lunes, 9 de marzo de 2009

La venganza del bandolero - Martí Gironell

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com

Editorial Planeta
344 páginas
Género: Novela

Boquica fue un bandolero, para algunos un chaquetero, un afrancesado. Para otros, un traidor. Sin embargo, Boquica luchaba por unos ideales de libertad que iban más allá del patriotismo.

Primero en el bando patriota y luego en el francés, su único deseo era vivir sin pertenecer a nadie.

Y en torno a él se creó la leyenda.


Opinión

No sé si Boquica fue malo o fue bueno. Fue cruel, es innegable. Pero hay que entender las circunstancias para entender al hombre, y eso es justamente lo que Martí Gironell pretende con esta novela, plantear los hechos que rodearon la vida de José Pujol y que lo llevaron a convertirse en bandolero.

Cuando se inicia la Guerra de la Independencia contra los franceses, en 1808, Boquica lucha en el bando patriota para echar al invasor. Pero las promesas que le hacen quedan en nada y pronto el hambre y la miseria serán su única recompensa. Hastiado de charlatanes, se une a los franceses y forma una partida de migueletes, encargados de recaudar los impuestos y luchar contra los bandidos, para acabar finalmente luchando por sí mismo contra todos.

Es fácil juzgar con el peso de la historia a nuestra espalda, pero me pregunto qué habrían hecho muchos padres de familia en una situación así, con hijos a los que alimentar y ni un mal mendrugo que echarse a la boca. Afrancesados, sí. Esperanzados, los hubiese llamado yo, en un tiempo en que nuestra monarquía era un mal chiste y Napoleón parecía el salvador de un pueblo que se agostaba. Creo que yo me habría puesto mil chaquetas con tal de no oír llorar de hambre a mis hijos, porque, a fin de cuentas, la vida de palacio siempre queda lejos ¿o no?. Mi pedazo de tierra, mi casa, mis vecinos... hubiesen seguido siendo los mismos y yo hubiese continuado pagando mis impuestos, sin importar en definitiva a qué bolsillos fuesen a parar.

Desde ese prisma, en mi opinión, hay que enfrentarse al protagonista de esta novela. No pretendo justificar sus acciones, excesivamente crueles en muchos casos, aunque no muy distintas a otros hombres de su tiempo. “Yo soy yo y mis circunstancias”, como diría Ortega y Gasset un siglo más tarde, una frase que, en este caso, se adapta como un guante.

Amores, traiciones y mucha acción son las notas dominantes en esta novela que, además, es un fresco de lo que era la zona de La Garrotxa, con sus costumbres, su paisaje, sus fiestas, sus creencias e incluso sus supersticiones, que también aparecen, con un exceso de fantasía, en la trama. Y un punto de brutalidad que remueve las tripas y que nos hace recordar que, pese al tiempo transcurrido, no hemos cambiado tanto. Por desgracia.
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sábado, 7 de marzo de 2009

Bill Haley, el otro Rey

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Música - Pilar Alonso

¿Quién no ha oído alguna vez “Rock around the Clock”? ¿Y quién, habiéndolo oído, ha podido permanecer completamente indiferente? Es inevitable que los pies, e incluso los hombros o las manos, se muevan al compás.

El autor es Bill Haley, nacido William John Clifton Haley en Michigan, en marzo de 1927. Sus padres eran músicos y a los 15 años se fugó de casa para crear su propio grupo, aunque no tuvo éxito. De emisora en emisora, deambuló por el panorama discográfico sin que nadie se fijara en él. En 1952 grabaría “Crazy man, crazy”, que el famoso disc-jockey Alan Fred escuchó y decidió lanzar, etiquetándolo con un nombre nuevo que él había inventado: “rock’n’roll”.

Tras el éxito de ese tema, Bill Haley firmó un contrato con la poderosa discográfica Decca. El 12 de abril de 1954 se grabó “Rock around the Clock”, que se mantendría durante ocho semanas como el número 1 en las listas de éxitos. Se vendieron quince millones de copias, una cifra que aún en la actualidad no está al alcance de cualquiera.

Con ese tema Bill Haley se convertía en un símbolo del cambio generacional. Tanto él como su banda, The Comets, fueron imitados por todos los jóvenes de 1955. La aparición del Rey, Elvis Presley, aún más rebelde que Haley, los desbancó y, poco a poco, desaparecieron del panorama musical.

Haley moriría el 9 de febrero de 1981, olvidado y solo en su casa, en Texas. Su cadáver no se encontraría hasta cinco días después de su fallecimiento. Nadie había echado de menos al primer hombre que pisó la luna del rock’n’roll.
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jueves, 5 de marzo de 2009

David Livingstone, el buscador de ríos

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Apuntes - por Pilar Alonso

“Si alguna vez vais a África, que Dios os conceda un compañero tan leal y tan noble como David Livingstone”.
Henry Stanley
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Hay tierras que le ganan a uno el alma sin remedio, y algo así fue lo que tuvo que sucederle a David Livingstone con África.

Explorador, médico y misionero, este escocés nacido en 1813 fue uno de los hombres más queridos y admirados de su tiempo. Desde que en 1840 desembarcara en El Cabo, Sudáfrica, exploró gran parte del desconocido continente y realizó descubrimientos de la importancia de las cataratas Victoria, además de ser el primer europeo en recorrer el África central de costa a costa.

Se casó con la hija de otro misionero, Mary Moffat, con quien tuvo varios hijos y que compartió con él muchas de sus penalidades, que, en aquellas tierras tan a menudo hostiles, no debieron ser pocas. Cada vez que regresaba a Inglaterra era recibido con honores y sus libros y conferencias eran todo un éxito.

La última vez que regresó a África lo hizo solo, Mary Livingstone lo seguiría más de tres años después. Su sueño, su reto: descubrir el nacimiento del Nilo. Poco después de reunirse con su esposa, en enero de 1862, ésta fallecía de unas fiebres junto al río Zambeze.

Malaria, disentería, hormigas soldado, serpientes, leones... Livingstone padeció todo tipo de fiebres y enfermedades, que fueron minando su salud, sin contar con el inmenso desgaste que supuso batallar con los nativos para erradicar la esclavitud o, llegado el caso, tratar de cristianizarlos.

El periodista del The New York Herald, Henry Stanley, partió en su busca cuando se le dio por desaparecido, y pronunciaría, al encontrarse con él junto al lago Tanganika, aquella famosa frase “El doctor Livingstone, supongo”, que dio lugar a la leyenda. Poco después de marcharse, sin haber convencido al explorador de regresar con él a Inglaterra, pese a su delicado estado de salud, Livingstone, cada vez más enfermo, fallecía de unas fiebres en la aldea de Chitambo, en la actual Zambia. Era el 1 de mayo de 1873.

Souzi, Chouma y Wainwringt, sus fieles servidores, lo encontraron muerto, arrodillado junto a su cama en actitud de orar. “El buscador de ríos”, como era conocido en muchas partes de África, se había ganado el respeto de aquellas gentes, y ellos consideraron que era su deber transportar el cadáver hasta la costa y entregárselo a los hombres blancos.

Decidieron embalsamarlo y le extrajeron las vísceras. El corazón fue depositado en una caja y enterrado bajo un árbol, a gran profundidad, para evitar que las alimañas pudieran desenterrarlo. El resto del cuerpo fue momificado, envuelto en una tela y transportado durante diez meses por sus hombres, hasta que fue entregado en Zanzíbar en febrero de 1874.

Fue enterrado en la abadía de Westminster en abril de ese mismo año, con la asistencia de las personalidades más relevantes de la sociedad. Jacobo Wainwringt, en representación de sus compañeros africanos, fue uno de los portadores del féretro.

Sus restos descansan junto a reyes y personalidades de la talla de Lord Byron, Charles Darwin, Isaac Newton o Charles Dickens.

Pero su corazón se quedó en África, en la tierra que amaba y en la que pasó la mayor parte de su vida. Creo que es lo que él hubiese querido.
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martes, 3 de marzo de 2009

El pintor de sombras - Esteban Martín

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com

Editorial Plaza&
Janés382 páginas
Género: Novela


Barcelona, finales del siglo XIX. Pablo Ruiz Picasso, recién llegado a la ciudad, no desea más que pintar, encontrar un estilo propio que rompa con todos los estilos conocidos hasta entonces.

Alejado de su familia y sin dinero, hallará cobijo en un burdel en la calle de Aviñón, donde encontrará al amor de su vida, que creía perdido para siempre.

