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viernes, 10 de septiembre de 2010

Entrevista a Almudena de Arteaga por "Ángeles custodios"

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por Pilar Alonso. Publicada originalmente en www.ciberanika.com



Almudena de Arteaga es licenciada en Derecho y diplomada en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria. Ha publicado ya varios libros entre novelas, biografías y ensayos, entre ellos La princesa de Éboli; María de Molina. Tres coronas medievales (premio Alfonso X el Sabio) o Beatriz Galindo, La latina (Premio Algaba).

Escritora, articulista, conferenciante… esta apasionante y ocupada mujer nos hizo un hueco para contestar a esta entrevista sobre su último libro: Ángeles custodios, la historia de una expedición a comienzos del siglo XIX para llevar la vacuna contra la viruela a todas las tierras que componían el Imperio Español.



- ¿Cómo surgió la idea de escribir Ángeles custodios?

Hace años cuando Ana pastor era ministra de Sanidad supe de las celebraciones del segundo centenario de esta expedición y me pareció apasionante. La primera vacuna que existió, un médico amante de la filantropía y 22 huérfanos como vía para propagarla por toda sur America y Filipinas en sus propios cuerpos. No faltaba nada para que resultase una buena novela y cuando terminé con los proyectos en los que estaba en ese momento, me decidí por esta historia.



- ¿Cómo descubriste la historia de Isabel Cendal, la protagonista?

Investigando y leyendo todos los ensayos que sobre la expedición filantrópica de Balmis existían. A ella en México incluso le han puesto el nombre de una escuela de enfermería y es que algunos la catalogan como la primera pediatra que existió.



- La historia es impresionante. ¿Qué es lo que más te llamó la atención a ti o qué destacarías de ella?

El que pasase tan desapercibida. Si Balmis y los protagonistas hubiesen sido aventureros franceses o ingleses se hubiese conocido en todo el mundo. Quizá se olvido porque al final de la expedición Carlos IV estaba a punto de ser expulsado de España por los franceses y aquello que tendría que haber sido titular en las gacetas pasó a segundo plano.
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- La novela cuenta con una base documental importante. Ahora mismo se me ocurre, por ejemplo, los nombres y apellidos de muchos de los niños que participaron en aquella expedición. ¿Fue una labor muy dura recabar la información?

Siempre es difícil recabar información pero en este caso varios profesores y profesoras de diferentes universidades lo descubrieron y publicaron en diversos ensayos. Al final del libro se encuentra toda la bibliografía de la que me serví.



- La novela tiene momentos muy intensos. ¿Ha habido algún pasaje que te haya costado especialmente escribir?

El encuentro del hijo adoptivo por Isabel para llevarlo al hospicio creo que es bastante impactante. De todas maneras disfruté pergeñando aquel drama con final feliz.



- La atracción que parecía sentir el doctor Balmis, al frente de la expedición, por Isabel Cendal, ¿es producto de la ficción?

Dos cosas son ficción. El trío amoroso que aparece y la figura de Juanillo el grumete del barco. Son las cosas que como escritora invento para rellenar las lagunas que deja la historia y que la hacen más entretenida. Sin ellas no podría existir la novela como tal pero en nada cambia la veracidad de la hazaña narrada.



- En la novela hablas de un remedio que lady Montagu trajo de Asia, también contra la viruela si no me equivoco. ¿En qué consistía ese remedio, que parece causó muchas muertes?

En inocular la misma viruela mortal en poca cantidad. Es algo que por ejemplo en Jadreque, Guadalajara, las curanderas también practicaban. Si el paciente estaba fuerte superaba la enfermedad, si por el contrario no lo lograba muchas veces moría.
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- En tu historia hay personajes entrañables. ¿Le cogiste especial cariño a alguno de ellos?

Cuando pasas meses con ellos, hablando y sintiendo por ellos; es inevitable



- Has publicado novelas, ensayos y biografías. ¿En qué género te encuentras más cómoda a la hora de escribir?

Siempre en la novela. Te brinda la oportunidad de soñar sin tener que encorsetarte.



- ¿Estás preparando ya algún nuevo trabajo? ¿Puedes adelantarnos algo?

Una historia de manoleteras, duquesas y músicos en la España de finales del siglo XVIII. Es una novela histórica de pasiones e intriga. Más no puedo revelar.
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sábado, 7 de agosto de 2010

Entrevista a Juan Eslava Galán por "Rey Lobo"

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por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/


Doctor en Filosofía y Letras, Juan Eslava Galán tiene varias novelas publicadas: En busca del unicornio (Premio Planeta 1987), El comedido hidalgo (Premio Ateneo de Sevilla 1991), Señorita (Premio Fernando Lara 1998), La Mula (2003)… y varios ensayos, entre ellos: Los iberos, los españoles como fuimos (2004), Los años del miedo (2008) o El catolicismo explicado a las ovejas (2009).

Este prolífico escritor, traducido a varios idiomas, que usa también el pseudónimo de Nicholas Wilcox, acaba de publicar su última novela con Planeta: Rey Lobo. Sobre ella quisimos hacerle algunas preguntas.



- En el año 2004 publicó Los iberos, los españoles como fuimos. ¿Fue entonces cuando surgió la idea de escribir Rey Lobo?

En realidad la idea me rondaba hace más de veinte años. Siempre me ha interesado la cultura ibera y he procurado mantenerme al día en los nuevos descubrimientos. En los libros todo eso parece árido. Por eso he intentado hacer una novela "arqueológica", lo que no quiere decir que no me haya permitido las licencias oportunas.


- Los iberos no han protagonizado precisamente muchas novelas históricas. ¿La suya es una forma de reivindicar nuestro pasado?

Creo que incidimos excesivamente en nuestro pasado Romano (y conste que pienso que a Roma se lo debemos casi todo) en detrimento de otras culturas locales que florecieron antes de la llegada de Roma y seguramente por influencia de otros pueblos anteriores que también influyen en Roma (fenicios, griegos...)


- ¿Cómo trabaja uno con un período del que no hay mucha información? ¿Qué documentación utiliza?

He utilizado toda la información arqueológica disponible y he rellenado los múltiples huecos que quedaban en el mosaico con mi propia imaginación. Por ejemplo, el lobo tenía una gran importancia en la cultura ibera. Yo lo sitúo en el centro del ritual de iniciación del paso del muchacho al guerrero que no sabemos bien cómo era, pero en comparación con otros pueblos del mismo nivel cultural pudo ser así.
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- ¿Es cierta la leyenda acerca del lobo negro, gracias al cual la novela toma el título?

Tenemos que pensar que en Iberia había muchos bosques poblados por lobos y que alguna vez bajaban del norte lobos negros, más grandes, de otra variedad. Sumemos a eso que como pueblo primitivo cualquier anomalía se interpretaba en clave religiosa.



- En una de las notas de su novela habla de distintos modos de ejecución, algunos extremadamente crueles, entre ellos “la mariposa”, que consistía en arrancar en vivo los pulmones del caído y desplegárselos sobre la espalda como si fueran alas. ¿Es cierto que cada tribu tenía su método particular a la hora de ejecutar a un enemigo?

Me temo (o me congratulo) de que esas terribles torturas son parte de lo que he inventado para señalar la barbarie de ciertos pueblos de Iberia. Pero la mariposa es una tortura real, practicada por otros pueblos primitivos.



- En la novela aparece la influencia que otros pueblos, como griegos o fenicios, tuvieron sobre los iberos, cuyas tradiciones fueron perdiéndose o adaptándose. ¿Cree que eran conscientes de ese cambio? ¿Qué tradiciones se resistieron más a desaparecer o cambiar? ¿Alguna de ellas ha perdurado hasta un pasado reciente?

Sin duda alguna eran conscientes del cambio, como nosotros hemos sido conscientes del cambio operado en España en apenas tres generaciones debido a influencias extranjeras. Es inevitable. Hay algunas características de los iberos que perduran entre nosotros: el feroz individualismo y la tendencia a competir con el pueblo de al lado. Yo lo hago notar, con algo de socarronería, en esos episodios de los pastores que dan generoso cobijo al viajero y se congratulan de que no haya topado con los del pueblo vecino que son muy mala gente.



- Una de esas tradiciones parece ser la de representar un duelo en el funeral de algún personaje importante, un simulacro de combate para la familia. ¿Cómo funcionaba?

Los espectáculos gladiatorios para honrar las exequias de un difunto eran bastante comunes en el mediterráneo, aunque el gran público sólo los conoce en relación con la cultura romana. En Iberia también existieron.
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- Una curiosidad. Algunos de sus personajes, a la hora de hablar, utilizan la coletilla “ni po”. ¿Nos puede decir qué significa?

Es una broma dedicada a la gente de mi tierra. En Jaén, a nivel muy popular (que ya casi se ha perdido) solía intensificarse cualquier expresión con la coletilla "ni pollas" cuya abreviación educada era "ni po". Como esos iberos de la novela son gentes de poblados ibéricos del Alto Guadalquivir (poblados, todos ellos, que existieron, ¿eh?) les he permitido ese anacronismo que solo intenta ser un chiste.


- ¿Qué le gustaría que el lector encontrara en su novela?

En primer lugar una historia interesante que te enganche y te conduzca sin desmayo hasta el final. En segundo lugar cierto conocimiento de cómo eran y cómo pensaban los iberos. En tercer lugar, ampliando el objetivo, una visión del Mediterráneo y del mundo unos siglos antes de Cristo, con los vivos contrastes entre el mundo semibárbaro del continente europeo y el más civilizado y complejo de la antigua Persia.


- ¿Con qué parte o personaje del libro ha disfrutado más a la hora de escribir?

