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martes, 29 de mayo de 2012

Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en www.ciberanika.com

Editorial Edaf, Octubre 2011
Género: Ensayo
264 páginas

IX PREMIO ALGABA


Felipe II no fue el hombre frío y cerebral que transmite la historiografía tradicional. Las más recientes investigaciones demuestran que fue un joven apasionado y galante, pero también un marido entrañable. Que supo de amores prohibidos y de matrimonios por razón de estado. Que conoció tempranamente el dolor de la pérdida cuando, siendo un niño, quedó huérfano de madre, la hermosa e inteligente Isabel de Avís, y en sus últimos años se refugió en el cariño y la compañía de sus hijas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, nacidas de su unión con Isabel de Valois.

Ese Felipe II, íntimo e incluso entrañable, galán y apasionado, es el que reflejan las páginas de Las mujeres de Felipe II. Deber y pasión en la casa del rey. Por ellas desfilan las cuatro esposas del monarca: María Manuela de Portugal, María Tudor, Isabel de Valois y Ana de Austria; amantes como Isabel de Osorio o Eufrasia Guzmán; sus hijas Catalina Micaela o Isabel Clara Eugenia y el gran interrogante: la princesa de Éboli. Mujeres todas definitivas en la vida del Rey Prudente que desvelarán la figura de un hombre desconocido para muchos y, sin duda, mucho más atractivo que lo que deja entrever la historiografía tradicional. Un monarca en cuyos territorios “no se ponía el sol” pero atrapado en una continua tormenta interior que lo llevó a convertirse en el hombre ascético e introvertido que hizo del Monasterio del Escorial su última y definitiva morada.

(Sinopsis de la editorial)

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Felipe II es uno de los personajes más estudiados de la Historia de España. La mayoría de los trabajos que existen sobre su figura versan especialmente sobre su faceta política. María Pilar Queralt del Hierro nos ofrece en este fantástico libro una nueva dimensión del personaje, su lado más íntimo y humano, y lo hace a través de las mujeres que formaron parte de su vida y que influyeron en la formación de su carácter.

Lejos de de la imagen de hombre frío, cerebral y profundamente religioso, lo que este volumen nos ofrece es a un Felipe II mucho más cercano, un hombre que amó y sufrió, y que a menudo tuvo que elegir entre el amor y la razón de Estado.

La autora analiza la trayectoria del monarca a través del prisma de las mujeres de su vida, comenzando por su madre y sus hermanas, pasando por sus esposas y amantes y finalizando con sus hijas. Todas ellas dejaron en él un poso que posiblemente moldeó parte de su personalidad, y desde ese punto de vista está enfocado este estudio.

Con rigor histórico pero con amenidad, María Pilar Queralt del Hierro explora las vidas de esas mujeres y su relación con Felipe II a lo largo de los años. Curiosidades, pequeñas historias, intimidades… todo un universo creado alrededor de un hombre singular y enigmático.

El libro en sí es una auténtica preciosidad, uno de esos volúmenes de lujo que a cualquiera le gustaría tener en su biblioteca. El papel satinado, el tipo de letra elegida, los marcos… todo ello acompañado de multitud de fotografías de lugares, cuadros, mapas, maquetas, escudos… y un par de desplegables absolutamente cautivadores, especialmente el árbol familiar de Felipe II, digno de enmarcarse.

Un trabajo magnífico y una presentación exquisita. No podemos más que felicitar a la autora y a la editorial por un trabajo bien hecho.
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martes, 5 de julio de 2011

Una diosa para el rey - Mari Pau Domínguez

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Grijalbo, Mayo 2011
Género: Novela
430 páginas


Salamanca, 1543. Felipe de Habsburgo está a punto de casarse con su prima María Manuela de Portugal. El joven, de dieciséis años, debe cumplir con su deber como hombre de Estado, pero no está dispuesto a renunciar a su amante Isabel de Osorio, dama de compañía de sus hermanas.

A lo largo de los quince años que duró su relación, Isabel de Osorio permaneció junto al monarca en sus dos matrimonios concertados, el segundo con la reina inglesa María Tudor.
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Mari Pau Domínguez regresa al siglo XVI y a la figura de Felipe II en esta nueva novela. En ella, a diferencia de las dos anteriores (El diamante de la reina y La casa de los siete pecados), la autora se centra en la juventud del monarca y comienza en el instante en que éste tiene dieciséis años, es amante de Isabel de Osorio y está a punto de contraer matrimonio con su prima portuguesa, María Manuela, una joven de su misma edad y poco agraciada físicamente.