Cuando una de las prostitutas aparece brutalmente asesinada, todas las pistas parecen apuntar en su dirección. Pero él ha visto al auténtico asesino, e incluso lo ha dibujado. Ahora sólo tiene que demostrar su inocencia.

Y no va a ser tarea fácil.


Opinión

Algunos libros resultan ser una agradable e inesperada sorpresa. Eso es lo que ha sido para mí El pintor de sombras.

No conozco la obra de Esteban Martín, que fue coautor de La clave Gaudí, pero es innegable que posee un pulso narrativo difícil de obviar, al menos en esta novela, donde combina realidad y ficción con un tempo y un ritmo magníficos.

El libro tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera, asistimos a los primeros años de Pablo Picasso en Barcelona, sus estudios, sus amigos, sus correrías y sus primeras obras, su afán por hacer algo distinto, alejado de la pintura convencional, la relación con su familia y sus amores iniciales. Un recorrido por la Barcelona de finales del siglo XIX de lo más sugerente, en especial por la parte más humilde de la ciudad, de la mano de uno de los pintores más famosos de la historia. Reconozco que no es mi artista favorito, ni es mi estilo, pero Esteban Martín ha conseguido que me interesara por su obra, buscando en internet los cuadros que mencionaba y valorando lo que supuso su figura para la Historia del Arte. He mirado y remirado el cuadro de Las Señoritas de Aviñón desde todos los ángulos, tratando de ver a sus protagonistas, de reconocer a los personajes de la novela. Y ha sido una experiencia de lo más cautivadora.

Para empezar, con esa primera parte ya me había ganado el pulso. Las aventuras del joven me tenían completamente atrapada, entonces comenzaron a complicarse y... llegaba otra maravillosa sorpresa. La segunda parte del libro da un giro brutal y de repente nos encontramos en Londres, en una habitación que, nada más llegar, me sonaba mucho, muchísimo. A las pocas líneas ya sabía por qué. Steven Arrow es el protagonista de esta segunda parte, y Steven Arrow no es otro que el alter ego de Sherlock Holmes, con su inseparable Watson encarnado por el doctor Sherrinford, y Conan Doyle usando sus casos verídicos para su personaje ficticio.

Cualquiera que me conozca sabe que me encantan las aventuras de Sherlock Holmes y encontrarme a un personaje con la mayoría de sus características, pero mucho más humano y cercano, ha sido todo un descubrimiento. Esta sección de la novela se inicia poniendo al lector en antecedentes sobre la vida de Arrow. Para quien conozca la obra de Conan Doyle, es un poco como releer Estudio en Escarlata, donde narra cómo trabaron conocimiento el detective y el doctor, con algunas variantes. Y toda esta parte es una especie de homenaje al detective más famoso de todos los tiempos, con guiños a personajes, aventuras y situaciones, y además escrito en primera persona, como hace Watson con todos los casos de Holmes.

Steven Arrow llega a Barcelona para ayudar en la investigación de una serie de prostitutas brutalmente descuartizadas y allí conoce a Picasso. No voy a dar más datos para no revelar los misterios que encierra la trama, que son muchos y variados.

Hay muchas cosas interesantes en esta novela, que demuestran el cuidado que ha puesto el autor a la hora de documentarse, tejiendo una trama en la que resulta difícil separar realidad y ficción. Empezando con Picasso y Sherlock Holmes y siguiendo con las teorías sobre los delincuentes, la guerra de Cuba, los primeros pasos de La Vanguardia, asesinos en serie del siglo XIX casi desconocidos, y un sinfín de detalles y anécdotas de lo más sugerentes, y todo con una prosa cuidada, buenos diálogos, capítulos cortos, protagonistas fascinantes y una historia que te deja pegado al asiento con sólo leer las primeras líneas.

Siempre es un placer abrir un libro nuevo, ansioso por descubrir qué sorpresas se esconden entre sus páginas. Me alegra decir que El pintor de sombras ha superado con creces mis expectativas.
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domingo, 1 de marzo de 2009

Novedades destacadas

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Estas son las últimas novedades editoriales que más me han llamado la atención, por si os pueden interesar:
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Vidas de los césares, Anthony A. Barrett, ed., de Editorial Crítica, un recorrido por las vidas de los emperadores romanos de la mano de doce especialistas en Historia de Roma, un ensayo que no deberían perderse los amantes del género.


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Grijalbo publica una nueva novela de Fréderic Lenoir, El oráculo de la luna, ambientada en la cuenca mediterránea del siglo XVI, un thriller histórico marcado por la intriga, la astrología y la religión.

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Tutankhamon, la nueva novela de Christian Jacq, de Planeta, está ya en las librerías. Un regreso a Egipto de la mano de uno de los escritores que más han escrito sobre el tema.


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Nowtilus, en su colección de Breve Historia apuesta por el Salvaje Oeste con cuatro títulos firmados por Gregorio Doval, que aborda cuestiones como los pistoleros y forajidos, los indios, los cowboys o la propia conquista del Oeste.






Veneno en la corte, de Dorothy Dunnett es una de las apuestas de la editorial Pàmies para estos días, una novela ambientada en la corte francesa, donde María de Guisa, la madre de María Estuardo, tratará de descubrir las intrigas que pretenden acabar con la vida de la futura reina de Escocia.
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viernes, 27 de febrero de 2009

30 de Octubre de 1938. El día del fin del mundo.

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Apuntes - por Pilar Alonso

Poco podía imaginar H.G. Wells (1866-1946) que una de sus novelas, concretamente La guerra de los mundos, iba a causar estragos cuarenta años después de su publicación. La novela, ambientada en el Londres de principios del XX, narra la invasión de la Tierra por parte de una serie de naves extraterrestres, la evacuación de la ciudad y el enfrentamiento contra los alienígenas.

Pues bien, la noche del 30 de Octubre de 1938 la CBS decidió adaptar la novela a un programa radiofónico. En un momento en que no existían equipos de televisión, la mayoría de la gente se reunía alrededor de los aparatos de radio para escuchar sus programas favoritos. Antes de iniciar la retransmisión, que se hizo como si se tratase de un boletín de noticias, el programa avisó de que se trataba de la dramatización de una novela de ciencia ficción.

Pero, claro, no todo el mundo estuvo ahí desde el inicio y, los que pusieron la radio cuando el programa ya había comenzado, se llevaron el mayor susto de su vida. Orson Welles retransmitía en directo lo que parecía ser la invasión de la Tierra por los marcianos, cuya primera nave había aterrizado en New Jersey, todo escenificado hasta el detalle. Y todos sabemos que su talento como actor era innegable.

Muchos ciudadanos, presas del pánico, cogieron sus más valiosas pertenencias y se echaron a la calle, tratando de abandonar sus ciudades, especialmente en New Jersey y New York, sin saber muy bien hacia dónde dirigirse, convencidos de que los alienígenas los atacaban y que el fin del mundo había llegado. Otros se encerraron en sus sótanos, armados hasta los dientes y hubo incluso quienes trataron de improvisar máscaras de gas para defenderse del ataque de los marcianos. Se bloquearon las emisoras de noticias y los teléfonos de la policía, saturados por las llamadas de los asustados radioyentes que pedían confirmación de lo que parecía estar sucediendo.

Fue un gran escándalo y Orson Welles tuvo que pedir disculpas públicamente. Pero me pregunto qué nuevas pesadillas nacieron aquella noche, entre aquellos que, durante unos minutos o unas horas, creyeron que el fin del mundo estaba al otro lado de su puerta.


Para escuchar el programa:

aquí
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miércoles, 25 de febrero de 2009

El hijo de César - John Williams

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com

Editorial Pàmies
318 páginas
Género: Novela

Esta novela, ganadora del National Book Award, narra uno de los momentos más importantes de la Historia de Occidente. Cuando Julio César muere asesinado en el año 44 a.C., establece en su testamente que Octavio, a quien ha adoptado como hijo, debe sucederle al frente de Roma.

Pero Octavio sólo tiene dieciocho años, y serán muchos los que intentarán que no se cumpla la última voluntad de César. El joven deberá enfrentarse a multitud de enemigos, Marco Antonio entre ellos, y sentar las bases de un gobierno que perduraría durante más de cuarenta años.

Opinión

La historia de Roma es apasionante. No importa lo lejos que quede en el tiempo, siempre me parece que todo sucedió hace apenas unos años, tal vez cuando era niña, y por eso siempre me resulta tan fascinante adentrarme en ella. No soy consciente de que todo aconteció hace ya más de dos mil años, y reparar en ello me produce una nostalgia difícil de explicar.