Me imagino que en la recreación de la vida en una aldea ibera y en la especial relación de Zumel, el mercenario, con el hijo de su enemigo.


- ¿Está preparando ya algo nuevo? ¿Puede adelantarnos algo?

En otoño publicaré mi próximo libro "De la alpargata al Seiscientos", continuación de "Los años del Miedo".



- Si desea añadir algo más…

Un cordial saludo para todos mis lectores y recordarles que estoy siempre a su disposición en el correo de mi página web http://www.juaneslavagalan.com/
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sábado, 26 de junio de 2010

Entrevista a Antonio Cabanas por El hijo del desierto

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En el marco incomparable del Hotel Casa Fuster, en Barcelona, me encontré con Antonio Cabanas, apasionado de Egipto y, en sus ratos libres, piloto comercial. El escenario era ideal para sumergirse en una buena historia y charlamos sobre Tutmosis III y sobre Ramsés II, pero también sobre serpientes y templos, y sobre la guerra, y la muerte, y el amor.

Su última novela, El hijo del desierto, encierra todas esas cosas y muchas más. Poder hablar con el autor acerca de ella fue todo un privilegio.



- Los no especializados en historia del Antiguo Egipto entienden sus más de 3.000 años de historia como un todo único, aunque hay muchas diferencias entre los distintos períodos. ¿Crees que es un error muy común?

Absolutamente. Cada período fue diferente, todos fueron grandes, y todos tuvieron sus luces y sus sombras, como en todas las épocas, la prueba está en todas mis obras. En este libro en concreto se asoma un Egipto que no es muy conocido, en el que domina la imagen de la guerra. Siempre que pensamos en el Antiguo Egipto lo hacemos en su sociedad civilizada, en su asombrosa cultura, en la monumentalidad de todo lo que hicieron y también en la organización de su sociedad. Pero cuando ves las guerras, cómo eran, te das cuenta de que las guerras son malas siempre. Es una prueba más, sin duda, de que cada período es distinto.



- En la anterior entrevista que te hice por la publicación de El sueño milenario, te preguntábamos cuál te parecía la época dinástica más fascinante de la historia de Egipto y confesabas sentir debilidad por las dinastías III a V. Pero en tus novelas, hasta la fecha, has elegido marcos históricos relacionados con las dinastías XVIII a la XX, que ocupan casi 500 años de historia. ¿Por qué?

A mí el Imperio Antiguo es el que más me gusta, porque en aquella época los faraones eran realmente dioses, eran el poder sobre la tierra. Pero sin embargo he escrito sobre esos otros períodos porque disponen de una documentación mayor para poder llevar al lector realmente lo que ocurrió con cierto rigor. Si nos vamos a la época de Zoser, por ejemplo, ya los velos del tiempo envuelven todo de tal forma que es que complicado y hay que fabular demasiado. En el caso de El hijo del desierto, por ejemplo, hay mucha documentación sobre el período de Tutmosis III y podemos acercar al lector a algo que realmente sí ocurrió.



- ¿Algún día escribirás alguna ambientada en tu período favorito?

Sí, sin duda. Me llevará más documentación o tendré que dar un sesgo diferente, quizá recrear más el ambiente sin generalizar en los personajes históricos y dar mayor protagonismo a un personaje de ficción que me permita fabular.
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- La religión tenía una gran importancia en la vida de los egipcios y había un gran número de dioses grandes y pequeños. Muchos de ellos aparecen en la novela. Supongo que debía ser complicado conocerlos todos y saber a quién debían dirigirse en un determinado momento.

Los conocían perfectamente, como nosotros hasta no hace muchos conocíamos a la mayoría de los Santos. Y hay un hecho fundamental. Los dioses en el Antiguo Egipto realmente vivían con los ciudadanos, la religión lo impregnaba todo y formaba parte de la vida cotidiana. Eran muy santurrones, igual que nuestras abuelas con los rosarios o el santoral. En un período algo posterior al de la novela, los niños llevaban incluso relicarios con un papiro pequeñito en el que había unas inscripciones que les protegían del mal de ojo o de las enfermedades que les pudieran sobrevenir, exactamente igual que nosotros.



- Uno de los episodios que más me han llamado la atención ha sido la matanza de elefantes en Siria durante el reinado de Tutmosis I y que se repetiría con su nieto Tutmosis III. ¿Un sacrificio, un desahogo…? ¿Era una práctica común lo de las cacerías indiscriminadas?

Eran veleidades cinegéticas. Venían de la guerra y por el camino hacían auténticas matanzas para celebrar sus años de reinado o cualquier otra cosa. Es un lado oscuro que forma parte de la obra y que también hay que conocer. Este libro es, en definitiva, un alegato contra la guerra. Y toda esa barbarie del hombre se muestra también en esas cacerías. Eran muy aficionados a la caza, muy propia del faraón y de los guerreros.



- En la novela comentas que cuando el faraón era coronado como tal, adoptaba un nuevo nombre: en el caso de Tutmosis III fue Menjeperre: Rey de Reyes. ¿A qué se debía dicha práctica? ¿Quién escogía el nuevo nombre?

Él se ponía el nombre, era su potestad. Cuando nacían les ponían un nombre. A él lo llamaron Tutmosis, que significa Nacido de Tot. Pero cuando se coronó adoptó el de Menjeperre. Pero tenía además otros tres nombres, que eran litúrgicos: el hijo de Ra, el Horus viviente, Señor de las Dos Tierras…

En concreto Menjeperre significaba dos cosas: primera, el poder para proteger a su pueblo y la segunda, que con ese nombre hacía referencia al poder germinativo, sexual, a que era capaz de tener muchos hijos.



- En un momento dado, uno de los personajes le recomienda a otro que, para comportarse debidamente en una fiesta y seguir los preceptos de las buenas maneras, debe aplicar lo que dice el libro “Sátira de los oficios”. ¿Existe ese libro?

Sí, existe. De hecho son unos textos que forman parte de la literatura clásica egipcia. Es como una especie de enciclopedia de muchas cosas, entre ellas las buenas maneras.



- La figura del escriba no sale muy bien parada en tu novela. Era una figura importante de la administración y muy despreciada al parecer por quienes eran ajenos a ella. ¿Qué hay de cierto en eso?

Es cierto, los militares los despreciaban. En los textos que hemos comentado antes, la Sátira de los oficios, se habla también de los oficios que hay, cuáles son los que debe seguir un hombre para vivir mejor y ser más digno. El de soldado, como están escritos en la época del Imperio Antiguo, sale muy mal parado. Dice que son parias, que van a vivir muy mal y todas las cosas malas que puedas imaginar. Eran considerados gente inculta y del peor estrato social.

Los únicos que sabían leer eran los escribas, que tenían acceso a mucha de la información que se encontraba en los templos. Eran muy minuciosos y muy organizados. En el ejército había uno para cada 200 soldados, y apuntaban todo lo que hacían. Eran terribles, tenían incluso más poder que los comandantes y tenían potestad para imponer castigos. No, no resultaban muy simpáticos a los soldados.



- Heka, la madre adoptiva de Sejemjet, mantiene una estrecha relación con las serpientes, cobras en concreto, que se comportan casi como animales de compañía.

Yo he visto esa relación con las cobras en paisanos de Heka, en el Sur de Egipto, en casas a las que acuden de visita las cobras porque les dan de comer. Lo hacen como amigas, como visitas, recelan de los extraños y se mueven entre los miembros de la familia con absoluta confianza. Hay que tener mucho cuidado con ellas al dormir, porque se acurrucan junto al cuerpo en busca de calor y un movimiento brusco durante la noche puede provocar una mordedura fatal. Los que tratan con ellas han llegado a desarrollar un instinto que les permite moverse con suavidad durante el sueño, para no molestarlas. Es increíble.
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- La misma Heka le dice textualmente a Sejemjet acerca de Tutmosis III “El dios que gobierna esta tierra será recordado por generaciones sin fin. No habrá ningún otro tan poderoso como él”. ¿Eso es realmente así? ¿Más que Seti I o Ramsés II?

Bueno, Ramsés II es un personaje curioso. Él se bastó para hacerse publicidad como nadie, y se apropió de muchas esculturas de otros reyes, una práctica bastante habitual por otro lado. Era un verdadero megalómano y además gobernó durante muchos años. No guerreó casi nada pero lo pareció.

Tutmosis III, en cambio, fue quien realmente expandió el reino de Egipto y le proporcionó mayor gloria.



- Háblanos de Senu. ¿Por qué decidiste incluir un personaje como él en tu novela?

En principio quería que alrededor del protagonista hubiera otros personajes que nos mostraran también cómo era la sociedad de aquel tiempo. Se me ocurrió incluir a Senu, que también era guerrero pero que no tenía nada que ver con Sejemjem, y según iba escribiendo le fui dando protagonismo. No estaba pensado así desde el principio, pero fue asumiendo personalidad a medida que yo avanzaba. Cumple su función y su papel y quise meter un poco de comedia. Me reí mucho escribiendo algunas de sus escenas.



- ¿Por qué crees que Tutmosis III comenzó su persecución contra su antecesora, Hatshepsut, borrando su nombre de las inscripciones de los monumentos y de las listas reales?

Al principio no sólo no la persiguió, sino que mantuvo los altos cargos nombrados por su tía. Sin embargo, en los dos últimos años de su reinado, sin que se sepa muy bien por qué, sí inició esa persecución.




- Eres gran admirador de Naguib Mahfuz, como ya reconociste en nuestra anterior entrevista. Si tuvieras que recomendar a nuestros lectores alguna novela ambientada en el Antiguo Egipto, que no sea de Mahfuz, ¿por cuál te inclinarías?