La autora nos presenta a un joven impulsivo y con carácter, controlado por un padre, el emperador Carlos V, que pese a la distancia – se encuentra en Flandes – es capaz de regir su destino y de impartir una serie de instrucciones que deben ser seguidas por su primogénito. Esa omnipresencia está presente en todo momento y el emperador es puntualmente informado de todos los pasos del joven, al que no duda en llamar la atención cada vez que piensa se ha desviado del camino que le ha sido marcado. El hecho llama poderosamente la atención si tenemos en cuenta que esa velocidad de reacción tiene lugar en pleno siglo XVI, con las consabidas dificultades de comunicación entre puntos tan distantes.

La trama gira en torno a la figura de Isabel de Osorio, amante de Felipe II durante quince años, y alrededor de su historia de amor va a moverse todo lo demás. Las largas ausencias de Felipe II, primero de viaje por Europa, luego en Inglaterra para contraer su segundo matrimonio con María Tudor, y siempre atareado con asuntos de Estado, van a caracterizar su apasionada relación.

La mujer, convencida de que en algún momento se convertirá en su esposa, permanecerá a su lado hasta el último instante, siendo testigo de la evolución del hombre al que ama, que acabará convertido en rey y, sobre todo, en un hombre de Estado, que antepondrá los intereses de su reino a cualquier consideración personal. Esa evolución queda magníficamente expuesta a lo largo de la novela y cuando Felipe II se ciñe al fin la corona ya no queda nada en él que recuerde al joven que retozaba entre las sábanas con su amante o que eludía sus deberes para pasar unos días con ella.

Una diosa para el rey es, sobre todo, una novela de amor, del amor entre Isabel de Osorio y Felipe II, pero también del amor que a la mujer le profesaba Diego Pisador, un músico de la época por el que Isabel llegó a sentir verdadero afecto. Todo lo demás, la política, la Corte, el arte… queda supeditado a ese romance.

Con un estilo casi poético y una ambientación magnífica, Mari Pau Domínguez nos desvela a una mujer prácticamente olvidada por la historia, una mujer que vivió a la sombra de uno de nuestros monarcas más universales, que sufrió y amó sin medida y que supo mantenerse al margen cuando las circunstancias así lo exigieron. Una historia conmovedora.
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miércoles, 16 de septiembre de 2009

La casa de los siete pecados - Mari Pau Domínguez

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Reseña - por Pilar Alonso. Reseña y entrevista publicadas originalmente en http://www.ciberanika.com/
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Editorial Grijalbo, Marzo 2009
Género: Novela histórica
351 páginas



I PREMIO CajaGRANADA DE NOVELA HISTÓRICA 2009



Año 1570. Ana de Austria, hija del emperador Maximiliano II, llega a España para convertirse en la cuarta esposa de Felipe II, su tío. Su principal obligación es proporcionar un heredero al trono español, pero llega también con la esperanza de obtener el amor del monarca más poderoso de su tiempo.

Pero Felipe II vive obsesionado con su nueva amante, Elena Zapata, a la que hace construir la casa de las siete chimeneas, que será el escenario de sus encuentros.

Felipe II, presa al mismo tiempo del remordimiento y la pasión, deberá tomar una serie de decisiones que tendrán trágicas consecuencias.
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La época de Felipe II siempre me ha parecido fascinante. Literariamente, es una a las que más jugo se le puede extraer. No hablo sólo del monarca, que desde luego tiene mucho juego, sino de sus cuatro esposas, su hermano natural Don Juan de Austria, o personajes como su secretario Antonio Pérez o Ana de Mendoza, la princesa de Éboli (aquella del parche en el ojo). Además, es la época de las batallas de Lepanto y San Quintín, de Cervantes, de El Escorial, de la Armada Invencible y los tercios de Flandes, de los piratas berberiscos y de las sanguinarias reinas británicas: María Tudor e Isabel I, además de la escocesa María Estuardo. Sí, no hay duda de que la época da para mucho juego.