No todas las obras consiguen transportarme con la misma facilidad a la Roma Clásica, pero sin duda El hijo de César ha sido una de ellas. Totalmente epistolar, narra una de las épocas más importantes de la historia de occidente. El hecho de que toda la trama se desarrolle a través de las cartas de una serie de personajes fue un poco como estar allí, como ser testigo directo de los acontecimientos, como si yo fuese la destinataria de esas misivas. Y la sensación no me abandonó en ningún momento.

Así, estuve con Octavio Augusto en Apolonia (la actual Albania) adiestrándome con el ejército cuando recibí la noticia de la muerte de César. Y sentí sobre los hombros de mis dieciocho años caer el peso de un Imperio. Y tomé junto a él varias decisiones importantes: la primera, que aceptaría la última voluntad de su padre adoptivo. La segunda, que a partir de ese momento no podría confiar en nadie, todos pasaban a convertirse en un enemigo en potencia. Y la tercera, que lo primero que haría sería vengar la muerte de Julio César.

Aunque, claro, también milité en el bando del enemigo, tramando complots con Cicerón, Marco Antonio o Bruto o tejiendo telas de araña con las manos de Cleopatra.

Además, escribí versos con Virgilio y Horacio, y la historia de Roma con Tito Livio. Me enfrenté a los enemigos del Imperio junto a Marco Agripa y, en la segunda parte del libro, viví exiliada en una isla junto a Julia, la hija de Octavio.

John Williams ha sido capaz de transmitirme todo eso, de hacerme partícipe de una historia sugerente mediante un ritmo adecuado, una prosa cuidada y una buena ambientación.

No hay que olvidar, no obstante, que El hijo de César es una obra de ficción y que, como tal, se ha tomado algunas licencias con sucesos históricos o personajes. Las cartas son invención del autor, algunos hechos se han adaptado o modificado para seguir el hilo argumental, y es probable que los entendidos en la historia de Roma descubran en esta obra errores o tergiversaciones. Pero, a cualquiera que le interese mínimamente este período, encontrará en esta novela un modo de aproximarse a él y de observar, por encima del hombro de sus personajes, una época fascinante.
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lunes, 23 de febrero de 2009

La casa de Riverton - Kate Morton

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com

Editorial Suma de Letras
520 páginas
Género: Novela


Grace Bradley ahora es una anciana, pero antiguamente, poco antes de empezar la Primera Guerra Mundial, entró a servir en la casa de Riverton, y allí fue testigo de muchas cosas, algunas de las cuales preferiría haber olvidado para siempre.

Una carta, enviada por una guionista que quiere revivir aquellos escenarios, despertará todos sus recuerdos y la obligará, sin pretenderlo, a realizar un viaje por su memoria, que culminará con el suicidio, en 1924, de un joven poeta.


Opinión

Hay historias que te atrapan antes de comenzar a leerlas. Y eso fue lo que me sucedió con La casa de Riverton. Sabía que estaba ambientada a principios del siglo XX, un período que me gusta especialmente, y la portada era cautivadora. Así es que, antes de abrir la primera página, ya tenía varios puntos a su favor.

La novela se inicia en 1999, cuando una anciana recibe una inquietante carta. Una guionista cinematográfica prepara el guión de una película que hablará sobre la relación que mantuvo el poeta R.S. Hunter con las hermanas Hartford y su posterior suicidio, precisamente en la propiedad de las hermanas. La anciana que recibe la misiva sirvió durante años en la casa de Riverton, y necesitan consejo para recrear los escenarios donde va a filmarse la película.

Así se inicia el viaje de Grace, un regreso al pasado que la llevará hasta 1914, cuando entró a servir por primera vez en Riverton. Gracias a sus palabras podemos evocar cómo se vivía por aquel entonces, cómo afectó la Gran Guerra a los soldados y a los que permanecieron en sus casas y cómo, poco a poco, las consecuencias de aquella guerra iban a modificar la sociedad, haciendo tambalear todos sus cimientos. Fueron los locos años veinte.

La novela recrea magníficamente las relaciones entre amos y sirvientes, en una época en la que cada cual tenía muy claro a qué clase pertenecía. Cómo los criados lograban ser invisibles mientras atendían a sus señores, que continuaban con sus quehaceres exactamente como si no estuvieran allí. Testigos mudos que conocían todos los entresijos de la casa en la que trabajaban y que, habitualmente, sabían mantener los secretos de los que, voluntaria o involuntariamente, les hacían partícipes.

Pero la novela no se centra sólo en las cosas que les sucedían a los amos, también a los sirvientes, que pasaban la jornada en el piso de abajo y que también tenían sus propias historias. Grace, primero sirvienta y luego doncella, es el nexo de unión entre los dos mundos, tan próximos y a la vez tan distantes.

Hay más cosas interesantes en el libro. Una de ellas son las reflexiones que realiza la protagonista, anclada ya en la vejez, sobre el transcurrir del tiempo, sobre el amor, la vida y la guerra, las miserias humanas, los hechos grandes y pequeños que conforman nuestras propias historias... Y sobre cómo un suceso, en apariencia insignificante, como una mentira inocente o un malentendido, pueden resultar cruciales.

Y gracias a las experiencias de Hannah y Emmeline, las hermanas Hartford, es además un fragmento de lo que supuso, especialmente para las mujeres, los extraordinarios cambios que sacudieron sus, hasta entonces, limitados universos.

La casa de Riverton es, en suma, una novela completa, redonda, capaz de evocar una época, de crear una atmósfera que, en ocasiones, me recordaba vagamente a Daphne du Maurier. Intriga, drama psicológico y un poco de historia forman un cocktail que se saborea hasta la última gota.
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sábado, 21 de febrero de 2009

Trajano Triunfador

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Apuntes - por Pilar Alonso

Trajano, el primer emperador romano procedente de Hispania, gobernó desde el año 98 hasta el 117.

Puso en marcha un sistema de asistencia a las familias más pobres, propició el desarrollo provincial, llevó a cabo muchas obras urbanísticas (calzadas, monumentos, acueductos...), mejoró las comunicaciones, celebró juegos y luchas de gladiadores, y mediante la conquista (era, ante todo, un soldado) se hizo fuerte en política exterior, obteniendo grandes botines de guerra y nuevas provincias: Asiria y Mesopotamia entre ellas. Por todo ello el pueblo le admiraba y el Senado le respetaba. Fue tal su popularidad que era conocido, de manera informal, como el Optimus Princeps (el mejor príncipe), el primero del Imperio en ostentar ese título.

Enfermó mientras se hallaba de campaña en Oriente (los judíos se habían rebelado y la nueva provincia de Mesopotamia se les había unido) y falleció durante su regreso a Roma. Sus cenizas fueron transportadas a la urbe por su esposa, Plotina.

Era costumbre en Roma celebrar las victorias militares con un gran desfile, en el que los generales victoriosos desfilaban junto a sus tropas, acompañados por los prisioneros y el botín de guerra, en muchos casos tan abundante que el desfile podía durar más de un día.

Pero Trajano había muerto antes de alcanzar la metrópoli, sin poder disfrutar de su última victoria sobre los partos. Y a pesar de ello, obtuvo su desfile triunfal. Se construyó un maniquí imitando su figura y de ese modo pudo subirse al carro que le haría desfilar, por última vez, por las calles de Roma.
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miércoles, 18 de febrero de 2009

La caza - Clive Cussler

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Reseña - por Pilar Alonso

Editorial Plaza&Janés
413 páginas
Género: Novela

En un momento en el que el panorama literario parece saturado de obras dedicadas a las grandes conspiraciones, evangelios secretos y misterios templarios, resulta refrescante encontrar una novela muy alejada de esos temas, un western para más señas.

Clive Cussler, un aventurero donde los haya, que se dedica a buscar barcos y aviones de importancia histórica, nos deleita en esta ocasión con una novela ambientada a comienzos del siglo XX, en la que un ladrón de bancos, que se dedica a asesinar a todos los testigos antes de hacerse con el botín, ha logrado despistar a todas las fuerzas de seguridad. La Agencia de Detectives Van Dorn, réplica de la famosa Agencia de Detectives Pinkerton creada a mediados del XIX, recibe el encargo del Gobierno de Estados Unidos de atrapar al asesino. Y la Agencia pone en ello a su mejor agente: Isaac Bell. A partir de ese momento, todos los recursos serán pocos para cazar al hombre más buscado de América.