Novelas sobre el Antiguo Egipto no he leído muchas que me hayan gustado, aunque sí he leído buenos libros. Pero recomendaría un clásico: Sinuhé el Egipcio, de Mika Waltari. A pesar de que no tiene un rigor histórico, es una buena novela.
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miércoles, 9 de junio de 2010

Entrevista a Jesús Maeso de la Torre por "La Cúpula del Mundo"

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por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

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Jesús Maeso de la Torre, considerado como uno de los principales autores de novela histórica de nuestro país, obtuvo el II Premio CajaGranada de Novela Histórica con la novela La Cúpula del Mundo.

En su haber figuran otras obras de éxito, entre ellas: Al-Gazal, el viajero de los dos orientes (2002), El Papa Luna (2002), La profecía del Corán (2006) o El sello del algebrista (2007).

Jesús Maeso de la Torre es un trabajador incansable y un excelente conversador. A pesar de la ajetreada presentación de su novela tuvimos tiempo de charlar sobre ella, una experiencia que disfruté enormemente y que se hizo muy, muy corta.



- Tu novela ha sido la ganadora del II Premio de Novela Histórica CajaGranada ¿Cómo sienta ganar un certamen de tanta repercusión?

Sienta muy bien, porque te hace un poquito más independiente y te da seguridad, y, aunque no es lo más importante, te proporciona cierta libertad. Además, viendo quién era el jurado me di cuenta de que el certamen tenía bastante prestigio, si lo avalaba Random House todavía más, y si lo había ganado antes María Pau Domínguez, cuyo libro había leído, imagínate. Me parecía que había dejado el listón un poco alto, pero a pesar de todo decidí presentarme. Y estoy encantado.



- ¿Cómo surgió la idea de esta novela? ¿Por qué Cristina de Noruega?

Surgió de una forma completamente casual. Estaba de paso en un pueblo de Burgos, Covarrubias, y vi a un grupo de noruegos que se metían en una capilla románica muy pequeña, cantando y enarbolando banderitas mientras rodeaban un féretro, y me extrañó. Entonces le pregunté al párroco quién estaba enterrado allí y me contestó que la princesa Cristina de Noruega, que había traído Alfonso X. Añadió que cuando habían levantado la lápida en 1958 descubrieron en su interior un papelito con un poema y una receta médica, introducidos seguramente por el médico que había ido a buscarla a su país. Entonces me dije: aquí hay una historia.



- ¿Qué hay de cierto en la historia de la embajada castellana que viajó hasta Noruega?

Ese episodio es real. Alfonso X no tenía descendencia de su esposa, Doña Violante, y en un principio se pensó que desposara él mismo a la princesa Cristina, buscando alianzas para obtener la corona del Imperio. Pero el suegro era Jaime I, rey de Aragón, que habría creado problemas si hubiera repudiado a la reina y en el ínterin, además, nació su hijo varón: Don Fernando de la Cerda. Fue así como se decidió que la princesa
Cristina se casara con uno de los infantes, a su elección. Y eligió a Felipe, hermano de Alfonso X.


- Imagino que la parte que transcurre en Noruega habrá sido la más complicada a la hora de documentarte para la novela.

Pues sí, hay muy poca bibliografía. Tuve que acudir a una especialista en runas para conocer las leyendas, cómo se tiraban, cuál era su historia… Sí, sin duda fue la parte más difícil.
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- Beltrán Sina, el protagonista, es un “médico de almas”, lo que hoy sería una especie de psicólogo o psiquiatra ¿no? ¿Era una especialidad muy extendida? A juzgar por los enfrentamientos con don Hernando, el médico de la corte, no parecía estar muy bien vista.

Sí, era una especialidad que sólo se impartía en las universidades de Montpellier y de Salerno, y no, no estaba muy bien vista, cierto. El sacerdote pensaba que las enfermedades del alma las curaban solamente Dios o él mediante la confesión, y por eso había tan pocos “médicos de almas” en el mundo occidental, porque la Iglesia los rechazaba.



- Alfonso X nos hace pensar en un hombre del Renacimiento. ¿Fue un hombre adelantado a su tiempo?

Totalmente. Fue un hombre muy avanzado. Incluso la universidad de París, que era la más prestigiosa del mundo, lo llamaba stupor mundi, “el asombro del mundo”. Era alquimista, poeta, ajedrecista, astrólogo, legislador, hablaba varios idiomas… y todo en un momento en el que la mayoría de los nobles no sabían ni escribir su nombre. Y además no fracasó en su faceta política: legó a su hijo un territorio mayor del que él había heredado de su padre. De haber nacido unos siglos más tarde, creo que habría sido otro Leonardo u otro Miguel Ángel.

Como anécdota, se le considera un personaje tan grande y universal que la NASA, cuando le puso nombre a los principales cráteres de la Luna, llamó a uno Alphonsus en su honor.



- ¿A qué crees que se debió ese empeño en ceñirse la corona de emperador y que tantos quebraderos de cabeza causó? ¿Ambición? ¿Vanidad?

Yo creo que ambas y, además, esa idea mística medieval de que él era el personaje que concitaba sobre su persona las profecías que hablaban de una edad de oro en la que un descendiente de Federico II sería el Rex Mundi, el que ceñiría las tres coronas. Y él se creyó esa persona. Y se lo creyó de tal forma que dejó las arcas de Castilla completamente vacías en la empresa.



- Tras su muerte, ¿continuó la labor de copistas y traductores que él tanto había impulsado? ¿Dónde acabaron todos aquellos miles de volúmenes dedicados al saber?

Siguió la Academia, pero se le retiraron las subvenciones que les daba el Rey y poco a poco fue desapareciendo. Sancho IV, el hijo de Alfonso X, no era precisamente un estudioso. Muchos de esos volúmenes se quemaron cuando la Inquisición y otros muchos terminaron en monasterios repartidos por toda la Cristiandad.



- En la novela hablas de muchos documentos y objetos que parecen haber acabado en la Biblioteca de Alfonso X, entre ellos la Tabla Azul, el tablero de ajedrez llamado Paladión o la extraordinaria espada que le entrega Von Drakensberg. ¿Existieron esos objetos? ¿Se conservan?

La Tabla Azul es completamente ficticia. El tablero de ajedrez, el Paladión, sí es auténtico, pero desapareció. Fue pasando de rey en rey y a la altura de los Reyes Católicos se le pierde la pista. Una lástima, porque era un tablero único, de oro puro. La espada también existía: la espada de Carlomagno.



- Uno de los deseos de Alfonso X fue que, a su muerte, su corazón fuese enterrado en Tierra Santa. ¿Cómo acabó en Murcia?
Él quería ser enterrado en Tierra Santa porque, según la Biblia, allí se celebrará el día del Juicio Final y de ese modo lo dispuso en su testamento. Pero su hijo Sancho hizo todo lo contrario a lo que había estipulado su padre. Alfonso quería su cuerpo enterrado en la catedral de Cádiz, que él había mandado construir, y su hijo lo enterró en Sevilla. Y el corazón, en lugar de enviarlo a Tierra Santa, quedó en Murcia, tierra que había conquistado durante su reinado. Tal vez una forma de vengarse de él.
- Doña Violante, la reina, fue al parecer una mujer intrigante, vengativa y manipuladora. ¿Qué hay de verdad en ese aspecto de su vida? ¿Fue realmente tan perversa?

Violante llegó a la Corte siendo muy jovencita, destinada al primogénito. Pero desde el comienzo coqueteó con todos los infantes, sobre todo con Felipe, y toda la Corte estaba al tanto. Tenía un carácter tremendo, era bellísima y muy alta, y la llegada de la princesa noruega no debió sentarle muy bien. Además terminó tomando partido político por el hijo segundo en contra del marido. Dicen que de haber sido hombre habría sido el mejor rey de Aragón. Era una mujer extraordinaria, muy inteligente, preparada para la política, y yo no diría que perversa, pero sí entrenada para todos los tejemanejes de la Corte.



- Antes de morir, Cristina de Noruega expresó su deseo de que se erigiera una capilla en España dedicada a San Olav, patrono de Noruega. ¿Se vio cumplido su deseo?

No se cumplió entonces pero se va a cumplir ahora, setecientos años después. Se va a construir una pequeña capilla en la misma Covarrubias, donde descansan sus restos, por cuenta de la Fundación Kristín de Noruega y de la Embajada.



- De todos los personajes de tu novela, reales y ficticios, ¿le has tomado un cariño especial a alguno de ellos?

Para mí el personaje de la novela es Von Drakensberg, un hombre atormentado, que había estado en Egipto y había sufrido por un amor imposible. Un hombretón célibe que sucumbió a la lujuria, que fue acusado injustamente de estafa, miembro de la Orden Teutónica, mucho menos conocida que la de los Templarios pero igual de importante o más. Es un personaje fascinante que me sedujo por completo y que sintetiza muy bien la Edad Media entera.

Y por supuesto le cogí gran cariño a la propia princesa, que se sacrificó por su país y murió muy joven y a Gudleik, su bufón, que me resultó muy tierno.



- ¿Y a algún pasaje en particular?

En la parte de Noruega me lo pasé especialmente bien. Yo mismo fui descubriendo un mundo del que no sabía casi nada y recrearlo fue un ejercicio muy satisfactorio.


- ¿Estás preparando ya tu próximo trabajo? ¿Puedes adelantarnos algo?

Pues sí, ya está casi lista. Va a ser una novela ambientada durante las Cortes de Cádiz.
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sábado, 15 de mayo de 2010

Entrevista a Nerea Riesco por "El elefante de marfil"

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Tras el éxito de su último libro, Ars Magica, esta bilbaína afincada en Sevilla ha vuelto a sorprendernos con una novela ambientada en su ciudad de adopción durante el siglo XVIII. Exploradora de las pasiones humanas y navegante de archivos y bibliotecas, Nerea Riesco ha volcado en este trabajo todo su buen hacer, que no es poco.