Mª Pau Domínguez ha escogido un fragmento de ese momento histórico, un fragmento bastante delimitado, en el que los protagonistas son el propio Felipe II y su cuarta y última esposa, Ana de Austria, que en nada tiene que ver con aquella otra del mismo nombre que tan famosa hizo Alejandro Dumas.

La historia gira alrededor de la infidelidad del rey con Elena Zapata, su supuesta amante, y digo supuesta porque en este caso la autora juega con la ficción. Pues bien, toda la trama se desarrolla alrededor de esos amoríos, de los remordimientos del monarca entre su deber moral y su pasión carnal, y la obsesión de la reina por descubrir si los rumores que circulan por Madrid acerca de los devaneos del soberano son ciertos o no.

La historia no carece de atractivo, aunque sólo sea por los aspectos documentales, que están muy bien trabajados. Pero la trama, para mi gusto, se queda un poco corta.
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La época, como antes comentaba, posee el suficiente gancho como para atrapar la atención de cualquiera. De fondo aparecen algunos personajes o situaciones que bien darían para otras tantas novelas, pero la visión de la autora me ha resultado un poco limitada. Una y otra vez hace hincapié en los remordimientos del monarca por causa de su amante, de sus recuerdos, de sus pecados... Y por otro lado tenemos a Ana de Austria que es un poco más de lo mismo, obsesionada con la infidelidad del rey o su inocencia. En ningún momento se aleja demasiado del tema y a algún lector le puede resultar un tanto repetitivo, porque parece como si los demás asuntos que rodean esa trama principal terminasen contaminados por él, cuando no devorados.
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Supongo que la autora trataba precisamente de plasmar el tormento de Felipe II, un hombre profundamente religioso y al mismo tiempo un pecador consumado. Dicho enfoque no carece de alicientes, créanme, y Mª Pau Domínguez lo ha expresado con gran acierto.

La novela es una recreación del Madrid del Siglo de Oro marcada por la excesiva religiosidad, que aparece tanto en Felipe II como en la reina, por los cotilleos y la construcción de El Escorial, por los asuntos de Estado y por la leyenda, que Mari Pau Domínguez ha sabido rescatar y plasmar en su novela, una obra con muchos puntos interesantes, de lectura ágil y poblada de personajes cuya sola presencia ya sirve de acicate para continuar la lectura.
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Entrevista a Mari Pau Domínguez por "La casa de los siete pecados"

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por Pilar Alonso

Mari Pau Domínguez es periodista y escritora y con La casa de los siete pecados, su segunda novela histórica, ha obtenido el I Premio de Novela Histórica CajaGranada.

Nos recibió en su hotel y nos hizo un hueco para contestar esta entrevista.


- Tu novela ha sido la ganadora del I Premio de Novela Histórica CajaGranada ¿Qué se siente al ganar un certamen que está teniendo tanta repercusión?

Pues cuando me lo concedieron, no tuve la sensación de haber alcanzado algo o haber llegado a algún sitio. Por el contrario, la sensación era de que una nueva puerta se abría y que tenía una enorme responsabilidad, por un lado con quienes me habían concedido el premio y por otro con la editorial.


- ¿Por qué decidiste ambientar tu novela en la época de Felipe II?

Porque escribiendo El diamante de la reina me quedé fascinada con Felipe II y creo que el siglo XVI español es un período histórico apasionante y muy importante para la historia posterior. Además, el personaje es muy literario, y además no es sólo un personaje español, es un personaje mundial.


- José Saramago alaba tu talento narrativo y comenta que La casa de los siete pecados es “una excelente novela”. ¿Qué se siente al recibir palabras como esas del que fue Premio Nobel de Literatura?

Pues eso para mí ha sido tan importante y tan grande como el propio premio, y en el fondo me he sentido doblemente premiada leyendo las palabras que Saramago me ha dedicado porque, además de un merecidísimo Premio Nobel, es una excelente persona.


- ¿Cómo descubriste la leyenda que gira en torno a la Casa de las Siete Chimeneas?

Es una leyenda que circula sobre Madrid que, junto con la del fantasma del Palacio de Linares, son las dos leyendas más maravillosas de la ciudad. En este caso trasciende lo localista, no sólo atañe a Madrid, sino que tiene que ver con nuestra historia ya que afecta a la monarquía hispánica. Y esa leyenda habla de un fantasma de mujer, que pudo ser el de la amante del propio Felipe II, que un día aparece muerta en extrañas circunstancias, en su alcoba de la casa de las Siete Chimeneas y cuyo cadáver desaparece antes de ser enterrado.