Tal vez esta novela no pueda enmarcarse en el western más típico. Estamos en el primer lustro del siglo XX, el ferrocarril está más que extendido (ya casi nadie huye a caballo), han entrado en escena los primeros automóviles capaces de superar los cien kilómetros por hora e incluso las primeras cámaras fotográficas capaces de captar instantáneas sin excesivo esfuerzo. Esos “adelantos” contribuyen a que la historia se aleje un poco de aquellos forajidos a caballo que cruzaban los polvorientos pueblos tras cometer sus atracos, disparando al aire sus Colt y lanzando gritos de triunfo mientras eran perseguidos por el sheriff y sus ayudantes.

Y aún así es evidente que la novela se enmarca dentro del género, con la mayoría de sus ingredientes: atracos, disparos, persecuciones de infarto... El autor ha sabido recrear la atmósfera de los pueblos mineros y de las grandes ciudades, como San Francisco. Su conocimiento sobre automóviles antiguos (la colección del autor es de las más famosas del mundo) es impecable. Las costumbres, los locales de moda, el vestuario... todo está cuidado con esmero, creando una atmósfera de la que resulta muy difícil sustraerse.

Y, como colofón, el terremoto de San Francisco de 1906, recreado hasta el detalle, con un Jack London recabando información o un Enrico Caruso huyendo de la ciudad destruida.

La novela, además, cuenta con algunas anécdotas históricas interesantes y detalles cotidianos bastante originales. Me van a permitir uno de ellos. Isaac Bell, el detective, está en un establecimiento y se detiene a leer una placa donde figuran las normas. Estarán de acuerdo conmigo en que no tienen desperdicio. Que cada cual extraiga sus propias conclusiones:

No disparen contra el pianista, lo hace lo mejor que sabe.
No se permiten caballos en los pisos superiores.
No más de cinco personas por cama.
El local dispone de servicios funerarios.
Camas, 50 céntimos; con sábanas, 75 céntimos.

Para terminar, sólo me queda decir que, a pesar de que la trama puede resultar un poco simplona en ocasiones, también es cierto que, a veces, para contar una buena historia no son necesarias excesivas florituras y que, en este caso, funciona más que bien. Las dosis justas de intriga y acción, añadidas a un ritmo en ocasiones trepidante, consiguen absorber por completo al lector y lanzarlo de cabeza a un mundo que muchos creíamos muerto para siempre.

Con este libro, Clive Cussler ha resucitado el western. Ojalá que otros muchos sigan su ejemplo.
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lunes, 16 de febrero de 2009

Enrique V (1989)

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Película - por Pilar Alonso

Esta fue la primera película de Kenneth Branagh basada en una obra de William Shakespeare. En ella, Enrique V de Inglaterra decide invadir Francia alegando sus derechos sobre el trono galo y el film se basa especialmente en la batalla de Agincourt (1415).
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Monólogos cargados de tensión dramática, un notable elenco de actores, muchos primeros planos y una realización que recuerda la puesta en escena de una obra de teatro más que de una película. El film no termina de ser redondo, el ritmo es algo lento y es fácil perder el interés durante la trama. Pero cuando llegamos a la batalla de Agincourt... todo cambia. Los soldados franceses les superan en número, en una proporción de, al menos, cinco a uno, y los ingleses, agotados y diezmados, se dejan vencer por el desánimo. Y es entonces cuando llega el momento álgido de la cinta: la arenga que Enrique V lanza a sus hombres, de las mejores que he oído. Uno tiene que morderse las lágrimas cuando Kenneth Branagh se sube a un carro y dice así:
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Este es el día de San Crispín.
El que sobreviva a este día y vuelva sano y salvo a su casa,
se izará sobre las puntas de los pies cuando se mencione esta fecha,
y se crecerá por encima de sí mismo al oír el nombre de San Crispín.
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El que sobreviva a este día y llegue a la vejez,
cada año, en la víspera de esta fiesta,
invitará a sus amigosy les dirá: «Mañana es San Crispín».
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Entonces se subirá las mangas, y,
al mostrar sus cicatrices,dirá:
«Recibí estas heridas el día de San Crispín».
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Los ancianos olvidan,
pero incluso quien lo haya olvidado todo,
recordará aún las proezas que llevará a cabo hoy.
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Y nuestros nombres serán para todos tan familiares
como los nombres de sus parientes,
y serán recordados con copas rebosantes de vino:
el rey Enrique, Bedford y Exeter,
Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester.
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Esta historia la enseñará un buen hombre a su hijo,
y, desde este día hasta el fin del mundo,
la fiesta de San Crispín nunca llegará
sin que a ella vaya asociado nuestro recuerdo,
el recuerdo de nuestro pequeño ejército,
de nuestro pequeño y feliz ejército,
de nuestra banda de hermanos.
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Porque quien vierta hoy su sangre conmigo
será mi hermano; por muy vil que sea,
esta jornada ennoblecerá su condición.
Y los caballeros que permanecen ahora en el lecho de Inglaterra
se considerarán malditos por no estar aquí,
y será humillada su nobleza cuando escuchen hablar a uno
de los que haya combatido con nosotros el día de San Crispín.
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Y los ingleses ganaron la batalla.



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Una batalla espectacular: barro, sangre y gritos, tal y como uno piensa que debieron ser los enfrentamientos durante la Edad Media. Y para rematar, la maravillosa escena del recorrido por el campo sembrado de cadáveres, con la música de Patrick Doyle de fondo, que pone el broche de oro a una película que, aunque sólo sea por esas dos escenas, merece la pena ver.
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martes, 10 de febrero de 2009

Muerte entre poetas - Ángela Vallvey

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Reseña - realizada por Pilar Alonso

Editorial Planeta
354 páginas
Género: Novela


Novela finalista Premio Planeta 2008


Un prestigioso encuentro literario se convierte en un asunto turbio cuando uno de los ponentes aparece asesinado de una puñalada.

Nacho Arán, poeta, meteorólogo y detective aficionado, llega pocas horas más tarde para participar en el evento. Libre de sospecha, podrá husmear a su gusto y descubrir, para su sorpresa, que todos los asistentes tenían motivos para odiar a la víctima.


Opinión

Las novelas policíacas me gustan. Me gusta tratar de adivinar quién es el asesino mediante las pistas que el autor me va ofreciendo, me gusta comprobar hasta qué punto he acertado y me gusta, sobre todo, que la novela sea redonda, que no queden esos molestos flecos que el autor no se ocupa de aclarar. La obra de Ángela Vallvey cumple los requisitos mínimos que yo espero en ese tipo de argumentos, aunque no haya logrado averiguar muy bien cómo llega el protagonista a la conclusión final, por qué decide hacer esa llamada que aclarará todo.

La novela tiene, sobre todo en los inicios, un aire a Diez negritos, de Ágata Christie. Un grupo de personas aisladas que deben convivir durante unos días, y un asesino entre ellos. La similitud se queda ahí. Ambas novelas toman distintos derroteros y la de Ángela Vallvey discurre por cauces bien distintos. No obstante, la sensación subyace durante toda la trama y, teniendo en cuenta que es una de las mejores obras de Christie, es sin duda uno de los aspectos que más he aplaudido.

Muerte entre poetas, además, está llena de referencia literarias, y eso consigue que los protagonistas resulten más creíbles en sus respectivos roles, además de ofrecer sabrosos comentarios de y sobre algunos maestros de las letras, Pío Baroja entre ellos.

La mayoría de los personajes de Vallvey desprenden una ternura y una humanidad capaz de traspasar las páginas del libro, y el lector se sumerge en sus historias con un cariño especial, como si estuviera leyendo la confesión de alguien cercano.

A pesar de todo lo antedicho, tengo que sacarle una pega a esta novela. Y es que algunas descripciones me han parecido excesivamente largas, incluso innecesarias y, en algún caso, complicadas en exceso. Por poner un ejemplo: "A Fabio lo asistía una mujer española, mayor, de piernas hinchadas recorridas por varices que se dibujaban en su piel con la renuencia de caudalosos ríos amazónicos con todos sus afluentes en un mapa del ejército". Creo yo que, para decir que una mujer de cierta edad tiene las piernas llenas de varices, se le ha ido un poco la mano. Afortunadamente, no abundan esos excesos, y el ritmo es lo bastante ameno y la historia lo suficientemente interesante como para que su lectura resulte entretenida.
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viernes, 6 de febrero de 2009

Héroes viajeros - Robin Lane Fox

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Reseña - realizada por Pilar Alonso

Editorial Crítica
596 páginas
Género: Ensayo


El historiador del mundo clásico Robin Lane Fox recrea en este libro la historia de los griegos del siglo VIII a.C., desde el Próximo Oriente hasta el Mediterráneo occidental, el modo en que sus viajes les hicieron entrar en contacto con las culturas que visitaban, y cómo, en algunos casos, adaptaron las historias que descubrían a sus propios mitos.