Colaboradora habitual en prensa y radio, ha sacado un poco de tiempo para contestar amablemente esta entrevista sobre su nuevo trabajo: El elefante de marfil.


- Nerea, pregunta obligada, ¿qué tal se te da el ajedrez?

Fatal. De pequeña, en el colegio de monjas, nos daban clases de ajedrez, así que conozco sus rudimentos para salir del paso. Ahora me doy cuenta de que se trataba de una auténtica novedad dentro de la educación española. El ajedrez lleva años estudiándose como una asignatura más en los países del Este porque desarrolla el razonamiento y nos responsabiliza de nuestras decisiones. Pese a todo, yo nunca fui buena jugadora. Quizás note más mis carencias ajedrecísticas porque me rodeo de gente que sí juega muy bien.


- Novela histórica, thriller, aventura… en esta novela has combinado varios géneros ¿cómo la definirías tú?

Como mi novela más ambiciosa. En El elefante de marfil se pueden encontrar todas esas cosas que has dicho y otras más. También tiene mucho de novela de costumbres. Por otra parte, El elefante de marfil es sin duda una novela de amor; de todas las manifestaciones del amor: el romántico, el pasional, el amor incondicional, el amor a la familia, el amor a la gente que no lleva nuestra sangre y a la que queremos más que a los que la llevan… y de ese amor tan feroz, obsesivo y arrebatado que termina por convertirse en odio y es capaz de destrozar vidas.


- ¿Cómo se te ocurrió introducir el ajedrez en la trama?

El ajedrez es como la vida misma; cada decisión que tomamos en ella nos abre múltiples caminos, posibilidades, oportunidades, peligros… tenemos que ser lo bastante hábiles como para saber elegir lo que más nos interesa en cada momento. Desde que decidí que el escenario de mi novela sería Sevilla, me vino a la mente la conquista cristiana en la que estaba presente el que años después sería Alfonso X el Sabio. Él era un gran amante del ajedrez y me lo imaginé tramando estrategias militares durante los dos años que duró el asedio, como si la ciudad fuese una partida. A fin de cuentas iba con su padre el rey, con una reina que era una figurilla llamada “Virgen de las Batallas” que aún se conserva en la Catedral, con los caballeros de las órdenes militares y el religioso que podría identificarse con el alfil y que más tarde sería el primer obispo de Sevilla. Por otra parte, los musulmanes intentaban defender su torre (la actual Giralda) con otra torre (la Torre del Oro). Me apreció muy evocador. Así que estructuré la novela como una partida de ajedrez: inicio; medio juego y final. Incluso los personajes de la novela son como piezas; cada uno cumple su misión.
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- ¿Por qué decidiste iniciar la historia con el terremoto de Lisboa?

Un comienzo tan dramático por fuerza marcaría el carácter de la novela y de sus personajes. Yo nunca voy a buscar una historia, son ellas las que me atrapan. Desde el momento en el que leí la relación del desastre del terremoto, escrita en verso, que salió de la imprenta de la viuda de Haro, vi la novela casi al completo. Y el terremoto era sin duda el punto de arranque.


- Recreas magníficamente la ciudad de Sevilla del siglo XVIII e introduces muchos datos históricos durante la novela. ¿Ha sido una labor de investigación muy ardua?

Para mí esa etapa es una delicia. Crear un escenario adecuado para los personajes ha hecho que viajase atrás en el tiempo para plantarme en mitad del siglo XVIII y descubrir qué se comía, cómo se vestía, dónde se enterraba a los muertos en una ciudad en la que aún no había cementerio, qué se utilizó para desinfectar las casas cuando la epidemia de fiebre amarilla se llevó por delante a cientos de personas… Es un trabajo casi de investigadora privada, rebuscando en bibliotecas, archivos, preguntando a historiadores y descubriendo rincones de la ciudad que quedan opacados por la magnificencia de los grandes monumentos. Me gusta mucho.


- Corridas de toros, procesiones, coplas… en esa Sevilla que has recreado no falta de nada…

Quería que fuese así. Quería que apareciesen todos los típicos tópicos de la ciudad: Semana Santa arrebatada, coplas cantadas y bailadas con gracia gitana, toreros chulescos, bandoleros que roban el dinero de los ricos para dárselo a los pobres… lo mejor de todo es que no exagero lo más mínimo. Sevilla y su ambiente dan para escribir mil y una novelas.


- En El elefante de marfil aparecen muchos personajes, todos perfectamente perfilados. ¿Cómo trabajas ese aspecto para no olvidar ningún detalle?

Supongo que no les considero personajes sino personas. Lo sé todo de ellos: bajo qué signo de zodiaco nacieron, si tienen lunares en el cuerpo, si sufren, aman o tienen miedo, a qué partido político votarían si vivieran en estos tiempos… les busco cara y, cada uno de ellos tiene una especie de DNI antes de comenzar a escribir la novela. Me he pasado más de dos años observándoles, describiendo sus alegrías y sus miserias, llorando con ellos y comprendiendo por qué actúan de la forma que lo hacen en un momento determinado. Ahora mismo, sigo pensando en ellos como personas “vivas” pese a que la novela la está fuera de mis manos.


- En la nota del final del libro, aclaras que la imprenta López de Haro existió de verdad y que consta que durante una etapa del siglo XVIII la regentó una viuda, que bien podría haber sido Doña Julia. ¿En qué otros personajes reales has basado a los tuyos, por ejemplo a Candela, la bailarina, al cínico escritor conocido como El Sabio Añejo o al bandido al que has llamado “Marqués de las Veredas”?

Como te decía, lo bueno de una ciudad como Sevilla es que sólo hay que rascar un poco para encontrarte con algo potencialmente “novelable”. El Sabio Añejo de mi novela está basado en un personaje real, igual de recalcitrante, que firmaba sus escritos como “El filósofo rancio”.
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- Tu novela tiene episodios de gran emoción, y cada lector tendrá sin duda un favorito, pero ¿cuál es el tuyo?

Me sorprende ver que me sigo emocionando con la escena de “confesiones” (lo llamaré así para no revelar nada) entre doña Julia y Cristóbal Zapata. Veo ese episodio como algo que no tiene que ver conmigo, como si no lo hubiera escrito yo y simplemente fuese una mera espectadora del dramático momento.


- El elefante de marfil cuenta con algunos personajes fascinantes, ¿has sentido predilección por alguno de ellos mientras escribías?

Todos son parte de mí. Les entiendo, les comprendo, soy su cómplice… hasta los malos más malos me han convencido de cuáles son sus razones. Les quiero a todos, aunque tengo que reconocer que doña Julia es muy especial para mí. Quizás sea porque las dos nos ganamos la vida de la misma forma: traficando con palabras impresas.


- Hay una frase que me llamó la atención de la novela y quisiera que nos la explicaras. Casi al inicio, Doña Julia, en misa, está pensando en las tareas que tiene pendientes, una de ellas “terminar la carta del conde Nolegar Giatamor en referencia al último sacudimiento de tontos y botarates…”

Jajajajaja… se trata de un documento real salido de la imprenta de los López de Haro. Está en la Biblioteca General y Archivo Histórico de Sevilla. Ya te digo que una ciudad como ésta da para mucho.


- En un momento dado, también en la primera parte del libro, uno de los personajes encarga una carta de amor a un escribiente, que aparece en un documento aparte. ¿Te basaste en algún documento real para confeccionarlo? ¿Era muy frecuente que los enamorados encargasen a terceros cartas de ese tipo?

Había escribientes que vendían su talento en los aledaños de la Catedral de Sevilla. Pero eso ha estado ocurriendo hasta hace relativamente poco tiempo en muchos lugares del mundo. Redactaban y leían las cartas, solicitudes, impresos o cualquier otro manuscrito para las personas analfabetas (que en aquellos años eran muchas). La carta amorosa a la que te refieres fue uno de los tantos documentos que elaboro mientras escribo la novela para “emocionarme” y creérmelo. Hago planos, busco mapas, redacto las capitulaciones y las cartas de amor de las que hablo en pergaminos antiguos… todo eso para sentir que la historia es real y que yo sólo la redacto. Mi editora vio esos documentos y me sugirió incluir alguno en la novela. Hay muchos más que no sé si llegarán a ver la luz.
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- Como lectora, una de las imágenes más tristes es cuando Abel, monsieur Verdoux y frey Dámaso entran en la Biblioteca Capitular de Sevilla, en la que se almacenaban miles de libros, y comprueban el mal estado en el que se encuentra: goteras, telarañas, polvo, moho… Comentas que Hernando Colón, el hijo del descubridor de América, había donado miles de volúmenes y que había estipulado en su testamento las obligaciones que debían asumir quienes los heredaran. ¿Qué hay de cierto en ese pasaje?

Es todo cierto. Lamentablemente, no quedan ni un tercio de los volúmenes que Hernando Colón donó. Hubo un tiempo en el que nadie les prestó atención. No debieron considerarlos las joyas que ahora nos parecen.


- En tu novela hablas de La invencible rosada, la primera revista femenina de la ciudad, que nació en la imprenta López de Haro. ¿Existió realmente esa publicación?

No, pero ¿a qué hubiera resultado maravilloso que fuese así? Pese a todo, las noticias “feministas” que digo que se publican en ella, son todas ciertas.


- Tengo que decir que me ha parecido una novela magnífica, muy trabajada y elegante. ¿Qué acogida está teniendo?