A finales de noviembre de 1882, durante las obras de remodelación, se descubrieron los huesos de una mujer sin identificar junto a unas monedas, que se pudieron fechar en la época de Felipe II. Eso me proporcionó una base real sobre la que trabajar.


- Es evidente que has llevado a cabo una encomiable labor de investigación. ¿Ha sido una tarea muy ardua?

He empleado muchas horas, y ha sido un gran empeño, porque en torno a la figura del rey hay mucho escrito y debía hacer una criba importante, sobre todo los rasgos que me interesaban, que hacían referencia a la faceta psicológica del personaje. La parte más ardua ha sido la que tenía que ver con la propia casa, porque los datos son poco concretos y además no son coincidentes. De entre todas las versiones escogí la que me pareció más verosímil, y es que fue el arquitecto Juan de Herrera, el arquitecto mayor, ya embarcado en El Escorial, quien la construyó.


- ¿Qué fuentes has utilizado con mayor agrado?

Sin duda los documentos proporcionados por el Archivo del Ministerio de Cultura, que curiosamente se encuentran en la propia casa. Esa es la parte con la que más he disfrutado, ha sido lo más divertido.


- En tu novela nos presentas a un Felipe II cargado de remordimientos y sumamente supersticioso, y al mismo tiempo dominado por las pasiones carnales. De hecho es el eje sobre el que gira toda la trama. Y el cuadro de El Bosco, Mesa de los pecados capitales, encarna a la perfección esa lucha ¿Qué hay de realidad y qué de ficción en esa parte de la historia?

La base real es cierta, aunque la literatura siempre exagera un poco la realidad, lógicamente, por eso es ficción. Pero hay una buena base real en la descripción de ese personaje, y en su lucha contra la lujuria, el pecado capital que lo dominaba.


- Isabel de Valois parece haber sido el gran amor de Felipe II. ¿Se le conocieron amantes mientras ella vivía?

Él dejó de tener amantes a los cuatro años de estar con Isabel de Valois, pero luego, a su muerte, no cabe ninguna duda de que sí las tuvo.
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- Ana de Austria vive completamente obsesionada por la infidelidad de su marido, hasta el punto de llegar a la flagelación. Teniendo en cuenta que era su sobrina, en primer lugar, y que su matrimonio fue una cuestión de Estado, en segundo lugar, ¿no es su comportamiento un poco exagerado, tal y como aparece en la novela?

El amor no entraba dentro de la ecuación sobre el papel, como tampoco pasaba nada porque un rey tuviera una amante, pero eso es una cosa y otra es cómo alguna de las mujeres de Felipe II podía vivir esa circunstancia. En el caso de Ana de Austria ella sabía a lo que venía, a darle un heredero, pero vino también con el propósito de amarlo y de que él la amara, porque además ella le tenía un cariño especial, primero como tío suyo y luego como marido.


-¿Qué sentimientos te ha inspirado el personaje de Ana de Austria?

Es un personaje que despierta mi simpatía, que me inspira ternura. Me parecía una persona en el fondo de cierta fragilidad, muy sometida al papel que le había tocado cumplir y lo sabía, igual que sabía que no iba a salirse nunca de ese papel. Como reina, y en esa época, fue la reina perfecta, la esposa perfecta. De hecho, todos los historiadores se han puesto de acuerdo en eso, en que al final el rey la quiso, la quiso a su manera, porque ella quiso que la quisiera y le hizo la vida muy fácil, no inmiscuyéndose en nada. El rey se sentía muy a gusto con ella, y sobre todo después de la vida tan animada que había tenido con Isabel de Valois, con su rebeldía y con todo lo que había organizado en la Corte. Ana de Austria fue como una especie de remanso que consiguió hacer fácil y cómoda la vida en palacio, de forma que él dejó de recelar, se adaptó a ella y al final la quiso a su modo.


- Un detalle que me ha llamado la atención ha sido el remedio de la madre superiora para curar las heridas de la flagelación de Ana de Austria: un cocimiento de aceite de lirios, cachorros de perro recién nacido, gusanos de tierra y trementina veneciana. ¿Es una receta auténtica de la época?