Es innegable la aportación de los griegos a la historia de Occidente: escritura, filosofía, mitología... Todo el mundo ha oído nombrar a Platón, Aristóteles o Sócrates, por no hablar de Alejandro Magno, Herodoto o, por supuesto, Homero, el más antiguo de todos ellos.

Tras el éxito de El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma (2007), Robin Lane Fox realiza un estudio sobre los viajes llevados a cabo por los griegos durante el siglo VIII a.C. y cómo esos contactos con otras culturas conformaron parte de sus mitos. Y el resultado es apasionante.

Muchas veces no somos conscientes de cómo se crearon los mitos que han sobrevivido hasta hoy, los nombres de ciudades o paisajes, las creencias religiosas o incluso las obras clásicas. Héroes viajeros responde a algunas de esas preguntas y a muchas otras que tal vez nunca nos habíamos planteado.

De estas últimas hay un ejemplo que quiero remarcar. Hoy en día sabemos de la existencia de los dinosaurios, pero los antiguos griegos no tenían ni idea de que sobre la tierra hubiesen habitado esos enormes animales. Pues bien, cuando una inundación o un seísmo dejaba al descubierto los huesos de alguno de esos mastodontes, creían que eran los huesos de los gigantes y los titanes, que habían luchado contra Zeus. De ese modo confirmaban sus creencias y la mitología servía, una vez más, para explicar muchas de las realidades que los rodeaban.

Cuando los griegos llegaban a un asentamiento de otra cultura, hitita, fenicia o cualquier otra, y conocían los mitos y costumbres de sus habitantes, o contemplaban un paisaje del que querían saber más, escuchaban, entendían todo o parte, y hallaban en la mayoría de los casos una explicación en su propia mitología, e incluso tomaban prestados algunos detalles que contribuían a fortalecer sus propios mitos.

En la primera parte del libro, el autor realiza un recorrido buscando objetos griegos viajeros, que ponen de manifiesto que existía una larga historia de contactos, restos arqueológicos que evidencian la presencia de los eubeos en distintos asentamientos a lo largo de todo el Mediterráneo.

Pasa después a analizar algunos de los mitos griegos, comparándolos con los de otras culturas, para descubrir que hay muchas similitudes entre unos y otros y, por último, analiza los poemas de Homero y de Hesíodo, en el que aparecen muchos de ellos, y que es sin duda la parte más fascinante del libro.

De ese modo podemos saber cómo evolucionaron, cómo se adaptaron y qué versiones distintas hay de, por ejemplo, el nacimiento de Pegaso, el caballo alado, de la lucha de Zeus contra Crono, del culto a Adonis o Afrodita, o de la batalla de Zeus contra Tifón, por señalar los más notables.

Héroes viajeros es un recorrido por el Mediterráneo del siglo VIII a. C., por las primeras obras literarias conocidas, por la mitología y la historia, plagada de detalles, datos, notas y una extensa bibliografía.

Y es un viaje que merece la pena de principio a fin.
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miércoles, 4 de febrero de 2009

Sábados musicales y canelones

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Apuntes - por Pilar Alonso


Gioacchino Rossini (1792-1868), el compositor de El barbero de Sevilla, cosechó un gran éxito en vida, cosa poco habitual entre los músicos de su tiempo. A los 22 años se convirtió en el compositor más popular de Italia y a los 37 decidió retirarse, no volvió a componer ninguna otra ópera. La última había sido Guillermo Tell, que estrenó con escaso éxito, y entendió que debía pasar la batuta a talentos más jóvenes, con los que se veía incapaz de competir.

Desde entonces se dedicó a su otra gran pasión: la gastronomía, como comensal y como cocinero. Instauró la costumbre de celebrar cada sábado por la noche una cena especial para dieciséis comensales, cuidadosamente escogidos entre príncipes, artistas, nobles y políticos, con especialidades culinarias como los canelones rossini, los tournedós rossini o los macarrones, su plato predilecto. Exquisita decoración, vajillas de lujo y música componían los sábados musicales de Rossini, un hombre de gran sentido del humor y, al parecer, querido por todos.

Los requisitos para asistir a sus cenas eran tres: tener la capacidad de entretener al anfitrión, mostrar deferencia hacia su esposa Olimpia y destacar en algún ámbito. Los invitados, que debían vestir de gala, recibían la invitación impresa y, en ocasiones, un programa sobre la velada musical. Entre los asistentes figuraron Giuseppe Verdi, Alejandro Dumas, Gustave Doré, o el barón Rothschild, de cuyo cocinero, Carême, se hizo gran amigo.

Música, buena mesa y excelente compañía. ¿Qué más se le puede pedir a una noche de sábado?
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domingo, 1 de febrero de 2009

Trafalgar - Auguste Mayer

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Arte - por Pilar Alonso
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Trafalgar – Auguste Étienne François Mayer (Brest,1805- Brest, 1890), pintor francés especializado en motivos navales. Óleo sobre lienzo, 105 x 162 cm, Museo de la Marina, París. Pintado en 1836. Se desconoce el título real del lienzo. Es probable que la información sobre el cuadro se perdiera durante la Segunda Guerra Mundial.

El navío en primer plano es el Sandwich, que no estuvo presente en Trafalgar y que se debe probablemente a un error del artista. Se cree, en cambio, que podría tratarse del Temeraire, de 98 cañones, y que el barco medio destruido situado a la izquierda es el Redoutable, un navío de tercera clase francés de 74 cañones.

El Redoutable, comandado por el capitán Lucas, formaba parte de la flota franco-española que el 21 de octubre de 1805 se enfrentó a la escuadra inglesa en la Batalla de Trafalgar.

El Redoutable se enfrentó en primer lugar al buque insignia de la escuadra inglesa, el HMS Victory, de 104 cañones. Para paliar la desventaja en el número de cañones, aumentó el nivel de disparos de fusil y granadas, y trató de abordarlo. Una de esas balas fue la que hirió al almirante de la flota inglesa, Horacio Nelson, que moriría poco antes de finalizar la batalla. Otros barcos acudieron de inmediato a apoyar al HMS Victory, el Temeraire del capitán Eliab Harvey entre ellos. De ese modo, el Redoutable tenía por un lado al Victory y por el otro al Temeraire, y en un breve lapso de tiempo la mayor potencia de fuego de los británicos logró destruir la resistencia de los franceses, que terminarían rindiéndose al Victory.

De la dotación del Redoutable, compuesta por 634 hombres, murieron 487 y hubo 81 heridos. Uno de los muertos fue el capitán Lucas. El barco se hundiría al día siguiente debido a los numerosos daños sufridos.

El Redoutable fue el navío que sufrió más bajas en Trafalgar. En su honor, los franceses le pusieron su nombre a su primer submarino nuclear..
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miércoles, 28 de enero de 2009

El Fuego - Katherine Neville

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Reseña - Reseña y entrevista realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com

Editorial Plaza & Janés
546 páginas
Género: Novela



Colorado, 2003. Alexandra Solarin recibe una inesperada invitación a la fiesta de cumpleaños de su madre, Catherine Velis, a la que hace tiempo que no ve. Cuando Alexandra llega a la casa, se la encuentra vacía y con algunos mensajes que descifrar antes de que aparezcan los demás invitados, también inesperados.

Todo parece girar alrededor del ajedrez de Montglane, cuyas piezas sus padres se ocuparon bien de esconder.

Pero alguien ha iniciado una nueva partida. Y el juego comienza de nuevo.


Opinión

A estas alturas, veinte años después de su aparición, ¿quién no ha leído El Ocho, de Katherine Neville? Pocos, seguramente bastante pocos. Pues bien, tras una larga, larguísima espera, aparece El Fuego, la continuación.

Treinta años más tarde que en la anterior entrega, la protagonista es Alexandra Solarin, la hija de Cat Velis y Solarin, el guapísimo jugador de ajedrez ruso. En este caso hay también otro atractivo jugador soviético como compañero de la joven, para no perder la costumbre.

La verdad es que el planteamiento de El Fuego es muy similar a la de El Ocho. Los capítulos ambientados en la actualidad están escritos en primera persona, alternando con otros históricos, y con una trama muy parecida. Vamos que, si os gustó El Ocho, esta nueva novela no os va a defraudar.

En esta ocasión, será lord Byron el personaje histórico central, aunque no el único. Y eso me lleva a lo que más me llama la atención en ambas novelas: el modo en que todo encaja en la trama, especialmente los datos históricos, cómo la autora sabe conjugar realidad y ficción para que resulte más creíble aún. No sé si me explico. Aprovechar que, por ejemplo, lord Byron estaba en Roma en la vida real para que la trama se desarrolle allí durante su estancia, involucrándole en la ficción y haciendo que todo cuadre, sin fisuras aparentes y con una soltura que consigue que el lector se lo crea. Para mí, es su mayor logro.