Muchas gracias por lo que dices de ella. La acogida está resultado estupenda, y eso que esta es la etapa más ingrata de la novela. Mientras la estás creando, estás sumergida en ese mundo y nada del exterior te preocupa. Seguramente dentro de unos meses, tendré encuentros con lectores, ferias del libro en las que la gente me hará comentarios, clubs de lectura que habrán trabajado la novela y harán preguntas interesantísimas… pero ahora mismo (lleva menos de un mes en la calle) son pocas las personas que la han leído, así que hablo de El elefante de marfil elogiándolo, como hace la mamá orgullosa del niño que ya sabe tocar una pieza completa al piano... y lo hace bien, pero todo el mundo cree que lo dice por pasión de madre.


- ¿Qué te gustaría que el lector encontrara en ella?

Me conformo con que sientan la mitad de lo que yo he sentido al escribirla.


- ¿Estás trabajando ya en algún proyecto nuevo? ¿Puedes adelantarnos algo?

Ya tengo algo en mente. Pero no te lo contaré. Nunca cuento (casi) nada.


- Si quieres añadir algo más…

Que me ha encantado tu entrevista.


- Muchas gracias y mucha suerte.

Gracias a ti.
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miércoles, 7 de abril de 2010

Entrevista a Isabel Margarit por "París era Misia"

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Entrevista - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/


Isabel Margarit, doctora en Historia, docente, escritora, ponente y directora de la revista Historia y Vida, ha publicado varios ensayos, entre los que destacan: Alma Mahler, la gran dama de la seducción (1994), La vida y la época de Alfonso XII (1998) o Eugenia de Montijo y Napoleón III (1999). Su pasión por la Historia la llevó a descubrir y explorar a un personaje tan fascinante como Misia Sert, la gran musa del París de la Belle Époque, vida que ha volcado en su último trabajo: París era Misia.

Amable, polifacética y muy consagrada a su trabajo, nos hizo un hueco para contestar esta entrevista.


- En tu ensayo comentas que conociste a Misia al leer sus Memorias. Ya sé que parece una pregunta evidente, pero ¿qué es lo que te cautivó de ella?

Su singularidad, sus contradicciones, sus excesos. Fue una mujer única, tanto el ámbito personal como en el terreno artístico. Dotada de una extraordinaria intuición, supo captar e impulsar el talento de varias generaciones. Vivió al límite su pasión por al arte.


- Pese a la innegable importancia del personaje, ¿por qué crees que Misia ha quedado en el olvido?

La estrella de Misia en el universo del París artístico se fue apagando poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial. Sus “dioses” –Mallarmé, Debussy, Diaghilev…- habían desaparecido. “Nada era ya como fue antes”. Pese a que su olfato se mantenía intacto, el mundo en que ella había reinado estaba a punto de extinguirse. Y con él, la figura de Misia.


- ¿Por qué ella está considera más “musa” que otras de la misma época?

En aquel París lleno de musas, Misia brilló con luz propia. Además de ser la más versátil, fue capaz de saltarse épocas y clases sociales, reinando durante casi cincuenta años en la capital del arte. Modelo de Toulouse-Lautrec, Renoir, Bonnard, Vuillard…, inspiró a Proust y Mallarmé, impulsó la carrera musical de Ravel, se convirtió en la gran cómplice de Diaghilev, -el artífice de los “Ballets Rusos”-, y abrió la puerta a los ambientes sociales y artísticos a Coco Chanel, con quien mantuvo una estrecha y compleja amistad hasta su muerte.


- El proceso de documentación parece haber sido fascinante ¿me equivoco?

Este libro ha sido, en buena parte, fruto de mi amor por París. Desde muy jovencita me enamoré de esta ciudad, la he estudiado a fondo como historiadora y la he ido descubriendo una y otra vez en mis estancias: sus colores, sus sabores, sus calles, su música, su arte… París me devolvió a Misia, de la que supe hace unos años a través de sus memorias. Pero la reconstrucción del personaje ha supuesto una tarea ardua por la escasez de documentación. He tenido que viajar, consultar infinidad de fuentes relativas a ella y a su entorno, para intentar dibujar un retrato objetivo y recrear cincuenta años trascendentales de la vida de París.


- ¿Cuál es tu pasaje favorito, con el que más hayas disfrutado?

Me gusta recordar los veranos de Misia en Valvins, allí disfrutó de una atmósfera artística única, junto a Mallarmé, Lautrec, Bonnard, Vuillard… Todos se rendían ante su encanto y ella potenciaba lo mejor de cada uno. También destacaría su encuentro con Sert y el primer viaje en común a Italia. Pasión en estado puro.
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- Misia tocaba el piano y poseía gran talento para las artes. ¿Crees que era una artista frustrada?

No. Era una pianista extraordinaria, pero decidió encauzar su dotes artísticas y su sensibilidad hacia todo tipo de disciplinas. Aunque aparentemente su papel fuera más pasivo, la historia debería reconocerle el papel que desempeñó en el impulso de tantos talentos.


- En París ¿hay algún un recuerdo vivo o se la recuerda de algún modo?

No existe una calle que recuerde su nombre ni una estatua en su honor, pero al recorrer las salas del Museo d’Orsay se encuentra la huella de Misia, o en la Ópera, o en la tienda de Chanel… Además, como dijo Marcel Proust: “Ella era en sí mismo un monumento”.


- ¿Qué es lo que más y lo que menos te ha gustado del personaje?

La Misia que he descubierto a través de mi investigación es una mujer poliédrica, con muchos y enigmáticos ángulos. Admiro su fe ciega en el talento artístico, su capacidad de impulsarlo a cualquier precio y el diálogo fluido que mantuvo con los creadores. Me resulta más difícil entender sus relaciones personales marcadas por una enfermiza tendencia al dominio, aunque también ella sufrió la tiranía emocional.


- En tu ensayo comentas que hay algunos datos tergiversados o alterados en sus Memorias. ¿A qué crees que es debido?

A la voluntad de la propia Misia. Ella decidió alterar fechas, omitir pasajes –como el de su relación con Coco Chanel- y tergiversar episodios. Era manipuladora, pero más allá de estas memorias, la realidad de Misia está en la obra que ella inspiró.
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- Con su primer marido, Thadée, editaba la revista La Revue Blanche. ¿Qué tipo de revista era y qué se publicaba en ella?

Se trataba de una prestigiosa revista cultural que tuvo su mejor momento en el tránsito del siglo XIX al XX. Thadée Natanson, uno de sus fundadores, fue el primer marido de Misia y ella se convirtió en el alma de la revista. Allí publicaron Proust, Mallarmé, Debussy –como crítico musical-, y dejó su huella gráfica Toulouse-Lautrec, entre otros muchos intelectuales de la Francia de su tiempo. La Revue Blanche tomó además partido por la causa de Dreyfus, defendiendo al capitán acusado injustamente de traición.


- En sus comienzos apenas aparecen figuras femeninas a su alrededor. ¿Cómo era su relación con las mujeres?

La relación de Misia con las mujeres tuvo ciertos tintes de ambigüedad. Así sucedió con Coco Chanel o con Roussy Mdivani, la amante y futura esposa de Sert, con quien mantuvo un singular “ménage à trois”. Algunos autores aprecian signos de lesbianismo en estas relaciones. Por otras mujeres sintió verdadera admiración, como sucedió con la aristócrata británica lady Ripon, una gran dama y mecenas. Pero en sus años juveniles apenas se le conocen amistades femeninas y la relación con sus madrastras fue nefasta.

- De todos los artistas que rodearon a Misia Sert, ¿sientes predilección por alguno en particular?

Por Diaghilev. Es un personaje tan fascinante como la propia Misia.


- La Belle Époque me ha hecho pensar en un nuevo Renacimiento. ¿A qué crees que fue debido ese auge repentino de las artes?

Fue fruto de una serie de circunstancias. El siglo XIX –el del progreso- transformó todos los parámetros sociales y culturales. Durante el brillante “fin-de-siècle”, Europa danzaba sobre un volcán a punto de entrar en erupción, pero fue un tiempo de grandes ideas, de grandes cambios, de grandes pasiones: “la última oportunidad antes de perderlo todo”.
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- Durante los inicios de la Primera Guerra Mundial, Misia se nos desvela como una especie de heroína, una mujer que parece que nunca pueda dejar de asombrarnos…

Misia está en su esplendor: una mujer experimentada, en plenitud personal, dominadora en todos los ámbitos. Cuando estalla la Gran Guerra, ella asume un papel protagonista, de “heroína”, en un conflicto que creía breve. Cuando la guerra muestra su verdadera cara, ella –como tantos otros privilegiados- optará por la retaguardia de salón.


- Al final de su vida, cuando ya había pasado su época dorada como musa de artistas, se convirtió más en una espectadora que en una protagonista. ¿Cómo llevó ese cambio?

Este proceso discurrió paralelo a su decadencia física y emocional. Los últimos años de Misia fueron duros, en ocasiones patéticos, aunque hubo destellos de su grandeza en diferentes momentos.


- De las múltiples facetas que caracterizan su personalidad y su vida, ¿cuáles destacarías?

Intuitiva, camaleónica, apasionada… Vivió la vida a través de la óptica del arte, y su vida en sí misma fue una obra maestra llena de imperfecciones.


- Después de una vida tan apasionante como la de Misia, ¿estás trabajando en algo nuevo? ¿Puedes adelantarnos algo?