Absolutamente cierta, la medicina del siglo XVI era un poco oscurantista y me costó mucho dar con ella.


- La relación de Juan de Ledesma con la reina al final se quedó en nada. ¿Está basada en algún dato histórico o forma parte también de la ficción?

Juan de Ledesma existió, fue propietario de la casa y secretario personal del secretario del rey, y debía entrar y salir de palacio con toda naturalidad. No hubiese sido extraño que se conocieran y trataran.


- Es indudable que en tiempos de Felipe II hubo muchos personajes realmente fascinantes: Juan de Austria, la princesa de Éboli, Antonio Pérez, Mateo Vázquez... ¿Has sentido predilección o te ha llamado especialmente la atención alguno de ellos?

A mí me ha gustado rescatar a Mateo Vázquez, me parecía un personaje perverso, estaba al mismo nivel jerárquico que Antonio Pérez, aunque él le superaba en el tema religioso, que tanto preocupaba a Felipe II. Me parece un personaje fascinante.


- Tu anterior libro, El diamante de la reina, narra la historia de Isabel de Valois. En este segundo hablas de Ana de Austria, la última esposa de Felipe II. ¿Habrá una tercera entrega?

Pues no al menos centrado en personajes femeninos, aunque en esta novela el protagonista sea Felipe II más que Ana de Austria, a diferencia del anterior, que sí estaba basado en la reina. Tengo ganas de seguir contando cosas sobre ese reinado, pero no lo tengo aún centrado.


- Esta es la segunda novela histórica que escribes, pero antes de eso no habías tocado el género. ¿Qué te parece la experiencia? ¿Dónde te sientes más cómoda escribiendo?

Pues sin duda en la novela histórica, ha sido un grandísimo descubrimiento. Es cierto que el trabajo es más intenso y que entraña más dificultad que una novela contemporánea, pero es donde más cómoda me he sentido y donde más he disfrutado.
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miércoles, 1 de abril de 2009

Elizabeth. La edad de oro. (2007)

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Películas - por Pilar Alonso

Esta película, secuela de Elizabeth (1998), se inicia en el año 1585. España es la nación más poderosa de Europa y los barcos que provienen de América son constantemente atacados por los ingleses. El enfrentamiento entre ambas potencias es inminente.

Mientras tanto, Isabel I (Cate Blanchett) es aconsejada sobre la conveniencia de contraer matrimonio y le son presentados los retratos de varios príncipes europeos. Fiel a su costumbre, rechazará a todos los pretendientes y se enamorará de Walter Raleigh (Clive Owen), un marino que proviene de América y que le relata sus increíbles aventuras.

La corte de Felipe II (Jordi Mollá) trata de apoyar la candidatura al trono de la católica María Estuardo y rival de Isabel I. Pero el complot fracasa y conduce a la inevitable guerra entre las dos naciones.


No hay duda de que nos encontramos con una buena puesta en escena, excelente fotografía y un vestuario extraordinario. A pesar de las licencias históricas que se tomaron los guionistas, la cinta resulta bastante sugerente. Ante eso no tengo nada que decir.

Pero la interpretación de Cate Blanchet del personaje principal no me ha convencido. Histriónica, exagerada en sus ademanes y sus reacciones, me ha resultado muy alejada de la imagen que me había hecho de ella a través de distintas lecturas.

Pero lo peor, lo que me ha resultado más ofensivo, es la caracterización de Felipe II, interpretado por Jordi Mollá, que resulta francamente patético, excesivo en su papel de garante de la Cristiandad y beato hasta el paroxismo.

Entendería los desmanes de ambos monarcas si se tratase de la adaptación de una obra contemporánea a sus protagonistas pero, hoy en día, con la abundancia de documentación existente, echar mano de la Leyenda Negra española para retratar a un personaje del calibre de Felipe II me parece un recurso irrisorio, con el único objeto de ensalzar la labor de Isabel I de Inglaterra. Creo que se podría haber logrado el mismo efecto sin necesidad de caricaturizar la figura del monarca español.
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Una película bastante irregular, con momentos memorables y otros que bien podrían haberse evitado, situaciones poco verosímiles y personajes escasamente convincentes con alguna salvedad, como Walter Raleigh.

Para mi gusto es una cinta para pasar una tarde entretenida, si no se os hace mala sangre como me sucedió a mí.
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