De la mano de Katherine Neville visitaremos la ciudad de Washington y sus misterios, pero también Francia, Italia, las islas Aleutianas (que reconozco no sabía con exactitud dónde caían), Turquía, Grecia, Rusia... en fin, una multitud de escenarios donde desarrollar un argumento repleto de giros, misterios y un ritmo frenético.

Personajes antiguos y nuevos, explicaciones de algunos datos que no quedaron suficientemente claros en su anterior novela, bastante más información sobre el famoso ajedrez de Montglane, y la aparición de un grupo de vascos con cosas muy interesantes que contar. Son sólo algunos de los aspectos que podrán encontrar en esta novela, destinada a convertirse en otro gran éxito de ventas.

Sumergirse en sus páginas es un poco como reencontrarse con viejos amigos y volver a vivir una aventura de dimensiones colosales, sólo que con veinte años más en los huesos. Y el viaje siempre merece la pena.

Espero que la disfruten tanto como yo.
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Entrevista a Katherine Neville por "El Fuego"

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Por Pilar Alonso

Veinte años después de publicar El Ocho, Katherine Neville regresa al ajedrez con la continuación: El Fuego. La autora, inmersa en el proceso de promoción de este nuevo libro, ha viajado en dos ocasiones a nuestro país en los últimos meses, para atender a la multitud de medios que se han mostrado interesados en su nueva novela.

Nos hizo un hueco y contestó a casi todas las preguntas.

Su novela bien podría haberse titulado “Veinte años después”, como la continuación de “Los tres mosqueteros”, de Alejandro Dumas. ¿Por qué ha hecho esperar tanto tiempo a sus lectores para la continuación de “El Ocho”?

Bueno, la historia completa es muy larga y ya se la he explicado a todos los periodistas que me han entrevistado aquí en España. En resumen, era el propio libro el que debía buscar el momento apropiado y para mí fue cuando conocí a la segunda persona que entró en Bagdag tras el bombardeo de la ciudad. Bagdag fue el hogar de Al Jabir, el fundador de la escuela Islámica de alquimia.


El Fuego sigue el mismo esquema que El Ocho, sólo que treinta años más tarde. La protagonista en primera persona, un jugador de ajedrez ruso, capítulos históricos alternando con los actuales... El resultado funciona muy bien, pero ¿no tuvo la tentación en algún momento de escoger otro esquema?

Con este libro no podía, ya que todo tenía que estar relacionado con la historia del ajedrez, pero no todas mis novelas siguen esa estructura.


Esta novela, como ya sucedió con El Ocho, está perfectamente ajustada a los personajes y a los acontecimientos históricos, ¿una tarea difícil conjugar realidad y ficción y hacer que “todo cuadre”?

Ahora mismo dispongo de muchas investigaciones sobre los hechos históricos, y encontré que había varios errores en libros históricos y biografías. Tuve que ir a las fuentes originales, los diarios y documentos de la época, para encontrar la verdad. Y tengo un maravilloso editor.


En ambas novelas, la autora demuestra conocer bien el juego del ajedrez. ¿Es una de sus pasiones, quizás?

Me interesa mucho el ajedrez y sus jugadores, pero soy bastante mediocre. No comencé a jugar lo bastante joven y es una lástima. El ajedrez es un buen entrenamiento de estrategia.


Al final del libro, en los Agradecimientos, menciona a multitud de personas en relación con distintas cuestiones que aparecen en la trama, como la aviación, las matemáticas o los volcanes, entre otras muchas. ¿Ha resultado muy ardua la tarea de escoger entre cientos, tal vez miles de datos, para elegir sólo los pertinentes y desechar todo lo demás?

Todas mis investigaciones son muy valiosas y conservo todos los documentos. Muchos datos aparecerán en otros libros.


En relación con la anterior pregunta, ¿lamenta especialmente haber tenido que eliminar algo que le hubiera gustado añadir?

No lo creo. Siempre investigo mucho más de lo que voy a usar. Tengo varios libros guardados en el cajón, libros que están esperando el momento apropiado para ser terminados.


La cocina de calidad está muy presente en esta obra. ¿Se considera la autora una gourmet?

Me interesa mucho la comida, en todos sus aspectos. Me encanta descubrir restaurantes nuevos. En Washington tenemos los restaurantes del maravilloso chef español, José Andrés.


Los vascos juegan un papel importante en la trama de El Fuego. ¿Un homenaje a una tierra que parece conocer bien?

El pueblo vasco es quizás la región de España que conozco mejor. Pasé mucho tiempo allí con mi marido Karl. Impartió muchas conferencias allí, y yo también.


La novela se desarrolla en escenarios variados, la ciudad de Washington el principal, pero también Italia, Grecia, Turquía, las islas Aleutianas, Rusia, Próximo Oriente, España, Francia... y en la mayoría de los casos con múltiples detalles. Katherine Neville ha viajado tanto o más que sus personajes, ¿qué hay de usted y de sus experiencias en los viajes de su obra?

He viajado por todo el mundo, mucho más que la mayoría de americanos, y mucho más en el pasado que ahora. No puedo escribir sobre un lugar en el que no he estado. Tengo que ir al sitio y respirar los detalles, los olores, la gente, las calles. Si no lo haces, nunca parecerá lo bastante real en el libro.


En España, aparte de El Ocho, sólo se han publicado El Círculo Mágico y Riesgo calculado. Katherine Neville, al igual que muchos de sus personajes, ha sido una mujer rodeada de misterio. ¿Se ha centrado durante ese tiempo en preparar El Fuego? ¿Ha sentido la tentación de publicar otras obras bajo pseudónimo?

Oh, no, quiero poner mi nombre en todo lo que escribo.


El Ocho, El Fuego... ¿ha concluido definitivamente el juego, o existe una continuación?

Bueno, es una posibilidad. Cuando llegué al final de El Fuego, mi editor quería un desenlace que dejara abierta esa probabilidad. Las piezas no han sido destruidas... tal vez reaparezcan. Incluso pienso que podría ver un futuro libro con Xie y Vartan. Son muy jóvenes y tienen toda la vida por delante, así es que ¿quién sabe? Me gustaría descubrir qué les depara el futuro.


Mientras releía El Ocho, recordé la trascendencia de la misma, de cómo el panorama literario de los últimos años ha bebido de su novela, utilizando el mismo esquema y convirtiéndose también en grandes éxitos de ventas.¿Qué siente al respecto?

Bien, en realidad no inventé nada nuevo. Mi novela es la novela de una búsqueda, una búsqueda por el conocimiento o por un tesoro. Es el género literario más viejo del mundo. El género de Gilgamesh, de la Odisea o de las Leyendas Artúricas.


¿Está trabajando en alguna otra novela? Si es así, ¿puede adelantarnos algo?

Estoy trabajando en un libro sobre pintores europeos del siglo XVI, como Rubens o El Greco y también hay pintoras. Era un tiempo en el que se movían fácilmente de una Corte a otra, de un país a otro, por lo que conocían el trabajo de los demás y lo que sucedía en las Cortes. Ahora estoy con el proceso de investigación.


Muchas gracias por su tiempo y por la oportunidad de esta entrevista.

Gracias
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lunes, 26 de enero de 2009

Gurú del LSD

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Apuntes - por Pilar Alonso

En 1964, el psicólogo estadounidense Timothy Leary, publicó el libro “La experiencia psicodélica”, que agotó tres ediciones consecutivas en el mismo año. En él valoraba el uso del LSD como forma de abrir la mente y liberar el sistema nervioso, una experiencia que él consideraba casi religiosa. El uso de la citada droga se extendió rápidamente entre los jóvenes universitarios norteamericanos, provocando numerosos “accidentes” por el mal uso.

Rápidamente publicó un segundo libro “Plegarias psicodélicas”, una especie de guía para el “buen uso” del ácido, la iniciación a su consumo y la práctica colectiva. Pero como Leary no indicaba tampoco en esta ocasión cuál era la dosis recomendable, el LSD continuó causando estragos.

Leary creó La Liga para del Descubrimiento Espiritual, una religión que se servía del ácido como instrumento espiritual, e impartió conferencias en varias universidades norteamericanas para presentar la experiencia con el LSD.