Tengo ideas, pero ningún proyecto en firme. La sombra de Misia es alargada…
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domingo, 22 de noviembre de 2009

Entrevista a Santiago Posteguillo por la trilogía de Publio Cornelio Escipión, el Africano

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Entrevista - por Pilar Alonso


Con el último título de esta trilogía, La traición de Roma, Santiago Posteguillo ha vendido 40.000 ejemplares en su primera semana en librerías, todo un récord para una de las sagas históricas más espectaculares de los últimos años.

Santiago estuvo en Barcelona presentando su último libro y nos recibió en su hotel para contestar esta entrevista, todo un lujo y un placer. No sólo es un excelente escritor, también es un magnífico conversador.


- ¿Por qué elegiste a Escipión el Africano como protagonista de tus novelas?

Cuando buscaba un personaje para novelar surgió el nombre de Aníbal, y yo sabía que alguien le había derrotado aunque no exactamente quién. Y allí, como en una esquina, aparecía el nombre de Publio Cornelio Escipión. Me pregunté si es que Aníbal había tenido un mal día o si es que Escipión fue un adversario digno de tenerse en cuenta. Me puse a investigar un poco más antes de continuar con mi búsqueda, porque de Aníbal ya se había escrito mucho y no quería repetir. Y cuanto más buscaba más me atraía el personaje, hasta que me decidí.



- Africanus, el hijo del cónsul, fue tu primera novela y la primera entrega de la trilogía. ¿No te daba miedo en tu primera incursión en la literatura optar por un proyecto tan ambicioso?

Al principio no te planteas escribir una trilogía, quieres contar algo y pasártelo bien. Empecé con la primera, llegué a 500 páginas y Escipión tenía 17 años. Pensé: “esto no lo va a publicar nadie”. Era un proyecto muy grande. Antes de continuar con él decidí probar a ver si podía publicar la primera parte y después de un montón de respuestas negativas, una editorial pequeña decidió arriesgarse. Poco después Ediciones B se puso en contacto conmigo para decirme que estaban también interesados y firmamos para una segunda novela.



- A la hora de hablar de los mejores estrategas de la Historia Antigua siempre se han barajado tres nombres: Alejandro Magno, Aníbal y Julio César. ¿Crees que Escipión debería formar parte de esa lista?

Yo creo que sí. Y ese es otro motivo más que justifica la elección de Escipión, un personaje casi desconocido.



- A partir del segundo libro, las mujeres adquieren mayor relevancia en la trama. ¿A qué se debió ese cambio?

De hecho, una compañera del Departamento, tras leerse la primera novela, me llamó la atención sobre ese asunto, me comentó que las mujeres tenían un papel demasiado secundario en la trama y eso me hizo darme cuenta de que quizás había descuidado un poco ese aspecto. Así descubrí a Sofonisba, por ejemplo, un personaje magnífico de Las legiones malditas. Y en la tercera parte le otorgué un protagonismo especial a la hija pequeña de Escipión: Cornelia la Menor.



- En tu tercera entrega introduces un elemento nuevo: las supuestas Memorias de Publio Cornelio Escipión. ¿Por qué no utilizaste antes ese recurso?

Se sabe que escribió unas Memorias, que no nos han llegado, y se supone que se escribieron en griego, en dialecto dórico concretamente. Cuando me enfrenté a la tercera novela no sabía muy bien cómo afrontarla, me apetecía aventurarme en algo un poco diferente. Y además, después de 1600 páginas, Escipión quería hablar, y en primera persona, sin necesidad del narrador. Introduje algunas pinceladas al principio de cada capítulo, como en unas Memorias, y me gustó el efecto.



- La saga está repleta de momentos fascinantes. ¿Tienes alguna escena o pasaje favorito, con el que disfrutaras especialmente a la hora de escribir?

En las tres novelas hay escenas que por un motivo u otro me han emocionado, al menos diez o doce me parecen especiales. La primera de ellas fue la muerte de Cneo Cornelio Escipión, el tío de el Africanus, un personaje muy entrañable que había tenido una relación muy íntima con Publio. Su muerte es muy épica, hermosa, él solo frente al enemigo, que no puede evitar admirar su valor, y a lo lejos sus propios soldados, viéndole morir.

Ya en la tercera parte, me gusta mucho cuando Escipión se encuentra por primera vez con su hija pequeña, Cornelia, que tiene tres años y se esconde detrás de la hermana mayor.

Y le tengo cariño a la escena del epílogo de esa misma novela, cuando se incendia la Biblioteca de Alejandría, porque es un pequeño homenaje a una de mis novelas favoritas: El nombre de la Rosa.

Y por supuesto a las escenas de las muertes tanto de Escipión como de Aníbal, que son muy diferentes. Aunque la de Aníbal es más épica, escribí ambas con mucha emoción.



- Después de años de convivir y trabajar con tantos y tan variados personajes, ¿llegaste a tomarle especial cariño a alguno de ellos?

A todos, pero tal vez un poco más a Plauto, el autor de teatro, porque me he identificado más con él y he compartido el sufrimiento de ser un escritor reconocido.

Y ese reconocimiento tiene su premio en mensajes como el que me hizo llegar un adolescente, que decía: “Tengo 15 años y odiaba leer. Desde que he leído tus novelas, leo un montón”. Nada puede satisfacer más a un escritor.
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- Primero Fabio Máximo y luego Catón parecen obsesionados con la idea de que Escipión pretendía convertirse en Rey y acabar con la República. Ambos hacen el papel de malos en la trama pero ¿realmente eran tan malvados como aparecen en tus libros?

He recibido algún comentario en ese sentido, pero lo cierto es que necesitaba un oponente total. No niego que Fabio Máximo fue un gran estadista, un gran político y un gran orador, pero en la conquista de Tarento le ayudan desde dentro para que tome la ciudad y una vez conseguido hace matar a los que le ayudaron, con la esperanza de que no se sepa, para que la victoria se considere sólo suya. Y eso no me parece una actitud muy gloriosa ni de ser buena persona.

En cuanto a Catón, está documentado que llevó a juicio a los Escipiones, que tampoco eran unos santos, en multitud de ocasiones y que, como digo en la Nota histórica del libro, al final de su vida traicionó muchas de las creencias por las que había luchado.



- Las vidas de Escipión y Aníbal parecen íntimamente ligadas por el destino en tus novelas. ¿Eso fue realmente así o forma parte de la ficción?

Es así, eso es totalmente histórico. Ambos fueron importantes generales, ambos obligados a exiliarse, y murieron muy próximos en el tiempo. Y para mayor carga épica, de ninguno de los dos se conoce la ubicación exacta de su tumba.



- Una curiosidad. En varias ocasiones, ante la llegada de un hijo, el pater familias debía realizar el ritual de aceptar al recién nacido en la familia. En todos los casos que aparecen en la saga, la aceptación se lleva a cabo. Pero ¿por qué motivos podía rechazarse a un niño y qué sucedía con aquellos vástagos que no eran reconocidos por sus padres o eran repudiados por éstos?

Lo cierto es que el rechazo no era la norma habitual. Pero un niño podía ser rechazado por malformaciones físicas, por ser hembra o porque el padre no lo reconociera como propio. En esos casos, se le podía dar muerte o podía ser abandonado.



- ¿Se ha llegado a plantear la posibilidad de llevar tus novelas a la gran pantalla?

Aún no, y ése es un largo proceso. Pero si alguien se interesara, tendría que ser un proyecto que me convenciera y que reflejara el espíritu de mis novelas.



- Digamos que algún lector quiere continuar con la historia, con lo que sucedió tras las muertes de Escipión y de Aníbal. ¿Qué lecturas recomendarías?

Hay bastantes cosas escritas pero, si tuviera que elegir, yo seguiría con Numancia, de Jose Luis Corral. Es otro estilo de novela, pero encaja con la época inmediatamente posterior, con Escipión Emiliano como protagonista.

Seguiría con la saga de Roma de Colleen McCullough. Luego con Robert Graves y con Quo Vadis, de Henryk Sienkiewicz.



- Has dedicado más de seis años a este proyecto, ¿ahora qué?

Ahora estoy buscando otro personaje para novelar, también alguien que no sea demasiado conocido, aunque de momento no puedo adelantar nada.
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sábado, 10 de octubre de 2009

Entrevista a Joseph Gelinek por "El violín del diablo"

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por Pilar Alonso

Leer Reseña El violín del diablo.



Tras el éxito de La décima sinfonía, publicada en más de quince países, Joseph Gelinek vuelve a sorprendernos con otra novela músico-policíaca. Bajo el seudónimo se esconde un hombre amante de la buena música, divertido y gran conversador.


- ¿Por qué elegiste a Paganini? ¿Y por qué un violín?

Pues verás, un día, tras un concierto, estuve charlando con Ara Malikian, un violinista soberbio que interpreta muy bien a Paganini. Él fue quien me contó la historia de Ginette Neveu (una violinista famosa que murió en accidente de avión en 1949 y cuyo Stradivarius nunca se encontró). Pues bien, Ara Malikian me contó que el luthier de Neveu, Etienne Vatelot, estaba un día frente al televisor y vio a un músico con un violín. Se quedó perplejo y exclamó: ¡ése es el violín de Ginette! Lo tenía otro músico. ¿Cómo no hacer una novela con esa historia? Y el violín maldito me llevó enseguida a Paganini, porque violín y Paganini son una sola cosa.


- El personaje de Paganini que perfilas en tu novela es un personaje realmente fascinante. ¿Era realmente así o te has tomado algunas licencias sobre él?

La parte de Paganini está muy trabajada, me llevó mucho tiempo y esfuerzo documentarme y para ello tuve que emplear el servicio de documentación de las Universidades USA, un servicio muy restringido y de muy difícil acceso. Así es que casi todo lo que aparece de él en la novela es cierto. Estaba en un estado lamentable hacia el fina
l de su vida, tal y como aparece en el libro.


