la tercera, que lo primero que haría sería vengar la muerte de Julio César.

Aunque, claro, también milité en el bando del enemigo, tramando complots con Cicerón, Marco Antonio o Bruto o tejiendo telas de araña con las manos de Cleopatra.

Además, escribí versos con Virgilio y Horacio, y la historia de Roma con Tito Livio. Me enfrenté a los enemigos del Imperio junto a Marco Agripa y, en la segunda parte del libro, viví exiliada en una isla junto a Julia, la hija de Octavio.

John Williams ha sido capaz de transmitirme todo eso, de hacerme partícipe de una historia sugerente mediante un ritmo adecuado, una prosa cuidada y una buena ambientación.

No hay que olvidar, no obstante, que El hijo de César es una obra de ficción y que, como tal, se ha tomado algunas licencias con sucesos históricos o personajes. Las cartas son invención del autor, algunos hechos se han adaptado o modificado para seguir el hilo argumental, y es probable que los entendidos en la historia de Roma descubran en esta obra errores o tergiversaciones. Pero, a cualquiera que le interese mínimamente este período, encontrará en esta novela un modo de aproximarse a él y de observar, por encima del hombro de sus personajes, una época fascinante.
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sábado, 21 de febrero de 2009

Trajano Triunfador

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Apuntes - por Pilar Alonso

Trajano, el primer emperador romano procedente de Hispania, gobernó desde el año 98 hasta el 117.

Puso en marcha un sistema de asistencia a las familias más pobres, propició el desarrollo provincial, llevó a cabo muchas obras urbanísticas (calzadas, monumentos, acueductos...), mejoró las comunicaciones, celebró juegos y luchas de gladiadores, y mediante la conquista (era, ante todo, un soldado) se hizo fuerte en política exterior, obteniendo grandes botines de guerra y nuevas provincias: Asiria y Mesopotamia entre ellas. Por todo ello el pueblo le admiraba y el Senado le respetaba. Fue tal su popularidad que era conocido, de manera informal, como el Optimus Princeps (el mejor príncipe), el primero del Imperio en ostentar ese título.

Enfermó mientras se hallaba de campaña en Oriente (los judíos se habían rebelado y la nueva provincia de Mesopotamia se les había unido) y falleció durante su regreso a Roma. Sus cenizas fueron transportadas a la urbe por su esposa, Plotina.

Era costumbre en Roma celebrar las victorias militares con un gran desfile, en el que los generales victoriosos desfilaban junto a sus tropas, acompañados por los prisioneros y el botín de guerra, en muchos casos tan abundante que el desfile podía durar más de un día.

Pero Trajano había muerto antes de alcanzar la metrópoli, sin poder disfrutar de su última victoria sobre los partos. Y a pesar de ello, obtuvo su desfile triunfal. Se construyó un maniquí imitando su figura y de ese modo pudo subirse al carro que le haría desfilar, por última vez, por las calles de Roma.
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