A pesar de que fue detenido en la frontera de México por traficar con estupefacientes y a que el LSD pasó a ser ilegal en octubre de 1966, su uso no cesó de extenderse, y se vinculó inmediatamente con la cultura pop, que tendría en esos años y los siguientes un esplendor sin precedentes.
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martes, 20 de enero de 2009

El club de los viernes - Kate Jacobs

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com


Editorial Maeva
415 páginas
Género: Novela


Georgia Walker es madre soltera y dueña de una tienda de lanas en Manhattan, donde se crea un curioso club, formado por algunas clientas y amigas. Cada viernes por la noche se reúnen allí y charlan, comen las galletas que prepara su hija adolescente y también hacen un poco de punto.

Ocho mujeres completamente distintas que comparten mucho más que unas madejas de hilo.

La vida de todas ellas va a cambiar de distintas formas. En el caso de Georgia, con la aparición, tras doce años de ausencia, del padre de su hija y el reencuentro con una amiga de la adolescencia.


Opinión

Hay novelas que empiezas a leer sin mayores expectativas y que terminan convirtiéndose en parte de ti. Pues El club de los viernes es de ese tipo de novelas. A las diez páginas ya estás irremediablemente perdido, incapaz de abandonar la lectura.

Era domingo por la tarde y abrí sus páginas con curiosidad, sin saber muy bien qué me iba a encontrar. Había obviado las notas que acompañaban el ejemplar y había olvidado en un rincón la madeja de lana roja y las agujas que incluyeron con el libro. Me gusta empezar una novela sin saber muy bien qué es lo que me espera. Sí, claro que tenía una noción, pero lo bastante difusa como para que no me predispusiera en ningún sentido.

He de decir que terminé el libro de una sentada, con el corazón encogido y con la sensación de que tenía entre mis manos una preciosa historia, un pequeño tesoro. Y ahí estaba yo, domingo por la noche, con el libro entre las manos y enjugándome las lágrimas. Y es que, sin darme cuenta, yo también me había hecho amiga de esas mujeres, de Anita, que encuentra la ilusión a los setenta años, de Georgia, valiente y trabajadora, de Lucie, de Cat, de Darwin... me había sentado alrededor de aquella mesa, tejiendo con la imaginación, sin darme cuenta. Y había probado las galletas de Dakota, esa maravillosa niña de doce años, y había temblado con James que, tras muchos años fuera, regresa para intentar ocupar el lugar que le corresponde.

Así es que, cuando cerré la novela, tuve que despedirme de todos ellos, de la magnífica historia que me habían hecho vivir. Y ya saben todos lo duro que resulta despedirse de los amigos.

Lo curioso es que, cuando me fui a la cama, traté de visualizarla, de imaginar la historia en el cine. Era facilísimo y sería sin duda un éxito de taquilla. Y pensé en que la protagonista perfecta sería Julia Roberts. Pues bien, acabo de descubrir que el proyecto existe y que, efectivamente, será esa actriz quien interprete el papel de Georgia Walker.

No duden de que seré de las primeras en acudir al estreno. Con una gran sonrisa y una caja de pañuelos. Por si acaso.
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sábado, 17 de enero de 2009

Un juicio de muerte

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Apuntes - por Pilar Alonso


Pongámonos en situación.

Finales del siglo IX. Lamberto de Spoleto es Rey de Italia. Arnulfo de Carantia es emperador carolingio. Y el Papa, desde el año 892, es el Papa Formoso.

Formoso se había visto obligado a nombrar emperador de Occidente a Lamberto y logró convencer a Arnulfo para que invadiera Italia y derrotara a la familia Spoleto. Así, en el año 896, Arnulfo llegó Roma, expulsó a Lamberto y fue coronado emperador por el Papa. Pero, poco después, fallecía Formoso.

Pocos meses más tarde, Lamberto, aprovechando la ausencia de Arnulfo, al que una enfermedad había alejado de Italia, reconquista Roma. Entonces es Papa Esteban VI, que ha conseguido el trono eclesiástico gracias al apoyo de Lamberto y de su madre, Ageltruda.

Para poder anular el nombramiento de Arnulfo no se les ocurrió otra cosa a estas mentes preclaras que convocar un sínodo para juzgar al Papa Formoso. Los cargos: haber abandonado la diócesis de la que era obispo, en Porto, para ocupar como Papa la diócesis de Roma. Desconozco qué de malo había en ello, pero debía de ser mucho, porque de ese modo pretendían anular todos los nombramientos y actas emitidos durante su papado, especialmente la coronación de su rival.

El juicio se llevó a cabo en la Basílica Constantiniana. Se exhumó el cadáver, que llevaba más de ocho meses bajo tierra, y no quiero ni imaginar cómo olía, se le vistió con los ropajes papales, corona y cetro incluidos, y se le sentó en el banquillo. La estampa debía ser bastante parecida a este cuadro que Jean Paul Laurens pintó en 1870.

El Papa Esteban VI fue el fiscal. Un diácono de nombre desconocido, el defensor. Acusación: haber usurpado la Silla de San Pedro. Evidentemente, el Papa Formoso fue declarado culpable, se le despojó de sus vestiduras, se le arrancaron los tres dedos con los que impartía las bendiciones y se arrojó su cadáver, o lo que quedaba de él, al río Tíber.

Cosas de la vida, menos de dos años después moría Lamberto, asesinado tras una batalla, y le sucedía, precisamente, Arnulfo, que sólo le sobrevivió un año.
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martes, 13 de enero de 2009

El triunfo romano - Mary Beard

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com

Editorial Crítica
583 páginas
Género: Ensayo


Tras una gran victoria militar, era costumbre en Roma celebrarla con un desfile por la ciudad, donde se mostraban al público los dignatarios capturados y el botín: esclavos, joyas, estatuas, plantas o animales, a veces en cantidades tan ingentes que el cortejo podía durar incluso dos o tres días.

Mary Beard, catedrática de la Universidad de Cambridge, analiza en esta obra la magnificencia de los triunfos romanos y el modo en que influyeron en las sociedades posteriores.


Opinión

La Antigua Roma ofrece multitud de fantásticas posibilidades para atrapar la atención de cualquier lector. Y el tema sobre el que gira la presente obra no es el menos atractivo.

Mary Beard comienza su ensayo con el desfile de Pompeyo en el año 61 a.C.. A través de sus palabras podemos ver las carretas cargadas de oro y joyas, las estatuas, las plantas exóticas, los barcos capturados, los prisioneros ricamente ataviados... todo lo que sucedió y lo que significó aquel desfile que cruzó Roma durante dos días, el tiempo necesario para mostrar la totalidad del botín conquistado.

Y continúa con las distintas versiones que de él ofrecieron los autores de la época, las variantes, las confusiones, las incongruencias... y no sólo en el desfile de Pompeyo, sino en algunos otros que también ocupan parte de su argumentación.

Analiza el por qué y el cómo de la construcción de los Arcos de Triunfo, la costumbre de ejecutar a algunos de los prisioneros al finalizar el desfile, los suicidios de los que no querían formar parte de las denigrantes procesiones romanas, el caso de Cleopatra por ejemplo, las maquetas que se confeccionaban sobre las plazas conquistadas y que eran llevadas en alto para que todos pudieran contemplarlas, las críticas que recibían ese tipo de demostraciones por parte de algunos sectores de la sociedad romana, el modo en que evolucionaron los triunfos romanos a lo largo del Imperio... y otras muchas cuestiones de interés que giran en torno al tema de ese tipo de celebraciones, copiadas en algunos casos por generaciones posteriores.

Hipótesis todas ellas que la autora analiza a través de multitud de textos y que no hacen sino demostrar que aún quedan muchos huecos por llenar, mucha información fragmentada, en ocasiones contradictoria, que impide elaborar un cuadro detallado de lo que suponía la espectacular costumbre romana.

Para mi gusto, la autora se pierde un poco en las reiteraciones, volviendo una y otra vez a los mismos planteamientos desarrollados páginas atrás, aportando algunos detalles que bien podría haber incluido con anterioridad. Eso, y las casi cien páginas de notas, hacen que la lectura de El triunfo romano no sea especialmente amena, aunque sí sumamente interesante.

La obra cuenta con una extensa bibliografía y con ilustraciones magníficamente escogidas, que la convierten en imprescindible para comprender uno de los aspectos más sugerentes de la historia de Roma.
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domingo, 11 de enero de 2009

El último viaje de Charles Chaplin

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Apuntes - por Pilar Alonso


Hay vidas que merecen la pena ser contadas. Y muertes que se ganan un lugar especial en la historia. Charles Chaplin tiene sin duda el “honor” de poseer ambas cosas.

