miércoles, 9 de junio de 2010

Entrevista a Jesús Maeso de la Torre por "La Cúpula del Mundo"

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por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

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Jesús Maeso de la Torre, considerado como uno de los principales autores de novela histórica de nuestro país, obtuvo el II Premio CajaGranada de Novela Histórica con la novela La Cúpula del Mundo.

En su haber figuran otras obras de éxito, entre ellas: Al-Gazal, el viajero de los dos orientes (2002), El Papa Luna (2002), La profecía del Corán (2006) o El sello del algebrista (2007).

Jesús Maeso de la Torre es un trabajador incansable y un excelente conversador. A pesar de la ajetreada presentación de su novela tuvimos tiempo de charlar sobre ella, una experiencia que disfruté enormemente y que se hizo muy, muy corta.



- Tu novela ha sido la ganadora del II Premio de Novela Histórica CajaGranada ¿Cómo sienta ganar un certamen de tanta repercusión?

Sienta muy bien, porque te hace un poquito más independiente y te da seguridad, y, aunque no es lo más importante, te proporciona cierta libertad. Además, viendo quién era el jurado me di cuenta de que el certamen tenía bastante prestigio, si lo avalaba Random House todavía más, y si lo había ganado antes María Pau Domínguez, cuyo libro había leído, imagínate. Me parecía que había dejado el listón un poco alto, pero a pesar de todo decidí presentarme. Y estoy encantado.



- ¿Cómo surgió la idea de esta novela? ¿Por qué Cristina de Noruega?

Surgió de una forma completamente casual. Estaba de paso en un pueblo de Burgos, Covarrubias, y vi a un grupo de noruegos que se metían en una capilla románica muy pequeña, cantando y enarbolando banderitas mientras rodeaban un féretro, y me extrañó. Entonces le pregunté al párroco quién estaba enterrado allí y me contestó que la princesa Cristina de Noruega, que había traído Alfonso X. Añadió que cuando habían levantado la lápida en 1958 descubrieron en su interior un papelito con un poema y una receta médica, introducidos seguramente por el médico que había ido a buscarla a su país. Entonces me dije: aquí hay una historia.



- ¿Qué hay de cierto en la historia de la embajada castellana que viajó hasta Noruega?

Ese episodio es real. Alfonso X no tenía descendencia de su esposa, Doña Violante, y en un principio se pensó que desposara él mismo a la princesa Cristina, buscando alianzas para obtener la corona del Imperio. Pero el suegro era Jaime I, rey de Aragón, que habría creado problemas si hubiera repudiado a la reina y en el ínterin, además, nació su hijo varón: Don Fernando de la Cerda. Fue así como se decidió que la princesa
Cristina se casara con uno de los infantes, a su elección. Y eligió a Felipe, hermano de Alfonso X.


- Imagino que la parte que transcurre en Noruega habrá sido la más complicada a la hora de documentarte para la novela.

Pues sí, hay muy poca bibliografía. Tuve que acudir a una especialista en runas para conocer las leyendas, cómo se tiraban, cuál era su historia… Sí, sin duda fue la parte más difícil.
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- Beltrán Sina, el protagonista, es un “médico de almas”, lo que hoy sería una especie de psicólogo o psiquiatra ¿no? ¿Era una especialidad muy extendida? A juzgar por los enfrentamientos con don Hernando, el médico de la corte, no parecía estar muy bien vista.

Sí, era una especialidad que sólo se impartía en las universidades de Montpellier y de Salerno, y no, no estaba muy bien vista, cierto. El sacerdote pensaba que las enfermedades del alma las curaban solamente Dios o él mediante la confesión, y por eso había tan pocos “médicos de almas” en el mundo occidental, porque la Iglesia los rechazaba.



- Alfonso X nos hace pensar en un hombre del Renacimiento. ¿Fue un hombre adelantado a su tiempo?

Totalmente. Fue un hombre muy avanzado. Incluso la universidad de París, que era la más prestigiosa del mundo, lo llamaba stupor mundi, “el asombro del mundo”. Era alquimista, poeta, ajedrecista, astrólogo, legislador, hablaba varios idiomas… y todo en un momento en el que la mayoría de los nobles no sabían ni escribir su nombre. Y además no fracasó en su faceta política: legó a su hijo un territorio mayor del que él había heredado de su padre. De haber nacido unos siglos más tarde, creo que habría sido otro Leonardo u otro Miguel Ángel.

Como anécdota, se le considera un personaje tan grande y universal que la NASA, cuando le puso nombre a los principales cráteres de la Luna, llamó a uno Alphonsus en su honor.



- ¿A qué crees que se debió ese empeño en ceñirse la corona de emperador y que tantos quebraderos de cabeza causó? ¿Ambición? ¿Vanidad?