- ¿Por qué crees que Paganini nunca fue considerado un músico de primera fila?

Era un intérprete fabuloso, lo sabemos por dos vías. Una directa: los testimonios de la gente que le oyó tocar y luego a partir de sus propias composiciones: nadie que no tocase como él podría escribir esa música.

Pero para mí no deja de ser un compositor un poco flojo, que repite y repite un par de ideas, en contraposición a otros músicos más generosos, como Chopin, Bach, Beethoven o los Beatles.


- ¿Los Beatles?

Lo que mucha gente no sabe es que los Beatles son compositores clásicos, en el sentido de que introducen en el previsible rock and roll elementos de tanta sofisticación como en la música clásica. Estoy hablando de escribir una canción en modo dórico, como en Eleanor Rigby, o de modular en el estribillo para que haya más contraste, como en Penny Lane, o en crear hermosos ostinati como en Julia. La gente no sabe lo importantes que son los Beatles, capaces de devolverle al público el gusto por la buena música. Por eso son los Schubert del siglo XX.


- ¿En quién te basaste para perfilar el personaje de Ane Larrazábal, la virtuosa del violín?

Físicamente tenía en mente a Janine Jansen, aunque desde el punto de vista de la personalidad, creo que Ane es en realidad Ginette Neveu. Neveu plantó cara a los monstruos sagrados de la época, como Oistrakh, al que ganó en un concurso de violín. Ella era la única mujer entre los Heifetz, Menuhin, etc., ahora hay docenas. Esa personalidad ferozmente competitiva de Ane es de Neveu.
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- ¿Cuáles son tus autores de referencia?

Una de las razones por las que escribo misterios musicales se debe a la novela Muerte en la Fenice, de Donna Leon, un libro muy premiado y cuya parte musical yo pensé que se podía mejorar.

Otra obra que me influyó fue Un asesinato musical, de Batya Gur, la Agatha Christie de Israel, según la Wikipedia, y en la que un asesino estrangula con una cuerda de violonchelo.

Y otra influencia es Stephen King, un enorme escritor que ha elegido el terror para dar su visión del mundo. Me gusta cómo trata lo sobrenatural y he intentado imitarle un poco, pero sin excesos. Como soy bastante escéptico con esos temas, igual que el inspector Perdomo, quería hacer una novela en la que hasta yo pudiera creerme que hay fuerzas ocultas, en este caso un violín, un violín que contamina a los que le rodean y que, de un modo u otro, causa la muerte de todos aquellos que lo poseen.


- ¿Es realmente el mundo de la música tan competitivo como apuntas en tu novela? Parece como si los intérpretes de música clásica estuvieran muy lejos de eso.

Es muy competitivo, pero no porque sea de música clásica, cualquier actividad que consista en atraerse el favor del público es competitiva, ya se llame rock, teatro o literatura.


- En el libro comentas que la Filarmónica de Berlín tiene una agenda muy ocupada ¿Es realmente así? ¿Por qué?

No sé si está especialmente a tope esa agenda, pero dado que es una de las tres mejores orquestas del mundo, me figuro que deber estar solicitadísima.


- ¿Cuáles son las otras dos?

Eso es muy subjetivo, pero a mí hay un director que me encanta, que es Gergiev, y John Elliot Gardiner con su Orquesta Revolucionaria y Romántica, la de Chicago en tiempos de Solti era una de las tres.


- Algo que me ha llamado la atención es la idea de que, cuando un músico entra a formar parte de una orquesta, debe pasar un período de prueba y luego todos sus componentes deben votar si se queda o no. ¿Es realmente así? ¿También vale con el director de orquesta o sólo con los músicos?

Los músicos en las orquestas sinfónicas tienen una fuerza brutal. Si alguien se les mete entre ceja y ceja, no hay nada que hacer. Y le hacen el vacío hasta que se marcha.

En cuanto a los directores de orquesta, no sé si se hace de forma oficial, pero seguro que ningún Patronato contrataría a un director que la orquesta vetara, y aunque no tengan derecho real de veto, en la práctica es casi lo mismo, porque si está ahí es porque la orquesta lo ha aceptado.


- ¿Es cierto que existen varias piezas musicales asociadas con el diablo, como la Danza macabra de Saint Saëns o Las brujas de Paganini?

Sí, todas las que aparecen en la novela y algunas más, como La sinfonía fantástica, de Berlioz.


- En la novela aparece la Fundación Stradivarius Society de Chicago, que presta sus instrumentos a músicos de cierta talla. ¿Qué hay de cierto en ello?

Todo, porque casi nadie posee un Strad, todo el mundo lo tiene en préstamo vitalicio, y tiene que pagar el seguro anual, que no es barato, y dar una serie de conciertos ante los mecenas.


- La décima sinfonía, El violín del diablo… la próxima novela, ¿también sobre música?

Por supuesto, es el sello que define mis novelas: la música. Sólo te puedo decir que
está ambientada en el mundo del rock, y que el mundo del rock está lleno de misterios.
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miércoles, 16 de septiembre de 2009

Entrevista a Mari Pau Domínguez por "La casa de los siete pecados"

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por Pilar Alonso

Mari Pau Domínguez es periodista y escritora y con La casa de los siete pecados, su segunda novela histórica, ha obtenido el I Premio de Novela Histórica CajaGranada.

Nos recibió en su hotel y nos hizo un hueco para contestar esta entrevista.


- Tu novela ha sido la ganadora del I Premio de Novela Histórica CajaGranada ¿Qué se siente al ganar un certamen que está teniendo tanta repercusión?

Pues cuando me lo concedieron, no tuve la sensación de haber alcanzado algo o haber llegado a algún sitio. Por el contrario, la sensación era de que una nueva puerta se abría y que tenía una enorme responsabilidad, por un lado con quienes me habían concedido el premio y por otro con la editorial.


- ¿Por qué decidiste ambientar tu novela en la época de Felipe II?

Porque escribiendo El diamante de la reina me quedé fascinada con Felipe II y creo que el siglo XVI español es un período histórico apasionante y muy importante para la historia posterior. Además, el personaje es muy literario, y además no es sólo un personaje español, es un personaje mundial.


- José Saramago alaba tu talento narrativo y comenta que La casa de los siete pecados es “una excelente novela”. ¿Qué se siente al recibir palabras como esas del que fue Premio Nobel de Literatura?

Pues eso para mí ha sido tan importante y tan grande como el propio premio, y en el fondo me he sentido doblemente premiada leyendo las palabras que Saramago me ha dedicado porque, además de un merecidísimo Premio Nobel, es una excelente persona.


- ¿Cómo descubriste la leyenda que gira en torno a la Casa de las Siete Chimeneas?

Es una leyenda que circula sobre Madrid que, junto con la del fantasma del Palacio de Linares, son las dos leyendas más maravillosas de la ciudad. En este caso trasciende lo localista, no sólo atañe a Madrid, sino que tiene que ver con nuestra historia ya que afecta a la monarquía hispánica. Y esa leyenda habla de un fantasma de mujer, que pudo ser el de la amante del propio Felipe II, que un día aparece muerta en extrañas circunstancias, en su alcoba de la casa de las Siete Chimeneas y cuyo cadáver desaparece antes de ser enterrado.

A finales de noviembre de 1882, durante las obras de remodelación, se descubrieron los huesos de una mujer sin identificar junto a unas monedas, que se pudieron fechar en la época de Felipe II. Eso me proporcionó una base real sobre la que trabajar.


- Es evidente que has llevado a cabo una encomiable labor de investigación. ¿Ha sido una tarea muy ardua?

He empleado muchas horas, y ha sido un gran empeño, porque en torno a la figura del rey hay mucho escrito y debía hacer una criba importante, sobre todo los rasgos que me interesaban, que hacían referencia a la faceta psicológica del personaje. La parte más ardua ha sido la que tenía que ver con la propia casa, porque los datos son poco concretos y además no son coincidentes. De entre todas las versiones escogí la que me pareció más verosímil, y es que fue el arquitecto Juan de Herrera, el arquitecto mayor, ya embarcado en El Escorial, quien la construyó.


- ¿Qué fuentes has utilizado con mayor agrado?

Sin duda los documentos proporcionados por el Archivo del Ministerio de Cultura, que curiosamente se encuentran en la propia casa. Esa es la parte con la que más he disfrutado, ha sido lo más divertido.


- En tu novela nos presentas a un Felipe II cargado de remordimientos y sumamente supersticioso, y al mismo tiempo dominado por las pasiones carnales. De hecho es el eje sobre el que gira toda la trama. Y el cuadro de El Bosco, Mesa de los pecados capitales, encarna a la perfección esa lucha ¿Qué hay de realidad y qué de ficción en esa parte de la historia?

La base real es cierta, aunque la literatura siempre exagera un poco la realidad, lógicamente, por eso es ficción. Pero hay una buena base real en la descripción de ese personaje, y en su lucha contra la lujuria, el pecado capital que lo dominaba.


- Isabel de Valois parece haber sido el gran amor de Felipe II. ¿Se le conocieron amantes mientras ella vivía?

Él dejó de tener amantes a los cuatro años de estar con Isabel de Valois, pero luego, a su muerte, no cabe ninguna duda de que sí las tuvo.
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- Ana de Austria vive completamente obsesionada por la infidelidad de su marido, hasta el punto de llegar a la flagelación. Teniendo en cuenta que era su sobrina, en primer lugar, y que su matrimonio fue una cuestión de Estado, en segundo lugar, ¿no es su comportamiento un poco exagerado, tal y como aparece en la novela?

