
Reseña - por Pilar Alonso
Editorial Alfaguara
271 páginas
Género: Novela
Hay miles de maneras de contar una historia. Y es evidente que Pérez-Reverte posee la suya propia. Te puede gustar más o menos, pero es innegable que su estilo es único.
Pues con ese estilo irónico y mordaz que le caracteriza, abordó el tema de Trafalgar. No es precisamente un asunto que carezca de fuentes, de todos los tamaños y colores, pero su visión permite, en menos de trescientas páginas, hacerse una idea de lo que supuso aquel enfrentamiento para todas las partes implicadas, especialmente para los españoles.
Pues con ese estilo irónico y mordaz que le caracteriza, abordó el tema de Trafalgar. No es precisamente un asunto que carezca de fuentes, de todos los tamaños y colores, pero su visión permite, en menos de trescientas páginas, hacerse una idea de lo que supuso aquel enfrentamiento para todas las partes implicadas, especialmente para los españoles.
Cuando un tema le toca en lo más hondo, Pérez-Reverte arremete contra él sin miramientos. Y me da la sensación de que éste es uno de esos casos. La ineptitud de nuestro gobierno, y de la Armada en este caso, le sirven para trazar un bosquejo de lo que era nuestra sociedad allá por los comienzos del siglo XIX, en comparación con los franceses y sobre todo con los ingleses.
Partiendo de la base de un barco inexistente, el Antilla, el autor recrea la batalla de Trafalgar y cómo se desarrolló a lo largo de aquel 21 de octubre de 1805. La gente, dice él, la gente es la que ha salvado a este país de irse por el retrete, la gente de a pie, que pone en el fuego todo lo que tiene y que, en ocasiones, es capaz de los actos más heroicos, sin que ningún pelagatos pueda remediarlo o impedirlo. Y esa gente es la que aparece en esta novela, gente que se vio alistada a la fuerza, comandantes que pintaron los barcos con dinero de su bolsillo para no pasar vergüenza en la batalla, con marineros que jamás vieron un céntimo de sus pensiones (menos aún sus viudas) y que, en muchos casos, se echaron a la mar con varias pagas de retraso. Esa gente fue la que luchó en Trafalgar, la que merecía esta novela cargada de humor, de guerra y de esas pinceladas de humanidad que se atraviesan en la garganta.
Hay miles de maneras de contar una historia. Y a mí, qué quieren que les diga, me gusta el estilo de Pérez-Reverte. Me hace reír, me hace llorar y nunca, jamás, me deja indiferente.
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