Yo creo que ambas y, además, esa idea mística medieval de que él era el personaje que concitaba sobre su persona las profecías que hablaban de una edad de oro en la que un descendiente de Federico II sería el Rex Mundi, el que ceñiría las tres coronas. Y él se creyó esa persona. Y se lo creyó de tal forma que dejó las arcas de Castilla completamente vacías en la empresa.



- Tras su muerte, ¿continuó la labor de copistas y traductores que él tanto había impulsado? ¿Dónde acabaron todos aquellos miles de volúmenes dedicados al saber?

Siguió la Academia, pero se le retiraron las subvenciones que les daba el Rey y poco a poco fue desapareciendo. Sancho IV, el hijo de Alfonso X, no era precisamente un estudioso. Muchos de esos volúmenes se quemaron cuando la Inquisición y otros muchos terminaron en monasterios repartidos por toda la Cristiandad.



- En la novela hablas de muchos documentos y objetos que parecen haber acabado en la Biblioteca de Alfonso X, entre ellos la Tabla Azul, el tablero de ajedrez llamado Paladión o la extraordinaria espada que le entrega Von Drakensberg. ¿Existieron esos objetos? ¿Se conservan?

La Tabla Azul es completamente ficticia. El tablero de ajedrez, el Paladión, sí es auténtico, pero desapareció. Fue pasando de rey en rey y a la altura de los Reyes Católicos se le pierde la pista. Una lástima, porque era un tablero único, de oro puro. La espada también existía: la espada de Carlomagno.



- Uno de los deseos de Alfonso X fue que, a su muerte, su corazón fuese enterrado en Tierra Santa. ¿Cómo acabó en Murcia?
Él quería ser enterrado en Tierra Santa porque, según la Biblia, allí se celebrará el día del Juicio Final y de ese modo lo dispuso en su testamento. Pero su hijo Sancho hizo todo lo contrario a lo que había estipulado su padre. Alfonso quería su cuerpo enterrado en la catedral de Cádiz, que él había mandado construir, y su hijo lo enterró en Sevilla. Y el corazón, en lugar de enviarlo a Tierra Santa, quedó en Murcia, tierra que había conquistado durante su reinado. Tal vez una forma de vengarse de él.
- Doña Violante, la reina, fue al parecer una mujer intrigante, vengativa y manipuladora. ¿Qué hay de verdad en ese aspecto de su vida? ¿Fue realmente tan perversa?

Violante llegó a la Corte siendo muy jovencita, destinada al primogénito. Pero desde el comienzo coqueteó con todos los infantes, sobre todo con Felipe, y toda la Corte estaba al tanto. Tenía un carácter tremendo, era bellísima y muy alta, y la llegada de la princesa noruega no debió sentarle muy bien. Además terminó tomando partido político por el hijo segundo en contra del marido. Dicen que de haber sido hombre habría sido el mejor rey de Aragón. Era una mujer extraordinaria, muy inteligente, preparada para la política, y yo no diría que perversa, pero sí entrenada para todos los tejemanejes de la Corte.



- Antes de morir, Cristina de Noruega expresó su deseo de que se erigiera una capilla en España dedicada a San Olav, patrono de Noruega. ¿Se vio cumplido su deseo?

No se cumplió entonces pero se va a cumplir ahora, setecientos años después. Se va a construir una pequeña capilla en la misma Covarrubias, donde descansan sus restos, por cuenta de la Fundación Kristín de Noruega y de la Embajada.



- De todos los personajes de tu novela, reales y ficticios, ¿le has tomado un cariño especial a alguno de ellos?

Para mí el personaje de la novela es Von Drakensberg, un hombre atormentado, que había estado en Egipto y había sufrido por un amor imposible. Un hombretón célibe que sucumbió a la lujuria, que fue acusado injustamente de estafa, miembro de la Orden Teutónica, mucho menos conocida que la de los Templarios pero igual de importante o más. Es un personaje fascinante que me sedujo por completo y que sintetiza muy bien la Edad Media entera.

Y por supuesto le cogí gran cariño a la propia princesa, que se sacrificó por su país y murió muy joven y a Gudleik, su bufón, que me resultó muy tierno.



- ¿Y a algún pasaje en particular?

En la parte de Noruega me lo pasé especialmente bien. Yo mismo fui descubriendo un mundo del que no sabía casi nada y recrearlo fue un ejercicio muy satisfactorio.


- ¿Estás preparando ya tu próximo trabajo? ¿Puedes adelantarnos algo?

Pues sí, ya está casi lista. Va a ser una novela ambientada durante las Cortes de Cádiz.
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3 comentarios:

Julián dijo...

Hola, no puedo ver buena parte de las respuestas, sólo al seleccionar el texto con el ratón, no sé si es mi ordenador o es el color que le pusiste.

Historia y Libros dijo...

Qué extraño! Lo he mirado desde otros ordenadores y se ve bien.

Julián dijo...

Ahora lo veo bien, perdona, era cosa de mi ordenador.