El amor no entraba dentro de la ecuación sobre el papel, como tampoco pasaba nada porque un rey tuviera una amante, pero eso es una cosa y otra es cómo alguna de las mujeres de Felipe II podía vivir esa circunstancia. En el caso de Ana de Austria ella sabía a lo que venía, a darle un heredero, pero vino también con el propósito de amarlo y de que él la amara, porque además ella le tenía un cariño especial, primero como tío suyo y luego como marido.


-¿Qué sentimientos te ha inspirado el personaje de Ana de Austria?

Es un personaje que despierta mi simpatía, que me inspira ternura. Me parecía una persona en el fondo de cierta fragilidad, muy sometida al papel que le había tocado cumplir y lo sabía, igual que sabía que no iba a salirse nunca de ese papel. Como reina, y en esa época, fue la reina perfecta, la esposa perfecta. De hecho, todos los historiadores se han puesto de acuerdo en eso, en que al final el rey la quiso, la quiso a su manera, porque ella quiso que la quisiera y le hizo la vida muy fácil, no inmiscuyéndose en nada. El rey se sentía muy a gusto con ella, y sobre todo después de la vida tan animada que había tenido con Isabel de Valois, con su rebeldía y con todo lo que había organizado en la Corte. Ana de Austria fue como una especie de remanso que consiguió hacer fácil y cómoda la vida en palacio, de forma que él dejó de recelar, se adaptó a ella y al final la quiso a su modo.


- Un detalle que me ha llamado la atención ha sido el remedio de la madre superiora para curar las heridas de la flagelación de Ana de Austria: un cocimiento de aceite de lirios, cachorros de perro recién nacido, gusanos de tierra y trementina veneciana. ¿Es una receta auténtica de la época?

Absolutamente cierta, la medicina del siglo XVI era un poco oscurantista y me costó mucho dar con ella.


- La relación de Juan de Ledesma con la reina al final se quedó en nada. ¿Está basada en algún dato histórico o forma parte también de la ficción?

Juan de Ledesma existió, fue propietario de la casa y secretario personal del secretario del rey, y debía entrar y salir de palacio con toda naturalidad. No hubiese sido extraño que se conocieran y trataran.


- Es indudable que en tiempos de Felipe II hubo muchos personajes realmente fascinantes: Juan de Austria, la princesa de Éboli, Antonio Pérez, Mateo Vázquez... ¿Has sentido predilección o te ha llamado especialmente la atención alguno de ellos?

A mí me ha gustado rescatar a Mateo Vázquez, me parecía un personaje perverso, estaba al mismo nivel jerárquico que Antonio Pérez, aunque él le superaba en el tema religioso, que tanto preocupaba a Felipe II. Me parece un personaje fascinante.


- Tu anterior libro, El diamante de la reina, narra la historia de Isabel de Valois. En este segundo hablas de Ana de Austria, la última esposa de Felipe II. ¿Habrá una tercera entrega?

Pues no al menos centrado en personajes femeninos, aunque en esta novela el protagonista sea Felipe II más que Ana de Austria, a diferencia del anterior, que sí estaba basado en la reina. Tengo ganas de seguir contando cosas sobre ese reinado, pero no lo tengo aún centrado.


- Esta es la segunda novela histórica que escribes, pero antes de eso no habías tocado el género. ¿Qué te parece la experiencia? ¿Dónde te sientes más cómoda escribiendo?

Pues sin duda en la novela histórica, ha sido un grandísimo descubrimiento. Es cierto que el trabajo es más intenso y que entraña más dificultad que una novela contemporánea, pero es donde más cómoda me he sentido y donde más he disfrutado.
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martes, 30 de junio de 2009

Entrevista a Lorenzo Silva por "El blog del Inquisidor"

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Por Pilar Alonso

Reseña de El blog del Inquisidor

Conocido especialmente por la serie policíaca protagonizada por Rubén Bevilacqua y Virgina Chamorro, pareja de la Guardia Civil, Lorenzo Silva ha publicado dieciocho novelas, además de libros de relatos, libros de viajes y ensayos. Fue finalista del Premio Nadal en 1997, que ganó en el 2000, y obtuvo el premio Ojo Crítico en 1998 y el Premio Primavera en el 2004.

A pesar de lo apretado de su agenda, se prestó amablemente a responder a esta entrevista.
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- ¿Cómo surgió la idea de escribir esta novela?

El origen más remoto, leyendo un libro de Julio Caro Baroja, “Las formas complejas de la vida religiosa”, hará más de veinte años. Es un libro sobre herejías y heterodoxias entre religiosos españoles de los siglos XVI y XVII. Allí, en una nota a pie de página, se habla del proceso de San Plácido y se menciona el extenso alegato exculpatorio de Teresa Valle, indicando que se guarda en la Biblioteca Nacional. Ésa fue la primera pista, y ahí fue donde supe que había una historia y un personaje. Luego vinieron veinte años de vida y en ellos un montón de novedades. Por ejemplo la generalización del acceso a Internet y de la comunicación electrónica entre las personas.


- ¿Qué consideras que aporta tu novela a un tema como la Inquisición, sobre el que tanto se ha escrito?

Un enfoque literario, que trata de dar a sus arquetipos (el inquisidor, los herejes) una lectura simbólica a la luz de los conflictos personales contemporáneos. Y también se trata de desmitificar y cuestionar ciertas leyendas, cosa que ha hecho la historiografía tiempo atrás pero todavía no la literatura, o la ficción en general, que sigue un tanto aferrada a los viejos tópicos, dondequiera que aparece un inquisidor.


- ¿Por qué decidiste usar las herramientas de internet: blogs, chat, e-mail, para narrar tu historia?

Porque me permitía mayor flexibilidad, más agilidad a la hora de abordar los conflictos que plantea la historia que tenía entre manos, y sobre todo me servía para dar entrada a puntos de vista e interpretaciones divergentes o incluso antitéticas, desde la perspectiva del hombre y la mujer contemporáneos. Y así podía hacerlo de forma abierta y honesta, sin colarlas de contrabando como se hace en cierta narrativa histórica convencional. En un blog se van acumulando voces, no siempre coordinadas ni homogéneas. Y me parecía que tenía entre las manos una historia que no podía ser interpretada de forma unívoca ni inequívoca. La mezcla de textos lo es también de pareceres, de versiones, frente a una visión de la Historia como algo resuelto y cerrado.


- ¿Te ha supuesto un esfuerzo extra de investigación o son medios en los que te desenvuelves con soltura?

No soy un experto en historia de la Inquisición ni tampoco un friqui de las nuevas tecnologías. Pero estoy razonablemente interesado en ambas cosas y he procurado hacer los deberes. He leído lo que creo que necesitaba para poder tener un enfoque sólido de la historia del siglo XVII y he indagado en el cibermundo lo que me pareció que necesitaba para entender las reglas, los códigos y las emociones que se ventilan en el mundo de las relaciones virtuales.




- Los documentos que consulta la protagonista acerca de Theresa y que aparecen en la novela ¿son auténticos? ¿Qué hay de verdad y qué de ficción en los sucesos del Convento de la Encarnación?

Los documentos son todos auténticos. Lo que pueda haber de ficción está en las especulaciones que los personajes hacen al respecto. Pero tampoco hay que descartar elementos de ficción en las especulaciones de los historiadores, o en las aserciones de los propios protagonistas o de sus jueces y acusadores. Al final, en mayor o menor medida, todos necesitamos de la ficción.


- En algunos momentos me ha dado la sensación de que el autor trata de desmitificar la Bestia Negra que supuso la Inquisición. ¿Es realmente así?

No del todo. La inquisición fue una institución nefasta, que lastró el progreso intelectual y científico de este país hasta el siglo XIX. Pero no todo lo que se le ha achacado es cierto, hay una parte de su realidad que se desconoce, y tampoco fue un invento español. La copiamos de los que luego nos colgarían, nunca mejor dicho, el sambenito.


- Hay un momento en que uno de los personajes utiliza palabras de Kierkegaard para hablar sobre el amor. ¿Se identifica Lorenzo Silva con las frases del filósofo danés?

Hasta cierto punto, siempre. Es la ventaja que te da la ficción. Puedes jugar a mezclar lo que piensas con lo que no es exactamente tu percepción. Puedes llevar las cosas más al límite. Y en sus escritos sobre el amor, Kierkegaard llega a ese límite.


- En el libro hay algunas referencias que el lector debe buscar en internet: la última palabra en una película de Kubrick, la última escena de Mastroniani en un film de Visconti, un vídeo musical en youtube... ¿un modo de que el lector interactúe con la novela?

Pues sí, en ese sentido es una novela 2.0. Es que ahora todo está enlazado a todo. Y el que no lo entienda, mal lo lleva en este tiempo que nos ha tocado vivir.


- Al parecer se llevó a cabo una especie de concurso para desentrañar lo que no aparece en la página 237 de la novela, mediante la intervención de los internautas. ¿Cuáles fueron los resultados?

Sólo puedo decir que magníficos. Se escogió una ganadora y dos finalistas, por la alta calidad de los textos. Y el de la ganadora, sinceramente, me impresionó. Demostró que la interacción lector-autor puede ser algo más que un experimento simpático. Es susceptible de tener verdaderos resultados artísticos. Pueden comprobarlo, si quieren (los textos ya están publicados en elmundo.es).


- ¿Para cuándo tu próxima novela? ¿Puedes adelantarnos algo?

Yo la terminaré este verano y en principio iba a salir en otoño, pero seguramente se retrase para principios de 2010, por cuestiones de programación editorial. Es la quinta novela de Bevilacqua y Chamorro. Y no sé si hace falta decir mucho más… Bueno, sí, adelanto que ahora Chamorro es sargento. Y menudo sargento…
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