Nacido en Londres en 1889, de padre alcohólico y madre esquizofrénica, se estrenó en el teatro a los cinco años, cuando tuvo que sustituir a su madre en el escenario cuando ésta se quedó sin voz. Junto a su hermano Sydney, dos años mayor, actuó en repetidas ocasiones a las puertas de las tabernas para conseguir unos peniques.

Abandonados por su padre, la madre apenas podía mantenerlos y pasaron largas temporadas en distintos hospicios. Cuando su hermano consiguió trabajo en una compañía de comediantes, se lo llevó con él. Una gira los llevaría a Estados Unidos.

Allí, el director de cine Mack Sennett se fijó en él y le ofreció trabajo. En 1914, en su segunda película, aparecía el personaje de Charlot, que lo haría mundialmente famoso y más rico de lo que jamás pudo soñar.

Unas cuantas películas más tarde, pasó a dirigirlas. Dicen que era un perfeccionista, al que no le importaba tener que rodar una toma un centenar de veces hasta que quedaba justo como él quería. Y le gustaban las mujeres jóvenes: tres de sus cuatro esposas eran menores de edad en el momento de contraer matrimonio: dos tenían 16 años y la última 17, cuando él contaba ya 54.

Esa actitud, algunas frases inoportunas y la crítica social contenida en algunas de sus películas no aumentaron precisamente su encanto a los ojos de los círculos más conservadores. Fue acusado de moral disoluta y, además, de simpatizar con los comunistas. Era la época de la “caza de brujas” de McCarthy. Citado frente al Comité de Actividades Antiamericanas en diversas ocasiones, no acudió a ninguna.

Y así fue como, aprovechando que se hallaba en Londres promocionando su última película, Candilejas (1952), el gobierno norteamericano le negó el visado y no pudo regresar.

Se instaló entonces en una mansión en Suiza, junto a su esposa, la madre de Geraldine Chaplin. Y fue allí donde murió, en la Nochebuena de 1977, mientras dormía.

Pero sus viajes no habían terminado ahí. En marzo, tres meses después de su entierro, desapareció su ataúd, por el que se pidieron 600.000 francos suizos de rescate. Dos meses más tarde, el 17 de mayo de 1978, unos refugiados políticos de Europa del Este confesaron el delito, tras ser capturados por la policía, y reconocieron haber enterrado el cuerpo en un campo de trigo de Noville (Suiza).

Cuando se recuperaron sus restos, volvió a ser enterrado. Y esta vez, para evitar posibles viajes futuros, bajo dos metros de hormigón.
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miércoles, 7 de enero de 2009

Breve Historia de Roma - Bárbara Pastor

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Reseña - realizada por Pilar Alonso y publicada en www.ciberanika.com

Editorial Nowtilus
2 Tomos
286 y 287 páginas
Género: Ensayo


Bárbara Pastor realiza una recorrido por la historia de Roma, desde la creación de la ciudad hasta la caída del Imperio.


La sensación que transmiten los dos volúmenes que componen esta Breve Historia es similar a pasar un puente en la Ciudad Eterna: te da tiempo a ver casi todo, pero no a disfrutar en profundidad de los detalles.

Pues así son estos libros: te ofrecen una visión general de la historia de Roma, con curiosidades y anécdotas incluso, pero sin profundizar demasiado en ninguna cuestión. Como aproximación a ese período histórico, resulta más que aceptable.

La creación de la ciudad, los primeros monarcas, relaciones con el entorno, distribución social, impuestos y ejército, guerras, conspiraciones y, por supuesto, los principales protagonistas, todo tiene cabida en estos dos volúmenes, explicado con sencillez, amenizado con mapas, cuadros y fotografías, con glosarios, bibliografía, cuadro cronológico e incluso un resumen sobre el arte romano.

Bárbara Pastor ha realizado una extraordinaria labor de síntesis, sin olvidar nada importante y añadiendo además muchos detalles jugosos, que hacen que sumergirse en estos dos libros se convierta en una interesante aventura.

En estos tiempos en los que uno quiere abarcar muchas cosas y dispone de poco tiempo para ello, se agradece la iniciativa de Nowtilus con esta colección de Breve Historia, un modo de saber un poco de todo con un coste mínimo.
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sábado, 3 de enero de 2009

Los piratas de Radio Caroline

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Música - por Pilar Alonso


Ronan O’Rahilly, un joven irlandés vinculado a la música, era el manager de Georgie Fame, un cantante y teclista que trabajaría con Cat Stevens, Van Morrison o Eric Clapton. Cuando no consiguió que ni la BBC ni Radio Luxemburgo, emisoras oficiales de los años 60 en Gran Bretaña, emitieran la primera de sus grabaciones, decidió crear su propia emisora.

Compró un viejo barco, el ex-ferry de pasajeros MV Frederica, e instaló en el mástil una antena de radio. Navegó hasta el límite de las aguas inglesas, a aguas internacionales, y comenzó a emitir a partir del 28 de marzo de 1964. Así nació Radio-Caroline (llamada así en honor a la hija de J.F. Kennedy), una de las emisoras piratas más importantes de la historia.

Radio Caroline comenzó a emitir lo que no ofrecían ni la BBC ni Radio Luxemburgo, discos enteros, grabaciones inéditas, experimentos musicales, conciertos íntegros... con disc-jockeys carismáticos, con sus manías, sus discusiones y sus histerias, que entusiasmaban a los jóvenes.

En los barcos se vivía en condiciones precarias, con equipos improvisados y escasos recursos. La tripulación y los locutores se cambiaban cada veinte días aproximadamente y, entretanto, tenían lugar abordajes, batallas e incluso algún muerto. A pesar de ello, otros siguieron el ejemplo, hasta alcanzar una docena de emisoras piratas, y desde ellas se anticipaban a las oficiales lanzando los últimos éxitos y las novedades discográficas, hasta el punto que la BBC pidió al gobierno que tomara medidas al respecto.

Finalmente, en agosto de 1967 se aprobó una ley que prohibía el mantenimiento de emisoras piratas en aguas internacionales y, pocos meses más tarde, desaparecían Radio-Caroline y todas las demás.

Pero algo había cambiado en el panorama radiofónico. Había nacido un nuevo concepto de hacer radio para la gente joven, un formato que incluso la BBC adoptaría en sus nuevas emisoras y cuya influencia aún perdura en la mayoría de las actuales.
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jueves, 1 de enero de 2009

Parto sin dolor

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Apuntes - por Pilar Alonso


En enero de 1847 aparecía una noticia en un diario londinense: un profesor de obstetricia de Edimburgo, James Young Simpson (1811-1870), había conseguido que una mujer diese a luz sin dolor.

Hacía unos meses que se había realizado la primera operación con éter en Europa, la amputación de una pierna, pero nadie podía sospechar en ese momento que la narcosis pudiese aplicarse a otras disciplinas médicas, menos aún a la obstetricia.

Simpson había llevado a cabo ese primer parto sin dolor utilizando el éter, aunque consideraba que no era el método más apropiado. El 4 de noviembre de 1847 descubrió las ventajas del cloroformo, que en muchos casos suplantó al éter como anestesia.

A pesar de que gran número de mujeres acudieron al médico escocés para librarse de los dolores del parto, o de cualquier otra dolencia, Simpson no lo tuvo fácil. No sólo tuvo que lidiar con la comunidad médica, muy reacia a los cambios, sino especialmente con la Iglesia. Ésta se aferraba a las palabras contenidas en el Génesis 3, 16: “Parirás a tus hijos con dolor”, como había venido sosteniendo desde antiguo. La teoría era que el dolor que una mujer soportaba durante el parto era necesario, una retribución por los pecados de Eva. Si la parturienta no demostraba suficiente dolor, tanto ella como su bebé podían ser condenados por la Iglesia, pues se creía que el Diablo la había auxiliado. Tal vez por ello denominaron al cloroformo “fruto del demonio” o “aire de Satán” desde sus púlpitos.

Pero las ideas de Simpson iban a contar con una poderosa aliada. El 7 de abril de 1853 la reina Victoria daba a luz a su cuarto hijo, el príncipe Leopold, y lo hacía sin dolor, con la ayuda del cloroformo que le administró el médico anestesista John Snow.

Snow, al igual que Simpson, llevaba años dedicado al estudio de la narcosis. Tras atender el parto de la reina, se hizo tan famoso que la clase alta londinense sólo consentía que fuese él en persona quien les atendiera llegado el día del alumbramiento.

De repente, desapareció toda la oposición y el parto à la reine se puso rápidamente de moda en Gran Bretaña.

Y James Young Simpson, nombrado baronet y médico escocés de la reina, se convirtió en un héroe.
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